domingo, 8 de marzo de 2026

A modo de preludio de la primavera. Camachuelo común (Pyrrhula pyrrhula).

A lo largo del pasado mes de febrero vengo realizando una búsqueda más o menos exhaustiva de este bello fringílido que, en el caso particular de los machos, luce un colorido espectacular que, de alguna manera, recuerda al de algún pájaro tropical. Obviamente, me estoy refiriendo al Camachuelo común (Pyrrhula pyrrhula) que en Asturias también conocemos como "Picaflor".



Tampoco hay que desmerecer a la hembra que aunque luce unas tonalidades de colores mucho más apagadas, no por ello dejan de tener una belleza incuestionable.



Al igual que en temporadas anteriores es en esas fechas, aún invernales, cuando de alguna manera cuando podemos empezar a observar en nuestros parques urbanos la aparición de los primeros brotes florales de muchos árboles ornamentales que hacen las delicias de ésta emblemática especie de pájaros.



También en esa época podemos encontrar multitud de frutos de Aligustre en forma de bayas de color negro-azulado agrupadas en racimos, que aunque fructifican a finales del verano (de septiembre a octubre), pero esos frutos permanecen durante mucho tiempo sobre el árbol o caídos en el suelo y que también hacen las delicias de estos pajarillos.



La verdad es que para un aficionado a la fotografía de aves el preludio de la primavera es tal vez el anuncio de la más espectacular época del año, y no solo por la explosión de la vegetación y en particular de la floración que aportarán un gran plus a nuestras tomas fotográficas, sino también por la llegada de una climatología más favorable para el fotógrafo con días mucho más claros y luz más duradera, y por supuesto, el inicio de la llegada de un buen número de especies que inician su migración prenupcial y que pasarán con nosotros unas cuantas jornadas hasta llegar a sus lugares de reproducción.



En el caso que nos ocupa, aunque el Camachuelo común (Pyrrhula pyrrhula) cría en la práctica totalidad del tercio norte peninsular: Galicia, ambas vertientes de la Cordillera Cantábrica, el Sistema Ibérico norte (Sierra de la Demanda, Cameros, Neila, Urbión) y todo el Pirineo y Prepirineo, desde Navarra hasta la mitad occidental de Gerona, incluyendo el macizo del Montseny, en invierno, las poblaciones peninsulares se enriquecen con la llegada de efectivos procedentes de latitudes más norteñas dejándose ver de forma puntual por toda la Península.



Desde mi punto de vista, es entonces cuando, a esa mayor aparición de ejemplares, se le añade el inicio de la floración con la presencia de abundantes brotes en muchos de nuestros árboles ornamentales de jardines urbanos, se producen los mejores momentos para intentar fotografiar al “Picaflor”.



Como comentaba anteriormente, a finales del invierno y comienzo de la primavera, los bandos del Camachuelo común (Pyrrhula pyrrhula) invaden los jardines y huertos de frutales (melocotoneros, ciruelos, manzanos y cerezos) que les atraen especialmente y donde metódicamente cortan las yemas y brotes florales de esos árboles frutales o caducifolios ya que constituyen uno de sus alimentos preferidos en esa época del año.



También en esta época, este pájaro se especializa no solo en comer o descabezar los botones florales y flores sino también semillas de innumerables plantas (Margarita de los Prados, Diente de León, Hierba de San Roberto, Cardillo, Ortiga, Avellano, Madreselva…) y de arbustos.



Por su parte, en el otoño es muy dado a comer sobre arbustos y matorrales, frutos y bayas, así como una buena variedad de semillas que pueden encontrar en el suelo a los pies de los árboles y arbustos que en esa época abundan en jardines y huertos. En verano completa su dieta con insectos y orugas.



Como viene siendo habitual, esos aspectos han sido recogidos perfectamente en la cultura popular de los ambientes rurales, donde no por casualidad han bautizado a este bello pájaro como “Cortabrotes”, “Quitabrotes”, “Cotonero”, “Esgromero”, Borroner”, o el de “Picaflor”, que se le conoce en Asturias.



Una costumbre por la que en algunos países europeos incluso son perseguidos, porque al ser muy abundantes causan muchos daños en los árboles frutales. Tengamos en cuenta que se ha estimado que el Camachuelo común puede cortar los brotes de un árbol frutal a razón de 30 o más por minuto. Afortunadamente eso hasta ahora no ha transcendido a nuestro país donde son mucho menos abundantes como para hacer temer que los daños sean irreparables, circunscribiéndose su presencia a la franja más septentrional de la península Ibérica, como luego veremos.



Cuando tenemos la fortuna de poder observar al Camachuelo común (Pyrrhula pyrrhula) no dejamos de sorprendernos del bello colorido de su plumaje, en especial el de los machos, que lucen un colorido espectacular (“el pájaro rojo” que ya así describió Aristóteles).



Como antes mencionaba, la belleza de las hembras tampoco es nada desdeñable, aunque presentan una coloración diferente y más apagada que la de los machos.



El Camachuelo común (Pyrrhula pyrrhula) perteneciente al orden de las Passeriformes, familia de los Fringillidos y género “Pyrrhula”, tiene un aspecto compacto y rechoncho, sin que apenas se vislumbre su ancho cuello. Presenta unas dimensiones de entre 14 y 16 cm de longitud, pudiendo alcanzar una envergadura de entre 22 y 29 cm y un peso de hasta los 25 gr. Su esperanza de vida se estima entre los 8-10 años. Como ya comenté anteriormente y vamos a ver a continuación con más detalle, existe un marcado dimorfismo sexual en esta especie.



Los machos tienen el manto y dorso de color gris ceniza, excepto el obispillo que es blanco.



Los lados de la cara, cuello, pecho, flancos y la parte anterior del vientre son de un vivo color rojo asalmonado.



El bajo vientre y la zona caudal inferior es de color blanco.



Su cabeza es grande y presentan un capirote de color negro brillante que se extiende por el píleo, la parte superior de la cara y la garganta. También incluye al ojo dentro de él, pero sin sobrepasarlo por su parte inferior.



Los ojos son de color pardo y están rodeados de un fino anillo periocular de color negruzco.



Presentan un pico grueso, corto y cónico de color negro. El culmen (mandíbula superior del pico) presenta el borde muy afilado, especialmente adaptado para el corte de las yemas y los brotes.



Las alas son amplias, anchas, redondeadas y de un color negro azulado brillante con una llamativa franja blanco grisácea.



La cola también es de color negro azulado y de longitud media larga.



Las patas son de color pardo y de longitud media.



Las hembras en general son de un colorido más discreto. Al igual que los machos tienen la cabeza de color negro pero más mate.



El manto y dorso también es de color gris ceniza pero con una zona de color pardo rosáceo a la altura de las plumas coberteras.



A pesar del llamativo colorido de su plumaje (en especial el de los machos), no siempre resulta fácil verlo. De hecho, muchas veces nos percatamos de su presencia tan sólo al oír su característico reclamo, una especie de "viup", muy lastimero, que nos advierte que por allí se encuentra este pájaro. De no ser por ello es fácil que su presencia pase desapercibida, dada su discreción y la costumbre de estar oculto entre el follaje de árboles, arbustos y matorrales.



A modo de curiosidad comentar que en siglos pasados se capturaban para enjaularlos y enseñarlos a imitar melodías humanas. Eran famosos en Alemania y Austria por aprender pequeños silbidos musicales.



Es un pájaro de carácter tranquilo y poco asustadizo, sobre todo cuando se encuentra en grupos. Los camachuelos se mueven entre los árboles y el follaje o los arbustos, realizando vuelos cortos y acompañándolos con continuas llamadas que mantienen unido el grupo. Sus periodos de mayor inquietud y actividad son las primeras horas de la mañana y al atardecer, permaneciendo perezoso y somnoliento durante largos intervalos del resto del día.



Actualmente se reconocen nueve subespecies, que aparecen en los bosques templados de Europa y Asia, desde Gran Bretaña hasta Japón. 

En nuestro país la subespecie “Pyrrhula pyrrhula iberiae” es una especie residente habitual entre el corredor formado por el mar y las montañas del norte de Castilla y León, montes vasco-navarros y sierras prepirenaicas, al que hay que añadir el territorio gallego (baja hasta Orense y toca el norte de Portugal) y, en muy escaso número, el Sistema Ibérico. Fuera de ese tercio norte peninsular, su presencia es muy rara y no cría ni en Baleares ni en Canarias. En España su número aumenta durante el período invernal debido a la llegada de aves procedentes de Europa, época en la que se les puede ver también en la zona centro y más raramente en el sur.

Se trata de una especie sedentaria en la península Ibérica que durante el invierno puede realizar movimientos de corto recorrido abandonando las áreas boscosas donde vive e invadiendo zonas circundantes más abiertas. Esto se da fundamentalmente en las poblaciones de áreas montañosas que descienden en altitud con la llegada del invierno. Se asume que las dispersiones habituales abarcan un radio de 5 km como mucho.



Sus hábitats son los bosques de especies caducifolias, coníferas, zonas con arbustos y árboles dispersos, huertos y plantaciones de frutales, eludiendo normalmente campo abierto, rastrojeras y eriales. Frecuenta sotobosques, riberas arboladas, jardines y parques, incluso en zonas urbanas y es más abundante en lugares próximos a cursos de agua. Es un típico pájaro de la campiña norteña que se reproduce desde el nivel del mar hasta el límite de los bosques de montaña.



Aunque presenta una distribución relativamente amplia, se trata de una especie escasa y dependiente de los medios arbolados, sobre todo caducifolios. Por ello, la alteración del hábitat es el principal problema de conservación.



Este hábitat desaparece cuando las campiñas o los bosques autóctonos de hayas y robles son reemplazados por repoblaciones de pinos y eucaliptos para su explotación maderera. Igualmente se ve afectado negativamente por la “limpieza” de los bosques, ya que depende de los arbustos para la nidificación.



Por último, también constituye una amenaza para esta especie su captura por pajareros y propietarios de huertos frutales así como la utilización de plaguicidas en el tratamiento de árboles frutales. El uso de insecticidas no sólo puede causar muerte directa, sino que puede afectar a la fertilidad de las poblaciones. En el Catálogo Nacional de Especies Amenazadas se considera como “De interés especial”.

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