martes, 18 de noviembre de 2014

Como para montar un bonito tablao. Flamenco común. Phoenicopterus roseus.

Ya tenía yo ganas de tener un encuentro con esta ave de una belleza sin igual dentro de las aves acuáticas y mira que las hay bellas.




Es una auténtica delicia poder fotografiar flamencos a poca distancia y verlos moverse parsimoniosamente con esa estética tan especial. 




Su silueta estilizada es inconfundible. Un cuello y patas extremadamente largas, pico muy grueso y curvo hacia abajo y el espectacular colorido del plumaje de los individuos adultos le proporciona una elegancia espectacular.




Parece ser que el nombre de flamenco deriva del "flamear" de sus alas cuando vuela. Un espectáculo que impresiona y sorprende a todo el que ha tenido la suerte de verlo.




Los individuos jóvenes o inmaduros se diferencian bien de los adultos por carecer del tinte rosado de aquéllos y ser en conjunto pardo grisáceos, pues las plumas blancas están rayadas de ese color. También carecen del color bermellón de las alas y las patas son grises. Las hembras se diferencian por tener un tamaño ligeramente menor.




El plumaje primaveral de los adultos es básicamente blanco teñido ligeramente de rosa vivo, en especial en la cola y obispillo. Las plumas primarias y secundarias de las alas son negras y el resto es rosa brillante oscuro casi bermellón.




El extraño pico de los flamencos en sus dos terceras partes es también rosa y el tercio terminal negro (adultos). Este pico posee una extraña forma y lleva en la mandíbula superior una especie de dientes cuyo extremo está doblado hacia adentro, encajando perfectamente en las laminillas que tiene la mandíbula inferior. Las materias nutritivas quedan retenidas en estas láminas a modo de peines y con la ayuda de una lengua extremadamente sensible expulsa el agua y la arena. Su alimentación está formada a base de materia vegetal, pequeños microorganismos vivos, peces diminutos, moluscos, crustáceos e insectos.




Se sabe que el color rosa de su plumaje es debido a su alimentación rica en alfa y beta carotenos que obtienen de los microorganismos que componen su dieta. El flamenco tarda seis años en alcanzar la madurez sexual, por lo que poco a poco van acumulando los pigmentos carotenoides que le harán tener un plumaje colorido, tan importante para el cortejo.




Habitualmente tienen preferencia por lagunas saladas, playas, estuarios, marismas y lugares fangosos donde la materia orgánica es abundante. Nunca se posan en árboles. Son extraordinariamente gregarios, llegando a juntarse miles de parejas en las zonas de cría.



En España se distribuye por todo el litoral mediterráneo hasta las marismas del Guadalquivir, siendo el flamenco de más extensa distribución mundial, encontrándose desde Europa a África y Asia. La zona de cría más abundante en España se encuentra en la laguna de Fuente Piedra en Málaga.


Se desplazan en bandadas, donde cada ejemplar extiende su cuello y patas, manteniendo una formación en hilera ondulante, muy vistosa.


Es habitual poder ver a estas gráciles aves zancudas mantenerse sobre una sola de sus delgadas patas. El porqué de esta postura se debe a que de esa manera regulan su temperatura corporal.


El plumaje de las aves mantiene la temperatura de su cuerpo al funcionar como aislante, pero el pico y las patas, al carecer de plumas, son zonas del cuerpo por las que se pierde calor.


Pérdida que se acrecienta cuando el flamenco se encuentra en el agua, por lo que adopta en ella con mayor frecuencia la mencionada postura, replegando una de sus largas patas (con mucha superficie de contacto) bajo el cobijo de su plumaje. Así la pérdida de calor se reduce a casi la mitad. Este mecanismo es utilizado por otras aves zancudas como las cigüeñas.


En cuanto a la incomodidad, esta no es tal. Nos puede parecer una postura incómoda a nosotros porque nos es difícil de mantener sin perder el equilibrio, pero las patas del flamenco poseen un mecanismo de bloqueo que encaja la articulación de la pata de apoyo, de tal manera que el animal no realiza ningún esfuerzo muscular para mantenerse así. Un mecanismo similar al que evita que los pájaros se caigan de las ramas en las que posan.


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