viernes, 21 de abril de 2017

La “cometa negra” que utiliza el plástico para ahuyentar a sus rivales. Milano negro. Milvus migrans. Milán prietu.

Como en otros comienzos de la primavera, hace ya unas semanas que podemos disfrutar de los primeros ejemplares de Milano negro que procedentes de sus cuarteles de invierno en el África subsahariana, permanecerán con nosotros hasta agosto-septiembre.




En mi caso particular, estoy acostumbrado a verlos volar con los prismáticos y habitualmente a una considerable distancia exhibiendo un vuelo muy ágil, planeando y realizando frecuentes giros por medio de unos mínimos movimientos de giro o retorcimiento de su peculiar cola, la cual utiliza a modo de timón.




Se les acostumbra a ver elevándose a ciertas alturas aprovechando las corrientes térmicas para conseguir así divisar a sus presas desde la altura, emulando a contraluz a una cometa negra, de ahí la procedencia del significado de su nombre en inglés, “black kite” o “cometa negra”.




Cuando por suerte consigues verlos o fotografiarlos volando pero a corta distancia y con una luz aceptable, es cuando mejor puedes apreciar y valorar su espectacular belleza como acostumbra a ser habitual en todas las aves rapaces en general.




Claro que tampoco está nada mal, si esa cercanía la consigues cuando se encuentran posados en algún árbol, poste o cable y además no huyen y se dejan fotografiar. ¡Preciosa y espectacular ave!




El Milano negro es una rapaz de mediano tamaño que pertenece a la familia de las Accipitridae y género Milvus que miden entre 50 y 60 cm de longitud, pudiendo llegar a tener una envergadura de 130-155 cm y un peso de unos 800 gr los machos y unos 900 gr las hembras. Su expectativa de vida alcanza los 27 años de edad. No existe dimorfismo sexual en esta especie.




Se trata pues de una rapaz con una distintiva silueta de vuelo estilizada, de coloración general bastante oscura (de ahí lo de “negro”) que en la Península Ibérica sólo ofrece confusión con su congénere el Milano real que tiene un aspecto más estilizado y es de mayor tamaño.




La coloración del cuerpo es marrón oscuro con la cabeza y el cuello más claros (grisáceo-blanquecinos) con numerosas plumas largas y delgadas que forman líneas pardas oscuras o negras.




Las alas son largas, estrechas y anguladas y por la parte inferior son muy oscuras, algo rojizas y presentan unas manchas blanquecinas cerca de los extremos que pueden originar confusión con el Milano real, especialmente los inmaduros, cuyas manchas están mucho más marcadas que en los adultos. La zona ventral es algo rojiza y presenta un barreado longitudinal, mientras que las coberteras presentan bordes muy claros.




La espalda y la parte superior de las alas son de color pardo oscuro, pero en muchos ejemplares se aprecian bien los bordes rojizos de algunas plumas.




La cola es grande y también de color pardo grisáceo pero con bandas transversales más oscuras que no son fáciles de ver a no ser a muy corta distancia. Presenta una leve escotadura característica (no visible cuando la cola está desplegada), siendo en el Milano negro menos acusada que en el Milano real.




El pico es de tamaño medio, está curvado hacia abajo en su extremo y tiene forma de gancho. El nacimiento del pico y las comisuras son de color amarillo, el resto del pico es de color negro.




El color de los ojos oscila entre el amarillo claro (adultos), el gris y el marrón oscuro (jóvenes).




Las patas son de color amarillo con las garras negras.




Los jóvenes tienen el plumaje en general más claro que los adultos. Tienen un llamativo estriado claro en la región ventral la cual carece de los tonos rojizos de los adultos, mientras que en la zona dorsal, las coberteras tienen los bordes de color crema claro.




La cola no es tan ahorquillada como en el adulto (incluso a veces no se les aprecia) y en la parte inferior de las alas tienen dos grandes manchas más claras que el resto que pueden originar confusión con el Milano real. Tienen las plumas del capirote y del cuello de color marrón con la punta clara.




El Milano negro es una de las aves de presa más abundantes en Europa, alcanzando una gran densidad en algunos países, entre ellos España. También está presente en, África, Asia y Oceanía.




En España habita la subespecie “migrans”, que ocupa también el resto de Europa. Se distribuye preferentemente por las regiones del norte y el oeste, en particular a lo largo de los valles de los grandes ríos, así como en dehesas de Extremadura, Castilla y León, Aragón y en las zonas bajas de los Pirineos, Cordillera Cantábrica y Sistema Central. No aparece, sin embargo, en gran parte de la franja costera mediterránea, en extensas regiones de Castilla-La Mancha, Andalucía oriental y Sistema Ibérico. Falta por completo en Baleares, Canarias.




El Milano negro es un ave rapaz estival en la Península, al igual que sucede en el resto del contingente europeo. Los individuos reproductores en Europa invernan en África tropical, aunque los ibéricos a veces solo se desplazan hasta Marruecos. El abandono de las zonas de cría se produce a lo largo del mes de agosto, momento en el que los milanos negros se encaminan hacia los estrechos (al de Gibraltar los de la Península Ibérica y al del Bósforo los del resto de Europa) que les faciliten el cruce hasta el continente africano y donde se suelen concentrar un gran número de ejemplares en esa época (entre 40.000 y 60.000 aves).




A este respecto también me parece interesante recordar un interesante estudio publicado en la revista “Nature” en el que por parte española han participado investigadores del CSIC en la Estación Biológica de Doñana y en el que tras realizar el seguimiento de 92 ejemplares de Milano negro de diferentes edades (con transmisores miniatura vía satélite y GPS, incorporados) y durante 364 viajes migratorios, se puso de manifiesto que la habilidad de estas rapaces para migrar, mejora progresivamente con la edad, especialmente durante los primeros siete años de vida.




Su hábitat es sobre todo en áreas no demasiado arboladas como dehesas, pastizales y campiñas donde hay llanuras y árboles. También en riberas de ríos, zonas húmedas, embalses, lagos o lagunas.




Su alimentación es muy variada e incluye desde aves, mamíferos, pequeños roedores, reptiles, anfibios, grandes insectos, moluscos, peces muertos o enfermos y carroña. En general, se puede considerar que tienen una alimentación fundamentalmente carroñera, ya que prefieren comer animales muertos o cazar animales heridos, antes que cazar a los que están sanos.




Tienen un comportamiento bastante gregario ya que se reúnen en grandes dormideros así como para criar y emigrar. También es frecuente verlos en gran número en los alrededores de vertederos de basura, mataderos, muladares, granjas, y en general, cerca de cualquier actividad humana que le pueda proporcionar alimento fácil, como sucede en las carreteras, que el milano patrulla incansablemente a la búsqueda de las víctimas ocasionadas por el tráfico rodado.




Durante el periodo reproductor, emiten un reclamo rápido y aflautado tipo “puiih-uih-i-i-i-i”.




A este respecto quiero hacer mención a una curiosa historia de la mitología. Para ello es fundamental recordar que una de las funciones de la mujer en el antiguo Egipto fue tradicionalmente la de llorar al difunto y por ello las plañideras están presentes en casi todas las representaciones de rituales funerarios. Pues bien, resulta que en la cultura egipcia la imagen arquetípica del duelo es la de la diosa Aset y su hermana Nebet-Het llorando a Wesir, y a estas dos divinidades se la representa con frecuencia plañéndose, a los pies y la cabeza respectivamente, del dios momiforme. Ambas hermanas aparece a menudo arrodilladas en los extremos de los sepulcros y sarcófagos egipcios lamentándose por el fallecido que, tras ser aceptado en el Más Allá, se convertía él mismo en un Wesir.

Las plañideras divinas Nebt-Het (Neftis) y Aset (Isis) como milanos junto a Wesir momificado
Se han conservado muchas estatuillas que representan a las dos diosas arrodilladas en esta posición jeroglífica, que se elaboraban para ser colocadas en los extremos respectivos de los sarcófagos. A estas plañideras divinas se las llama a menudo “djerety” o “los dos milanos”. Según pensaban los egipcios, el milano es un ave de presa parecida a un halcón que frecuenta los cementerios y cuyos penetrantes graznidos recuerdan a los lamentos de las plañideras. En algunas tumbas, Aset y Nebet-Het están representadas como milanos colocados a la cabeza y a los pies de la momia e identificables únicamente por los signos jeroglíficos que portan sobre sus cabezas.

Neftis e Isis que guardan el cuerpo de Osiris
Retomando el tema, decir que el Milano negro tras pasar la invernada en Marruecos o el África tropical, es el macho quien regresa primero para tomar posesión del territorio mientras llega la hembra. Una vez que se establecen en una zona de reproducción es frecuente verlos realizando un cortejo muy espectacular con vuelos rápidos a gran altura, descensos en picado y sobre todo vuelos uno contra otro que frenan en el mismo momento del choque, extendiendo las garras hacia adelante. También el macho con frecuencia da vueltas en el aire, dirigiendo las patas hacia arriba hasta tocar a las de la hembra que vuela sobre él.




La reproducción se desarrolla entre abril y julio, si bien varía mucho dependiendo de la zona de España. En las primeras semanas de abril se produce en el Centro y Sur de España y algo más tarde, a finales de abril, más al Norte.




Elige para anidar preferentemente grandes coníferas, aunque también los hace en otras especies arbóreas como alcornoques, encinas o robles y siempre en lugares donde los nidos son muy difícilmente expoliables. Los nidos no son muy grandes cuando están construidos por primera vez, no teniendo generalmente más de 45 a 50 cm de diámetro, pero sí una copa bastante profunda y bien arreglada. En otras ocasiones aprovechan los nidos abandonados de los córvidos o los de otras rapaces.




Habitualmente corre a cargo del macho el arreglo del nido que acostumbra a ser usado año tras año, y que es una tosca construcción de palos situada en la horquilla principal del árbol o en una gran rama, a la que añade una variopinta colección de plásticos, papeles y otros restos, en general de colores llamativos.




A este respecto quiero recordar un interesante estudio publicado hace unos pocos años en la revista Science que fue el primero en constatar el uso de señales externas al cuerpo de un animal en un contexto no reproductivo. La investigación se llevó a cabo por el Consejo Superior de Investigaciones Científicas (CSIC) y mediante el seguimiento de esta especie en más de 150 nidos del Parque Nacional de Doñana. El estudio puso de manifiesto que el Milano negro decora su nido con desechos plásticos para mostrar su fuerza e indicar a otras aves sus capacidades de lucha, la calidad de su territorio y su propensión al conflicto físico a modo de señal de “prohibido el paso”. Los propietarios evitan así la intrusión de otros milanos más jóvenes, que buscan robar comida o apropiarse de la zona.

Imagen del CSIC
Según los resultados del estudio, en estas aves el uso de los residuos decorativos asciende desde el nacimiento hasta alcanzar su máximo (con un nivel de decoración del 50%) entre los 10 y los 12 años, franja de edad en la que el Milano negro alcanza su máximo éxito reproductor y su mayor capacidad de defensa frente a ataques. A partir de esas edades (10 y los 12 años) su uso comienza a disminuir paulatinamente. Es decir, los resultados demuestran que un mayor uso de decoración está relacionado con la mayor calidad del ejemplar propietario del nido.

Imagen del CSIC
Para el biólogo del CSIC Julio Blas, uno de los responsables de la investigación, este comportamiento podría compararse con los códigos de color usados en los cinturones en artes marciales, que también varían en función de las capacidades del individuo: “El portador de un cinturón blanco no intentaría enfrentarse a uno negro y ambos se benefician del uso de estos códigos, ya que el buen luchador no pierde su tiempo y el inexperto no sufre lesiones”.

Imagen del CSIC
Los investigadores comprobaron que los nidos más decorados sufren un 10% menos de ataques invasivos, lo que confirma que el significado prohibitivo de la señal es aceptado por toda la comunidad. Además, constataron que la especie “siente predilección” por los desechos plásticos de color blanco, lo que puede deberse a una mayor durabilidad y a la gran visibilidad del blanco, que permite ser detectado desde muy lejos y facilita la resolución de conflictos desde la distancia.

Imagen del CSIC
La puesta consta normalmente de uno a cinco huevos, que tardan alrededor de un mes en eclosionar, incubados únicamente por la hembra mientras el macho se ocupa del aporte de alimento y de la defensa del territorio. Los pollos son criados durante unos 30-35 días, tras los cuales abandonan el nido. No obstante, los padres continúan ocupándose de los jóvenes durante varias semanas más.




Las principales amenazas que padece el Milano negro son el uso ilegal de veneno dada su alimentación carroñera, al que la especie resulta muy sensible, así como los accidentes en tendidos eléctricos y la persecución directa.




Al Milano negro se le incluye en el Libro Rojo de las aves de España como “Casi amenazado” y aparece calificado como “De interés especial” en el Catálogo Nacional de Especies Amenazadas.