jueves, 19 de enero de 2017

El baño de la Gaviota cabecinegra. Gaviota cabecinegra. Larus melanocephalus. Gaviota tiesta prieta.

He de reconocer que de las muchas y muy variadas especies de gaviotas que habitualmente visitan nuestro país, la que tal vez me parezca más bella, es la Gaviota cabecinegra.





Tal vez por el hecho de ser bastante frecuente y estar acostumbrados a verla en nuestras costas, no valoremos en su justa medida la belleza que exhibe habitualmente esta gaviota, tanto con la uniformidad y sencillez de sus galas invernales, como con sus conspicuas galas estivales, donde pone toda la carne en el asador para seducir a su potencial pareja, presentando su típica caperuza negra y el pico y patas de un rojo encendido, que contrastan notablemente sobre el blanco puro de sus alas.





De esas galas estivales y de las principales características de esta gaviota, ya en primavera del año anterior le dedique una entrada, que os invito a ver en este enlace.





En esta época invernal el plumaje de las dos protagonistas de esta entrada varía sustancialmente. Una de ellas, la de segundo invierno, presenta un manto ligeramente grisáceo que contrasta levemente con el blanco níveo del resto de su cuerpo, cosa que a mi particularmente, me parece de una gran elegancia, en especial cuando lo exhibe con las plumas algo ahuecadas, como se puede apreciar en las siguientes imágenes. Las patas y el pico son de color rojo más apagado que en la época estival.





La otra, la de primer invierno, se diferencia claramente de la anterior por presentar la banda carpal de color pardo con ribeteado claro y una banda terminal negra en la cola. El pico es bicolor con la base más clara y la punta y las patas oscuras.





A esas elegantes vestimentas, en ambos casos le tenemos que añadir un exquisito “maquillaje” del contorno de sus ojos, a modo de máscara de “Rímel” y el llamativo colorido de su pico que, a mí particularmente me recuerda a los labios perfilados de una vedette o de una geisha, en especial en su visión frontal como aparece en estas fotografías. Bueno, tal vez todo esto sea fruto de la imaginación calenturienta de uno, lo dejo a vuestra valoración.





Pero claro, como os podéis imaginar, semejante belleza no se consigue así como así, sino que hay que “currarsela” día a día y para ello es fundamental dedicar cotidianamente un buen rato a una de las funciones básicas para la supervivencia de cualquier ave, como es el baño y la cuidadosa higiene y mantenimiento de su plumaje.





Tan importante como su adecuada alimentación, las aves en general necesitan bañarse frecuentemente para mantener el plumaje limpio y sano, de la misma manera que cualquier ser humano lo necesita para prevenir enfermedades y tener una piel y un pelo lo suficientemente saludable.





Pero además, el baño y la correspondiente higiene de su plumaje le dan al ave otras importantes ventajas como es la de proporcionarle una belleza que le resultara fundamental para conseguir, llegado el momento, atraer al sexo contrario y poder aparearse con las mejores parejas. Un ave que no siga estos hábitos, tendrá un aspecto deplorable y además de estar condenada a enfermar, recibirá casi seguro el rechazo por parte del sexo contrario, lo que le imposibilitaría para realizar sus cortejos de apareamiento.





Además, el baño mantendrá en las mejores condiciones el plumaje del ave lo cual mejorara el vuelo, le servirá para mantener una temperatura corporal adecuada y para proteger su piel de los rayos ultravioletas que irradia el sol.





En el caso particular de las gaviotas, el baño resulta fundamental para eliminar el salitre que van acumulando en sus plumas y cuerpo, para lo cual es fundamental no limitarse a una simple sacudida de alas, sino realizar varias inmersiones de todo su cuerpo en agua dulce, acompañadas de vigorosas sacudidas de su plumaje en el interior del agua, para lo cual deben adoptar unas curiosas y retorcidas posturas.





Es precisamente cuando visiono esas imágenes tranquila y detenidamente en el ordenador, cuando me doy cuenta de las ventajas que tiene el practicar la fotografía de aves, ya que además de poder estar observando su evolución en vivo y en su entorno natural, nos permite “a posteriori” inmortalizar esos momentos y poderlos rememorar más tarde.





Además, estaremos de acuerdo en que la fotografía nos va a permitir apreciar con mucho más lujo de detalles, ciertos aspectos morfológicos y del comportamiento del ave que difícilmente podremos captar en vivo. 





Estas ventajas serán mayores si de lo que se trata es de captar movimientos, ya que debido a la rapidez con que muchos de ellos se desarrollan, a simple vista no nos da tiempo suficiente para poderlos captar, cosa que no ocurre cuando eres capaz de congelarlos adecuadamente con la imagen, lo que te permitirá verlos con detalle y disfrutar plenamente de esas imágenes que de otra manera pasarían prácticamente desapercibidas.





Desde mi punto de vista, esto es lo que me ha ocurrido al fotografiar el baño de la Gaviota cabecinegra, ya que me ha permitido valorar aún más si cabe, la belleza de esta especie y su gran fotogenia que se pone de manifiesto en las diversos planos y posturas que adopta a la hora de realizar esta importante actividad cotidiana.





Un buen aliado para conseguir unas imágenes adecuadas, es la complicidad de un día soleado, con buena luz y un entorno que resulte cómodo tanto para la protagonista, la gaviota, como para el fotógrafo y para ello, mi lugar idóneo fue la desembocadura del rio Piles en la playa de San Lorenzo de Gijón, donde recientemente pude realizar este reportaje y en donde a diario podemos disfrutar de ese bonito espectáculo. Además en ese lugar, que desde hace tiempo constituye un auténtico referente para los aficionados al pajareo de Gijón y de todo Asturias, podemos encontrar en la actualidad a un buen número de ejemplares de esa y otras especies, incluidas otras mucho más “raras” como es el caso de la Gaviota cáspica, o la Gaviota cana, que estos días frecuentan esa zona. 





Retomando el tema que me ocupa en esta entrada, añadir que el baño de las aves les va a permitir en otras ocasiones, que no son precisamente las invernales, combatir el calor que a veces se hace sofocante y que al igual que a los humanos, les proporciona un gran placer y que a semejanza nuestra, no es infrecuente verlas “cantar” mientras efectúan esa actividad y estiran sus alas.





Que el baño supone un gran disfrute a la gaviota, parece bastante indudable y se pone de manifiesto al observar el poder de atracción que desencadena en otras gaviotas, ya que a los pocos minutos acostumbran a aparecer otro buen número de ejemplares de esa u otra especie a compartir dicha actividad, formando en ocasiones una curiosa coreografía acuática.





Y digo acertadamente coreografía, porque es eso precisamente, el baile de una bailarina de ballet, lo que me evoca el ver ciertas posturas que a lo largo del ceremonial del baño van adoptando nuestras protagonistas.





También, a imagen y semejanza de cómo lo hacemos los seres humanos, la actividad del baño en nuestras gaviotas, conlleva varias fases en su desarrollo. La primera de todas es realizar un primer contacto, en este caso con el agua dulce, introduciendo primero la cabeza y el cuello en unos escasos centímetros de agua levantándolos velozmente, para más adelante continuar sumergiendo poco a poco el resto de las plumas y el plumón de todo su cuerpo en general.





Posteriormente esas inmersiones se hacen con más profundidad y se deben acompañar de un potente y repetitivo chapoteo de las alas, para que el agua les salpique completamente el cuerpo, así como la adopción de una serie de posturas un tanto “retorcidas” que faciliten la penetración de esa agua dulce en todas las partes externas de su cuerpo.





Más adelante, se procederá al que podríamos denominar “secado y centrifugado” de las alas principales, para lo cual elevaran el máximo de su cuerpo sobre la superficie del agua, como si levitasen, y se procederá a un batido intenso de las alas extendidas en su máxima amplitud.





A continuación, se procederá al acicalamiento y “peinado” de cada una de sus plumas por separado para eliminar impurezas o los posibles parásitos que a esas alturas aún persistan y para lo cual se retirarán a un lugar seguro y seco (roca, rama, arena, etc) y utilizarán minuciosamente su pico.





Ya por último y coincidiendo con ese minucioso “peinado” pluma a pluma, se procederá a distribuir y extender el aceite protector que segrega una glándula (glándula uropígea) que la mayoría de las aves poseen cerca de la base de la cola. Para ello comprimirán con su cabeza y pico esa glándula que a través de una protuberancia, similar a un pezón o conducto sebáceo, segregará un aceite de acicalamiento que está compuesto principalmente de ceras de diester llamadas uropigioles y que luego distribuirán por sus plumas y por el resto de su cuerpo. 





Esta glándula uropígea (conocida más informalmente como glándula del acicalamiento) que está especialmente desarrollada en la mayoría de las aves acuáticas (en especial en los patos), segrega esos uropigioles que tienen un efecto repelente del agua (son hidrofóbicos) y al parecer también pueden tener un efecto de proporcionar carga electrostática que recibiría la pluma aceitada al ser frotada en el acicalamiento.





A modo de curiosidad y como decía anteriormente, no todas las aves tienen glándula uropígea, entre las excepciones se encuentran el Emú, el Avestruz y la Avutarda. Estas generalmente encuentran otros medios para mantenerse limpias y secas, como el tomar “baños de tierra o polvo” al igual que hacen los gorriones comunes, perdices y codornices para desparasitarse y suavizar su plumaje. 





Otra variante de los denominados “baños de tierra” son los que realizan algunas especies que utilizan el barro como desparasitador, caso de los verderones o de grandes alados como el Quebrantahuesos, que además de suponerle un método de aseo, le proporciona su coloración característica.





Hablando de los baños de las aves, tampoco podemos olvidarnos de los denominados “baños de sol” que son todo un clásico en el caso de los cormoranes o del Buitre leonado, para lo cual abren completamente sus alas y cola, de manera peculiar para que el sol llegue hasta la piel, sirviendo para secarse y calentarse de forma rápida. 





Para acabar con este tema, mencionar otro método de limpieza que utilizan ciertas aves, que es el denominado “baño de hormigas”. Consiste en tumbarse encima de ciertos hormigueros, para que las hormigas al sentirse atacadas lancen ácido fórmico sobre las plumas de esas aves proporcionándoles así una hipotética función insecticida, garrapaticida, fungicidas o bactericida, aunque esta teorías no han podido confirmarse.





El baño de hormigas es un comportamiento observado en más de 250 especies de aves entre los que podemos incluir a los estorninos y tejedores, así como otras aves de zonas tropicales y subtropicales de Asia, África y Australia. En otros casos (arrendajos comunes, cuervos, urracas) se acuestan sobre los hormigueros y se revuelcan en ellos para que las hormigas se suban sobre ellos, para atraparlos como comida o las mastican, luego las escupen y se frotan las plumas con ellas. También se piensa que de esa manera consiguen que las hormigas “viajen” entre las plumas en busca de piojos, pulgones o pulgas para atraparlos como comida.