martes, 2 de enero de 2024

El principal protagonista de ésta temporada que vino desde el frío Ártico. Escribano nival (Plectrophenax nivalis).

Tras el necesario parón navideño que, entre otras, me ha permitido desconectar de las salidas pajariles para dedicarle un poco más de tiempo a la familia, retomo la actividad del blog dedicándole la primera entrada del año a un pajarillo que para mí ha sido el verdadero protagonista de la última parte del otoño en la zona centro de Asturias, me estoy refiriendo al Escribano nival (Plectrophenax nivalis).




Tal como viene siendo habitual en los últimos años, los aficionados a la observación y fotografía de aves hemos disfrutado enormemente con la presencia de varios ejemplares de ésta emblemática especie procedente de las frías latitudes árticas.




Tan guapo y confiado como en anteriores ocasiones, son muchos los aficionados que le han conseguido realizar unas estupendas fotografías que hemos podido ver en distintas redes sociales y que hacen justicia a la belleza de éste pequeño pajarillo.




En mi caso concreto y en el de algún que otro conocido aficionado, inicialmente no nos resultó, nada, pero lo que se dice nada, fácil conseguir alguna fotografía “decente” en el primer entorno en el que se le pudo localizar a principios del pasado mes de noviembre.




Me estoy refiriendo a la rasa costera de Peñas (Gozón Asturias), una zona habitual para la aparición de esta especie cuando llegan las primeras oleadas de frío por el centro y norte de Europa que cubren de nieve sus hábitats invernales impidiéndoles poder alimentarse adecuadamente y viéndose obligados a emigrar a zonas más templadas para poder subsistir.




La verdad es que considerar a esas primeras observaciones en Peñas como placenteras es una apreciación de lo más irónica, pues fueron unas jornadas de temporales marítimos que se acompañaron de unas rachas de viento muy fuertes acompañadas de ráfagas de lluvia que prácticamente nos impedía permanecer en pie y mucho menos poder obtener alguna fotografía decente.




El continuo movimiento de la cámara por las fuertes ráfagas de viento, la lluvia casi constante que te obligaba a proteger con cubiertas impermeables a tu equipo fotográfico y una luz muy escasa por la abundante nubosidad, fueron unas condiciones pésimas para intentar obtener fotografías de un pequeño pajarillo que se mimetizaba perfectamente con su entorno.




Con todo y con eso conseguimos alguna que otra fotografía que ahora comparto con vosotros y que al visionarlas ahora no puedo dejar de recordar un pensamiento que me invadía continuamente mientras las realizaba y que no era otro que el de intentar comprender cómo era posible que un pajarillo tan pequeño y ligero (35-40 gr) no salía despedido volando arrastrado por las fuertes ráfagas de viento, cuando yo era prácticamente incapaz de mantener la verticalidad debido al mismo.




Quien me iba a decir a mí que, tras varios días de intentar fotografiar a ese pajarillo con unas pésimas condiciones climáticas, no iba desaparecer de ese entorno en cuanto se dieran unas mejores condiciones sino que, como afortunadamente parecía ocurrir, permaneció allí, exactamente en la misma zona, a partir de la segunda semana de noviembre cuando ya había mejorado el tiempo.




Ese cambio ya me permitió conseguir mejores fotografías en ese particular entorno de Peñas en las que colaboró, cómo acostumbra a ser habitual en esa especie, la gran confianza y tranquilidad que ante la presencia humana mostraba en todo momento.




Sin embargo, la sorpresa vino al revisar las primeras fotografías y compararlas con las que anteriormente había conseguido y enseguida darme cuenta de que, a pesar de encontrarse exactamente en el mismo lugar, todo indicaba que se trataba de un ejemplar diferente. 

06/11/23
11/11/23
06/11/23
Cómo se puede apreciar en las fotografías, se trataba de un ejemplar hembra joven (hembra no reproductiva) de la subespecie “P. n. nivalis”, que es la que más habitualmente podemos observar en nuestro entorno.




Del Escribano nival (Plectrophenax nivalis) están descritas cuatro diferentes subespecies (“P. n. nivalis”, “P. n. insulae”, “P. n. Vlasowae” y “P. n. townsendi”) las cuales difieren levemente en el patrón del plumaje de los machos en época de reproducción. A nuestro país sólo llegan habitualmente la subespecie “P. n. nivalis”, y en menor medida, la “P. n. insuale”.




Pero las sorpresas no acabaron ahí, ya que un poco más más tarde pude observar que no era un solo ejemplar el que se movía por la zona, sino que se trataba de una pareja que guardaba un gran parecido entre ellos con su plumaje invernal y que era diferente al que días antes, a duras penas, había podido fotografiar. 




Aunque se desplazaban habitualmente separados pero a escasa distancia uno de otro, de cuando en cuando se juntaban, lo que me permitió apreciar más fácilmente su gran parecido.




Tras permanecer durante un buen rato observando su comportamiento mientras los fotografiaba, me llamó poderosamente la atención una conducta que repentinamente realizaban y que repetían cada cierto tiempo.




Consistía en que repentinamente se juntaban ambos ejemplares emitiendo un sonido característico y dándose el pico, no sé si para ofrecerse algo de alimento o para enfrentarse entre ellas.




El caso es que esa conducta me resultó de lo más llamativo y a mi corto saber y entender sería una conducta razonable si se tratase de un ejemplar adulto y otro joven al que quisiera complementar su alimentación, que por otra parte realizaba perfectamente sola, pero tratándose de dos ejemplares de hembra no reproductiva, no me cuadraba.



Ese tipo de conducta también la he visto frecuentemente realizar cuando, en época reproductiva y a modo de cortejo, el macho le ofrece algún que otro presente alimenticio a la hembra, pero por lo anteriormente descrito, ni eran de sexos opuestos, ni era la época propicia.




La otra posibilidad es que, aunque pareciese que se intercambiaban alimento, tan solo se tratase de una disputa territorial de la zona de alimentación, pero siendo una zona tan extensa, tampoco me cuadraba mucho. El caso es que me proporcionaron unos interesantes momentos que, a duras penas pude inmortalizar, aunque fuera de manera tan solo testimonial.




Pero sin duda alguna el ejemplar de Escribano nival más observado y fotografiado a lo largo del pasado mes de diciembre por un gran número de aficionados fue el que apareció en la zona costera de Moniello (Gozón. Asturias).




También allí aparecieron a primeros del mes de diciembre una pareja de ellos aunque a los pocos días tan solo quedó uno que, como acostumbra a ser no se alteraba lo más mínimo por cercana la presencia humana, tan habitual en esa zona.




A más de un aficionado a la observación y fotografía de aves nos invadía la duda de si esos dos ejemplares serían los mismos que pudimos fotografiar a mediados del mes de octubre del año anterior (2022) exactamente en el mismo lugar en los que vimos éste año.




Fueran los mismos o no, nos resultaba absolutamente increíble cómo, año tras año, pueden volver desde su distante lugar de procedencia a exactamente el mismo lugar.




En cualquier caso allí pudimos fotografiarle a placer en un entorno diferente al de Peñas como es el de la localidad de Moniello y concretamente en la denominada Punta de Aguión donde existen unas grandes masas de roca caliza que forman pozas o piscinas naturales en bajamar.




Un bello contraste entre la belleza del pajarillo, el de las rocas calizas y el del cercano entorno marítimo que, cómo muchos ya conoceréis, es una habitual referencia para observar cerca de la costa el paso migratorio de aves tan frecuente en ésta época.




Una y otra vez el bueno del pajarillo, tras unos cuantos garbeos por el entorno rocoso que rodea a aquellas pozas, volvía a una zona concreta en donde había una planta con aspecto de estar prácticamente seca pero de cuyas pequeñas semillas se alimentaba continuamente.




El Escribano nival, es una passeriforme de la familia “Calcariidae” y del género Plectrophenax. La etimología de su denominación científica proviene de los términos: “Plectrophenax”: {gr, plektron}, objeto que golpea + {gr, phenax}, impostor. “Nivalis”: {lt, nivalis, e}, de nieve, del color de la nieve.




En líneas generales, podemos decir que son pájaros regordetes y de aspecto sólido con cabezas redondeadas, alas puntiagudas, una cola ligeramente bifurcada y patas fuertes.




Del tamaño similar al de otros escribanos, tiene una longitud de unos 16-17 cm y una envergadura de unos 32-38 cm. Su peso puede llegar a los 40 gr. La esperanza de vida de estas aves en cautividad está cercana a los diez años, mientras que es muy probable que vivan menos de la mitad en la naturaleza. Esta especie tiene un claro dimorfismo sexual, además los machos son ligeramente más grandes que las hembras.




En la época invernal las hembras presentan las partes superiores de color pardo grisáceo con dibujos blancos.




Presentan una gran franja blanca en el lateral del ala (coberteras primarias), que es mucho más pequeña en las hembras que en los machos y que contrasta con un álula negra en el extremo alar.




El píleo y la nuca son de color ocre herrumbroso.




La cara es de color blanco con algunos tintes de color canela oscuro en su parte anterior, junto a la base del pico, la frente y las auriculares y otros tonos de color canela algo más claro alrededor del ojo y en la nuca. El pico es pequeño, corto y cónico, siendo en esta época de color amarillo con la punta negruzca.




Los ojos son de un color pardo tan oscuro que parece negro.




En la parte superior del pecho presenta un collar de color ocráceo herrumbroso que es más claro en su zona media.




Los flancos son de color blanco con algunos tintes de color canela.




Las partes inferiores y la garganta son de un blanco, al igual que el obispillo y las plumas externas de la cola.




La cola es más bien corta y está algo bifurcada; es de color negro con los bordes y las puntas de las plumas blancas y las rectrices externas blancas.




Las patas son medianamente largas y de color negro.




Tienen los tarsos emplumados, adaptación que les permite combatir el clima tan frío que impera en los lugares donde viven.




Las aves en plumaje no reproductivo son mayormente blancas abajo con tonos marrones y anaranjados en la cabeza y la espalda.




En verano (época reproductiva), los machos tienen un plumaje completamente blanco tanto en la cabeza, cuello y el obispillo, como por la parte inferior y los flancos, mientras que el dorso es de color negro con dibujos blancos. También presentan un color negro en las puntas de las alas y los bordes blancos de la cola. El pico es oscuro en esa época. Las hembras en esta época de verano presentan un moteado gris difuso en píleo, mejillas y lados del pecho. El dorso es de un negro menos intenso que el de los machos.




En vuelo, se les puede identificar fácilmente por las enormes manchas blancas que presentan sus alas (fotografías de archivo).




El Escribano nival (Plectrophenax nivalis) tiene una distribución muy amplia que abarca a Europa, Asia y Norteamérica.


Se trata de una de las aves paseriformes que cría en tierras más septentrionales del continente. Habitualmente llegan a nuestro entorno coincidiendo con la aparición de fuertes temporales y la bajada de temperaturas en sus lugares de nacimiento en las frías costas escandinavas de Islandia, del norte de Escocia, Alaska o de Siberia, para poder subsistir.




Aunque su lugar de invernar preferido acostumbra a ser las costas inglesas o del centro/oeste de Europa, algunos escasos ejemplares tienen la deferencia de visitar nuestras costas cantábricas, Costa Brava o como mucho y de manera muy aislada, la mitad norte de la península. Ninguna otra paseriforme cría tan al norte.


En nuestro país aparecen en escaso número pero de forma habitual en periodo invernal y fundamentalmente en las costas del cantábrico, el Atlántico norte (Galicia) y en la Costa Brava. Su paso prenupcial lo hacen entre los meses de marzo y abril y el postnupcial en otoño, entre los meses de octubre y noviembre, fundamentalmente.


Su hábitat durante el invierno se encuentra en las dunas, deltas de los ríos, playas y en las praderas, roquedales y campos de rastrojos de zonas costeras. Durante la primavera/verano (época de cría) se localiza en la tundra y en las montañas de Siberia y países escandinavos.




Durante el invierno, su dieta alimenticia fundamental es a base de semillas de una gran variedad de plantas herbáceas, de las cuales también comen hojas y brotes tiernos. También se alimentan de pequeños crustáceos e invertebrados.




En época de cría (primavera/verano) complementan esa alimentación con bayas, insectos (moscas, avispas, escarabajos) y arácnidos, para así poder cebar a sus crías. Antes de la migración de primavera, es extremadamente importante que estas aves aumenten su peso corporal en al menos un 25% para viajar con seguridad.




El Escribano nival es un ave monógama que no se reproduce en nuestro país. Su zona de cría se localiza en latitudes muy nórdicas, en parajes desarbolados con abundancia de piedras, zonas de alta montaña, páramos altos y en la tundra.




Los machos llegan a los sitios de reproducción al norte 3-6 semanas antes que las hembras. Compiten duramente entre sí para forjar un territorio donde las hembras anidan, tratando de retener el mismo territorio temporada tras temporada. Los machos durante el período reproductivo son territoriales sin embargo se reúnen en grandes bandos durante la migración.




La reproducción se realiza desde finales de mayo hasta primeros de julio. El nido es construido por la hembra en el suelo entre las piedras o en las grietas y huecos de las paredes rocosas que le proporcionan refugio contra los vientos fríos. Construyen un nido con forma de cuenco y para su elaboración utilizan líquenes, hierba y musgo, después lo tapizan con hierba seca, pequeñas raicillas y plumas. Pone 4 a 7 huevos en junio, incubados por la hembra durante 13-14 días. Los polluelos permanecen en el nido durante 10 a 11 días, y aprenden a volar aproximadamente a los 12 a 14 días.




Esta especie no está incluida en el Libro Rojo de las Aves de España. A pesar del bajo número de invernantes que nos visita, su situación no parece preocupante, dado que no sufre importantes amenazas en sus áreas de reproducción. Sin embargo, el cambio climático podría reducir aún más su número en la Península. El Escribano nival está incluido en la categoría “De interés especial” en el Catálogo Nacional de Especies Amenazadas.

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