domingo, 16 de mayo de 2021

Mi primer paseo primaveral por la alta montaña (Parte 2 y fin). Bisbita arbóreo (Anthus trivialis). Acentor común (Prunella modularis). Chova piquirroja (Pyrrhocorax pyrrhocorax). Rebeco cantábrico (Rupicapra pyrenaica parva). Gorrión alpino (Montifringilla nivalis)​.

Continuando con la reciente visita que recientemente (jueves 06/mayo/2021) pude realizar al maravilloso entorno del P. N. Las Ubiñas-La Mesa (Principado de Asturias), os presento aquí unas cuantas especies más de las principales observaciones que en esa jornada mañanera atrajeron mi atención.




Ya en la carretera que accede al alto del puerto de La Cubilla, pude fotografiar desde el interior de mi vehículo a éste bello macho de Bisbita arbóreo (Anthus trivialis) que desde lo más alto de un matorral parecía que me daba la bienvenida entonando su bellos cánticos. Más tarde le pude observar emitiendo su característico reclamo mientras asciende volando para posteriormente descender con las alas desplegadas a modo de paracaídas.




De la misma manera pude captar a éste ejemplar de Acentor común (Prunella modularis) desde el interior de mi vehículo y, tras darme un auténtico recital de canto a escasos metros míos, terminó percatándose de mi cercana presencia haciéndome un giro de cabeza al estilo de la niña del exorcista para abandonar ese posadero.




Una vez abandonado el vehículo y caminando por la pista ganadera que discurre hacia la zona de la que va hacia la primera majada (La Meruxal de Arriba) a pie del pico de La Mesa (1.918 msnm), pude observar a un nutrido bando de chovas piquirrojas (Pyrrhocorax pyrrhocorax) volando en grupo mientras emitían continuamente sus característicos y penetrantes graznidos y realizaban increíbles acrobacias aéreas y picados.




Se trata de una especie de aves muy gregaria a las que en esos ambientes de alta montaña habitualmente no las prestamos demasiada atención, pero que son de una belleza incuestionable. Tal vez sea debido a que en zonas más habitadas, como es el caso de áreas recreativas o estaciones de esquí, las podemos observar a escasos metros de nuestra posición y, casi, casi, poderlas dar de comer en la mano, pero nada tiene que ver cuando las vemos volar en ambientes sin la habitual presencia humana.




Machos y hembras son aparentemente iguales, con plumaje negro brillante con tonalidades azuladas en el cuerpo y verdosas en las alas y cola. El pico largo y curvado hacia abajo de color rojo o anaranjado las jóvenes y las patas también rojas contrastan notablemente con su negro plumaje.




Una pareja de estas bellas aves me permitieron presenciar parte de lo que en principio tenía pinta de ser el ritual nupcial en el que, supuestamente, el ejemplar macho le ofrece alimento a su pareja.




Tal vez lo más probable es que podría tratarse de una hembra que estuviera incubando en un nido cercano, ya que es costumbre en esta especie que el macho alimente a la hembra mientras incuba y ésta sale fuera del nido si pasan más o menos 30 minutos sin que el macho aparezca y comienza a llamarlo con agudos gritos.




En cualquier caso, lo llevaba a cabo con suma delicadeza hasta conseguir introducirle el alimento en el interior del pico como si de la alimentación de una cría se tratara (las jóvenes tienen el pico anaranjado).




Poco después iniciaron el vuelo a la par y estuvieron inspeccionando una oquedad de una de las rocas cercanas donde es posible tuvieran ubicado el nido.




Me parece interesante recordar aquí que se trata de una especie monógama y que la unión en parejas es muy precoz y parece mantenerse durante muchos, incluso durante el invierno. La fidelidad al lugar de nidificación también es muy alta, registrándose únicamente cambios de parejas o de lugar de nidificación en casos de muerte de la pareja o de pérdida del lugar de nidificación.




Aunque lamentablemente, al igual que otros córvidos, su mala reputación les precede, todos los expertos coinciden en que presentan todo un compendio de virtudes como la de ser un género de aves sumamente sociables, muy inteligentes, de fácil aprendizaje y muy evolucionadas.




Un dato curioso del que habitualmente no se habla en las guías, enciclopedias...etc. y que yo por supuesto desconocía, es que su esperanza de vida en condiciones normales, oscila entre los 15 y 20 años. Curiosamente, estas aves entran dentro del grupo de las "domesticables", cosa que, al parecer, se logra fácilmente y en esos casos su supervivencia se alarga.




La verdad es que fotografiar a las chovas a una distancia prudencial en un ambiente de montaña sin edificaciones ni contaminación, a mí particularmente no me resulta fácil. En zonas más habitadas, es posible casi darlas de comer en la mano, pero pierde el encanto que proporciona la naturaleza en estado puro sin que se aprecie la mano del hombre.




Estando en la alta montaña y concretamente en el P. N. Las Ubiñas-La Mesa no podía faltar el Rebeco cantábrico (Rupicapra pyrenaica parva), más conocido en Asturias como Robezu. Se trata del animal más emblemático del Parque Nacional de los Picos de Europa, siendo el único mamífero salvaje, que se deja ver con frecuencia. Una especie de mamífero con el que el pasado invierno pude disfrutar de una bella jornada en ese mismo lugar pero con el paisaje nevado (enlace).



Allí en las pequeñas cimas (La Almagrera) de rocas calizas que bordean la majada de La Meruxal de Arriba a pie del pico de La Mesa (1.918) pude observar a un nutrido grupo de rebecos que probablemente se desplazaban de su zona de descanso debido a la presencia de unos aficionados a la escalada que iniciaban su actividad por esa zona.



Me llamo poderosamente la atención la gran cantidad de rebecos con muy pocos días de vida que bien escoltados por sus progenitores se desplazaban sin ninguna dificultad por lugares un tanto escabrosos. La hembra dirige al rebaño y al menor incidente emite un silbido característico que pone en pie de carrera al resto del rebaño.
 


En lo referente a la clasificación taxonómica y a su distribución actual, decir que el Rebeco es un mamífero ungulado que pertenece a la subfamilia “Caprinae”, dentro de la familia “Bovidae” (como el Muflón, la Cabra montesa y el Arruí) y concretamente al género “Rupicapra”.



Como hemos visto, el Rebeco es un miembro de la subfamilia de los caprinos y por lo tanto se asemeja a una Cabra montés o íbice ibérico (Capra pyrenaica), pero son más estilizados y pequeños que ellas. Pueden llegar a medir 1,20 m. de longitud y alcanzar los 75 cm de altura a la cruz. Su peso puede llegar a los 35 Kg. Apenas existe dimorfismo sexual en esta especie aunque los machos son más grandes y pesados que las hembras.



El Rebeco cantábrico (Rupicapra pyrenaica parva) es la subespecie que presenta la menor talla entre todos los rebecos del mundo. Ha estado presente en toda la cornisa cantábrica durante miles de años, ya que aparece representado en el Cuaternario, en cuevas como la de Tito Bustillo o Balm.



El carácter anatómico más significativo de estos mamíferos es la presencia en ambos sexos de una cornamenta que está formada por dos cuernos finos, de color negro o pardo muy oscuro, de sección prácticamente circular y sin nudosidades o quillas conspicuas, sino tan solo unas hendiduras y unos anillos de crecimiento anual llamados medrones. 



No hay gran diferencia en el tamaño de los cuernos aunque los de los machos son algo más grandes (hasta 16 cm), más robustos y algo más curvados que los de las hembras (hasta 13 cm). A diferencia de los cérvidos no cambian la cornamenta, la suya es permanente  y crece anualmente.



Actualmente el Rebeco se distribuye por el área meridional de Europa en varios núcleos aislados: la Cordillera Cantábrica, los Pirineos, los Apeninos, los Alpes, los Balcanes, las montañas de Transilvania, el Cáucaso y Anatolia.



En nuestro país el Rebeco se distribuye por la Cordillera Cantábrica (Rupicapra pyrenaica parva) y por los Pirineos (Rupicapra pyrenaica pirenaica). La subespecie “Rupicapra pyrenaica parva” se distribuye exclusivamente por las montañas de la Cordillera Cantábrica, desde el límite de Asturias y Galicia al occidente de Cantabria, principalmente en terrenos de Asturias, Cantabria, León y Palencia.



Éste se caracteriza por tener un tamaño ligeramente inferior que el de la subespecie pyrenacica, también llamado Sarrio. Además, éste último se caracteriza porque tiene los cuernos más gruesos y largos, uy porque durante el verano es de color ocráceo y durante el invierno de color negruzco. También porque tiene la cola de color negro.



La hembra dirige al rebaño y al menor incidente emite un silbido característico que pone en pie de carrera al resto del rebaño.



El Rebeco cantábrico tiene el celo entre los meses de octubre y noviembre. Los machos son solitarios mientras que las hembras viven con las crías y en verano forman grandes grupos a los que se unen los machos durante la época del celo. En esa época se producen las peleas entre los machos por hacerse con un harén de hembras. Los machos son polígamos. La gestación dura unos 5 meses y medio. Los partos se producen entre mayo y junio. En cada parto suelen tener una sola cría, excepcionalmente dos.



La población cantábrica de Rebeco debió sufrir ya a lo largo del siglo XIX una regresión que obligó a la creación del Coto Real de los Picos de Europa a principios del siglo XX. Sin embargo, la regresión debió acentuarse durante la Guerra Civil, quedando reducida a poco más de una centena. Desde entonces la reducción de la presión cinegética y la creación de diferentes espacios naturales protegidos que solapan su área de distribución han permitido la recuperación de la especie.



El Rebeco es una especie sin detractores y con buena reputación, pues apenas afecta a la agricultura y a la ganadería,  es una especie representativa de los ecosistemas de alta montaña.



Ya para ir terminando ésta segunda entrada, quiero compartir las fotografías que a duras penas le pude realizar al último protagonista de ese paseo primaveral por la alta montaña, el Gorrión alpino (Montifringilla nivalis).



Si no me equivoco, ésta va a ser la cuarta entrada a mi blog que le dedico total o parcialmente a este pequeño pájaro por el que siento una gran predilección y al que cada vez que me muevo por ésos parajes de alta montaña voy buscando continuamente.



En ésta época del año no me ha resultado nada fácil dar con algún ejemplar de ésta especie, ya que aparte de no ser muy sociables y moverse por zonas de rocas bastante escabrosas y de difícil acceso, resultan bastante complicados de localizar, dado su gran mimetismo con el color de las rocas calizas por las que acostumbran a moverse. Véase la muestra. 



Mucho más fácil me resulto en la anterior entrada que le dedique a él a mediados del mes de julio en la que tuve el privilegio de poder contemplar los denodados esfuerzos que una pareja de ellos tenían que dedicar para sacar adelante una nueva generación (enlace). La época reproductiva va desde el mes de mayo al de junio, pudiendo realizar dos puestas por temporada.



En esa última ocasión, tuve la posibilidad de fotografiar a varios ejemplares anillados e incluso a uno que era portador de un emisor de GPS y tras contactar una de las anilladoras que los habían marcado (Mª del Mar Delgado) tuvo la amabilidad de comentarme que estaban llevando a cabo un proyecto que iniciaron en 2017 y que forma parte de un Plan Nacional y que uno de los muchos objetivos de especial importancia que están llevando a cabo es estudiar los patrones de movimientos de estos gorriones a lo largo de todo el año, de ahí lo del GPS.



Según me contó, los patrones de movimientos de éstos pajarillos son muy bonitos. Prácticamente se quedan todo el año por la zona de las Ubiñas, realizando migraciones altitudinales cuando las condiciones climáticas son más severas. Estos resultados tienen una alta importancia para la dinámica de las poblaciones y las conectividades entre poblaciones. Están abordando ese estudio sobre los movimientos con estudios de isótopos y genéticos junto a otros colaboradores que trabajan en otras poblaciones europeas de gorriones.



A este respecto y según he podido leer, esta especie hasta ahora considerada sedentaria y que en general solo realizaba desplazamientos altitudinales o de corta distancia, recientemente se ha observado que ejemplares de las poblaciones de los Alpes realizan desplazamientos invernales de más de 1.000 km, por lo que podría pasar a calificarse como migradora parcial.



Como difícilmente se puede apreciar en alguna que otra fotografía que ahora comparto, se puede apreciar que al menos uno de ellos está anillado con el mismo tipo y coloración de las anillas que portaban los que en esa anterior ocasión pude fotografiar y que estaban siendo objeto de ese estudio (pata izda. con anilla azul con numeración en blanco y pata derecha con anilla metálica).



Es interesante reflexionar al respecto de que los ecosistemas de alta montaña son especialmente sensibles a ciertos factores ajenos a las escasas especies que en ellos habitan, como es el caso del clima. Es precisamente en esos ecosistemas en donde más prematuramente se puede detectar los efectos que el actual cambio climático está provocando en nuestro planeta. 



Cambios que posiblemente puedan estar afectando a la fenología, distribución y tasas reproductivas de las poblaciones de paseriformes alpinos, que hasta ahora han sido poco estudiados en ellas, y que seguro tienen un considerable interés por estar presentes en ecosistemas especialmente vulnerables a los efectos del cambio climático. 



Entre otros, ha sido la propia organización WWF (Fondo Mundial para la Naturaleza) la que ya advirtió hace años de que el calentamiento global supone una gran amenaza para el Gorrión alpino (Montifringilla nivalis) una de las diez especies con mayor riesgo de extinción a nivel mundial por la subida de las temperaturas.



A lo largo del siglo XX la temperatura media del planeta se ha incrementado 0,7ºC, lo que constituye tanto en términos de magnitud, como en tasa de cambio el mayor calentamiento en los últimos 1000 años (Fernández & Fernández, 2005). En Europa el incremento alcanza los 0,9ºC, siendo el noroeste de Rusia y la Península Ibérica las zonas que más se calentaron del continente (Fernández & Fernández, 2005). Se estima que en el próximo siglo la temperatura en Europa se puede elevar unos 3ºC (European Agency of Environment, 2004).



Cuento todo esto, con la esperanza que el anillamiento y seguimiento que se está llevando a cabo en esta emblemática especie alpina, sirva para poder demostrar que las áreas de alta montaña son especialmente apropiadas para la detección temprana de las señales del calentamiento global y los impactos que (entre otros) está ocasionando en la avifauna alpina, y que eso sirva para concienciarnos un poco más al respecto.