martes, 28 de mayo de 2019

La increíble forma de actuar de una enigmática ave que no construye sus nidos. Críalo europeo (Clamator glandarius). Cuquiellu Rial.

Desde que pude realizar mi primera entrada a este blog dedicada a un Críalo europeo (Clamator glandarius), han trascurrido ya prácticamente cuatro años. Se trató de un ejemplar joven que casualmente pude encontrar en un prado del cabo Peñas y que me permitió poderle realizar un buen puñado de fotos (enlace). 





Me produjo una enorme satisfacción encontrarlo por primera vez en un lugar como es el Principado de Asturias donde no es nada habitual observarlo y además poderle realizar un buen reportaje fotográfico, lo cual me permitió “a posteriori”, poderle ver con más detalle observando las fotografías en el ordenador. En ellas pude apreciar la gran belleza de esta ave y descubrir con detalle las características morfológicas más representativas de esta curiosa especie. 





Desde ese primer encuentro hasta hoy, he tenido la fortuna de poderlo encontrar y fotografiar en distintos entornos y muestra de ello son algunas de las imágenes que os presento hoy. 





Pero la principal motivación que me ha llevado a publicar esta entrada, ha sido debido al maravilloso encuentro que tuve la fortuna de tener con un ejemplar adulto de Críalo europeo. Fue en mi reciente visita a la gravera de Grulleros (León) y el bueno del Críalo tuvo a bien posarse a muy escasos metros de mi vehículo, en una de las pistas que bordean las lagunas de esa gravera. 




Me encontraba yo buscando a la Canastera común que andaba por esa zona, cuando justo delante de mi vehículo se posó y comenzó a alimentarse de orugas de procesionaria, como si no hubiera un mañana. 




Sinceramente, no me podía creer lo que me estaba ocurriendo, pues cada vez se me arrimaba más a mi cómoda posición dentro del coche lo que me obligaba a tener que realizar pequeños desplazamientos a marcha muy lenta para que no se metiera debajo y además, me permitiera poderle seguir fotografiando a tan escasa distancia. 





Esto ocurrió el día 11 de abril de 2019 y por lo que tengo entendido se debía tratar de la segunda observación de esta ave en esta temporada primaveral y en un lugar donde no es extraño verlo. Unas fechas un tanto tempranas para lo que acostumbra a ser para su retorno desde las lejanas tierras del África tropical, donde acostumbra a pasar el invierno. 




También me produjo una gran satisfacción poderle fotografiar en varias ocasiones y en lugares distintos, pero formando pareja y de esa manera poder diferenciar ambos sexos por la única característica que distingue a ambos sexos, su diferente tamaño, siendo el del macho algo mayor.




Pensándolo bien, otra forma de diferenciar ambos sexos sin posibilidad de equivocarse, al margen de por su tamaño, es tener la suerte de poderlos observar en plena cópula. Todo un lujo de observación que tuve la suerte de poder fotografiar, aunque las fotografías no sean de calidad, pero me pareció que estaba presenciando un acto bastante complicado de observar y fotografiar en esa especie. 





Si os esforzáis un poco al ver esas imágenes, podréis observar como el macho le lleva un “presente” a la hembra en forma de oruga en su pico, y ella, a cambio de tan generoso detalle, le permitió subirse sobre su dorso e iniciar la cópula. Totalmente increíble, al menos para mí, las escenas que estaba presenciando. 





Si queremos conocer un poco más en profundidad, debemos saber que el Críalo europeo (Clamator glandarius) es una especie de ave cuculiforme de la familia “Cuculidae” y género “Clamator”. Tanto su denominación científica “Clamator” como su denominación común en español “Críalo”, hacen referencia a los ásperos y chirriantes sonidos que emiten en sus llamadas, ya que “clamator” es término de origen latino que significa “gritador” y su nombre común en español es, como también lo es en su pariente el Cuco, de origen onomatopéyico, ya que una de sus llamadas suena similar a “kria kria” (canto garrulo). 





Son aves de tamaño mediano con una longitud de entre 35-45 cm, su envergadura puede alcanzar los 60 cm. Pueden alcanzar un peso de entre 135 (hembras) y 170 gr (machos). Son ligeramente más grandes que el cuco común y con la cola más larga. Ambos sexos tienen un aspecto similar, pero el macho es algo mayor. No se conocen subespecies. 




Tal vez, lo más llamativo de su morfología sea su larga y estrecha cola escalonada, de color pardo oscuro terminada en blanco. Yo no recuerdo a ningún pájaro que nos visite o resida en la Península Ibérica que tenga la cola tan larga como la del Críalo, la cual mide alrededor de los 20 cm. 

Ago. 2015
Ago. 2015
Ago. 2015
El dorso, la nuca y las alas son de color pardo grisáceo oscuro con un amplio moteado de blanco. Las partes inferiores del cuerpo son de color blanco crema con tonos amarillentos en la garganta. 





Cuando está posado, destaca un penacho o moño de plumas dirigido hacia atrás que sobresale de la cabeza, y que levanta en determinadas ocasiones. 





La cabeza en su parte superior es de color gris plateado que llega desde la base del pico por debajo del ojo, hasta la nuca, incluyendo a las auriculares. La mitad inferior de la cara es, como la garganta, de color blanco cremoso con tonos amarillentos. 





Los ojos son de color marrón oscuro y están rodeados por un fino anillo periocular de color gris. 




Su pico negruzco es robusto y ligeramente curvado hacia abajo. 





La cola por la parte superior es gris con el extremo de las plumas de color blanco y por debajo es gris con manchas en el extremo de las rectrices. 





Las patas son de color gris y tienen dedos zigodáctilos, es decir, dos dirigidos hacia delante y dos hacia atrás. 





Los jóvenes en general son más vistosos que los adultos ya que tienen un intenso color achocolatado, con las alas más negruzcas, abundantes motas blancas en el dorso y las primarias de color ladrillo oscuro. Las secundarias tienen las manchas blancas de las puntas, muy pequeñas. 

Ago. 2015
Ago. 2015
Ago. 2015
Tienen la cabeza y la nuca de color negruzco y sin penacho. Las partes inferiores tienen un color más ocre amarillento. Tienen el anillo periocular de color rojo anaranjado. 

Ago. 2015
Ago. 2015
Ago. 2015


En cuanto a su canto, decir que emiten diversos sonidos para comunicarse, como un graznido repetitivo similar al de los córvidos, arr, arr, arr; un sonoro ki-ki-kri-krie-krie, cuyo ritmo se decelera hacia el final de la estrofa, y un chirriante cherr-cherr, chi-chi, cherrrr. 




El Críalo europeo está ampliamente distribuido por el sur de Europa (cuenca mediterránea, como la Península Ibérica, Turquía, sur de Francia, Italia y Chipre), centro y sur de África y Oriente Medio. 


En España son habituales durante el período estival. Llegan procedentes de África para reproducirse y permanecen en ella desde febrero hasta septiembre aunque los adultos regresan a África antes que los jóvenes, generalmente en julio. 




Se distribuye por gran parte del territorio peninsular, siendo más abundante en el sur y muy escaso en toda la franja norte y Galicia. Asimismo, evita las áreas montañosas de gran altitud. No aparece como reproductor en Canarias, Ceuta y Melilla. En Baleares se encuentra ocasionalmente, pero no cría. 


Las poblaciones mediterráneas y surafricanas se comportan como migradoras, y pasan el invierno en el África tropical, donde coinciden con la población residente local. Las poblaciones del hemisferio norte inician la migración postnupcial en julio y puede llegar hasta septiembre retornando a las áreas de cría a lo largo de febrero. 




Su hábitat preferido son las áreas o campos abiertos en los que haya alguna densidad de árboles cercana (sobre todo pinares), así como sotos, campos de cultivo, dehesas, vegas, etc., desde el nivel del mar hasta los 1.300 m de altitud. Les gusta refugiarse entre lo más espeso del enramado de los árboles. Suele vivir en pequeños grupos. 




Su alimentación es principalmente insectívora teniendo predilección por las orugas de mariposas y polillas, incluidas las especies dotadas de defensas urticantes o tóxicas, como la procesionaria del pino, las cuales frota contra el suelo o la corteza de los árboles para quitárselos y minimizar sus efectos. También se alimentan con pequeños reptiles, hormigas, saltamontes, arañas y caracoles. 




El Críalo vuela mucho de un lado para otro y a menudo permanece sobre las ramas de los árboles y arbustos esperando a que se presente la oportunidad de lanzarse al suelo con la cola levantada para capturar a su presa. 




Pero si hay algo característico de la familia “Cuculidae” a la que pertenecen el Cuco (Cuculus canorus) y el Críalo (Clamator glandarius), es la de practicar el nidoparasitismo, es decir, deposita sus huevos en los nidos de otras aves cuando se produce un descuido. Esas aves acostumbran a ser las urracas (Pica pica), aunque también lo hacen en los de otros córvidos como las cornejas, cuervos o rabilargos. Son estas dos especies (Críalo y Cuco) las únicas, de las que vemos en la Península ibérica, que no construyen nido. 




Al practicar el nidoparasitismo las otras aves se encargarán de la incubación y crianza de los pollos del Críalo, el cual evitará así el coste energético que supone sacar adelante a una nidada. 




Pero a diferencia del Cuco común, ni la hembra ni los polluelos de Críalo sacan del nido los huevos o los pollos del huésped cuyo nido parasitan, aunque eso sí, a menudo algunas de las jóvenes Urracas mueren por la falta de alimento que ocasiona la presencia de la cría de Críalo. 




En compensación, se ha sabido recientemente que los polluelos de Críalo protegen el nido gracias a una secreción con un olor que repele a los depredadores que les acechan y que producen cuando son agredidos, lo cual protege tanto a ellos mismos, como a los polluelos del huésped. Esta acción protectora sobre sus hospedadores se prolonga de 16 a 18 días, antes de que los polluelos abandonen los nidos. 





Se ha comprobado que de esa manera, los polluelos de la Corneja sobreviven más si un polluelo de Críalo comparte su nido, ya que las aves rapaces y los gatos depredan con menos frecuencia los nidos con crías de Críalo. 




Tienen predilección como ya mencioné, por los nidos de Urraca a las cuales acechan cuando han hecho su puesta. Una vez que la Urraca detecta la presencia de los críalos, suele tratar de intimidarlos para que abandonen su cercana presencia conocedoras de sus intenciones. Los críalos machos conocen esta reacción por parte de las urracas, por lo que muchas veces las provocan haciéndolas que abandonen el nido para atacarles, momento que aprovecha la hembra del Críalo para poner sus huevos, pudiendo llegar incluso a romper alguno de los huevos de la Urraca a picotazos. 




Como consecuencia de ese nidoparasitismo, los críalos evitan todas las tareas relacionadas con la crianza de los pollos parásitos: incubación, alimentación, defensa de los nidos, etc. Sin embargo, se sabe que realizan visitas esporádicas a los nidos parasitados, tanto durante el periodo de huevo, como en el de pollo y en algunos casos llegan incluso a defender los nidos. 




Pero los estudios sobre el comportamiento de estas aves en relación con el nidoparasitismo no dejan de sorprender y como prueba de ello recientemente se ha descubierto que el Críalo tiene una conducta vengativa; algo muy inusual en el mundo animal. En concreto, tras depositar uno de sus huevos en un nido de Urraca o Cuervo, la pareja de críalos observa en la distancia. En el caso de que urracas y cuervos sigan incubando el conjunto de huevos, no pasa nada, ahora bien, si la Urraca detecta un huevo ajeno y en consecuencia lo tira al suelo o lo picotea hasta romperlo, la pareja de críalos irá a su nido cuando lo abandoné y picoteará y romperá todos sus huevos. 




Además y por si fuera poco, se ha visto que la mayoría de las urracas que habían tirado el huevo parásito y perdido sus huevos después, parece que aprenden la lección y en sucesivas ocasiones, pasaron a aceptar el parasitismo. Con esta conducta, los críalos consiguen que las urracas aprendan la lección y se aprovechan del efecto recuerdo. 




Los pollos de Críalo nacen por lo general unos días antes que los de la Urraca, por lo que unido a su mayor tamaño corporal, les sirve para garantizar su supervivencia acaparando la mayoría de las cebas. 




El periodo reproductivo se realiza entre los meses de abril a mayo y el hábitat de cría coincide con el de las dos especies principales a las que parasita: la Urraca y la Corneja negra. 




En una temporada pueden llegar a poner unos 16 huevos. Los pollos nacen tras 15 días de incubación. Las crías permanecen en el nido 25 días aproximadamente. 




Se considera una especie amenazada en su conjunto, que ya ha desaparecido de algunas de sus áreas de reproducción (como el norte de África). En nuestro territorio, en cambio, debido a la abundancia de las especies parasitadas y a la gran diversidad de hábitats que ocupa, el Críalo no parece presentar especiales problemas de conservación, aunque sus poblaciones pueden fluctuar de unas temporadas a otras. Aparece incluido en el Catálogo Nacional de Especies Amenazadas en la categoría “De interés especial”.