martes, 16 de mayo de 2023

La gran belleza, elegancia y majestuosidad de las avutardas en primavera. Avutarda euroasiática (Otis tarda).

Observar y poder fotografiar a la que está considerada como el al ave voladora más pesada del mundo durante el periodo primaveral, constituye un gran privilegio, ya que a la indiscutible belleza, elegancia y majestuosidad de ésta especie hay que añadirle la belleza del paisaje primaveral por el que habitualmente se desenvuelven.



Un paisaje en el que se pueden apreciar una gran diversidad de colores y tonalidades de esas tierras que contrastan con el llamativo plumaje de éstas impresionantes y espectaculares aves.



Es por ello, por lo que siempre que me desplazo desde Asturias hacia el centro de la península en temporada primaveral, soy incapaz de pasar de largo sin desviarme al maravilloso entorno de espacio natural protegido de la Reserva Natural de las Lagunas de Villafáfila (Zamora), que desde mi punto de vista, es sin duda el mejor lugar de la península para su observación y fotografía.
 


Concretamente, a principios del pasado mes de abril, que es cuando estuve realizando el reportaje fotográfico que comparto en ésta entrada, pude disfrutar del bello espectáculo de un nutrido grupo de avutardas que se desplazaban por los alrededores de unas grandes extensiones de colza en plena floración que tapizaban de un amarillo intenso esos campos zamoranos.



La Avutarda, como casi todos ya sabréis, es un ave que está considerada como una de las aves voladoras más pesadas del mundo y la de mayor volumen corporal capaz de volar de nuestro país.



En ésta nueva visita me quise centrar fundamentalmente en los ejemplares machos que en esta temporada primaveral lucen sus mejores galas en las que se puede apreciar la gran belleza, elegancia y majestuosidad de estas aves.



Unas fotografías nada fáciles de conseguir, pues como muchos ya sabréis, aunque se trata de una especie de gran tamaño y sumamente gregaria que vive en un hábitat abierto sin apenas presencia de matorrales o arbolado, cosa que en principio podríamos pensar que facilitaría su observación, es un ave sumamente desconfiada ante la presencia del ser humano u otros potenciales depredadores y en cuanto detectan tu presencia a una distancia aproximada de unos 200 m, inician su retirada caminando. Por otra parte, son aves que poseen un extraordinario sentido de la vista y de un oído muy fino.



Normalmente la Avutarda se caracteriza por su paso lento y majestuoso, pero cuando detectan la presencia humana, aunque sea lejana, comienzan a caminar en retirada adoptando una postura de alerta característica con el cuello muy estirado y sin perder de vista en ningún momento a su potencial amenaza.



Caminan en una dirección contraria, manteniendo siempre una gran distancia entre ellas y nosotros, pero normalmente sin levantar el vuelo, y si lo hacen, alzan el vuelo conjuntamente y no sin las dificultades propias por ser un ave tan pesada.



Al iniciar el vuelo dan la impresión de que este va a ser torpe y lento, puesto que para ello tienen que disponer de un amplio espacio en el suelo, sin embargo su vuelo es poderoso, especialmente durante sus desplazamientos estacionales, pudiendo alcanzar los 80 km/h volando.



Destacan sus amplias alas casi totalmente blancas, (excepto las primarias que son negras o muy oscuras) que llevan muy abiertas, el cuello largo bien estirado y las patas no del todo ocultas bajo la ancha cola.



La Avutarda euroasiática (Otis tarda) es la única especie del género “Otis”, que da nombre a la familia "Otididae" (avutardas y sisones). Actualmente a esta familia de aves (otididos) se les clasifica en su propio orden, el de los Otidiformes, aunque tradicionalmente se la clasificaba dentro de Gruiformes (grullas, rascones, polluelas, gallinetas, fochas, calamones) y en ella se incluyen otras dos especies de nuestra fauna, el Sisón común (Tetrax tetrax) del género “Tetrax” que, aunque escaso, se encuentra ampliamente distribuido por la Península, y la Avutarda hubara africana (“Chlamydotis undulata”) del género “Chlamydotis” que en nuestro país tan sólo la podemos observar en las Islas Canarias.



Su denominación científica en latín, “Otis tarda” (“ave tarda”) proviene de la palabra griega “otis”, que significa ave y de “tarda”, que proviene de la palabra latina que significa lenta, en alusión a la lentitud en iniciar el vuelo de la especie.



La característica más llamativa de esta especie es sin duda su gran tamaño. No debemos olvidarnos de que, como comentaba anteriormente, ostenta el record de ser el ave de mayor tamaño corporal de nuestro país y el del ave voladora más pesada del mundo. Además, está considerada como una de las especies vivas de aves con un mayor dimorfismo sexual, debido fundamentalmente a la gran diferencia de tamaño y peso entre machos y hembras.



A modo de curiosidad quiero incluir aquí una relación de las aves actuales consideradas como las más grandes del mundo, teniendo en cuenta el tamaño, el peso y su distribución, pero sin olvidarnos de que los récords absolutos los tienen especies ya extintas:

Avestruz (Struthio camelus): la reina. Son las aves más grandes y pesadas del planeta en la actualidad. Miden hasta 3 metros de altura y pueden llegar a pesar 180 Kg. Los avestruces son aves no voladoras que se distribuyen en África.

Albatros viajero (Diomedea exulans): es el ave voladora de mayor tamaño del mundo. Sus medidas son 1,30 m de altura, 20 cm de pico y 3,5 metros de envergadura (desde la punta de un ala a la otra). Se trata de un ave marina que vive en todos los océanos del hemisferio austral, preferentemente en regiones subtropicales y subantárticas.

Cóndor de los Andes (Vultur gryphus): el cóndor andino es el ave voladora no marina más grande. Llega a medir 1,4 m y la envergadura de sus alas puede llegar a los 3,3 metros. Los adultos macho pesan entre 11 y 15 Kg y las hembras de 8 a 11. Vive en América del Sur, en toda la cordillera de los Andes y en las cordilleras adyacentes.

Avutarda euroasiática (Otis tarda): la avutarda se lleva el premio al ave voladora más pesada: hasta 15 kilos (la media es 13,5 Kg). Hay datos de avutardas de 18 Kg y el mayor peso registrado es de 21 Kg. Esto es en el caso de los machos, porque las hembras pesan bastante menos; una media de 4,5 Kg.



La cola es más rojiza que el resto del plumaje de las partes superiores y tiene varias franjas que se ven mejor cuando despliega la cola en abanico o al volar, apreciándose entonces también, una banda subterminal negra y otra blanca en el extremo.



La cabeza es de color gris ceniza y en el caso de los machos durante la época reproductiva, les crecen unas largas y delgadas plumas, a modo de barbas o bigotes, blanquecinas, apuntadas, rígidas y eréctiles, que parten de la mandíbula inferior, a cada lado de la base del pico y que, a partir de los 3 años de edad y año tras año, van adquiriendo un desarrollo mayor en número y tamaño, motivo este por el que a los machos de mayor edad se les conoce popularmente como “barbones”.



Desde los 6 años en adelante estos bigotes son muy largos y poblados (12-15 cm) y por su tamaño y desarrollo, así como por la mancha alargada de color oscuro que desde los carrillos baja a lo largo del cuello, puede conocerse la edad de los machos.



El largo cuello de los machos también es de color gris azulado en su parte superior pero, según desciende hacia la parte inferior, se va volviendo de color parduzco rojizo, oscureciéndose a medida que se aproxima al pecho y formando una especie de colorida faja pectoral. Esta coloración se vuelve más intensa y vistosa en la época de celo en la que también se produce un evidente engrosamiento del cuello. Durante el cortejo nupcial, los machos poseen en el cuello un saco que hinchan ostentosamente.



Las hembras aparte de ser bastante más pequeñas que los machos, tienen el plumaje con colores más apagados y por tanto, menos vistoso. Carecen de bigotes y tienen la mayor parte del cuello de color gris.



Otro dato interesante es que las hembras son casi dos veces más numerosas que los machos. Debido a la diferencia de tamaño y al modo de vida entre ambos sexos, los machos tienen una mortalidad mayor debido tanto a causas naturales, como a las inducidas por el ser humano.



Impresiona también ver a esas enormes aves desplazándose por las amplias llanuras castellanas y saber que estamos ante una de las especies más amenazadas del mundo que ha desaparecido en casi toda Europa y que es precisamente España, uno de los pocos lugares en los que todavía vive y donde ha encontrado uno de sus últimos refugios.



Efectivamente, según dicen todos los expertos, de los casi 50.000 ejemplares existentes en todo el mundo, más del 50% están en España (unos 33.000 ejemplares), por lo que en la actualidad, nuestro país está considerado como la principal reserva mundial de la especie.



A modo de referencia, en 2.005 SEO/BirdLife publicó una monografía con los resultados de los censos efectuados en la península ibérica entre 2.000 y 2.005 según el cual el tamaño de la población existente era de unas 25.000 avutardas, casi la mitad en la Comunidad de Castilla y León, unas 6.000 en Extremadura, 4.500 en Castilla-La Mancha, 1.200 en la Comunidad de Madrid y menos de un millar en Andalucía.



La Avutarda euroasiática es una especie gregaria, especialmente en invierno cuando se reúnen en grupos de hasta varias decenas de individuos. Durante la mayor parte del año machos y hembras viven en grupos separados.



Al final del invierno (durante la época reproductiva) los machos desarrollan un llamativo plumaje nupcial, que exhibirán en primavera frente a las hembras y al resto de los machos del grupo.



Los bandos de hembras están formados por individuos genéticamente más afines entre sí que los machos. Ellas son más gregarias y fieles a sus zonas natales que ellos.



La Avutarda es un ave silenciosa que tan solo, de forma ocasional, emite un gruñido sordo cuando están asustados o enfadados. Los machos durante la exhibición de cortejo además de gruñidos emiten sonidos similares a las pedorretas. Las hembras emiten llamadas guturales cuando están en el nido y los polluelos emiten gorjeos para comunicarse con su madre.



Su hábitat preferido son las estepas y grandes llanuras de cultivos de secano, en especial cereales (trigo y cebada), legumbres y pastizales, en las que se alternan algunas áreas de vegetación natural y extensiones en barbecho. En verano también habitan cultivos de girasol e incluso zonas con arbolado disperso, como pequeños olivares, almendrales o dehesas abiertas.



Su alimentación, aunque es omnívora, varía con las estaciones del año. Durante el invierno es fundamentalmente vegetariana y al parecer la alfalfa es su alimento preferido, así como las legumbres, las crucíferas, el diente de león, la margarita de los prados, las uvas y los granos de trigo y cebada, En primavera y verano, su dieta se basa en el consumo de grandes cantidades de presas animales, siendo los coleópteros, los himenópteros y los ortópteros, los insectos más consumidos. También pueden consumir pequeños vertebrados, como pequeños roedores, ranas, lagartijas y polluelos de otras aves, si surge la oportunidad. Complementan esta dieta con brotes y semillas.



Existe un interesante estudio realizado por científicos del CSIC y publicado por la revista PLOS ONE, en 2014, en el que se pone de manifiesto que las avutardas se automedican ingiriendo escarabajos tóxicos. Al comerlos, ingieren pequeñas dosis de veneno (cantaridina) con un doble propósito: eliminar sus parásitos internos y, sobre todo, en el caso de los machos, para aparecer más sanos y fuertes ante las hembras, lo que les permite ser más atractivos sexualmente y lograr un mayor éxito reproductivo. Se trata de dos especies de coleópteros, los que conocemos popularmente como aceiteras (Berberomeloe majalis y Physomeloe corallifer) que son evitados por la mayoría de depredadores por su contenido en cantaridina. Este es un compuesto muy tóxico que en pequeñas dosis puede matar a la mayoría de animales, incluido el hombre.



Tanto machos como hembras consumen estos coleópteros, pero sólo los machos los seleccionan de entre todos los insectos disponibles, e ingieren más ejemplares y más grandes que las hembras. Los buscan con afán en primavera, cuando el estrés producido por el costoso comportamiento de celo y la fuerte competencia entre los machos por el acceso a las hembras les hace más vulnerables a las infecciones. Los autores del estudio dicen que los machos de avutarda utilizan la cantaridina para reducir su carga de parásitos, y aparecer así más sanos y vigorosos, y por tanto, más atractivos frente a las hembras. La cantaridina posee una potente eficacia antibacteriana y antihelmíntica, por lo que las avutardas pueden utilizarla como medicamento contra las infecciones gastrointestinales provocadas por bacterias, tenias y nematodos, que son frecuentes en estas aves y pueden transmitirse por vía sexual.



Este consumo explicaría la exhibición de su cloaca que los machos efectúan al acercarse a las hembras, y la meticulosa inspección que las hembras llevan a cabo de la cloaca del macho.



El blanco plumaje que rodea a la cloaca permite a la hembra visualizar claramente si la zona con la que va a entrar en contacto durante la cópula está libre de parásitos o de los síntomas de su presencia, como suciedad producida por diarrea y la importancia de elegir al macho más sano, fuerte y capaz de resistir los efectos de la cantaridina da pleno sentido a la escrupulosa inspección que la hembra lleva a cabo de varios machos, antes de elegir consorte.



Nunca antes se había sugerido ni investigado esta función de la automedicación como mecanismo implicado en el proceso de selección sexual. Sin embargo, la automedicación podría ser de gran importancia, sobre todo en especies polígamas, en las que la competencia entre machos es especialmente intensa, y son las hembras las que eligen al macho que las fecundará.



La Avutarda euroasiática o común se distribuye de forma muy discontinua desde Europa y el norte de Marruecos, hasta el noreste de Asia (Siberia, China). Las poblaciones europeas son principalmente sedentarias, pero las asiáticas se trasladan al sur en invierno. Se reconocen dos subespecies.


En la actualidad, las poblaciones centroeuropeas están casi extinguidas, quedando sólo algún núcleo relevante en las estepas húngaras, norte de Alemania y Polonia, Checoslovaquia y Austria y desde el Sudeste se extiende por el sur de Rusia, Asia Menor, el Cáucaso hasta Siberia occidental y Turkestán y más hacia el Este hasta Mongolia y Manchuria.


La población en la península ibérica es la mayor del mundo, y acoge a más de la mitad de la población mundial. Durante la primavera de 2019 y promovido por la SEO/BirdLife ha tenido lugar el Censo Nacional de Avutarda Común que pretende cuantificar la población de Avutarda común en época reproductiva y conocer sus parámetros reproductivos. En la Comunidad de Castilla y León se contabilizaron 15.789 ejemplares, lo que representa el 30 % de los contingentes mundiales de la especie, lo que constituye una gran responsabilidad para su conservación. Son las provincias de Zamora y Valladolid las que albergan un mayor número (la mitad de los ejemplares censados), seguidas en importancia por Palencia, León, Ávila, Salamanca, Segovia y Burgos. Esta cifra constituye un aumento del 12,5 % con respecto a la población censada en 2008.


En la comunidad de Andalucía en últimos cuatro años, se ha pasado de una tasa de crecimiento del 3,4% al 1,7%, por lo que la especie va disminuyendo claramente sus efectivos (-20 %). Esto se ve reflejado en el número total de ejemplares, que en 2012 alcanzaba las 492 avutardas y a día de hoy se estima en 413 individuos, principalmente en las provincias de Sevilla, Córdoba, Jaén y Huelva.



A modo de referencia, en 2.005 SEO/BirdLife publicó una monografía con los resultados de los censos efectuados en la península ibérica entre 2.000 y 2.005 según el cual el tamaño de la población existente era de unas 25.000 avutardas, casi la mitad en la Comunidad de Castilla y León, unas 6.000 en Extremadura, 4.500 en Castilla-La Mancha, 1.200 en la Comunidad de Madrid y menos de un millar en Andalucía.



En España son residentes habituales y aunque son sedentarias puede producirse una trashumancia invernal. Los jóvenes realizan movimientos dispersivos.



Antes de la época de cría, los machos mudan su plumaje para adquirir su plumaje reproductor (alrededor de enero). El periodo de reproducción se produce entre los meses de abril y junio. Los machos establecen su dominancia en sus grupos durante el invierno, enfrentándose violentamente con embestidas y picotazos entre ellos.



En esa época reproductiva, los machos agrupan a las hembras (leks poligínicos) y exhiben su cortejo para atraer la atención de las hembras y poder aparearse. Sólo los machos más dominantes de cada grupo podrán optar a la reproducción, aunque cada uno de ellos fecundará a varias hembras (poliginia). Éstas serán, sin embargo, las encargadas de elegir al macho con el que desean aparearse.



Durante el cortejo nupcial el macho encoge el cuello, hinchan sus gargantas, despliega la cola, los bigotes, las primarias y las escapulares. Entonces se inclinan hacia delante ocultando su cabeza echándola hacia atrás con la barbilla apuntando hacia arriba. A continuación alzan su cola hasta pegarla a la espalda mientras giran las alas exponiendo el plumaje blanco de la parte inferior que generalmente está oculto, con las plumas de vuelo plegadas pero las secundarias blancas erizadas. En esta posición los machos pueden caminar durante varios minutos con la cabeza oculta y sus plumas ahuecadas, mostrando una figura que puede describirse como una bola blanca con patas que comienza a girar haciendo la famosa “rueda”.



Una vez que se han apareado, los machos se desentienden del futuro de su descendencia y es la hembra la que se dedica en solitario a las tareas de la crianza. Los nidos se sitúan en agrupaciones espaciadas situadas en zonas llanas o laderas ligeras, cerca del emplazamiento del lek principal. Se limitan a unos cuantos tallos aplastados sobre cualquier pequeña oquedad del terreno.



La puesta se compone de 2-3 huevos. La incubación dura entre los 21-28 días aproximadamente. Los pollos son nidífugos, al poco de nacer abandonan el nido en compañía de su madre, a la que acompañarán durante varios meses. Si pierden los huevos como consecuencia de labores agrícolas o por depredación no efectúan una nueva puesta.



La prohibición de su caza en los años ochenta, permitió parte de la recuperación de la especie, aunque tampoco debemos olvidarnos de que en la actualidad, el principal problema para la conservación de la avutarda radica en el abandono de las prácticas agrícolas tradicionales, el importante aumento de la mecanización del campo, con la consiguiente intensificación de la agricultura y la notable proliferación de nuevas infraestructuras y la expansión urbanística, lo que provoca la desaparición de los lugares de reproducción, una disminución en la disponibilidad de alimento y una menor productividad.




En la actualidad, la principal causa de mortalidad es la colisión contra las alambradas y contra los cables de los tendidos de líneas eléctricas de alta tensión que atraviesan cada día en mayor número, precisamente las grandes llanuras donde vive la Avutarda, que en vuelos crepusculares o nocturnos chocan con los hilos y mueren. Otras causas de la mortalidad son la caza furtiva, la destrucción de nidos y huevos por las avanzadas técnicas agrícolas y la depredación que sufren las crías por zorros y perros asilvestrados.



Estas y otras más circunstancias, no hacen más que agravar la situación, de ahí que fuera elegida en España, por la SEO/BirdLife, como el ave del año 2004, para así llamar la atención sobre un ave mundialmente amenazada que alberga en España a más del 50 por ciento de la población mundial y que por lo tanto, tenemos una gran responsabilidad en su conservación y se hace necesario adoptar medidas especiales para su conservación. La especie está incluida en el Libro Rojo de las aves de España en la categoría de “Vulnerable” y aparece catalogada como “De interés especial” en el Catálogo Nacional de Especies Amenazadas.

2 comentarios:

  1. Excelente entrada José Ignacio con fotos espectaculares y una valiosa información sobre una de las joyas de la ornitología española. No me extraña que hables tan apasionadamente sobre estas majestuosas aves, yo tuve la oportunidad de observarlas y fotografiarlas el año pasado en la provincia de Toledo y vine enamorado de ellas. Un saludo desde el País Vasco.

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    1. Muchas gracias Julio, me alegra que te guste. Impresionado me has dejado con tus últimas entradas a tu magnífico blog "Instantes alados" en las que he podido disfrutar viendo la enorme cantidad de especies que has podido fotografiar en tus últimas escapadas por Extremadura, Andalucía (Sevilla y Huelva) y Portugal. Unas fotografías estupendas como ya nos tienes acostumbrados. Saludos cordiales.

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