martes, 17 de marzo de 2026

Intentando fotografiar al pájarillo más pequeño de Europa. Reyezuelo sencillo (Regulus regulus).

Durante el pasado mes de febrero tuve la oportunidad de poderme dedicar a intentar fotografiar a una pareja de reyezuelos sencillos que permanecieron durante algunas semanas en un céntrico parque urbano de Avilés (Asturias). Una tarea ardua y difícil dada la gran actividad que continuamente desarrollan y a su pequeño tamaño. 


Aunque la mayoría de vosotros ya lo sabéis, no por ello hay que dejar de recordar que el Reyezuelo sencillo (Regulus regulus) está considerado como el pájaro más pequeño de Europa. Solo es comparable en tamaño con su familiar, el Reyezuelo listado (Regulus ignicapillus).



Tienen un peso de tan solo 5-7 gr (su peso equivale aproximadamente a una moneda de 20 céntimos), una longitud de unos 9 cm desde la punta del pico hasta la punta de la cola y una envergadura de 14-16 cm, pero si además tenemos en cuenta que estos pajarillos tienen un comportamiento sumamente activo, lo más probable es que cuando nos encontremos con él, escucharemos su peculiar canto antes que poderlo ver. Como luego veremos, existe un ligero dimorfismo sexual y de edad en esta especie.



El Reyezuelo sencillo (Regulus regulus) pertenece al orden de las Passeriformes, familia Sylviidae y género Regulus y a este respecto considero interesante comentar que la denominación científica del nombre de su género y especie (Regulus regulus) proviene del latín regulus-i: reyezuelo o pequeño rey (diminutivo de rex-regis: rey, más el sufijo diminutivo ulus) y esa denominación se debe a las “coronas” amarillas o naranjas que presentan en sus cabezas los adultos (en inglés se le conoce por Goldcrest) o tal vez a lo referido en una de las fábulas de Esopo en la que se explica el origen del nombre de la especie (Reyezuelo) y que por lo curioso del tema y su brevedad os lo voy a resumir a continuación.


Existe una leyenda griega que explica el origen del nombre de la especie (Alonso, 2001). La leyenda cuenta que una serie de aves se encontraban disputándose el trono de las aves, y como no llegaron a un acuerdo todos los pájaros se reunieron en una gran asamblea para elegir al que debía ser su monarca. Tras muchas y complicadas discusiones, convinieron que aquel que volara más alto sería su rey.


A la señal acordada todos se precipitaron a volar hacia el cielo. Muy pronto muchos, los mejores voladores, tomaron ventaja y progresivamente se fueron aclarando las posiciones. El Águila real ascendía segura, distanciando más y más al resto de las aves, y con ella, el pequeñísimo reyezuelo que, aprovechándose de su pequeño tamaño y su astucia, antes de comenzar la competición se había escondido entre el plumaje del águila y viajaba con ella.


Cuando al Águila real le abandonaron sus fuerzas, de su escondite, entre las plumas de la cola del Águila real, salió el reyezuelo y se colocó sobre la cabeza del águila. De esta manera consiguió ser el ave que más alto ascendió en la cúpula celeste y, por tanto, el Dios Sol coronó al reyezuelo como “Rey de las Aves” estampando en su cabeza un rayo solar. Desde aquel momento lucen los reyezuelos sus doradas crestas, símbolo de su condición de soberano de todas las aves”. No por casualidad, ya en el siglo VII a. C. al Reyezuelo listado se le consideraba rey y como tal ya aparece en una de las fábulas de Esopo (Pollard, 1977).


Moraleja: la inteligencia y la astucia pueden superar a la fuerza. A veces el ingenio vale más que el tamaño o el poder. En muchas lenguas europeas el nombre del reyezuelo deriva precisamente de esta fábula: Francés: roitelet (“pequeño rey”). Alemán: Zaunkönig (“rey de los setos”). En español reyezuelo significa literalmente “pequeño rey”.


A la hora de fotografiar al Reyezuelo sencillo hay que tener en cuenta que, aunque son bastante confiados con el ser humano, la rapidez y fugacidad de sus movimientos, sumada a la escasa luz que suele haber entre las ramas de los árboles por donde se suelen mover, hacen que no sea nada fácil poderles fotografiar en condiciones. Además, cuando están en reposo, acostumbran a agitar las alas con bastante frecuencia, lo que supone una dificultad añadida.


Eso sí, como personalmente he podido comprobar cuando me encontraba observándoles y fotografiando sus continuas idas y venidas en las ramas de árboles y arbustos, me sorprendió que en un momento dado, se me acercasen a muy corta distancia sin mostrar ningún recelo o desconfianza ante mi cercana presencia.


Presentan un aspecto bastante rechoncho, ya que a su pequeño tamaño hay que añadir el gran tamaño de su cabeza y el que apenas se les puede diferenciar el cuello, lo que les da un cierto aspecto a un pequeño “huevo volador”.


Los machos tienen el dorso de color gris verdoso pálido, excepto el obispillo que es verde amarillento.


El pecho y los flancos son blanquecinos pero con tonalidades pardo amarillentas. 


Por la parte inferior son de color blanquecino.


Las alas son de un color verde más oscuro con zonas pardo negruzcas y en ellas destaca una franja blanquecina vertical. Las puntas de las plumas cobertoras de las alas son de color blanco cremoso. Además también tienen una mancha negruzca en el hombro.


La cola es medianamente larga, estrecha, tiene el extremo ligeramente ahorquillado y de color verde negruzco.


El cuello es corto, la cabeza es grande y en el píleo tienen una ancha línea media de color amarillo con una mancha naranja en medio, que en el caso de las hembras está ausente. Esta línea está formada por unas plumas que se erizan a modo de cresta en enfrentamientos con otros machos en la época de celo y cuando cantan.


A ambos lados de la franja pileal central, tienen dos estrechas líneas pileales de color negro que no se unen entre sí en la zona de la frente (en el Reyezuelo listado, sí se unen y son más estrechas).


En la cara tienen una especie de anillo pálido alrededor del ojo que le caracteriza.


Los ojos son pequeños, son de color negro y están rodeados de un fino anillo periocular de color negro.


El pico es pequeño, fino, puntiagudo y de color negro.


Las patas son de color carne o pardo anaranjado.


Las hembras tienen el plumaje de un color más tenue que el de los machos y como ya vimos antes, tienen el píleo de color amarillo en su totalidad.


Los jóvenes también tienen el píleo amarillo y no tienen ninguna lista en la cabeza.


Las diferencias principales con su pariente el Reyezuelo listado son la de carecer de la ancha ceja blanca, así como de la lista ocular negra.



El reclamo es muy característico y de un tono muy agudo (más agudo incluso que el del Reyezuelo listado, con el que frecuentemente se confunde) y es algo parecido a un “zrri-zrri-zrri”, que se repite varias veces. El canto es una repetición cíclica de una especie de “pitiitilu” terminado en un gorgojeo. Muchas personas mayores dejan de oírlo porque las frecuencias son muy altas.


Vuelan rápido, en línea recta y con trechos muy cortos. En desplazamientos más largos, lo realizan en forma ondulada. Es muy llamativo ver como se ciernen en el aire mientras se alimentan.


Están distribuidos ampliamente por Europa y Asia. Durante el invierno, las poblaciones de las regiones más septentrionales de su área de distribución mundial y parte de las del centro de Europa, se desplazan hacia el sur uniéndose a las aves residentes habituales de España.
En España, como reproductor, aparece restringido a los bosques de coníferas (pinares, abetales, sabinares) y en menor número en los caducifolios (abedulares, robledales y hayedos) de zonas montañosas y húmedas, especialmente en zonas de montaña (entre los 900 y los 2.200 m de altitud) de la mitad norte: Cordillera Cantábrica, Pirineos, Sistema Ibérico y Sistema Central. También está presente en los bosques de Canarias.


Al tratarse de una especie muy sensible a los rigores invernales, estas aves residentes de nuestro país, durante el invierno suelen realizar desplazamientos hacia cotas de menor altura, siendo entonces sus hábitats más variados llegando incluso a zonas arboladas a nivel del mar.


Estos pajarillos tienen una necesidad constante de buscar comida y estar comiendo, para así poder paliar sus necesidades energéticas, ya que, con un cuerpo tan pequeño, no tienen capacidad de acumular ningún tipo de reserva y por tanto su metabolismo debe ser muy rápido.


En invierno deben alimentarse casi continuamente. Durante noches frías pueden bajar ligeramente su temperatura corporal. También duermen juntos en grupos para conservar calor. Se trata de una estrategia nocturna para no morir de frío.


Se alimentan exclusivamente de insectos y sus larvas que capturan en las ramas de los árboles, entre el follaje de los brezos y matorrales adyacentes o en el suelo. Con ello consiguen una extraordinaria limpieza de pulgones, arañas y otros innumerables insectos, huevos y larvas.


El periodo de reproducción abarca los meses de mayo a julio. Pueden efectuar dos puestas al año. La primera la suele efectuar a principios de mayo y en los meses de junio y julio se produce la segunda puesta.


El nido es construido por ambos miembros de la pareja. Tiene forma de taza pequeña y lo sitúan en las ramas de los árboles y arbustos, utilizando para ello, musgo, líquenes y telarañas que luego lo forran con plumas.


La puesta se compone habitualmente de 6-10 huevos (muchísimos huevos para su tamaño). La incubación dura 14 a 17 días aproximadamente. Las crías abandonan el nido cuando tienen unos 20 días de edad y ya son capaces de volar.


No se considera una especie amenazada en España, aunque los incendios forestales, la deforestación, las talas abusivas y el uso abusivo de plaguicidas e insecticidas en bosques de coníferas, influyen negativamente sobre esta especie. Es también muy vulnerable ante las olas de frío invernales, que pueden mermar la población. Se incluye en la categoría “De interés especial” en el Catálogo Nacional de Especies Amenazadas.

domingo, 8 de marzo de 2026

A modo de preludio de la primavera. Camachuelo común (Pyrrhula pyrrhula).

A lo largo del pasado mes de febrero vengo realizando una búsqueda más o menos exhaustiva de este bello fringílido que, en el caso particular de los machos, luce un colorido espectacular que, de alguna manera, recuerda al de algún pájaro tropical. Obviamente, me estoy refiriendo al Camachuelo común (Pyrrhula pyrrhula) que en Asturias también conocemos como "Picaflor".



Tampoco hay que desmerecer a la hembra que aunque luce unas tonalidades de colores mucho más apagadas, no por ello dejan de tener una belleza incuestionable.



Al igual que en temporadas anteriores es en esas fechas, aún invernales, cuando de alguna manera cuando podemos empezar a observar en nuestros parques urbanos la aparición de los primeros brotes florales de muchos árboles ornamentales que hacen las delicias de ésta emblemática especie de pájaros.



También en esa época podemos encontrar multitud de frutos de Aligustre en forma de bayas de color negro-azulado agrupadas en racimos, que aunque fructifican a finales del verano (de septiembre a octubre), pero esos frutos permanecen durante mucho tiempo sobre el árbol o caídos en el suelo y que también hacen las delicias de estos pajarillos.



La verdad es que para un aficionado a la fotografía de aves el preludio de la primavera es tal vez el anuncio de la más espectacular época del año, y no solo por la explosión de la vegetación y en particular de la floración que aportarán un gran plus a nuestras tomas fotográficas, sino también por la llegada de una climatología más favorable para el fotógrafo con días mucho más claros y luz más duradera, y por supuesto, el inicio de la llegada de un buen número de especies que inician su migración prenupcial y que pasarán con nosotros unas cuantas jornadas hasta llegar a sus lugares de reproducción.



En el caso que nos ocupa, aunque el Camachuelo común (Pyrrhula pyrrhula) cría en la práctica totalidad del tercio norte peninsular: Galicia, ambas vertientes de la Cordillera Cantábrica, el Sistema Ibérico norte (Sierra de la Demanda, Cameros, Neila, Urbión) y todo el Pirineo y Prepirineo, desde Navarra hasta la mitad occidental de Gerona, incluyendo el macizo del Montseny, en invierno, las poblaciones peninsulares se enriquecen con la llegada de efectivos procedentes de latitudes más norteñas dejándose ver de forma puntual por toda la Península.



Desde mi punto de vista, es entonces cuando, a esa mayor aparición de ejemplares, se le añade el inicio de la floración con la presencia de abundantes brotes en muchos de nuestros árboles ornamentales de jardines urbanos, se producen los mejores momentos para intentar fotografiar al “Picaflor”.



Como comentaba anteriormente, a finales del invierno y comienzo de la primavera, los bandos del Camachuelo común (Pyrrhula pyrrhula) invaden los jardines y huertos de frutales (melocotoneros, ciruelos, manzanos y cerezos) que les atraen especialmente y donde metódicamente cortan las yemas y brotes florales de esos árboles frutales o caducifolios ya que constituyen uno de sus alimentos preferidos en esa época del año.



También en esta época, este pájaro se especializa no solo en comer o descabezar los botones florales y flores sino también semillas de innumerables plantas (Margarita de los Prados, Diente de León, Hierba de San Roberto, Cardillo, Ortiga, Avellano, Madreselva…) y de arbustos.



Por su parte, en el otoño es muy dado a comer sobre arbustos y matorrales, frutos y bayas, así como una buena variedad de semillas que pueden encontrar en el suelo a los pies de los árboles y arbustos que en esa época abundan en jardines y huertos. En verano completa su dieta con insectos y orugas.



Como viene siendo habitual, esos aspectos han sido recogidos perfectamente en la cultura popular de los ambientes rurales, donde no por casualidad han bautizado a este bello pájaro como “Cortabrotes”, “Quitabrotes”, “Cotonero”, “Esgromero”, Borroner”, o el de “Picaflor”, que se le conoce en Asturias.



Una costumbre por la que en algunos países europeos incluso son perseguidos, porque al ser muy abundantes causan muchos daños en los árboles frutales. Tengamos en cuenta que se ha estimado que el Camachuelo común puede cortar los brotes de un árbol frutal a razón de 30 o más por minuto. Afortunadamente eso hasta ahora no ha transcendido a nuestro país donde son mucho menos abundantes como para hacer temer que los daños sean irreparables, circunscribiéndose su presencia a la franja más septentrional de la península Ibérica, como luego veremos.



Cuando tenemos la fortuna de poder observar al Camachuelo común (Pyrrhula pyrrhula) no dejamos de sorprendernos del bello colorido de su plumaje, en especial el de los machos, que lucen un colorido espectacular (“el pájaro rojo” que ya así describió Aristóteles).



Como antes mencionaba, la belleza de las hembras tampoco es nada desdeñable, aunque presentan una coloración diferente y más apagada que la de los machos.



El Camachuelo común (Pyrrhula pyrrhula) perteneciente al orden de las Passeriformes, familia de los Fringillidos y género “Pyrrhula”, tiene un aspecto compacto y rechoncho, sin que apenas se vislumbre su ancho cuello. Presenta unas dimensiones de entre 14 y 16 cm de longitud, pudiendo alcanzar una envergadura de entre 22 y 29 cm y un peso de hasta los 25 gr. Su esperanza de vida se estima entre los 8-10 años. Como ya comenté anteriormente y vamos a ver a continuación con más detalle, existe un marcado dimorfismo sexual en esta especie.



Los machos tienen el manto y dorso de color gris ceniza, excepto el obispillo que es blanco.



Los lados de la cara, cuello, pecho, flancos y la parte anterior del vientre son de un vivo color rojo asalmonado.



El bajo vientre y la zona caudal inferior es de color blanco.



Su cabeza es grande y presentan un capirote de color negro brillante que se extiende por el píleo, la parte superior de la cara y la garganta. También incluye al ojo dentro de él, pero sin sobrepasarlo por su parte inferior.



Los ojos son de color pardo y están rodeados de un fino anillo periocular de color negruzco.



Presentan un pico grueso, corto y cónico de color negro. El culmen (mandíbula superior del pico) presenta el borde muy afilado, especialmente adaptado para el corte de las yemas y los brotes.



Las alas son amplias, anchas, redondeadas y de un color negro azulado brillante con una llamativa franja blanco grisácea.



La cola también es de color negro azulado y de longitud media larga.



Las patas son de color pardo y de longitud media.



Las hembras en general son de un colorido más discreto. Al igual que los machos tienen la cabeza de color negro pero más mate.



El manto y dorso también es de color gris ceniza pero con una zona de color pardo rosáceo a la altura de las plumas coberteras.



A pesar del llamativo colorido de su plumaje (en especial el de los machos), no siempre resulta fácil verlo. De hecho, muchas veces nos percatamos de su presencia tan sólo al oír su característico reclamo, una especie de "viup", muy lastimero, que nos advierte que por allí se encuentra este pájaro. De no ser por ello es fácil que su presencia pase desapercibida, dada su discreción y la costumbre de estar oculto entre el follaje de árboles, arbustos y matorrales.



A modo de curiosidad comentar que en siglos pasados se capturaban para enjaularlos y enseñarlos a imitar melodías humanas. Eran famosos en Alemania y Austria por aprender pequeños silbidos musicales.



Es un pájaro de carácter tranquilo y poco asustadizo, sobre todo cuando se encuentra en grupos. Los camachuelos se mueven entre los árboles y el follaje o los arbustos, realizando vuelos cortos y acompañándolos con continuas llamadas que mantienen unido el grupo. Sus periodos de mayor inquietud y actividad son las primeras horas de la mañana y al atardecer, permaneciendo perezoso y somnoliento durante largos intervalos del resto del día.



Actualmente se reconocen nueve subespecies, que aparecen en los bosques templados de Europa y Asia, desde Gran Bretaña hasta Japón. 

En nuestro país la subespecie “Pyrrhula pyrrhula iberiae” es una especie residente habitual entre el corredor formado por el mar y las montañas del norte de Castilla y León, montes vasco-navarros y sierras prepirenaicas, al que hay que añadir el territorio gallego (baja hasta Orense y toca el norte de Portugal) y, en muy escaso número, el Sistema Ibérico. Fuera de ese tercio norte peninsular, su presencia es muy rara y no cría ni en Baleares ni en Canarias. En España su número aumenta durante el período invernal debido a la llegada de aves procedentes de Europa, época en la que se les puede ver también en la zona centro y más raramente en el sur.

Se trata de una especie sedentaria en la península Ibérica que durante el invierno puede realizar movimientos de corto recorrido abandonando las áreas boscosas donde vive e invadiendo zonas circundantes más abiertas. Esto se da fundamentalmente en las poblaciones de áreas montañosas que descienden en altitud con la llegada del invierno. Se asume que las dispersiones habituales abarcan un radio de 5 km como mucho.



Sus hábitats son los bosques de especies caducifolias, coníferas, zonas con arbustos y árboles dispersos, huertos y plantaciones de frutales, eludiendo normalmente campo abierto, rastrojeras y eriales. Frecuenta sotobosques, riberas arboladas, jardines y parques, incluso en zonas urbanas y es más abundante en lugares próximos a cursos de agua. Es un típico pájaro de la campiña norteña que se reproduce desde el nivel del mar hasta el límite de los bosques de montaña.



Aunque presenta una distribución relativamente amplia, se trata de una especie escasa y dependiente de los medios arbolados, sobre todo caducifolios. Por ello, la alteración del hábitat es el principal problema de conservación.



Este hábitat desaparece cuando las campiñas o los bosques autóctonos de hayas y robles son reemplazados por repoblaciones de pinos y eucaliptos para su explotación maderera. Igualmente se ve afectado negativamente por la “limpieza” de los bosques, ya que depende de los arbustos para la nidificación.



Por último, también constituye una amenaza para esta especie su captura por pajareros y propietarios de huertos frutales así como la utilización de plaguicidas en el tratamiento de árboles frutales. El uso de insecticidas no sólo puede causar muerte directa, sino que puede afectar a la fertilidad de las poblaciones. En el Catálogo Nacional de Especies Amenazadas se considera como “De interés especial”.