martes, 27 de agosto de 2019

El ave que nunca llega a conocer a sus progenitores. Cuco común. (Cuculus canorus). Cuquiellu.

He de reconocer que desde hace tiempo, con la llegada de la primavera, he perseguido una y otra vez el inconfundible canto del Cuco común (Cuculus canorus) con la intención de poderle observar y, a ser posible fotografiar, en plena faena emitiendo su peculiar reclamo en lo más alto de los árboles. 



Tal vez esa obsesión me venga de cuando era niño y aún no comprendía bien los usos horarios, lo cual me hacía estar siempre pendiente de que en un pequeño reloj de cuco apareciera por su puertecilla ese singular pajarillo emitiendo aquel inconfundible canto. 



El conseguir observar y fotografiar a esta ave en la naturaleza, no ha sido una tarea fácil de conseguir, al menos para mí, ya sea cantando, como incluso sin cantar, y mira por donde, esta primavera/verano he conseguido, eso sí, a duras penas, verlo y poderle sacar unas cuantas fotografías que ahora quiero compartir con los lectores del blog. 



El caso es que esta primavera he tenido la fortuna de poder observar y sacar unas cuantas fotografías testimoniales, de ésta increíble ave emitiendo su peculiar canto en lo más alto de un árbol seco sin que descubriera mi presencia, cosa que por la experiencia acumulada al respecto, es motivo más que suficiente para abandonar de inmediato esa tarea y volar a otra percha sin observadores inoportunos.




Los pocos minutos que lo pude observar a través del visor de mi cámara de fotos, me llamó la atención ver cómo inflaba la garganta y parte del pecho para emitir sus cánticos, recordándome la forma de como lo hacen las palomas o las tórtolas cuando emiten sus arrullos. 



Un cambio muy significativo de su fisonomía en comparación a cuando paraba de cantar, como podéis observar en estas testimoniales fotografías. 



Y lo que son las cosas, después de llevar tiempo intentando fotografiar esta interesante especie de ave, resulta que este año tras conseguir realizar esas cuantas fotografías de un Cuco adulto cantando, me entero por distintos medios de la aparición, en estas fechas, de un Cuco en el entorno del cabo Peñas (Gozón. Asturias) del que he podido ver publicadas unas excelentes fotografías de varios aficionados. 



Aunque ya habían transcurrido varios días desde que se publicaron esas fotografías, estos últimos días decidí pasarme por la zona con la intención e ilusión de poder encontrar al ya famoso Cuco de Peñes. 



He de reconocer que no me resultó demasiado difícil encontrarle por la zona por donde se movía habitualmente, ya que no paraba de moverse de un lado para el otro del prado donde se estaba poniendo “morado” a base de orugas. 



Observándole durante largo tiempo, he de reconocer que no conseguí comprender como era capaz, moviéndose simplemente a ras del prado, de localizar la cantidad de orugas que conseguía una y otra vez, y que yo, caminando por los alrededores de la zona, era incapaz de encontrar ni siquiera una. 



Tan solo se limitaba a realizar unos pequeños vuelos, casi a ras del suelo, para caer con las alas desplegadas sobre una nueva oruga que engullía sobre la marcha. 



Se le veía muy atareado alimentándose continuamente y todo ello a escasos metros de unas zonas bastante transitadas por caminantes, bicicletas y hasta algún vehículo rodado. Nada que ver con lo desconfiados y esquivos cucos con los que yo, hasta ahora, me había encontrado. 



Me imagino que la causa de esa confianza se debía a que se trataba de un ejemplar joven, o mejor dicho, de unos ejemplares jóvenes. Digo esto porque aunque los cucos suelen ser aves de hábitos bastante solitarios, en este caso, tras largo tiempo de observación y de idas y venidas de un lado para otro, pude confirmar, que realmente se trataba de dos ejemplares jóvenes diferentes. 



Para poder confirmar esa sospecha que previamente me había surgido, tuve la oportunidad de poderles sacar unas cuantas fotografías, totalmente testimoniales, de los dos juntos. Permanecieron tan solo unos instantes y tras retarse entre ellos cada uno tiró para un lado. 



Posteriormente, cuando he estado editando las fotografías, he comprobado mucho más fácilmente que, efectivamente, se trataba de dos ejemplares distintos, siendo el mejor rasgo diferenciador, el tamaño y la forma de la mancha blanca de la nuca que es tan característica de los ejemplares jóvenes de esta especie. 



Realizar una revisión de las principales características de esta peculiar ave, como suele ser costumbre en mis entradas al blog, resulta sumamente complicado, ya que son tantas las peculiaridades que se pueden contar de esta curiosa ave, que poderlas resumir en una sola entrada, no es tarea nada fácil. No obstante lo voy a intentar y revisar las que a mi me parecen más interesantes. 



El Cuco común (Cuculus canorus) es un ave “Cuculiforme”, perteneciente a la familia “Cuculidae” que en nuestro país está también representada por el Críalo europeo (Clamator glandarius) al que dedique recientemente una entrada al blog (enlace) y con el que, curiosamente, tuve mi primer encuentro hace cuatro años en el mismo lugar y fechas (enlace) en que ahora he podido ver al Cuco común. Como a continuación veremos, ambas especies ponen sus huevos en los nidos de otras aves, practicando lo que se denomina nidoparasitismo. Se reconocen cuatro subespecies de Cuco común de las cuales la C. c. bangsi ocupa la península Ibérica, las islas Baleares y el noroeste de África. 



El origen del nombre de su género, “Cuculus”, proviene de la palabra latina que significa “cuco”, y es de origen onomatopéyico por el “cu, cu” de su canto, y también es de donde procede su nombre común en español. Por su parte la denominación de su especie como “canorus”, también es de etimología latina y significa “melodioso”. 



Se trata de un ave de tamaño medio que vienen a tener una longitud de unos 32-36 cm, de los cuales 13-15 corresponden a la cola, y una envergadura de hasta los 60 cm. En esta especie existe dimorfismo sexual. 



En el caso de los machos adultos presentan el dorso de un color gris plomizo liso que se vuelve un poco más claro en la cabeza y el cuello. 



Las partes ventrales y los flancos son de color blanquecino y están profusamente barradas de finas líneas horizontales oscuras, lo que les hace asemejarse bastante a las que presenta el temido Gavilán común (Accipiter nisus). 



Las alas son puntiagudas y también son de color gris plomizo con la excepción de las plumas primarias y secundarias que presentan tintes pardos con un denso moteado blanco. 



La cola es bastante larga, midiendo casi la mitad de la longitud total del ave, y tiene una forma redondeada. Es de color gris oscuro (pizarroso) con manchas graduadas blancas y con las puntas también de color blanco. 



Los ojos tienen el iris de color amarillo y están rodeados por un anillo periocular también amarillo. 



El pico es fino y de color gris negruzco con la base algo amarillo-verdosa. 



Las patas son cortas y de color amarillo. Al igual que los otros componentes de la familia “Cuculidae” tienen dos dedos dirigidos hacia delante y dos hacia atrás (zigodáctilos). 



Por su parte en las hembras se pueden dar dos tipos de plumaje o fases de coloración: la “gris” que es muy similar a la de los machos pero con una tonalidad de color ocre herrumbroso y algo barrado en el pecho, y la fase “rojiza” o “hepática”, bastante menos frecuente que el anterior (más frecuente en el norte de la península), que presenta tanto en las partes superiores como en la garganta, el pecho, las alas y la cola, una coloración pardo herrumbrosa y muy barrado transversalmente de negro. En ambos casos el vientre es blanco con finas franjas horizontales oscuras. 



En el caso de los jóvenes tienen varios plumajes distintos. Algunos tienen las partes superiores con un denso listado castaño rojizo o pardo negruzco, mientras que otros las tienen de color gris liso.



Los primeros se asemejan en parte a las hembras de fase rojiza ya que suelen presentar una coloración gris pizarra con tonalidades rojizas con finas líneas blancas por todo el cuerpo y que se vuelven más anchas en las alas y en la cola.



En ambos casos, las plumas de las partes superiores presentan unos márgenes blancos y las de la espalda, obispillo y cobertoras superiores de la cola con las puntas blancas. Los ojos son de color marrón oscuro y el anillo periocular es de color blanco. Como ya comenté al principio, poseen una característica mancha blanca en la nuca. 



El canto habitual del macho consiste en un característico y reconocible “cuu-cu, cuu-cu” disilábico, que repite regularmente en largas sesiones y que se convierte en trisilábico y se acelera cuando se excita y entra en contacto con la hembra. Ella emite un trino burbujeante y muy rápido, tipo “guik-kui-kui-kui-kui-kui”.




El Cuco común presenta un vuelo rápido y directo con aleteos regulares, batiendo las alas sobre todo bajo el plano horizontal, con el pico apuntando hacia delante y realizando planeos cortos y escasos. En vuelo puede llegar a confundirse con un Gavilán común, aunque al batir las alas no las levanta por encima del cuerpo como las rapaces. 



Habitualmente tienen un comportamiento solitario y en el suelo caminan con soltura dando pequeños saltos.



Les gusta posarse en las ramas de los árboles a media o baja altura y también en postes de cercas, cables telefónicos, muros de piedra, arbustos y rocas. 



Acostumbran a adoptar una postura muy característica e inconfundible, manteniendo las alas entreabiertas y caídas y la cola desplegada en abanico. A menudo permanece inmóvil, pero también mueven la cola arriba y abajo.



El Cuco común tiene una amplia distribución por gran parte de Europa (excepto el extremo Norte e Islandia), Asia y el norte de África. Las mayores densidades en Europa se concentran en Centroeuropa, el Norte de la Península Ibérica, Francia y las Islas Británicas. 




Procedentes del continente africano, llegan a las áreas de cría a finales del mes de marzo o principios del de abril asociándose tradicionalmente su presencia con la llegada de la primavera. La migración postnupcial la realizan en agosto y septiembre, en tanto que el regreso a las áreas de cría lo realizan a finales del mes de marzo o principios del de abril. 



Los adultos parten hacia África, donde pasarán el invierno, una vez realizada la puesta en julio. Cada huevo es abandonado entonces a su suerte en el nido de un anfitrión involuntario. Los jóvenes marchan más tarde, en agosto-septiembre, sin ser guiados por sus padres, a los que no conocieron nunca. Se pone así en evidencia la existencia de un sentido innato de navegación, que permite a los jóvenes encontrar el rumbo de sus cuarteles de invierno. 



En nuestro país son habituales en la primavera y en el verano, (excepto en el archipiélago canario y Melilla), luego emigran al África subtropical y meridional para invernar. Ocupa la mayoría de las regiones peninsulares, en especial todo el tercio Norte, pero falta en extensas zonas del Centro y Levante. 



El hábitat que prefieren son ambientes forestales con campiñas abiertas en sus cercanías, carrizales, zonas con árboles y matorrales cercanos a los campos de cultivo, etc. Abundan en las zonas montañosas, aunque también es bastante común en las inmediaciones de humedales con abundante vegetación palustre, donde habitan varias de las aves a las que suelen parasitar con mayor frecuencia. 



Su alimentación es insectívora a base fundamentalmente de larvas de diferentes especies de lepidópteros (mariposas), incluidas las que disponen de mecanismos de defensa, como pelos urticantes o sustancias tóxicas. También comen lombrices, arañas, escarabajos, saltamontes, grillos, ciempiés, pequeños batracios, los huevos de los nidos que parasitan e incluso los polluelos de otras aves. 



Pero si hay algo verdaderamente peculiar y característico de ese ave, es su comportamiento reproductivo, siendo junto con su familiar el Críalo europeo las dos únicas especies de las que podemos disfrutar en España, que no construyen nido ya que practican el nidoparasitismo. 



Es decir, las hembras de esta especie se sirven del nido de otras aves para depositar en ellos sus huevos y que le sean incubados por ellas, así como para que se encarguen de su posterior cuidado y manutención, una vez nazcan. 



Un detalle interesante a este respecto es que, al parecer los huevos empiezan a incubarse dentro del oviducto de la madre por lo que al ser depositado en el nido receptor el embrión ya ha comenzado su desarrollo lo que influye en que normalmente el pollo del Cuco sea el primero en nacer. 



Normalmente deposita su huevo y a cambio se lleva o se come uno de los huevos del nido de acogida, pero eso no siempre garantiza la viabilidad de su huevo, ya que ese huevo a veces no es bien acogido y es arrojado del nido parasitado por los dueños de éste. 



Esto no es de extrañar ya que los huevos del cuco, además de ser más grandes, no tienen por qué ser del mismo o semejante color que los de la especie parasitada. Se ha visto que solo en la mitad de los casos la cría se produce con éxito, además el porcentaje de nidos parasitados que son abandonados por parte de los dueños del nido puede ser llegar hasta el 30%. Pero hay que tener en cuenta que las hembras del Cuco pueden llegar a poner entre 12 y 15 huevos a lo largo de la temporada de cría. 



Acostumbran a elegir el nido de multitud de pájaros insectívoros de pequeño o mediano tamaño para poner en ellos uno o en ocasiones dos huevos. Entre las especies que con más frecuencia parasitan sus nidos están el Acentor común, Petirrojo europeo, Carricero común, Bisbita común, Chochín común, así como currucas, lavanderas, colirrojos y alcaudones. Otra interesante curiosidad es que el nido que parasitan las hembras, son previamente seleccionados por ellas y siempre se corresponde con el de la especie que crió a la madre. 



Cada hembra, sin la ayuda del macho, vigila un vasto territorio, en busca de nidos en construcción. Observa el comienzo de la puesta ajena y cuando el nido tiene dos o tres huevos de su propietario, aprovechan el momento en que los propietarios están ausentes (habitualmente a medio día o primeras horas de la tarde) para poner su huevo en el nido elegido (tardan entre 10 a 16 segundos en el nido de su víctima). Con intervalos de 48 horas, el Cuco hembra pone de 12 a 15 huevos en otros tantos nidos, hurtando de cada uno un huevo para restablecer su número. 



Parece ser que el hecho de que el Cuco adulto tenga un aspecto parecido al del Gavilán, les da más tiempo a las hembras para parasitar nidos, ya que los pájaros pequeños tienen más tendencia a alejarse. Además, según un estudio llevado a cabo por investigadores de la Universidad de Cambridge y publicado en la revista Nature Ecology & Evolution, la hembra del Cuco tras dejar los huevos, es capaz de distraer al propietario del nido, asustándole al imitar el canto del Gavilán, un potencial depredador de esa otra especie. 



El periodo de incubación de los huevos de Cuco es muy corto, no superior normalmente a 12 días lo que provoca que el nacimiento del pollo sea casi siempre anterior a la de los pollos legítimos y nada más nacer los pollos del Cuco expulsan del nido a todos los huevos que haya en él, o a los polluelos si es que ya hubieran nacido. Expulsan del nido incluso a su hermano si lo hubiera, de este modo el pollo del Cuco recibirá en exclusiva la alimentación, así como todos los cuidados y atenciones por parte de sus pequeños y sacrificados padres adoptivos a los cuales supera enormemente en tamaño. 



Los pollos del Cuco tienen en la espalda un hueco muy sensible y sus hombros son desproporcionadamente anchos y fuertes. Gracias a esta peculiaridad son capaces de realizar a las pocas horas de nacer, una serie de movimientos espasmódicos con los que consiguen expulsar fuera del nido bien a los huevos del huésped aún no eclosionados o a los pollos si han nacido. No siempre esta operación tiene éxito y algún pollo del propietario del nido puede quedar, siendo criado bien, a pesar de la gran voracidad de que el pollo de Cuco hace gala. 



La permanencia en el nido acostumbra a ser de unos 13-20 días tras los cuales dejarán de depender de sus padres adoptivos y se independizarán. 



No se han descrito especiales amenazas para el Cuco común debido a su peculiar estrategia reproductora, no obstante figura incluido en la categoría “De interés especial” dentro del Catálogo Nacional de Especies Amenazadas.