lunes, 11 de septiembre de 2023

Pajareando por la Sierra Oeste de Madrid. Collalba rubia (Oenanthe hispánica). Collalba gris (Oenanthe oenanthe). Papamoscas cerrojillo (Ficedula hypoleuca).

No quería dejar de publicar y compartir con los que os dignéis visitar mi blog, los reportajes fotográficos que durante la pasada primavera pude realizar a tres diferentes especies de paseriformes en una visita relámpago que hice por la Sierra Oeste de Madrid.


La primera de ellas es para mí ya un clásico pues la vengo observando año tras año en la misma zona de esa mencionada sierra y no por ello me deja de atraer el poderla fotografiar, se trata de la muy vistosa Collalba rubia (Oenanthe hispánica) con su plumaje nupcial que en Asturias no acostumbramos a ver. Al no tener apenas tiempo sólo pude localizar a éste bello ejemplar macho luciendo sus mejores galas.


Existen en el mundo un buen puñado de especies de collalbas de las que no voy a hacer mención en este momento, pero en nuestro país tan sólo podemos hablar de tres especies habituales, la C. negra (Oenanthe leucura), la C. gris (Oenanthe oenanthe) y la C. rubia (Oenanthe hispánica), que desde mi punto de vista, es sin duda la más guapa y llamativa de las tres. A esas tres especies habría que añadir a la mucho más rara, Collalba isabel (Oenanthe isabellina) que en nuestro país está considerada como una rareza ocasional, ya que sus avistamientos en España no sobrepasan la veintena de casos desde que se hacen registros (Lista de las aves de España. Edición de 2022 de la SEO BirdLife) y de la que a finales del pasado año tuvimos la fortuna de poder disfrutar de su presencia en el concejo de Gozón (Asturias).

Fotografía de archivo de ejemplar de primer invierno de Collalba isabel (Oenanthe isabellina)
La Collalba rubia (Oenanthe hispanica) es una especie de ave paseriforme migratoria de la familia “Muscicapidae”, anteriormente clasificada en la familia “Turdidae” de la que están descritas dos subespecies: la Collalba rubia occidental (O. h. hispánica) propia de Europa Occidental mediterránea y el Magreb, y la Collalba rubia oriental (O. h. melanoleuca), en Europa Oriental mediterránea y Oriente Próximo.


La subespecie hispánica (nominal), se reproduce en nuestro país y se encuentra bien repartida por toda la región mediterránea, pero entre otros sitios que luego veremos, falta en Asturias, de ahí que una vez más, haya resultado para mí, un muy entrañable encuentro.


Como muchos de vosotros ya sabréis, el nombre común de la collalba se debe al color blanco de la cola (“colla” “alba”) y el obispillo que se hacen muy visibles en vuelo, pero que habitualmente permanecen ocultos en reposo. Por su parte el nombre científico (Oenanthe hispánica) tiene un origen curioso: “Oenanthe” viene del griego antiguo “Oen” (vid) y “ante” (flor): es decir, “flor de la vid” haciendo alusión a que estas aves regresan en su migración al mediterráneo cuando las vides florecen.


Se trata de una paseriforme bastante pequeña y más esbelta que su pariente más parecida, la Collalba gris, con la que es fácil confundir sobretodo en el caso de las hembras si las observamos a distancia. Su longitud es de entre los 14-15 cm, con una envergadura que puede llegar a los 27 cm. Su peso puede llegar a los 22 gr. Se estima que su longevidad puede llegar hasta los 5 años. En esta especie existe un claro dimorfismo sexual.


Como podéis observar en las fotografías, en el caso de los machos y en la temporada de primavera verano, lucen su plumaje más vistoso (nupcial) con un color ocre claro con tintes rojizos en el dorso, que se convierte en blanco cremoso en la zona del obispillo como comenté anteriormente. El píleo y la nuca son del mismo color ocráceo claro que el del dorso. Su pico es corto, fino, puntiagudo y de color negro. Tienen el iris de los ojos de color pardo oscuro y están rodeados por un fino anillo periocular de color negruzco.


Por la parte inferior también son de color blanquecino (muy blanco visto a distancia) con tintes cremosos que son más intensos (ocráceos) en la zona del pecho.


En cuanto a la cara decir que presentan un antifaz negro que parte de la base del pico e incluye a las auriculares y al ojo en todos los casos, de ahí su denominación en inglés como “Collalba de orejas negras". La frente es de color blanco.


En algunos casos, ese antifaz puede llegar a abarcar la zona de la garganta, mientras que en otros esta es de color blanco cremoso como el del resto de las partes inferiores. En base a esta diferencia, podemos hablar de que en esta especie los machos son dimórficos, ya que unos tienen la garganta negra, los denominados “variedad gorginegra”, y otros tienen la garganta blanca, la “variedad gorgiblanca”.


Fotografía de archivo “variedad gorgiblanca”
Fotografía de archivo “variedad gorgiblanca”
Las alas son anchas, algo redondeadas y al igual que la cara, son de color negro, lo cual produce un gran contraste entre estas y el color blanco del cuerpo, la frente y la cola. En cualquier caso, en esta especie el negro de las alas nunca se llega a fusionar con el negro de la cabeza o garganta.


Como su nombre común indica, una de las principales características de esta especie es su larga cola, que como comenté al principio, es de color blanco con una franja terminal de color negro que se ensancha en los laterales y que le da la forma de “T” invertida, ya que el color negro de las rectrices centrales llega hasta la base de la cola, mientras que las rectrices externas son de color blanco. Las patas y los pies son de color negro.


En el caso de las hembras, por la parte superior son de color pardo con tinte rubio con un gran parecido con las hembras de su pariente, la Collalba gris (dorso gris azulado).


La Collalba rubia se distribuye como reproductora por los países circunmediterráneos del sur Europa, así como en Oriente Medio y el noroeste de África.



Se trata de un migrante que tiene sus áreas de invernada en el África subsahariana (franja del Sahel). El paso prenupcial lo realizan desde marzo hasta mayo, con máximos a principios de abril, mientras que el posnupcial se prolonga de agosto a octubre, con máximos a finales de agosto.


Como comenté anteriormente, están descritas dos subespecies: “O. h. hispánica” (zona occidental de su distribución) y “O. h. melanoleuca” (extremo más oriental). En nuestro país podemos encontrar a la subespecie “O. h. hispánica”, que como reproductora se encuentra bien repartida por toda la región mediterránea, con las zonas de mayor abundancia en el centro y el sureste (La Mancha, Comunidad Valenciana, Andalucía) y que falta en Galicia, Cantábrico, así como en zonas de montaña del Sistema Ibérico (Pirineos), en Baleares, Canarias y Ceuta (está presente en Melilla).



Tiene preferencia por hábitats situados en alturas inferiores a los 2000 msnm (en terrenos más bajos que la Collalba gris) y en terrenos abiertos y secos (zonas áridas y soleadas) como son las estepas, páramos, zonas con matorrales bajos, terrenos abiertos con arbolado disperso, dehesas, colinas con rocas y campos con árboles frutales, almendros, viñedos u olivares, siempre que tengan cercados de piedra en sus inmediaciones.


Acostumbra a emitir su canto desde un posadero alto, una roca, un arbusto bajo o la rama de un árbol aislado y siempre en lugares soleados, huyendo de zonas sombrías y húmedas.


La Collalba rubia busca oteaderos cerca del suelo desde donde buscar alimento que se compone fundamentalmente a base de insectos y sus larvas, arácnidos, moluscos. También en verano, antes y durante la migración, suelen alimentarse de bayas y frutos silvestres.


Aunque en la actualidad la Collalba rubia es una especie relativamente frecuente y bien distribuida en nuestro país, parece ser que en los últimos años está teniendo unas tendencias poblacionales regresivas, probablemente debidas a la alteración o destrucción de sus hábitats de cría, bien por la intensificación agrícola o por la reforestación de tierras marginales, a lo que se pueden haber añadido las severas y repetidas sequías en sus zonas de invernada. Está considerada “Casi Amenazada” en el Libro Rojo de las aves de España (2004) y como “De interés especial” en el Catálogo Nacional de Especies Amenazadas.


La segunda especie protagonista de esta entrada es un pariente de la anterior especie, se trata de la Collalba gris (Oenanthe oenanthe) de la que pude conseguir algunas fotografías curiosas que considero merecen la pena compartir.


Uno de los aspectos más encomiables de este pequeño pajarillo de tan sólo 25/30 gr que se desconoce bastante, es que bate todos los récords de migraciones ya que es capaz de recorrer unos 30.000 km por año, pues pasa la temporada cálida en el Ártico e invierna en el África subsahariana, uno de los ciclos migratorios “más largos que se haya observado para un pájaro” en el mundo”, según un estudio publicado (02/2012) en la revista Biology Letters de la Academia de Ciencias Británica.


La Collalba gris es un migrante nocturno, que aprovecha la noche para viajar y el día para alimentarse y reponer fuerzas. Habitualmente realizan cortos vuelos y frecuentes paradas para descansar y reponer fuerzas que les permitan afrontar al día siguiente su largo viaje de noche. Sólo para superar grandes barreras, como por ejemplo el desierto del Sáhara o las franjas de océano, las collalbas se detienen más tiempo para acumular mayores reservas de grasa.


La Collalba gris es un pequeño pájaro de aspecto elegante con un diseño de la cola muy llamativo y característico (“colla” “alba”) que acostumbra a moverse por el suelo andando o dando pequeños saltos o en posaderos prominentes, mostrándose casi todo el tiempo al descubierto y en posición erguida.


Pertenece a la familia “Turdidae” y al género “Oenanthe”. Miden entre 14-16 cm de longitud, con una envergadura de unos 26-32 cm. Su peso puede llegar a los 30 gr. Se estima que su longevidad puede llegar hasta los 5 años. Existe dimorfismo sexual en esta especie.


En lo referente a los ejemplares machos hemos de distinguir dos tipos de plumajes bastante diferenciados: el de primavera/verano (nupcial) y el de otoño/invierno. Con el plumaje de primavera/verano presentan un dorso de color gris azulado (de donde recibe la segunda parte de su denominación común “gris”) con la excepción del obispillo que es blanco. Las alas son anchas y algo redondeadas; por la parte superior son de color negro.


Las partes inferiores son de color blanquecino ocráceo.


También en la cabeza el píleo y la nuca son del mismo color gris azulado que el del dorso.


En la cara presentan un antifaz negro que va desde el pico hasta el ojo incluyéndolo dentro de él pero sin sobrepasarlo por su parte superior; a este antifaz se le une una gran mancha negruzca que tienen en la zona de las auriculares.


Por encima de los ojos tienen una larga ceja de color blanco que se une en la frente con la del lado contrario. La frente es blanca y en ella confluyen las listas del mismo color que pasan sobre los ojos.


La mitad inferior de la cara es de color ocráceo claro con una pequeña zona blanca por debajo del antifaz junto a la base de la mandíbula inferior. La garganta y el pecho son de color beige anaranjado claro que puede evolucionar a casi blanco a finales del verano.


Los ojos tienen el iris de color marrón oscuro y están rodeados por un fino anillo periocular de color negruzco.


El pico es corto, fino, puntiagudo y de color negro.


El rasgo anatómico más significativo y de donde recibe parte de su denominación común “collalba”, reside en la cola. Una cola medianamente larga y de color blanco con un dibujo negro en forma de T invertida muy conspicuo que se inicia en la base de la cola, abarca las rectrices centrales y termina en una ancha banda terminal también negra. Estos rasgos junto con el color blanco puro del obispillo son más fácilmente distinguibles cuando las vemos en vuelo.


Las patas son largas robustas y de color negro.


Durante la temporada otoño/invierno el plumaje de los machos se parece más al de las hembras al perder aquéllos la coloración gris de las partes superiores que pasa a ser de color pardo. Las alas y la mancha que tienen en la zona de las auriculares también se vuelven más pardas.


En cuanto a las hembras poseen una coloración mucho más apagada y por lo tanto son menos llamativas. Tienen las partes superiores de color pardo grisáceo pareciéndose a las de los machos en otoño/invierno.


En la cara tienen una ceja de color crema amarillento y carecen del antifaz negro de los machos. La mancha que tienen en la zona de las auriculares es de color pardo.


La garganta tiene un tono un poco más claro y el pecho un poco más oscuro, pero existe considerable variación..


Las partes inferiores del cuerpo son variables en la intensidad del color beige o pardo ocráceo claro (marfil).


Las alas y la franja de la cola son de color marrón oscuro en lugar de negras.


Tiene una amplia distribución como especie reproductora por todo el mundo abarcando a toda Europa, el norte y el centro de Asia, Groenlandia y las zonas árticas de América del Norte. También ocupa el norte de África y la Península Arábiga. Cómo anteriormente ya vimos, durante la temporada invernal emigran al África subsahariana, desde Senegal hasta Kenia.



En nuestro país podemos disfrutar de su presencia durante la primavera/verano. El paso prenupcial por la Península Ibérica se puede observar entre marzo y mayo, mientras que el posnupcial tiene lugar de septiembre a noviembre, con máximos a finales de septiembre y principios de octubre.




El hábitat de la Collalba gris son zonas abiertas de alta montaña con hierba corta, rocas y piedras diseminadas donde anidar y no infrecuentemente a alturas hasta de 2.000 m. También páramos, zonas áridas o con matorrales bajos, pastizales, amplios espacios cultivados, campos baldíos, dunas con vegetación rala, taludes terrosos y acantilados costeros de poca altura, así como zonas de roquedales y piedras donde anidar. Durante la migración se ve por todas partes y con especial densidad en praderas de la costa y en terrenos intermarealés de rías, en dunas costeras y cerca de los acantilados y faros.


Su alimentación es fundamentalmente a base de insectos y sus larvas, arácnidos, ciempiés, caracolillos y también de bayas, frutos silvestres y semillas. Su método habitual de cazarlos los insectos es permanecer inmóvil sobre una piedra o lugar elevado y lanzarse repentinamente al suelo o bien en un corto y acrobático vuelo para capturar alguno que pasa cerca. Es frecuente verla practicar una curiosa forma de caza como si fuera un cernícalo, cerniéndose inmóvil en el aire a escasa altura del suelo, moviendo sólo la cola para mantener su posición y mirando atentamente hacia abajo, hasta que repentinamente se lanza en picado sobre un insecto que ha descubierto entre la hierba.


Es una especie ampliamente distribuida en España, común y con tendencias poblacionales positivas. Sus principales amenazas están relacionadas con la alteración de los hábitats de cría, bien por la intensificación agrícola, por la expansión de matorrales y bosques, por el abandono del campo o por las reforestaciones. También podrían influirle las fuertes sequías en las áreas de invernada. Aparece como “De interés especial en el Catálogo Nacional de Especies Amenazadas.


La tercera y última especie protagonista de esta entrada es el Papamoscas cerrojillo (Ficedula hypoleuca). Una bella especie que durante el pasado mes de agosto pude fotografiar en el concejo de Gozón (Asturias) luciendo su plumaje invernal pero que meses antes (abril) le había podido realizar un reportaje fotográfico con su plumaje nupcial en el que existe un claro dimorfismo sexual que a continuación voy a compartir.



Después de criar y haber realizado la muda en el verano para iniciar la migración otoñal a los cuarteles de invierno, ambos sexos se asemejan tanto que a veces, resulta difícil diferenciarlos. En esa época los machos son de color pardo oliváceo claro por la parte superior, mientras que el color blanquecino de la garganta, el pecho y el resto de las partes inferiores se vuelven de un blanco más ocre. Lo que sí que permanece infaliblemente en todos los machos, es la mancha de la frente que habitualmente en las hembras falta del todo o como mucho tienen una pequeña mancha blanca o beige. La cola es de color pardo negruzco con las rectrices externas blanquecinas. En las alas tienen una franja de color blanco ocráceo que se corresponde con las plumas terciarias. Las plumas primarias son de color marrón oscuro.



El Papamoscas cerrojillo es una passeriforme perteneciente a la familia Muscicapidae y al género Ficedula de unos 12-13 cm de Longitud, 21-24 cm de envergadura y un peso que puede llegar a los 15 gr. Su longevidad puede llegar a los cinco años. En esta especie existe un claro dimorfismo sexual. En primavera, durante el periodo nupcial, cuando cría, es cuando se distinguen muy bien los machos de las hembras. Después de criar y haber realizado la muda en el verano para iniciar la migración otoñal a los cuarteles de invierno, es difícil diferenciar los sexos pues el plumaje es muy similar en machos y hembras.



En plumaje primaveral los machos por la parte superior son de color negro o marrón oscuro según su edad y las variaciones genéticas individuales. Por la parte inferior son de color blanco y de ahí, la denominación de “hypoleuca” (blanquecino por debajo) de su denominación científica.



La cabeza tiene el píleo, la nuca y algo más de la mitad de la parte superior de la cara de color negro, mientras que la frente, parte inferior de la cara y garganta son de color blanco.



Curiosamente, el tamaño esa mancha blanca en la frente de los machos, es uno de los ornamentos mejor estudiados en esta especie, ya que la variación intra-poblacional en el tamaño de esa mancha es alta y entre las conclusiones que su estudio ha llegado, está la de que los machos que presentan una mancha de mayor tamaño se emparejan antes que los demás y presentan mayor paternidad extra-pareja que los machos con manchas de menor tamaño.



Además, en un estudio en el que se manipuló experimentalmente el tamaño de la mancha en los machos (aumentándolo o reduciéndolo), se encontró que las hembras pusieron huevos de menor tamaño cuando la mancha de su pareja era pequeña.



En conjunto, todos estos resultados sugieren que la mancha blanca en la frente es atractiva para las hembras y que juega un papel importante en la selección sexual, no sólo durante el emparejamiento sino también durante el periodo de cuidado parental.



Tienen el pico fino, muy pequeño y de color negro.



Los ojos son grandes, de color negro y están rodeados de un fino anillo periocular de color blanquecino.



El obispillo está moteado de blanco y gris y no es muy visible. La cola es corta, estrecha y de color negro por la parte superior y blanco por la inferior.



Las alas son cortas, anchas, redondeadas y tienen una amplia mancha blanca muy visible tanto con ellas desplegadas como cuando el pájaro está posado, lo mismo que el color marrón oscuro de las plumas primarias.



Las patas son largas, muy delgadas y de color negro.



La hembra tiene un plumaje menos destacado, de color pardo oscuro uniforme por encima con un margen blanco en las plumas secundarias internas de las alas, que forman con las alas cerradas una banda paralela no nítida, sino manchada de beige.



Podemos distinguir dos tipos de canto del Papamoscas cerrojillo; uno de alarma o advertencia que consiste en una repetición breve y rápida de un “pik, pik, pik” y que además acompañan de continuos aleteos en los que claramente muestran la franja blanca alar. Aparentemente, las señales auditivas de alama previenen a los pollos de hacer ruido en el nido, ya que estos paran inmediatamente de pedir comida, a no ser que estén al borde de la inanición, en cuyo caso lo normal es que sigan pidiendo a pesar del riesgo. Este canto de alarma no deja de ser una estrategia antidepredatoria fundamentalmente frente a los relativamente frecuentes ataques que sufren por la Comadreja o el Pico picapinos dentro de las cajas nido.



También emiten otro tipo de canto más rítmico y alegre con súbitos cambios de tono que sólo emite el macho y habitualmente lo hace desde un lugar bien destacado como lo son las ramas más altas de un árbol o arbusto, lo alto de una roca o del poste o cable eléctrico.



Como bien indica su denominación nombre común, su alimentación es insectívora y está basada en moscas, mosquitos y otros insectos voladores de pequeño tamaño como, escarabajos voladores, mariposas y polillas; ocasionalmente lombrices y gusanos.



Para capturar sus presas, es habitual verlos lanzarse repetidamente, desde sus posaderos situados en las ramas bajas de los árboles o arbustos, al suelo y a continuación regresar a la misma rama. También es característico verlos capturar insectos en vuelo, realizando para ello, rápidos y ágiles movimientos acrobáticos en el aire. No obstante, también se alimentan de frutos y bayas cuando están en paso otoñal por España hacia las zonas de invernada.



La dieta de los pollos es exclusivamente insectívora, siendo las orugas de mariposas y las polillas, las presas mayoritarias que los padres llevan al nido.



Al Papamoscas cerrojillo lo podemos encontrar tanto en el norte y centro de Europa, como en la mitad occidental de Asia y en África.




En España, tiene una distribución irregular en el Norte y escasa en el Mediterráneo. En la zona Cantábrica falta en Galicia y escasea en Pirineo Navarro y País vasco. En el Centro, cría en el Sistema Central y comarcas del Sistema Ibérico. Es rara en Andalucía y falta en Baleares, Canarias, Ceuta y Melilla. Se han descrito varias subespecies. En nuestro país podemos observar a la subespecie “P. c. iberiae” en la época estival y durante los pasos migratorios.




Aparecen en la primavera, a partir de la segunda quincena de abril, y su paso se incrementa en el mes de mayo. Van llegando poco a poco, tras pasar el invierno en el África subsahariana.



Primero lo hacen los machos que se adelantan una semana a las hembras en su retorno a la Península Ibérica y eligen el lugar donde se ha de emplazar el nido y al llegar las hembras, comienzan a construirlo una vez que se han emparejado, pero son ellas las que elaboran el nido a base de raicillas, hojas, hierbas y musgo para tapizarlo con plumas, pelos y otros materiales más finos.



Aunque tradicionalmente, siempre se ha pensado que son las hembras las que se encargan en exclusiva de la construcción del nido, recientemente se ha observado que una cuarta parte de los machos también aportan material al nido y, curiosamente, las hembras emparejadas con machos constructores ponen huevos de mayor tamaño.



En la migración otoñal los podemos ver desde finales de agosto a mediados de septiembre, en su paso con dirección al oeste de África, donde permanecerán durante el invierno.



Su hábitat preferido para criar está en los bosques frondosos de robledales maduros (albares, melojares…), encinares, hayedos y pinares de pino silvestre de montaña entre los 1.000 y los 1.500 m de altitud, aunque durante el paso migratorio, también se les puede ver en otros hábitats como en huertos, jardines y parques.



Son aves territoriales y la reproducción la realizan entre los meses de abril y junio aunque esa fecha de llegada a los territorios de cría es relativamente flexible y depende de las condiciones ambientales encontradas durante la migración (temperatura y precipitación, principalmente). Al igual que está ocurriendo con otras aves migratorias, el Papamoscas cerrojillo también se está siendo afectado por el aumento de temperaturas a causa del cambio climático, ya que se ha descubierto que el tamaño de los huevos ha disminuido paulatinamente en los últimos 16 años, al no haber adaptado, como si lo hacen otras especies de aves migratorias como las golondrinas, la fecha de sus migraciones al adelanto de la primavera, por lo que acaban criando en épocas que no son las óptimas.



Además, como consecuencia del aumento de las temperaturas primaverales debido al cambio climático, la fecha de salida de las hojas en los bosques se ha adelantado y con ello la aparición de orugas, alimento principal de esta ave. Como consecuencia de esto, los papamoscas cerrojillos no llegan a tiempo de aprovechar el boom de orugas para alimentar a sus pollos, disminuyendo su éxito reproductor.



Una vez que los machos llegan a los territorios de cría, se dedican a buscar una oquedad natural o una caja nido adecuada para la nidificación, y una vez localizada, comienzan a cantar para atraer a las hembras. Se trata de una especie monógama, aunque algunos machos son polígamos y atraen a varias hembras a los territorios vecinos. Cuando un macho ha ocupado una caja nido, la defiende frente a posibles competidores y en muchos casos se enzarza en agresivas peleas que duran varios minutos y que se repiten a lo largo del día.



Se ha podido comprobar que las hembras que presentan el rasgo de la mancha blanca en la frente, que es más típica de machos, tienen una mayor capacidad competitiva de esas hembras para conseguir las escasas zonas de nidales y que entre ellas, se dan más casos de usurpadoras de otros nidos construidos por otras hembras.



La destrucción de los bosques así como la mala gestión de ellos afecta negativamente a esta especie, ya que los árboles viejos son los más apropiados para la nidificación y son precisamente estos, los que con cierta frecuencia, se eliminan de los bosques. 



Como comentaba al principio, una medida muy efectiva que aumenta las densidades de esta bonita especie en sus tradicionales hábitats de bosques de árboles maduros y que también favorece la ocupación de bosques escasamente desarrollados, es la colocación de cajas nido, que la especie acepta de buen grado.



El Papamoscas cerrojillo aparece incluido en el Catálogo Nacional de Especies Amenazadas en la categoría “De interés especial”.

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