martes, 19 de junio de 2018

El majestuoso Buitre negro, el ave rapaz mayor de Europa. Buitre negro (Aegypius monachus). Utre Prieta.

Durante el pasado mes de mayo he vuelto a tener la gran fortuna de poder disfrutar de esta impresionante rapaz carroñera en tierras extremeñas, pero a diferencia de ocasiones anteriores, esta vez la he podido observar y fotografiar a unas distancias más cortas, lo que me ha permitido conseguir unas imágenes en las que se pueden apreciar mucho mejor la belleza tan particular de esta espectacular y majestuosa ave. 




Unas imágenes que quiero compartir con los que visitáis este blog y que desearía me sirvieran para llamar la atención, una vez más, de la delicada situación por la que, ya desde hace años, están pasando los buitres en general (Buitre negro, Buitre leonado, Alimoche o Buitre blanco y Quebrantahuesos) en nuestro país, así como otras especies de rapaces que, aunque no son necrófagas estrictas, también se alimentan de animales muertos o sus restos, como es el caso de los milanos, los córvidos o incluso, en determinadas circunstancias, del Águila real o del Águila imperial. 




En el caso concreto del Buitre negro, se llegó a una situación crítica en la década de los 70 en la que llegó a ser una especie muy escasa y amenazada con menos de 200 parejas en nuestro país. Desde entonces ha experimentado una importante recuperación alcanzando ya en 2004 unas 1.400 parejas, gracias a las medidas de conservación emprendidas desde entonces. No obstante, todavía en el año 2010 fue considerada como Ave del Año por la SEO/BirdLife, dadas las importantes amenazas que se aún se cernían sobre ella. 




Entre las más importantes amenazas actuales de esta especie, se encuentran el uso ilegal de cebos envenenados utilizados para el control ilegal de predadores, la destrucción de su hábitat, la colisión con tendidos eléctricos y con las aspas, de los cada día más frecuentes, aerogeneradores, así como la electrocución y los incendios forestales. 




Tampoco debemos olvidarnos de las recientes medidas de sanidad animal que impiden el abandono de cadáveres de animales domésticos y cinegéticos en el campo, lo que podría suponer una seria amenaza para esta especie a medio plazo, debido a la retirada de recursos tróficos. 




Hemos de tener muy presente que España es un enclave crucial para la conservación de las aves carroñeras europeas ya que cuenta con el 90% de la población de buitres de toda Europa. Concretamente, en nuestro país se reproduce el 98% de la población europea de Buitre negro, el 94% de Buitre leonado, el 82% de Alimoche y el 66% de la población europea de Quebrantahuesos. Ante estas impresionantes cifras, estaréis conmigo en que nuestra responsabilidad es importante y su dejadez puede suponer una verdadera tragedia medioambiental. 




Pero por si eran pocas las amenazas por las que en los últimos tiempos están pasando los buitres en general, tenemos que añadir la de la oleada de artículos de prensa en los que se está "criminalizando" a estas especies de aves estrictamente carroñeras, que hasta poco eran consideradas como unos verdaderos aliados de los ganaderos, ya que son los encargados de consumir las reses muertas en el campo, evitando de esta manera posibles focos de infección derivada de la muerte de animales enfermos y la propagación de epidemias como el botulismo, la tuberculosis u otras enfermedades. 




Tampoco debemos olvidar el ahorro que a esos ganaderos les suponía evitar el costoso transporte hasta vertederos o incineradoras de esos cadáveres, así como los beneficios económicos por el interés turístico que supone la presencia de estas aves que, como fácilmente se puede comprobar, cada día va en aumento. Los buitres en general, constituyen sin duda uno de los grandes atractivos para el turismo de naturaleza en España, ya que en el resto de Europa están extinguidos en muchos países o sus poblaciones son muy pequeñas y mucho menos diversas. 




Para poder comprender el origen de la problemática de escasez de recursos alimentarios por la que está pasando esta especie, hay que retrotraerse al año 2001, ya que fue ese año cuando se empezaron a detectar los primeros casos de la encefalopatía espongiforme bovina y su transmisión al ser humano, lo que todos conocimos como el "mal de las vacas locas". Fue en el año 2002, cuando supuestamente con el fin de evitar un posible contagio de las reses enfermas muertas a otros animales carroñeros, la Unión Europea (Reglamento 1774/2002) prohibió que los cadáveres del ganado quedaran en el monte e incluso prohibió que se arrojaran a los muladares, donde tradicionalmente eran depositadas las reses muertas, para que fueran comidas por los buitres. 




La aplicación de esta nueva normativa, supuso un importante cambio en la gestión ganadera, ya que obligaba a recoger e incinerar los restos de ganado que mueren tanto de forma natural, como por accidente o enfermedad, lo que poco a poco, trajo consigo una disminución de alimentos para las aves necrófagas y lógicamente, los buitres que en las últimas décadas habían experimentado un notable aumento de sus poblaciones, se vieron de repente sin su mayor fuente de alimento y como consecuencia, empezaron a pasar hambre. 





Entre los efectos de esa escasez de comida, hubo una disminución de colonias nidificantes e hizo que algunas de estas aves desarrollaran un comportamiento inusual, volviéndose impacientes por el hambre, perdieran el miedo y la timidez hacia el ser humano y empezaran a acercarse al ganado, incluso en presencia de los pastores. La mayoría de los casos lo hacían para aprovechar y comer las placentas después de los partos de ganado en el monte o para alimentarse con alguno de los cadáveres de las crías recién nacidas que mueren en el proceso, llegando incluso a matar animales heridos o muy debilitados, pero nunca a animales sanos. 



Ante el tumulto que se organiza por hacerse con la poca comida (placenta) disponible tras el parto de un animal doméstico, se han dado casos en los que algunos ganaderos llegaran a pensar que atacaban al ganado y temer incluso que podrían ser atacados ellos mismos, cuando paradójicamente, los buitres han sido a lo largo de su historia unos claros aliados del ganadero y del ganado. 




En toda esta polémica tampoco hay que descartar la posible picaresca de algunos ganaderos, que aprovechando la confusión actual y al igual que ha ocurrido con los lobos y osos, quieran cobrar un dinero por las reses que se les mueren por causas naturales. 




Más tarde, la Unión Europea reconsideró la propuesta adoptada en 2002 sobre la prohibición de dejar el ganado muerto en el monte y en noviembre de 2011, el Ministerio de Medio Ambiente y Medio Rural y Marino, aprobó un Real Decreto para regular la alimentación de las aves necrófagas de interés comunitario (Real Decreto 1632/2011, de 14 de noviembre), según la cual cada comunidad autónoma, al tener las competencias en materia de gestión de fauna silvestre, debía aprobar su propia legislación autonómica, para delimitar las zonas de protección para la alimentación de las necrófagas. 




El caso concreto de Asturias es, junto con unas pocas más Comunidades Autónomas (Madrid, Galicia, Euskadi, Murcia y Baleares), una autonomía que al día de hoy todavía no cuenta con una normativa propia para regularizar el depósito de cadáveres de ganado doméstico, tal y como obliga la legislación nacional y como consecuencia, Asturias se ha incorporado a los territorios que desde sectores ganaderos plantean que la presencia de los buitres es ya un conflicto para el ganado. 




Lo cierto es que esta oleada de temor y odio hacia estas aves que últimamente ha salpicado los diferentes medios informativos, ha sido en parte la responsable del incremento de los casos de envenenamientos de fauna salvaje, que lamentablemente no ha afectado sólo a los buitres (Buitre negro, Buitre leonado, Alimoche o Quebrantahuesos) que son aves necrófagas estrictas, sino también a otras muchas especies (necrófagas ocasionales) como lobos, zorros, osos, milanos, águilas imperiales o reales. 




A esta causa tan grave de mortalidad hay que añadirle el de las muertes producidas en tendidos eléctricos (electrocución y colisión), en parques eólicos, por disparos y lo que es sorprendente, el grave riesgo que sufren en algunas zonas por inanición, ya que no se ha establecido un mecanismo adecuado de depósito de ganado muerto para posibilitar la alimentación de las rapaces y su adecuada reproducción. En otros casos, aunque no se llega a la pura inanición si se produce un consumo de alimentos de peor calidad, ya que ante la ausencia de restos de animales muertos en la naturaleza, rebuscan en vertederos o comen con mucha frecuencia restos de animales procedentes de explotaciones intensivas, donde las reses son tratadas con grandes cantidades de fármacos para uso veterinario, como el “Diclofenaco” del que a continuación hablaré. 





Pero si como hemos visto la situación en nuestro país es mala, la que se da en el continente africano, como denuncia la BirdLife International, es mucho peor, ya que a pesar de que los buitres sean quizá de las aves más representativas de África, están despareciendo. Siete de las once especies de buitre que habitan el continente han visto elevado su riesgo de extinción. Cuatro de estas especies, que solo pueden encontrarse en las sabanas africanas, se hallan en un estado de amenaza crítico. Se trata del Buitre moteado, el Buitre cabeciblanco, el Buitre dorsiblanco y el inconfundible Alimoche sombrío.





Entre las causas de su elevada mortalidad en África, BirdLife cita el envenenamiento accidental, ya que las aves se ven atraídas por cebos envenenados empleados para erradicar depredadores de ganado como leones, hienas o licaones. En 2015, el 61% de las muertes denunciadas fueron causadas por el veneno. 




Otro problema para su conservación es que en ocasiones son capturados para su uso en medicina tradicional. A este respecto, comentar que también sufren la persecución de los cazadores furtivos que envenenan intencionadamente los cadáveres de elefantes o de rinocerontes que son masacrados por sus colmillos o sus cuernos, para evitar que los buitres alerten con su vuelo a los guardas. 




Fuera del continente africano, una de las principales amenazas dejando a un lado el veneno, también tiene al ser humano como responsable. Es más, está autorizada tanto por el Gobierno de España como por la Unión Europea. Se trata del conocido diclofenaco que se emplea como medicamento antiinflamatorio para el ganado. Su uso no afecta aparentemente a humanos o al ganado, pero cuando un buitre ingiere restos de un animal tratado con este fármaco, muere a las pocas horas. 




Esta situación, que según un reciente estudio, podría costar la vida de hasta 6000 ejemplares de Buitre leonado al año en España, tiene fácil solución: prohibir el uso del diclofenaco para el ganado. No pasaría nada. En el mercado existen otros compuestos alternativos que realizan su misma función y que son inocuos para el ser humano, para el ganado y también para estas rapaces. Es impresionante saber que el diclofenaco fue responsable de la desaparición del 99% de los buitres en el Sur de Asia, hasta que cuatro países de la región prohibieron el producto tras evidenciarse su papel en la muerte de estas aves. Posteriormente se ha comprobado que también es letal para las águilas, y entre ellas podría estar nuestra Águila imperial ibérica. 




Es lamentable que nuestro país, que como comenté antes, cuenta con el 90% de la población de buitres de toda Europa, autorice el uso veterinario de un producto que ha demostrado ser tan peligroso en otros países. Las ONG recuerdan que la propia Agencia Europea del Medicamento ha reconocido el riesgo de este producto, que por otro lado cuenta con un sustituto de menor toxicidad, y denuncian que países como España han adoptado medidas “puramente cosméticas”, como es la del simple etiquetado de los envases. 




“Los buitres son el método más natural, barato, sencillo, higiénico y hermoso para reciclar los animales muertos”; y así lo recogían 38 asociaciones en 2009, en su ya famoso comunicado conjunto “No se puede seguir así”; pues no es posible mantener, al menos a largo plazo, ese otro sistema (de eliminación de cadáveres), mucho más contaminante y peligroso, en el que cuesta más destruir una oveja muerta que comprarla viva. 




Retomando el caso concreto del Buitre negro, decir que está considerado como la mayor de las aves rapaces que puede ser observada en nuestro país. Tiene una envergadura alar de unos 250cm, llegando incluso algunos ejemplares a los 3m. Su peso varía entre los 7 y 10 kg, sólo superado en España por la avutarda. Pueden alcanzar una edad de hasta los 40 años, en libertad, aunque su esperanza media de vida es menor. No existe un dimorfismo sexual en esta especie. 




Se trata pues de una gigantesca ave que cuando planea con alas extendidas, produce la impresión de que un gran rectángulo negro flota en el espacio. 




La coloración de su plumaje es uniforme y de color marrón muy oscuro, casi negra. Las plumas del dorso son de color pardo uniforme con tintes negruzcos, siendo la zona ventral del cuerpo aún más oscura. 




Está dotado de unas grandes alas, anchas y largas con el borde de las mismas casi paralelos y sus plumas primarias presentan una profunda digitación (6 o 7 “dedos” muy largos). En los individuos adultos, las infra-coberteras alares no son uniformemente oscuras, sino que muestran algo de pardo gris en las pequeñas y medianas, formando una o dos bandas difusas. 




La cabeza de los adultos está recubierta, al igual que la cara, de un fino y corto plumón de color marrón grisáceo. En la cara presenta zonas de piel desnudas con una coloración rosácea. 





Su cuello es largo, con la parte anterior recubierta de un fino y corto plumón de color marrón. En su base destaca una gola de plumas largas de color pardo, que suelen estar erizadas y que abarcan los laterales y la parte posterior del cuello hasta la nuca. Debajo de esta gorguera destacan otra fila de plumas de color más claro que cubren la parte superior del pecho. 




Tienen un pico grande, robusto y curvado hacia abajo en su extremo (forma de gancho), estando perfectamente adaptado para el desgarro de piezas duras (músculos, pieles y tejidos cartilaginosos). El pico en su primera mitad está cubierto por la cera que es de color violáceo o azulado, mientras que en su mitad distal es de color negruzco hacia la punta, y más grisáceo y algo más pardo e incluso amarillento, en la zona que está más cerca de la cera. 




Los ojos son grandes, con el iris marrón muy oscuro y están rodeados de un anillo blanquecino que está formado por piel desnuda. 




La cola es corta, grande y en forma de cuña. 




Las patas son cortas y de color gris azulado o blanco azulado. Las uñas están poco afiladas al no precisarlas para la caza. Aun así, son más largas y puntiagudas que en el Buitre leonado. 




Los jóvenes presentan en general un color mucho más oscuro (casi negro), brillante y homogéneo que los adultos, con la cabeza y la cara completamente cubierta de plumón negruzco. La base del pico de estos es de tonalidad rosácea. 




Su silueta oscura, la presencia de plumón negro en la cabeza y las características plumas del cuello, le confirieron su nombre científico de “buitre monje” (en latín “monachus”). 




El término “monachus“, de su denominación científica (Aegypius monachus), procede del latín, y tiene el significado de “solo”, “único” o “solitario” queriendo hacer la doble referencia, tanto al modo de vida solitario del animal, como a la palabra derivada de ésta, “monje”, puesto que su aspecto oscuro es parecido al de un monje con la coronilla pelada, al presentar la cabeza desprovista de plumas y la presencia de sus características plumas en los laterales y la parte posterior del cuello. 




El comportamiento del Buitre negro es mucho menos gregario que el del Buitre leonado y al revés que a este último, se le suele observar en solitario o como mucho en parejas o grupos muy pequeños alrededor de la carroña o en los dormideros. 




El Buitre negro pasa mucho tiempo en el aire planeando y sólo en contadas ocasiones bate las alas de forma imperceptible. Cuando inicia el vuelo desde el nido, un árbol o el suelo, lo hace batiendo las alas lenta y muy profundamente, deslizándose por el cielo sin aparente esfuerzo. 




Emplean las masas de aire que, tras calentarse cerca de la superficie de la tierra, ascienden hacia arriba. Una vez que alcanzan la altura deseada planean y van perdiendo altura hasta alcanzar otra masa de aire ascendente con la que de nuevo ganan altura. Los ejemplares reproductores invierten cada día entre 7 y 11 horas en la búsqueda de alimento, llegando a recorrer enormes distancias. 




El área de distribución del Buitre negro abarca desde la Península Ibérica hasta Manchuria (China), ocupando el territorio de manera irregular en países e islas del Mediterráneo, Asia Menor y Central. Se estima que hay una población mundial máxima de 10.000 parejas (2.000 en Europa y hasta 8.000 en Asia). La Península Ibérica y Los Balcanes en Europa, y China y Mongolia en Asia albergan las principales poblaciones. La mayor parte de la población europea vive en España. 




Como se puede apreciar en el mapa de distribución del Buitre negro en el continente queda vacío entre Portugal, España y Francia, en el extremo oeste, y Grecia, el Cáucaso y Turquía al este, imposibilitando la comunicación de estas poblaciones, por lo que en la actualidad se están acometiendo planes de reintroducción de esta especie en esos territorios en los que en la actualidad están ausentes pero que antiguamente estaban presentes. 


En España son residentes todo el año y se encuentra muy ligado a las grandes extensiones forestales mediterráneas, generalmente situadas en regiones remotas, escasamente accesibles y poco habitadas del cuadrante sur-occidental de la Península Ibérica: norte de Extremadura, suroeste de Castilla y León, mitad occidental de Castilla-La Mancha, oeste de Madrid y noroeste de Andalucía Andalucía). También en Baleares (Mallorca), siempre ligado a los sistemas montañosos de estas comunidades. Las principales colonias de cría se encuentran en el Parque Nacional de Cabañeros y, sobre todo, en el Parque Nacional de Monfragüe, donde se concentra la mayor agrupación de parejas conocida en todo el mundo. 




Este Buitre negro es un ave sedentaria que ocupa un área no muy extensa si bien en ocasiones pueden pasar varios días seguidos fuera de ella, especialmente concluida la época de reproducción. Sus movimientos para buscar alimento le pueden alejar hasta 60 km de su grupo. 




Lo podemos encontrar preferentemente en bosques de encinas, alcornoques y quejigos, aunque en las islas Baleares aparece en los pinares de los acantilados costeros. En Castilla-La Mancha sitúa sus nidos en zonas de monte mediterráneo con abundantes encinas, pinos y alcornoques, prefiriendo estos últimos para construir sus nidos. 




Los individuos jóvenes realizan largos viajes exploratorios al emanciparse de los padres. Con estos desplazamientos los jóvenes se intercambian entre distintas subpoblaciones, encuentran nuevas zonas de hábitat donde reproducirse y se disminuye la competencia con la población adulta en las áreas de cría. 





Construyen sus nidos en zonas de bosque mediterráneo, entorno a sierras, roquedos y barrancos con abundante vegetación y alejadas de toda presencia o actividad humana. Los ubican en la parte más alta y expuesta de la copa de los árboles, de modo que pueden entrar volando y posarse sin dificultad. 




Cada temporada la pareja retorna al mismo nido que han usado año tras año, añadiéndole alguna capa más, llegando de esta manera a acumular materiales y alcanzar un gran peso (más de 500kg) y unas impresionantes dimensiones, lo que a veces conduce a su derrumbamiento debido al peso acumulado. 





El Buitre negro es un ave monógama y no procrea cada año. La puesta de un único huevo la realizan desde inicios de febrero a final de abril. Ambos progenitores se dedican a esta tarea, que dura 55 días, de tal manera que a principios de mayo rompe el cascarón un único polluelo. Se pueden encontrar los pollos en el nido hasta principios de septiembre. La misión de incubar la realizan muy concienzudamente ambos progenitores. Algunos expertos afirman que es muy difícil durante la incubación mover a un buitre negro del nido. Sin embargo, otros han tenido experiencia con puestas abandonadas por pequeñas molestias. De ahí la importancia de que nunca se debe ocasionar molestias a los nidos en época de cría. El pollo permanece en el nido unos 120 días de media. 




Además de alimentarse de carroñas de grandes mamíferos (ovejas, cabras, jabalí, ciervo, zorro, etc.), el Buitre negro se alimenta de cadáveres de animales mucho más pequeños como es el caso del conejo. Se estima que un individuo precisa unos 500-700 gr diarios de alimento. 




Los ornitólogos estiman que sus garras tienen una mayor movilidad que las del Buitre leonado, lo que le permite capturar presas vivas o que tienen sus facultades físicas disminuidas por alguna enfermedad (mixomatosis) o que estén malheridas de la caza, etc. 





También difieren del Buitre leonado en que son los encargados de abrir el cuerpo del animal muerto desgarrando el pellejo, comiendo los músculos, cartílago y tendones y evitando las vísceras. Más tarde expulsan la piel, pelos, etc. por el pico en forma de bola indigerible, la egagrópila. 




A este respecto es interesante recordar que habitualmente cuando aparece un animal muerto en el campo las primeras aves en llegar suelen ser los córvidos (Cornejas, Cuervos, Urracas...) los cuales sólo pueden comer las partes más blandas del animal como ojos, nariz, lengua, etc. Como buenos córvidos no pararán de moverse de un lado a otro, alrededor y sobre el cuerpo del animal muerto. Al incidir los rayos del sol sobre sus plumas, se provocarán unos reflejos que actuarán como verdaderos llamadores para los buitres, ya que esos reflejos los observan desde la altura. 





Los siguientes en llegar son los buitres negros. Se dan prisa en llegar ya que prefieren comer sin ser molestados o agobiados por los buitres leonados, pero lo hacen de una manera organizada, comen por orden jerárquico, de mayor a menor importancia. Los leonados comerán las partes internas del animal, las vísceras, dejando los huesos pelados. Si por la zona hubiera alimoches comerían tras los buitres leonados o, si pueden, restos de lo que se les va cayendo, si no comerán lo que les quede de la carne pegada a los huesos. 




Los buitres leonados tienen el cuello pelado como medida de higiene ya que si tuvieran plumas, al introducirse dentro del cuerpo, se les quedarían pegadas bacterias provocando infecciones. Por el contrario el Buitre negro solamente tiene pelada la cabeza al comer partes externas y no meter todo el cuello en el animal muerto, al igual que el Alimoche que tiene pelada la cara. 




Al terminar los buitres leonados y alimoches aparecería, en las zonas que hubiera, el Quebrantahuesos (especie en grave peligro de extinción en España), que como su nombre indica, se alimenta de los huesos que quedan tras la comilona de sus primos. Lo hace cogiéndolos y tras elevarse volando a cierta altura, lanzarlos para que se rompan contra las piedras y así comerlos. 




El Buitre negro en España es una especie incluida en el Listado de Especies Silvestres en Régimen de Protección Especial y tanto en el Catálogo Nacional de Especies Amenazadas (BOE 46, 23/02/2011), como en el Libro Rojo de las Aves de España está catalogada como especie “Vulnerable”.