viernes, 13 de octubre de 2017

Una parada de descanso para un joven viajero. Alcatraz atlántico. "Morus bassanus". Mazcatu.

Un día soleado de la semana pasada en el que predominaba un claro viento del este, cuando recorría la Playa de Bañugues (Gozón-Principado de Asturias) en busca de algún ave limícola a la que poder fotografiar, tuve un inesperado encuentro que en mis múltiples visitas a esta playa nunca había observado allí. Se trataba de un ejemplar de primer invierno (o joven) de Alcatraz atlántico (“Morus bassanus”).




Tras estar observando y fotografiando las evoluciones de varios chorlitejos grandes y de dos correlimos menudos que correteaban por las pequeñas parcelas de arena que se forman entre la zona de roquedo, y las evoluciones de otra pareja de andarrios chicos y de un Archibebe común, que se desplazaban subiendo y bajando de roca en roca en busca de alimento, pude observar algo que se movía entre las rocas y que me llamó poderosamente la atención.




Me encontraba situado a bastante distancia y en principio a simple vista (sin usar los prismáticos), debido a que estaba medio escondido y a su coloración bastante oscura, pensé que podría tratarse de un ejemplar joven de una gaviota grande (G. patiamarilla o G. sombría) que abundan por la zona y que con frecuencia se sitúan entre las rocas a descansar. 




Al poco tiempo de haberlo visto, desapareció y según me fui aproximando a la zona vi aparecer detrás de una roca su redonda cabeza con un largo y potente pico y unos llamativos ojos de color gris azulado. No cabía duda, se trataba de un ejemplar del primer año (o joven) de Alcatraz atlántico, con su característico color chocolate muy oscuro y sin apenas contrastes, en el que se podía apreciar un moteado blanquecino generalizado muy guapo.




La marea seguía subiendo y ante la presencia próxima de un par de buscadores de cebo entre las rocas, el Alcatraz en vez de intentar alzar el vuelo hacia el agua, para mi sorpresa, comenzó a desplazarse entre las rocas de una forma un tanto torpe, dado lo agreste de la zona y su gran envergadura.




Esos torpes y dificultosos movimientos entre las rocas, así como la extrañeza de haberse posado en una zona tan agreste, me hizo inmediatamente pensar en la posibilidad de que estuviera herido o atrapado por algún sedal de pesca, red o plástico, cosa que lamentablemente ocurre con cierta frecuencia en esta y otras especies.




Tras estar observándo sus evoluciones durante un buen rato y examinar detenidamente su anatomía y los movimientos que cada poco hacía, llegue a la conclusión de que afortunadamente, parecía estar sano.




Como se puede apreciar en las fotografías, sus largas alas se desplegaban totalmente y de forma simétrica, realizando frecuentes aleteos. Tampoco le encontré en ninguna parte de su anatomía, heridas o elementos extraños, tipo sedal, red o plástico... que pudieran dificultar sus normales movimientos.  




Hay que tener en cuenta que el Alcatraz atlántico tiene unas alas largas y estrechas que están insertadas muy adelante en el cuerpo, lo que les permite utilizar con eficiencia las corrientes de aire para volar, pero que sin embargo, las tienen relativamente poco desarrolladas en comparación con otras aves. En otras aves el peso de sus alas representa alrededor de un 20% del peso total y en los alcatraces no supera el 13%. Debido a esta circunstancia, los alcatraces precisan un calentamiento previo para poder comenzar a volar.




Además la posición retrasada en el cuerpo de sus cortas y palmeadas patas, les hacen caminar con dificultad (tipo pato), por lo que no pueden coger carrerilla y echar a volar desde un lugar llano.




Normalmente cuando se encuentran posados en el agua, para reiniciar el vuelo, se giran hasta situar su cara al viento y así, tras realizar unos potentes aleteos, conseguir levantar el vuelo.




De lo que si son verdaderos maestros es la de saber planear y aprovechar al máximo las corrientes de aire llegando incluso, en situaciones de poco viento, a aprovechar mientras vuelan, el viento producido por la parte anterior de las olas, de ahí que en sus desplazamientos migratorios los veamos desplazarse prácticamente rozando con sus alas la superficie marina situada entre olas. A este respecto os recomiendo que visitéis la entrada que dedique a la migración de esta especie (enlace) en la que pueden apreciar ese y otros aspectos (picados y zambullidas para pescar, despegues desde el agua, diversos ejemplares de diversas edades en vuelo…).




La presencia de alcatraces en estuarios o zonas costeras, acostumbra a producirse cuando en sus desplazamientos migratorios, se encuentran con algún temporal marítimo importante que se acompañe con fuertes rachas de viento, ambiente frío y un mal estado de la mar. Este hecho lo pude constatar en enero del año pasado y le que dedique una entrada a mi blog (enlace) en el que pude plasmar el disfrute que supuso ver de cerca a varios alcatraces de diferentes edades, evolucionar (alimentándose, posados, en vuelo…) dentro del puerto de El Musel (Gijón).




Pero esa no era la situación del otro día (no hubo temporal), lo cual me hizo pensar que el posible motivo que ocasionara la parada en tierra de este joven alcatraz, pudiera haber sido justamente el contrario, es decir, la presencia de viento flojo del este y olas relativamente altas que, junto con su inexperiencia y la necesidad de realizar un descanso y una reposición de fuerzas, le hiciera desplazarse a tierra y quedar a la espera de la mejora de las condiciones climáticas que favorecieran el reiniciar el vuelo para poder continuar su espectacular viaje.    




Lo que no es infrecuente, es que al tomar tierra en lugares abruptos como el que nos ocupa, se puedan producir heridas en las patas, ya que sus estrechas alas no les permiten realizar buenas maniobras de giro, teniéndose que ayudar con las patas y la cola para conseguir una maniobra correcta. Pero, afortunadamente, tras poderle revisar detenidamente las patas, no parecía que fuera el caso. Por el contrario, en el agua se posan con una sumergida plana. Pocas veces lo hacen extendiendo las patas hacia adelante, como los pelícanos o los cormoranes.




Con lo cual tan solo le quedaba para reiniciar su viaje, la difícil tarea de salir del enjambre de rocas que le rodeaban, y así para poder llegar a la zona donde rompían las olas donde poder alzar de nuevo el vuelo.




Poco a poco se fue aproximando al agua, mientras no cesaba de realizar fuertes movimientos de sus alas, como si de calentar motores se tratara, lo cual me permitió poder observar de cerca su bella anatomía de la que me llamó poderosamente la atención la detallada estructura interna de sus alas, con un plumón muy denso y el solapamiento muy apretado de las plumas.





Los ejemplares adultos de Alcatraz atlántico vienen a tener un peso de entre 3 y 4 kilos. El cuerpo mide entre 87 y 100 cm de longitud y tienen una envergadura de alas de 165 a 180 cm. Las alas, largas y estrechas, miden entre 47 y 53 cm y el pico de 9 a 11 (medido desde la cabeza).





Ni que decir tiene que el poder retratar sus grandes y llamativos ojos fue uno de mis principales objetivos. Como podéis ver en las fotos, tienen el iris de un llamativo color azul claro con tintes gris claro, rodeado por un fino anillo negro y están dirigidos hacia adelante.




Los cuatro dedos de las patas están unidos por una membrana natatoria (forma esteganópoda), al contrario que el resto de las aves acuáticas que sólo suelen tener los tres delanteros. El dedo posterior es fuerte y vuelto cara dentro, lo que les permite agarrarse con seguridad en los cantiles verticales.




Una vez que consiguió, no sin dificultades, abandonar la zona de rocas y llegar a la línea del mar donde rompían pequeñas olas, comenzó a realizar fuertes aleteos, que me hicieron pensar en que su despegue sería inmediato.





Para mi sorpresa, tan solo se limitó a dejarse flotar y nadar contra corriente, sobrepasando transversalmente las pequeñas olas que llegaban, como si de un surfista con su tabla se tratara. Se fue adentrando poco a poco mar adentro hasta que se unió a un pequeño bando de gaviotas que parecían permanecer ancladas en el horizonte marino y donde ya le perdí de vista.




El Alcatraz atlántico es una especie de ave suliforme de la familia “Sulidae” propia del Atlántico norte y el Mediterráneo. Son aves pelágicas que sólo se acercan a tierra para reproducirse, anidar y cuidar a sus crías. Cría en colonias de hasta 32.000 parejas (isla Bonaventure, en la costa sur de Quebec) en ambas orillas del Atlántico norte y realiza migraciones estacionales.




En nuestro país no nidifica, pero es una de las aves marinas más abundantes en migración por las costas atlánticas, pudiéndose observar mejor en los cabos más salientes de las costas cantábricas y atlánticas.




En España el paso posnupcial, se produce (con alguna excepción) desde mediados del mes de agosto hasta finales de noviembre, siendo en octubre cuando podemos ver el mayor número de aves en paso por nuestras costas.




Al principio del periodo migratorio posnupcial, desde agosto y hasta la mitad de septiembre, es habitual que la mayoría de los ejemplares en paso por nuestras costas, sean los alcatraces jóvenes del año acompañados de escasos ejemplares inmaduros y adultos. 





Más tarde, en octubre es cuando podemos ver que la mayoría de los ejemplares en paso son adultos. Acostumbran a acercarse  más a la costa cuanto peor o más duro es el tiempo atmosférico y más concretamente en función de los temporales del noroeste o de los marítimos. En Asturias los días en los que se pueden ver cifras más altas de ejemplares en paso, son los que trascurren con vientos que vienen del Oeste o del Noroeste.




La playa de Bañugues, junto con el Cabo Peñas, la Punta de la Vaca en Luanco y la zona costera del Área recreativa de Moniello (Gozón), son sin duda las tres zonas más interesantes de la zona central de Asturias para la observación de aves migratorias.




Es una playa de fácil acceso, con aguas bastante tranquilas y de unos 400 metros de ancho en el que se alternan extensas zonas de arena en la que abundan restos de algas, con múltiples afloramientos rocosos entre los que se forman cuando bajan las mareas, pequeñas zonas de arena y charcas de agua que tanto gustan recorrer a las aves limícolas.




Cuenta también esta privilegiada playa con otro elemento que hace las delicias de muchas aves limícolas, así como de gaviotas y hasta de un buen grupo de ánades reales residentes fijos de la zona. Me estoy refiriendo a la desembocadura en sus doradas arenas de un pequeño arroyo (Arroyo de Llantada) que se bifurca en pequeños regatos antes de su llegada al mar y que habitualmente utilizan esas aves para beber, alimentarse y darse unos buenos baños de agua dulce, que les permiten desalinizar su plumaje y así mantenerlo en perfectas condiciones para poder seguir sus largos periplos migratorios.




Todos estos aspectos hacen de esta playa un lugar idóneo para la observación de aves, aunque como suele ser habitual, no deja de tener inconvenientes para ese fin como es la frecuente presencia de perros sueltos, deportistas, recolectores de algas y de cebos para la pesca y hasta de algún que otro jinete que gusta de practicar en esa zona.




El Alcatraz atlántico está catalogado en la Lista Roja de la UICN como una especie bajo preocupación menor, por considerar que tiene un área de distribución muy amplia, alejada de los parámetros establecidos para la catalogación como vulnerable, y que el número de individuos es suficientemente amplio y la tendencia demográfica parece aumentar. En España está incluido en el Listado de Especies Silvestres en Régimen de Protección Especial.