martes, 24 de abril de 2018

Un ave con un aspecto poco agraciado y con enigma. Graja (Corvus frugilegus).

Como ya comente en la anterior entrada, en mi reciente viaje a tierras castellano manchegas, decidí acercarme hasta la localidad leonesa de Santa Marina del Rey, para intentar fotografiar al Andarríos maculado. De camino a esa localidad, hice una breve parada en la cercana localidad de Villadangos del Páramo, una de las referencias nacionales para poder observar a una de las aves con un aspecto físico menos agraciado de nuestro entorno, al menos “a priori” eso me parecía a mí. 





Tras visualizar detenidamente las fotografías que le realicé a esta ave, y siempre desde mi particular punto de vista, considero que la Graja (Corvus frugilegus) ocupa el segundo lugar en el ranking de fealdad de las aves de nuestro entorno, siendo tan solo superada por el Ibis eremita (Geronticus eremita), que sin ningún género de dudas, se llevaría el dudoso mérito de ser el primero (enlace a Ibis eremita)





Pero como suele ocurrir, una vez que te encuentras con ella de cerca, intentas encontrar el ángulo, postura o situación que sea capaz de cambiar esa calificación y lo cierto es que casi lo consigues. La verdad es que si te pones a revisar el reportaje fotográfico en su totalidad, puedes encontrar algún atisbo de belleza en alguna fotografía en concreto, pero en general, el ave es bastante feita, no nos equivoquemos, lo cual no quiere decir que sea una auténtica joya de nuestra avifauna, que debemos respetar y mimar.





Es bastante evidente que el principal y diría yo único culpable de esa "fealdad" es su color negro (color del luto) y su característico gran pico que parte de una zona de la cara desnuda o calva. Digo esto porque sus familiares más cercanos en nuestro entorno, como son el Cuervo, la Corneja negra y la Grajilla, aunque popularmente tampoco tienen muy buena “prensa” no alcanzan los niveles de la Graja. 





Los córvidos, en general, son aves que tradicionalmente se las han considerado como protagonistas de falsas creencias relacionadas con el mal augurio. No nos debemos olvidar de que el color negro representa en nuestra cultura el luto y el hombre refleja sobre cuervos, cornejas, grajas, urracas y grajillas, su ancestral y atávico miedo a la muerte. Tal vez ese criterio se haya visto influenciado porque en la leyenda celta se relacionaba al Cuervo, Graja, Urraca… con la guerra y la muerte, debido a la costumbre de estas aves a acechar en los campos de batalla y alimentarse de los muertos. 





Pero curiosamente esto no ocurre sólo con esta especie de córvido, ya que en ambientes rurales desde siempre se ha considerado a las aves carroñeras, a las nocturnas y en general, a las de color negro, con la capacidad de presagiar los acontecimientos más negativos, incluida la muerte. 




También están mal vistas por sus continuos y estridentes graznidos (cantos garrulos) y porque, supuestamente, se comen las cosechas, cuando realmente deberían ser consideradas como beneficiosas para la agricultura, ya que parte de su alimentación es a base de roedores, insectos y otros invertebrados enemigos de los cultivos, cosa que no hacen otras aves con mejor reputación y que también se alimentan de semillas, pero no de esos enemigos. 




En cualquier caso, la verdad es que llegar a primera hora de la mañana a Villadangos del Páramo y encontrarte en su entrada, ya dentro del pueblo, con una arboleda de chopos repleta de grandes nidos y un número impresionante de grajas (varias decenas) graznando sin parar y moviéndose de un lado para otro, impresiona un poco. A mí particularmente me vinieron a la memoria algunas escenas de la película de “Los pájaros” (The Birds) de Alfred Hitchcok, aunque no tengo muy claro que pájaros eran los protagonistas de la misma (creo que cornejas y gaviotas), pero seguro que no eran grajas. 





Como muchos ya sabréis, en la Península Ibérica la Graja se limita a un solo núcleo reproductor situado en el cuadrante suroriental de la provincia de León, en las comarcas de Ribera del Órbigo, el Páramo, Tierras de León, el Payuelo, Tierra de Campos y la Vega del Esla. Allí se concentran dos millares de parejas que constituyen un núcleo aislado, a más de 500 km, del resto (entre 4,2-14 millones de parejas reproductoras) de grajas que pueblan las zonas agrícolas de Europa (Rusia, Ucrania, Reino Unido o Francia). En el resto de países mediterráneos está ausente o lo hace en muy escaso número, excepto en esas comarcas del SE leonés. 


Distribución de la Graja en la provincia de León (GIA León)
Distribución de la Graja en la provincia de León (GIA León)

Distribución de la Graja en Europa (GIA León)
Una de las cuestiones que al respecto de las grajas ibéricas está hoy en día todavía sin dilucidar, es el cómo se llegó a ese aislamiento con respecto a las poblaciones centroeuropeas, donde como hemos visto, son muy abundantes. Cabría la posibilidad de que se trate de una población aislada desde siempre o que constituyan un reducto de unas poblaciones ibéricas más extensamente distribuidas en el pasado por las regiones mediterráneas. A este respecto conviene conocer que las primeras referencias precisas de la presencia de la Graja en la Península Ibérica, se remonta a mediados del siglo pasado (1953), cuando el ornitólogo José Antonio Valverde descubrió las primeras colonias en la ribera del río Órbigo y el Páramo leonés. 




Ornitólogos de distintas partes de Europa, tampoco han encontrado respuestas al misterio de la Graja, un ave norteña en la Península Ibérica únicamente anida en el sureste de la provincia leonesa, incluida su propia capital, sin que a día de hoy se haya encontrado una razón fehaciente. ¿Por qué no lo hace en otras zonas de la Península Ibérica con hábitats similares? ¿Por qué en León y, por ejemplo, en Zaragoza no cría, ni tampoco en Burgos? No se sabe. 




La Graja (Corvus frugilegus), como su nombre científico refleja, pertenece a la familia de los córvidos. El término “Corvus” proviene del latín y significa “cuervo”. Por su parte el de “frugileus” que también proviene del latín “frux, frugis” que significa “fruta” y del verbo “legere” que significa "recoger o acumular". Es decir el "cuervo que recolecta frutas”. En este mismo sentido, el nombre griego de esta ave era “spermologos”, que quería decir "el que picotea los granos esparcidos". 




Por su parte el nombre castellano Graja, procede del latín tardío “gracula”, que significa charlatán. No parece estar claro que el nombre vernáculo de “grajo” se refiera al macho de la Graja o a la especie misma, sino indistintamente a todo el grupo de los córvidos (grajas, grajillas, cuervos, cornejas, e incluso a urracas y arrendajos), pero a ninguna en particular. 




Se trata de un ave de tamaño medio que vienen a medir entre los 41-47 cm de longitud, con una envergadura que puede alcanzar los 94 cm y un peso que ronda los 540 gr. No existe dimorfismo sexual en esta especie.





El tamaño de la Graja (47 cm) es menor que el del Cuervo (65 cm), similar al de la Corneja negra (o el de la Corneja cenicienta) y algo mayor que el de la Grajilla (35 cm), como su nombre indica. 




Su coloración es completamente negra brillante con abundantes reflejos iridiscentes y brillos metálicos de color morado, verde o azulado, según el ángulo y la luz con la que la observemos. Esta coloración se mantiene por todo el cuerpo (cabeza, partes superiores e inferiores) y por sus estrechas y largas alas (primarias y secundarias). Las plumas del mentón y la garganta tienen un ligero color pardo grisáceo. 





Un rasgo distintivo del resto de córvidos, es que la forma de la cabeza es más angulosa por su parte superior (píleo), con la nuca corta y la frente más alta. 





Pero sin duda la característica más significativa de este córvido es la presencia en la cara de una zona de piel desnuda (sin plumas), de color grisáceo blanquecino, que abarca la base del pico y que se extiende hasta la parte anterior e inferior del ojo. Esta característica le da la apariencia de tener el pico muy largo. 




El pico es más grande, largo, y puntiagudo que el de las cornejas, estando discretamente incurvado hacia abajo. Es de color grisáceo negruzco y en la base de la mandíbula superior, en la zona de piel desnuda, tienen unos pequeños y redondeados abultamientos que le dan a la piel un aspecto rugoso. 





El iris de los ojos es de color pardo muy oscuro y están rodeados de un grueso anillo periocular de color parduzco. 





La cola es medianamente larga, ancha, con la base estrecha y el extremo redondeado en forma de abanico (algo cuneiforme). 





Sus patas son robustas, de tamaño medio y de color negro. En las tibias (muslos) tienen unas calzas o "pantalón" de plumas que les cubre y que es especialmente visible cuando las vemos caminar por el suelo. Esta característica sirve también para diferenciarlas, a distancia, de las cornejas. 




Los jóvenes, hasta los dos años de edad, tienen plumas en la base del pico y en la cara, a diferencia de los adultos que en esa parte tienen una zona de piel desnuda. Por este motivo, es fácil confundirlos en esas edades con las cornejas, ya que su tamaño es muy semejante. Su coloración general es negra o marrón negruzca, pero apenas tienen irisaciones. En los pollos, el iris de los ojos es de color gris azulado. 





Las grajas son aves muy sociables, gregarias y ruidosas (garrulas) capaces de emitir una gran variedad de vocalizaciones, si bien su sonido más característico es un fuerte, nasal y ronco “giaah”, que, en ocasiones, se transforma en una repetida secuencia “gra gra grah”. 





Cuando al atardecer se congregan en bandos numerosos (hasta más de 100), en los dormideros situados en árboles o en las colonias de cría, emiten constantes y ensordecedores graznidos que producen gran bullicio. Suelen mezclarse con otros córvidos, en especial con grajillas y algo menos con las cornejas y cuervos. 




En el suelo caminan erguidas y con paso calculado y firme. Si se alarman, se detienen un instante y al estirarse muestran muy claramente los “pantalones” de plumas que cubren sus muslos. 





Su vuelo es potente, directo y con batir de alas bastante más rápido que el de la Corneja común, lo que también es un buen detalle para la identificación a distancia. 






La Graja (Corvus frugilegus) es una especie bastante común en las regiones templadas y frías de Europa (islas Británicas, Francia, Escandinavia y Bielorrusia) y Asia, desde el sur de China hasta Siberia. Las poblaciones del noreste europeo son migradoras e invernan, sobre todo, en Turquía, Grecia, Alemania, Francia y, en menor medida, en España, sobre todo en el valle del Ebro. 





En España son residentes habituales presentando un único núcleo reproductor, de unas 2.000 parejas, en el cuadrante suroriental de la provincia de León, en las comarcas de Ribera del Órbigo, el Páramo, Tierras de León, el Payuelo, Tierra de Campos y Vega del Esla. Además su número aumenta en invierno ya que se suman ejemplares procedentes de Europa. 




Su hábitat preferido son los pequeños bosques, sotos, campos agrícolas con árboles en sus lindes (arboledas), pastizales, páramos, marismas, huertos y parques urbanos. Prefieren la proximidad de pueblos, extrarradio de ciudades, cercanías de granjas, cuadras, fábricas. 





La alimentación es omnívora y acostumbran a comer en bandos. Se alimentan de insectos, otros pequeños invertebrados, lombrices, caracoles, pequeños mamíferos (topillos, ratones), pequeños reptiles, anfibios, huevos y crías de aves. También se alimentan de granos de cereales (trigo, maíz, avena), semillas de plantas silvestres, frutas, carroña y desperdicios de la basura. 




Su periodo de reproducción abarca los meses de marzo y abril. Durante este periodo, se agrupan en colonias que pueden ser muy numerosas y tienen un comportamiento muy territorial con respecto a una pequeña zona alrededor del nido. 




En el mes de febrero se encuentran especialmente alteradas debido a la formación de las parejas. Durante el cortejo el macho alimenta a la hembra, así como mientras ésta incuba y le grazna en las copas de los árboles.




Las colonias de cría se asientan siempre en arboledas (chopos, álamos blancos, sauces, plataneros…) cerca de pueblos o incluso dentro de ellos o en ciudades (parques urbanos de León). Allí construyen un nido un tanto destartalado y voluminoso, a modo de plataforma, en la parte alta de los árboles. Para su elaboración utilizan ramas secas, palos, barro, raíces y hojas secas, después lo tapizan con hojas secas, acícula de pino, pequeña raíces, musgo, hierba seca y lana. En numerosas ocasiones se limitan a reconstruir y acondicionar el mismo nido de otros años. 





Acostumbran a realizar una sola puesta que se compone de 3-5 huevos que son incubados por la hembra durante 16-18 días aproximadamente. En su alimentación participan ambos progenitores. Las crías abandonan el nido cuando tienen unos 30-36 días de edad, pero siguen junto a sus padres durante unas 6 semanas más conformando un bando familiar que permanecerá cohesionado hasta la emancipación definitiva de los jóvenes. 




En cuanto a las principales amenazas para esta especie, comentar que durante décadas las grajas han sido sometidas a una intensa presión, destrucción de sus nidos, caza indiscriminada (especie protegida), envenenamientos masivos y tala de colonias en época de cría. También hay que tener en cuenta que son aves vulnerables a los efectos de la intensificación agrícola, el uso de pesticidas, la pérdida de arbolado de buen tamaño necesario para situar los nidos y el aislamiento de sus poblaciones. 




Debido a todas estas amenazas, al escaso número de parejas que cría en nuestro país y a la concentración geográfica de la población, la especie ha sido incluida en el Libro Rojo de las aves de España en la categoría de “Vulnerable”. 




A pesar de todos estos inconvenientes, las poblaciones de grajas en la provincia de León, han mejorado en los últimos años, pasando del medio millar de parejas reproductoras que se contabilizaron a finales de los años 70 y con tendencia a la baja, a los dos millares actuales.