miércoles, 24 de agosto de 2016

Una limícola de alta montaña, a la que no le gusta el agua y que además tiene los papeles cambiados. Chorlito carambolo. Charadrius morinellus. Pollu Berizu.

La semana pasada, a raíz de que Jorge Valella publicara en su blog Isocero (al que sigo fielmente), el avistamiento de un ejemplar joven de Chorlito carambolo en el cabo Peñas, decidí darme una vuelta por la zona, a ver si por casualidad permanecía por allí, aunque ya habían transcurrido más de 24 h y no tenía referencia alguna de la zona en donde se le había encontrado.





Como casi siempre ocurre, cuando estaba a punto de desistir en la zona en la que además no paraban de llegar turistas a hacerse “selfies” al lado del acantilado, pude descubrir una cabeza redondeada que en la distancia sobresalía del brezal, por lo que todo me hacía pensar que lo había encontrado. Inicié entonces una cautelosa aproximación para poderle hacer alguna foto, pues aunque estaba lejos, temía que levantara el vuelo, ya que se encontraba justo al lado del acantilado.





Según iba disparando fotos, me iba dando cuenta de que no era él Chorlito carambolo sino un no menos bello Chorlito dorado (Pluvialis apricaria), al que finalmente le pude realizar alguna fotografía, más o menos decente. 





Cuando ya me marchaba de esa zona, a escasos metros de mi, me cruce con el auténtico Chorlito carambolo que descansaba plácidamente entre las piedras y que no se inmutaba ante mi cercana presencia. Este comportamiento es habitual en aves que están muy poco acostumbradas al contacto humano, lo cual les hace ser muy confiadas y poco huidizas.





Pude entonces comprender que no era nada fácil verle pues el camuflaje de su plumaje con el entorno era bastante importante, confundiéndose con las abundantes piedras sueltas que había en la zona. Además, para colmo, su movilidad no era muy llamativa pues permanecía la mayor parte del tiempo parado o descansando, con lo que resultaba mucho más difícil verlo.





Me pareció un ave con una estética preciosa, muy tranquila y confiada, pues aunque yo permanecía quieto fotografiándole agachado, a escasos metros se seguían moviendo turistas y él no se inmutaba.





Esta gran confianza vendría a ratificar el dicho que al parecer existe en Inglaterra, de que la facilidad que da el Chorlito carambolo para su acercamiento y su reputación como un gran manjar en la mesa, puso hace años en peligro su existencia en las tierras del norte.





Como la mayoría de vosotros sabréis, el Chorlito carambolo es un ave que pertenece a la familia de las Charadriformes siendo su denominación científica la de “Charadrius morinellus”. Tienen un tamaño algo más pequeño y más robusto y compacto que el Chorlito dorado. Vienen a medir entre los 20-24 cm de longitud y con una envergadura que oscila entre los 57-64 cm. Pueden alcanzar los 120 gr de peso. Su esperanza de vida se estima entre los 5-10 años. 





Una primera curiosidad que encontramos en esta especie es que tiene un dimorfismo sexual a la inversa, es decir que en la época de celo, es la hembra la que tiene la tarea de atraer a los machos exhibiendo un llamativo plumaje, cosa que habitualmente ocurre al revés en el reino de las aves. Además, la hembra tiene un tamaño algo mayor que el macho.





Durante el período reproductor, las hembras por su dorso son de color pardo-grisáceo al igual que las coberteras alares que tienen los bordes de las plumas de color castaño-rojizo y blanco. La garganta es de color blanquecino y el pecho es de color herrumbroso anaranjado y el vientre en su parte más inferior, es de color negro que contrasta con las infracoberteras caudales que son blancas. Durante el vuelo se puede comprobar la ausencia de franjas alares, aspecto este que sirve para diferenciarles de otras especies de chorlito.





Destaca en el pecho una franja blanquecina con forma de media luna, que en ocasiones está ribeteada de negro, y que está dispuesta a modo de collar, separando una parte superior a ella, de color gris parduzco y otra inferior del mismo color herrumbroso anaranjado que el resto del pecho.





La cabeza es redondeada y presenta un capirote de color marrón oscuro que contrasta notablemente con el que es un rasgo inconfundible de esta ave: una gran ceja blanca que partiendo del pico, pasa por encima del ojo y llega hasta la nuca, donde se une con la del lado opuesto formando una clara V y en donde toma un color algo más ocre. Por detrás del ojo tienen una lista ocular de color marrón. La parte inferior de la cara es blanca.





Los ojos son grandes, de color marrón oscuro y están rodeados de un finísimo anillo periocular de color blanquecino.





El pico es muy corto, delgado, recto, puntiagudo y de color negro.





La cola es corta y de color más oscuro que el resto del plumaje. 




Las patas son medianamente largas y de color amarillo verdoso pálido.






En el periodo invernal pierden el color herrumbroso anaranjado del pecho y se convierte en un color pardo-grisáceo similar al del dorso. También desaparece el color negro del bajo vientre.





Por su parte, los machos con su plumaje nupcial tienen un aspecto similar al de las hembras, pero tienen los colores más apagados y menos brillantes.





Tienen el pecho más oscuro que las hembras. La mancha negra del vientre es más reducida que el de ellas. El píleo presenta estrías de color beige.





Los jóvenes son como los adultos en invierno pero con aspecto escamoso, ya que las plumas de las partes superiores están ribeteadas de blanco.





El reclamo de contacto es muy suave y dulce, similar a un “pit-pit” que recuerda a la llamada de los correlimos. Suele tratarse de una especie muy silenciosa fuera de la época de cría.




Como ya mencioné antes, su comportamiento es muy tranquilo y confiado, permitiendo la aproximación a escasos metros de él y sin alterarse, seguir su camino. En el caso de que se llegue a asustar, antes que volar, prefiere correr.





El Chorlito carambolo es una especie de distribución eurosiberariana, que cría en las zonas subárticas y de tundra, desde Escocia (en número escaso), hasta todo el borde norte de la península escandinava (Noruega, Suecia y norte de Finlandia), por el oeste. También ocupa la banda norte de China y una estrecha franja desde Mongolia hasta el sudeste de Rusia. Cría de forma ocasional en diversas formaciones montañosas europeas, en Alaska y de manera más regular, pero de forma muy restringida, en algunos macizos de los Pirineos Orientales, tanto en el lado francés, como en el español, pero siempre en zonas de pastizal alpino por encima de los 2.000 m de altitud. En la actualidad, la población europea parece evidenciar una cierta tendencia negativa, estimándose en 36.500 parejas reproductoras.


La invernada en España se puede considerar testimonial ya que contamos con una población de unos 250 individuos que también va en manifiesto declive, con solamente 1-5 parejas reproductoras cada temporada, número que varía en función de la intensidad de las nevadas invernales. 


En época invernal se desplaza a las áridas regiones del norte de África, desde Marruecos oriental hasta el valle del Nilo y Oriente Medio, desde el Magreb hasta Irán.





En España pueden observarse algunos individuos aislados o pequeños bandos en diferentes localidades peninsulares durante el período estival (paso postnupcial, entre agosto y septiembre) y durante los pasos migratorios. Durante la migración se distribuye en escaso número por toda la Península, tanto en zonas costeras como interiores, incluidas las regiones montañosas. La emigración primaveral resulta todavía menos evidente y son bastante escasos los contactos con la especie. 





Otra curiosidad de esta ave, es su peculiar hábitat, ya que a pesar de ser una limícola y a diferencia de los demás miembros de su familia, esta especie no tiene afinidad por los terrenos acuáticos y prefiere los prados altos de no menos de 800 m con vegetación baja.





Su hábitat durante los pasos migratorios puede ser desde las zonas del litoral, como las del interior, incluidas las zonas de montaña, campos recién labradas, campos pedregosos con rastrojos así como zonas esteparias. Durante la época de cría en la cordillera pirenaica, viven en los pastizales alpinos, rasos y zonas abiertas de vertiente muy plana, con poca o ninguna vegetación arbustiva.





Su alimentación se compone principalmente de insectos y arañas, y en menor cuantía de lombrices de tierra, moluscos y materia vegetal. Toma la mayoría de sus alimentos de la superficie del suelo, entre la vegetación o bajo las piedras, donde busca activamente con el pico.





El periodo reproductivo lo llevan a cabo durante el mes de junio. Como ya comenté antes, son las hembras las que realizan el cortejo nupcial para atraer al macho. Las parejas se reproducen en solitario o bien en colonias muy poco cohesionadas, en las que los nidos llegan a distar hasta 100 metros unos de otros.





Construyen el nido escarbando una pequeña depresión en el suelo de grava o entre la vegetación baja o en pequeñas concavidades junto a rocas o piedras empotradas, pero no lo recubren con ramas ni hierbas. Lo terminan añadiéndole elementos de origen vegetal (líquenes y musgo).





En este punto, es interesante recordar que la expresión “tener cabeza de chorlito” al parecer hace referencia a la escasa inteligencia que demuestran esta especie de aves, ya que construyen sus nidos a ras de suelo y depositan allí sus huevos, cosa que hace que otros animales puedan acceder a ellos con mucha facilidad.





La puesta se compone normalmente de 2 a 4 huevos. Tras la puesta, la hembra abandona el nido para reunirse en pequeños bandos con otras hembras, dejando al macho al cargo de la incubación durante 24-28 días aproximadamente. Las crías son nidífugas, a las pocas horas de nacer abandonan el nido, aunque el padre cuida de ellas durante unos 30 días. 





Las hembras de esta especie son poliándricas, es decir, se emparejan con distintos machos de forma sucesiva (dos o tres como máximo), y realizan puestas de huevos en distintos nidos y dejan a cargo de sus parejas la incubación.





Las principales amenazas que inciden negativamente sobre esta especie son fundamentalmente las molestias que sufren en las zonas de cría debido a las actividades lúdicas de montaña (motociclismo todoterreno, el senderismo o la bicicleta de montaña) y a los perros que acompañan a los excursionistas. Esta especie ha sido víctima de una caza intensiva en el norte de Europa y en Rusia. El Chorlito carambolo aparece incluido en el Libro Rojo de las aves de España en la categoría de “En peligro” y se considera “De interés especial” en el Catálogo Nacional de Especies Amenazadas.