sábado, 20 de julio de 2019

Solitaria, esquiva, muy escasa, pero un verdadero privilegio observarla. Cigüeña negra (Ciconia nigra). Cigoña prieta.

Sí, me estoy refiriendo a nuestra emblemática Cigüeña negra (Ciconia nigra) a la cual he tenido el privilegio de poder fotografiar en diversas ocasiones y circunstancias a primeros del mes de junio en el parque nacional de Monfragüe, que es uno de los quince parques nacionales que existen en España, al cual intento acudir cada año en primavera y, si puedo, en otoño, por aquello de la berrea. 




Dedicar una entrada en mi blog a la Cigüeña negra, para mi es una gran satisfacción ya que eso supone que previamente he tenido la fortuna de haber podido observarla en su hábitat natural y conseguido un buen puñado de fotografías que me permitan recordar “a posteriori” esos bellos momentos vividos. 




Si además valoras que estás ante una especie un tanto solitaria, muy esquiva y de las que solo frecuentan nuestro país unas 346-386 parejas, te das enseguida cuenta del privilegio que esas observaciones suponen. 



Pero en esta ocasión la satisfacción ha sido aún mayor ya que, siendo conocedor de esas características antes mencionadas (solitaria, esquiva y muy escasa), he tenido la posibilidad de observarla y fotografiarla en pleno proceso reproductor sin que eso le haya supuesto la más mínima molestia en esos momentos claves para la subsistencia de esa especie en nuestro territorio peninsular.




Digo esto porque las imágenes de los tres diferentes nidos que en esta primavera he podido obtener en parque nacional de Monfragüe, han sido realizadas en sendos observatorios adaptados para ello y desde la orilla opuesta del río Tajo (dos de ellos) y del Tiétar. Es decir a una considerable distancia y sin perturbar en ningún momento a los progenitores o a su prole. 



Una verdadera maravilla poder observar tres diferentes nidos en los que se desenvolvían sus respectivos polluelos pero con un diferente momento de su desarrollo y que me ha parecido interesante compartir con los lectores del blog. 





En uno de ellos, a orilla del río Tiétar, aunque con gran dificultad, pude obtener alguna imagen, de carácter meramente testimonial, en donde se puede apreciar a uno de sus padres ocupándose de dos pequeños polluelos de escasos días de vida a los que no dejan solos en ningún momento, alternándose entre los dos progenitores en la pesada tarea de custodiar a sus polluelos. 




Una ubicación que, aunque es conocida desde hace años, a mí particularmente me parece la más peligrosa, ya que no muy lejos de esa ubicación, casi todos los años cría uno de los mayores depredadores conocidos de los nidos de Cigüeña negra. Me estoy refiriendo al Búho real (Bubo bubo) y a la Portilla del Tiétar, un lugar bastante cercano a la ubicación de este nido que puede sufrir las “visitas” del que nuestro gran Félix Rodríguez de la Fuente denominaba como el “Gran Duque” (Bubo bubo) por su señorío y elegancia. No nos olvidemos que estamos hablando del ave rapaz nocturna más grande de Europa. 



El segundo de los nidos y el más expuesto de los tres, estaba situado en la base del Roquedo de Peña Falcón, conocido más popularmente como “el Salto del Gitano”. Allí en una especie de balcón esculpido en la roca y muy cerca del curso del río Tajo, se podía observar perfectamente, pero a larga distancia, como uno de los padres cuidaba permanentemente a una pareja de polluelos, algo más desarrollados que los del caso anterior, pero también de escasos días de vida. 




Allí pude captar una característica peculiar de esta especie que consiste en que los padres dan el alimento a sus pollos los primeros días directamente en su garganta, pero posteriormente lo hacen regurgitándolo en gran cantidad y depositándolo sobre el nido para que ellos mismos lo coman del suelo. Con este sistema se evita que los polluelos se ataquen entre ellos, evitando que los más fuertes se puedan imponer a los débiles. 




Me parece interesante mencionar que en esta especie tan sólo se ha descrito el infanticidio paternal, generalmente al más pequeño, como una forma eficiente para reducir el número de bocas a alimentar en casos de dificultades importantes para conseguir suficiente alimento y poder subsistir. Lógicamente, al reducir el tamaño de la nidada se incrementa las oportunidades de supervivencia del resto de polluelos. En cualquier caso, este comportamiento es tan sólo excepcional y afortunadamente no se observa de forma habitual. 




Pero el nido que para mí resultó más interesante, fue uno que aunque se encontraba también en el denominado Roquedo de Peña Falcón (Salto del Gitano), éste estaba un tanto oculto en una de las grietas verticales que surcan en su fachada y tan solo, desde un punto de observación situado en una línea oblicua, se podía apreciar bien desde el otro margen del río Tajo. 




Allí pude descubrir, no sin dificultades, a tres hermosos polluelos mucho más desarrollados que todos los anteriores. Tanto era así, que no estaban custodiados por ninguno de los progenitores, que, eso sí, rondaban volando por la zona en busca de alimento para saciar a sus tres impacientes pollos que no dejaban de reclamar continuamente la presencia de sus padres. 





Una verdadera hermosura verlos ya tan desarrollados y haciendo ya sus primeros movimientos de alas como entrenamiento previo de su futuro vuelo. 




Como se puede apreciar en estas deficientes imágenes, estaban ya bien cubiertos de un denso plumón blanco en el que se empezaban a dibujar los colores negros propios de su especie.




También se puede apreciar en ellas, cómo en todo momento no dejaban de reclamar la presencia de sus padres para que les aportaran más alimento.




Ahondando en lo anteriormente comentado, se puede apreciar un desarrollo similar en los tres pollos, lo cual indica la ausencia de algún pollo dominante sobre los otros. 




Como podréis comprender, fue todo un privilegio poder observar una nueva generación de siete componentes en total, pero en tres nidos diferentes, de una especie que está catalogada en el Libro Rojo de las aves de España (2004) en la categoría de “Vulnerable” y que aparece como “En peligro de extinción” en el Catálogo Nacional de Especies Amenazadas, lo cual te da un “chute” de optimismo al respecto de garantizar un mejor futuro de esta emblemática especie. 



La Cigüeña negra (Ciconia nigra) es un ave zancuda perteneciente a la familia “Ciconiidae” que es propia de Eurasia y África. Se trata de un ave de aspecto esbelto y de gran tamaño, aunque algo menor que el de su pariente la Cigüeña blanca (Ciconia ciconia). Miden aproximadamente 1 m de longitud (entre 90-105 cm), con una envergadura que puede alcanzar los 2 m y un peso de cerca de los 3 Kg. No existe dimorfismo sexual en esta especie. La Cigüeña negra es una especie monotípica en la que no se han observado variaciones geográficas (no subespecies).


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El ejemplar adulto presenta un plumaje negro por su parte dorsal, cabeza, cuello, parte superior del pecho, cobertoras alares y cola, en las que destacan unas llamativas irisaciones "metálicas" verdosas y moradas que se hacen especialmente marcadas en la época nupcial. 



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En la parte posterior de la cabeza se puede apreciar, aunque con cierta dificultad, la presencia de un pequeño penacho de plumas cortas, también de color negro. 


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La parte inferior del pecho, los flancos, la zona axilar, el vientre, los muslos y las infracobertoras caudales - las cuales son extraordinariamente largas - tienen las plumas de color blanco. Las plumas del pecho son largas y forman una garguero colgante que utilizan cuando se exhiben en el cortejo.

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Estos ejemplares adultos presentan en la cara una zona carnosa de piel desnuda (sin plumas) de color rojo intenso llamada “carúncula” que se inicia en la base de la parte superior del pico y envuelve al ojo. 

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Tienen un pico potente, puntiagudo y largo, que es de color rojo, y que en el caso de los machos, es un poco más robusto y está ligeramente curvado hacia arriba. 

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Los ojos son grandes y tienen el iris de color marrón oscuro. 


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La cola es corta. 


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Las alas son grandes y por la parte inferior son de color negro. 



Las patas son muy largas, sin plumas y de color rojo algo anaranjado. Tienen los dedos relativamente pequeños y presentan membranas interdigitales reducidas. 


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Si las vemos volando se puede apreciar que son muy oscuras, con partes inferiores en las que predomina el negro, salvo en el vientre, pecho y axilas. Las partes superiores son totalmente oscuras. Son buenas planeadoras y al igual que las espátulas, las cigüeñas blancas y las grullas cuando vuelan lo hacen con el cuello estirado. 



En el caso de los ejemplares jóvenes, cuando abandonan el nido (nacidos en el año), se diferencian de los adultos, porque el color del plumaje del dorso, cabeza, cuello, pecho y alas es de color marrón achocolatado punteado de blanco, lo que les confiere un aspecto moteado. Carecen de irisaciones en su plumaje y tienen la carúncula de color marrón o pardo grisáceo. El color del pico y patas varía entre un blanco grisáceo a verde oliva o amarillento. Los subadultos son similares a los adultos, pero con menos irisaciones y con un pico que no es completamente rojo. 



Es una especie muy solitaria y bastante esquiva que a lo sumo van en parejas y que tan solo se unen a otras cigüeñas, después de la cría para realizar la migración o a veces en algunos dormideros.




La Cigüeña negra es un ave migratoria que cría en las zonas templadas de Eurasia y se desplaza al África tropical y el sur de Asia. Además existe una población sedentaria en el África austral. 


En España la mayor parte de su población es estival, aunque un buen número de efectivos europeos atraviesan la península durante los pasos migratorios (febrero-abril y agosto-octubre). En nuestro país se concentra la mayor población del sureste de Europa y tiene la gran importancia de proporcionar lugares de reproducción, de invernada y puntos de reposo durante su migración. 


Solo algunos ejemplares permanecen en nuestro país todo el año, sobre todo en las marismas de Doñana y su entorno, así como en determinados embalses de Extremadura (destaca el de Orellana, en Badajoz) y en el valle del río Tiétar (Ávila-Toledo-Cáceres), pero la gran mayoría se dirige a África para invernar. 



La Cigüeña negra en nuestro país cría sólo en cinco comunidades autónomas: Andalucía, Castilla y León, Castilla-La Mancha, Extremadura y Madrid y en 13 provincias: Ávila, Badajoz, Cáceres, Ciudad Real, Córdoba, Jaén, Huelva, Madrid, Salamanca, Segovia, Sevilla, Toledo y Zamora. La población extremeña (Cáceres 33% y Badajoz 17%) es la más importante dentro de la península, con cerca del 50% (49,74%) del total, seguida de la andaluza con más del 25% (26,55%). Ambas comunidades acumulan el 76% de la población estatal.


Sus hábitats preferidos durante la temporada invernal se encuentran en los prados húmedos, marismas, arrozales, riberas de embalses, etc. En la época de reproducción prefieren zonas boscosas y roquedos serranos (cortados rocosos fluviales) pero siempre con agua en sus proximidades. 



La especie está asociada en época de reproducción a zonas boscosas, cortados fluviales y roquedos serranos, relativamente próximos a zonas húmedas. El medio forestal que ocupa es variable: en Extremadura, Andalucía, Castilla-La Mancha y Salamanca destacan las dehesas de alcornoque; en Ávila, Segovia y Madrid, los pinares. En invierno se observa en áreas marismeñas, arrozales, riberas de embalses, etc. 



Se alimentan fundamentalmente de pececillos, pequeños mamíferos, crustáceos (cangrejos de río americano), anfibios, reptiles, e insectos. 



El área de nidificación de la Cigüeña negra se encuentra limitado al cuadrante suroccidental de la Península Ibérica. Su periodo de reproducción abarca entre los meses de abril y junio. En esa época, a diferencia de su pariente la Cigüeña blanca, no nidifica en zonas próximas al ser humano, sino que elige lugares recónditos de las sierras y bosques donde construye sus nidos generalmente en los cortados rocosos o en árboles de gran porte como son los alcornoques, los pinos, o los robles, y siempre teniendo no muy lejos alguna laguna, charca, río o marisma. 



El nido es una gran estructura de ramas, reforzada con tierra y hierbas, y rellenada típicamente con musgo y algo de hierba, papel, etc. Son reutilizados habitualmente y pueden alcanzar un gran tamaño. En la construcción participan ambos sexos. 



La puesta se compone normalmente de 3-5 huevos de color blanco y la incubación, llevada a cabo por ambos progenitores, dura 40 días aproximadamente. Los pollos son cuidados por ambos padres, uno de los cuales permanece siempre con ellos durante los primeros 10-15 días. En unos 63-71 días completan el desarrollo del plumaje y vuelan. Se independizan rápidamente. 



La Península Ibérica cuenta con 386 parejas (346 parejas seguras y 40 probables) de cigüeña negra en todo el territorio, según datos del último censo de SEO/BirdLife (2017). En ese censo se pone de manifiesto la estabilidad de las poblaciones extremeñas y andaluzas, pero alerta del declive de la especie en el resto de comunidades y provincias periféricas, lo que supone el "primer síntoma de alarma" sobre potencial declive de la especie y donde se enfrenta a un futuro un tanto incierto. La población europea según el último censo de BirdLife Internacional (2017) es de entre 9.800-13.900 parejas, de ellas, la población española es muy escasa y tan solo representa un 5%. 


Las principales amenazas que están descritas para esta especie son las perturbaciones que se producen en torno al nido, ya que es muy sensible sobre todo cuando nidifica en árboles (55,65% de los casos), en comparación a cuando lo hace en roquedos. La cercanía de personas que realizan actividades de recolección, gestión forestal –por ejemplo eliminación de restos, descorches, repaso de caminos y cortafuegos–, la ganadera, así como la ejercida por escaladores y senderistas, pueden causar el fracaso durante la incubación o dar lugar a una mayor vulnerabilidad de los pollos ante diversos depredadores o inclemencias. 



También constituyen una importante amenaza la degradación de su hábitat de nidificación, que habitualmente está ligada a la presión urbanística, y la construcción de infraestructuras (grandes vías de comunicación, embalses, etc.), así como los tendidos eléctricos y vallados, donde se producen electrocuciones y colisiones, y la muerte por cazadores furtivos. 



A favor de su conservación, hasta ahora solo han establecido planes de recuperación en las comunidades de Castilla y León y Castilla-La Mancha. Está pendiente de la publicación de su aprobación y puesta en marcha en Extremadura. El estudio y seguimiento de la especie resulta muy insuficiente, dado que sus tendencias poblacionales y la evolución de sus parámetros reproductivos son prácticamente desconocidos. Se incluye en el Libro Rojo de las aves de España (2004) en la categoría de “Vulnerable” y aparece como “En peligro de extinción” en el Catálogo Nacional de Especies Amenazadas.

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