viernes, 1 de septiembre de 2017

Un ave alpina con un curioso modelo de reproducción. Acentor alpino (Prunella collaris). Neverin.

Aprovechando los escasos días de bonanza climatológica y de temperaturas elevadas que este verano estamos teniendo en Asturias y huyendo de la gran masificación de nativos y foráneos que se produce en sus localidades costeras, he aprovechado para subir a la montaña y en concreto al Parque Natural de Las Ubiñas - La Mesa ubicado en la zona meridional de Asturias, limitando al sur con la provincia de León y que ocupa parte de los concejos de Lena, Quirós y Teverga.




Para mi esta zona de montaña es una de mis preferidas por su gran belleza, su fácil acceso y proximidad (área central de Asturias) y donde en otras ocasiones he podido disfrutar observando y fotografiando un buen puñado de especies propias de la alta montaña, como son el Gorrión alpino, el escaso Treparriscos, el Bisbita alpino, la Collalba gris, el Roquero rojo, los Escribanos cerillo, soteño, hortelano y montesino, así como abundantes Chovas piquirrojas y piquigualdas, Buitres leonados, Alimoche, Cernícalo vulgar y también Culebrera europea, entre otras.


Para los que no conocéis la zona informaros que hay que subir el Puerto de la Cubilla (1.689 msnm), también conocido como el Alto del Palo, Puerto Pinos o Puerto de Mieres (en la carretera de Campomanes-Tuiza) y al llegar arriba (en la portilla) lo mejor es dejar allí el coche y tomar una pista ganadera que sale a la izquierda y que va hacia los Puertos de La Ballota hasta la primera majada (La Meruxal de Arriba) a pie del pico de La Mesa (1.918 msnm). Otra alternativa es ascender por el Cordal de La Ballota, a los picos de La Almagrera (1.933 msnm), La Mesa y si se quiere llegar hasta el Peñon Vil.Lalampo o Vachalampo (1.868 msnm), el Cantu Las Planas (1.856 msnm) y La Tesa (1.898. msnm).


Desde cualquiera de las cimas de estos picos podremos disfrutar del maravilloso paisaje que nos ofrece el macizo de Peñaubiña y sus cumbres circundantes, así como el impresionante valle de Tuiza. También podemos observar (hacia el sur) los Puertos de La Bachota, la zona de Pajares, la Sierra del Aramo y, como no, el Valle del Huerna.


Pero entrando en materia “pajaril”, en esta visita he tenido la fortuna de poder realizar un extenso reportaje fotográfico a un pájaro característico de la alta montaña al que hasta ahora no le había dedicado ninguna entrada en mi blog, me estoy refiriendo al Acentor alpino (“Prunnella collaris”), conocido en Asturias como “Neverin”.




Se trata de una especie fácil de encontrar en la alta montaña y con un comportamiento bastante tranquilo y confiado con la presencia humana, siendo relativamente frecuente poderles observar en las estaciones de esquí y refugios de montaña a donde acuden en busca de alimento, al igual que lo hacen otras aves alpinas vecinas suyas, como el Gorrión alpino, el Bisbita alpino o las chovas, entre otras. A este respecto, decir que en más de una ocasión han sido ellos los que me han encontrado a mí, sorprendiéndome con su característico canto posados en algún alto a escasos metros de mi posición.




No es la primera vez que he tenido la oportunidad de observar y fotografiar a esta especie que acostumbra a permanecer largos periodos de tiempo en el suelo, desplazándose andando de un lugar a otro cerca del lugar donde me encontraba, y realizando continuas paradas en los puntos más elevados de las rocas calizas tan abundantes en esta zona. Tan sólo de cuando en cuando, remontaban el vuelo realizando desplazamientos muy cortos de un lado a otro, pero dentro de un perímetro reducido desde el lugar que yo iba ocupando.




Evidentemente, este comportamiento suponía una verdadera gozada para poderles realizar un buen reportaje fotográfico, ya que además, las condiciones de luz eran muy buenas. El único y principal inconveniente, y no era pequeño, consistía en mantener el equilibrio y el pulso para poderles fotografiar, ya que se encontraban en una escarpada ladera con abundantes obstáculos por los que tenía que desplazarme con mochila, prismáticos y equipo fotográfico a cuestas.




Pero a diferencia de otras ocasiones, en esta salida he tenido como agradable novedad la presencia de dos ejemplares juveniles, que al igual que los adultos, se dejaban fotografiar a placer en los puntos más elevados de la cima de La Almagrera.




En principio sólo descubrí a uno, ya que no cesaba de piar reclamando posiblemente la presencia de alguno de sus progenitores, para que le proporcionara algo de alimento.




El lugar donde se encontraba no era nada fácil de acceder ya que estaba en un grupo de rocas que se encontraban al borde de un pronunciadísimo acantilado, desde donde se accede al majestuoso valle de Tuiza, con el impresionante macizo de Peñaubiña de fondo.


Era como una frontera natural a la que si intentabas aproximarte corrías el claro peligro de ser tú mismo el que emprendieras el vuelo en caída libre, así que mejor ni intentarlo.


No habían trascurrido muchos minutos, cuando me volví a sorprender ante la presencia a escasos metros, de un segundo juvenil que no perdía de vista las evoluciones de su hermano y las propias mías.




Posteriormente terminó desplazándose hasta la atalaya desde donde su hermano seguía reclamando posiblemente la presencia de sus padres, para que le suministraran algo que echarse al buche.




Pronto empezaron las escaramuzas entre hermanos para conseguir “conquistar” tan valiosa posición de avituallamiento y no tener competencia.




El Acentor alpino (“Prunnella collaris”) pertenece a la familia de los prunélidos (“Prunellidae”) que son una familia de aves paseriformes conocidas vulgarmente como acentores. Son endémicos de la región biogeográfica paleártica y en ellos se han llegado a reconocer varias especies, de las que en nuestro país podemos disfrutar tan solo de dos de ellas: “Prunella collaris” o Acentor alpino y “Prunella modularis” o Acentor común.




Estamos hablando de una paseriforme robusta de tamaño mediano (algo mayor que el Acentor común), que vienen a tener una longitud aproximada de unos 17 cm de longitud, con una envergadura que puede llegar a los 33 cm. Su peso puede llegar a los 40 gr. Se estima que su longevidad puede llegar hasta los cinco años. No existe dimorfismo sexual en esta especie.




Tienen las partes superiores de color pardo grisáceo con algunas listas de color negro, mientras que los flancos y el vientre son de color castaño rojizo, con estrías blanquecinas.




Las alas tienen las coberteras mayores y las pequeñas de color negro con unas motas blancas en su extremo, que llegan a formar dos tenues bandas alares blancas. Estas bandas o franjas se aprecian bien cuando los vemos en vuelo. Por su parte, las plumas primarias y secundarias son de color marrón oscuro.




Con el plumaje nuevo una vez mudado, presentan un promiscuo collar blanquecino, con abundantes motas de color negro o marrón oscuro, que va desapareciendo según avanza la temporada estival hasta adquirir, tanto la garganta como el pecho, un color gris plomizo o pardo grisáceo.




La cola es medianamente larga y de color marrón con puntas pálidas en las rectrices, que se aprecian mejor cuando las vemos por debajo.




La cabeza es de color gris plomizo o pardo grisáceo.




Tienen el iris de los ojos de color marrón rojizo oscuro y están bordeados por un fino anillo periocular blanquecino.




Otra característica destacada de esta especie es su pequeño, fino y puntiagudo pico, que tiene la mandíbula superior de color negro excepto en su base que es de color amarillento, al igual que la mandíbula inferior, excepto en el extremo que es de color negro.




Las patas son muy robustas y de color carne algo anaranjado. 




En cuanto a los jóvenes comentar que se parecen bastante a los adultos pero con el pecho de color más parduzco en vez de grisáceo. 




Los jóvenes del año no presentan la garganta blanca moteada hasta bien entrado el otoño.




Las partes inferiores y los flancos tienen mayor superficie de color rojizo que en los adultos.




Los más jóvenes tienen el pico de color naranja con dos manchas negras ovales en la base de la lengua.




El vuelo del Acentor alpino es rápido, de cortos recorridos y algo ondulante, pero su actitud es bastante terrestre, saltando de piedra en piedra en busca de insectos con los que alimentarse.




Su agradable canto consiste en un trino variado, burbujeante y crujiente que emite tanto en vuelo como desde una posición destacada. Al levantar el vuelo emite uno reclamos retumbantes parecidos a los de la alondra tipo “drru-drru-druip” o “tschirr”, así como un chasquido parecido al de la tarabilla.




Esta especie está distribuida por los principales sistemas montañosos de Europa, Asia y del norte de África (cordillera del Atlas).


En nuestro país son residentes habituales de las zonas alpinas y subalpinas (a altitudes superiores a 1.300 msnm) de las principales cordilleras, en especial en los Pirineos, Picos de Europa y Sierra Nevada, pero cría también en otros sectores de la Cordillera Cantábrica, el Sistema Central (Guadarrama, Gredos), el Sistema Ibérico y el Penibético, siendo más escaso en el Sistema Bético. Puntualmente pueden llegar a invernar en Ceuta y en las islas Baleares. 


Habitualmente, durante el periodo invernal abandonan las cotas más altas y se desplazan hacia otras de menor altura, por debajo de la línea de nieve. Parte de la población europea también acostumbra a realizar movimientos migratorios moderados a países del sur de Europa o incluso al norte de África. La migración otoñal tiene lugar en octubre, y el regreso a los territorios de cría se produce en abril.




Sus hábitats se encuentran en las laderas rocosas y prados de alta montaña situados entre los neveros permanentes del área alpina y subalpina; también pueden habitar en zonas con manchas de vegetación con praderas o matorrales de piornos o enebros rastreros, junto a los pueblos de alta montaña. Acostumbran a acercarse a refugios de montaña y estaciones de esquí para buscar alimento, mostrándose muy confiados ante la presencia humana en estas áreas. En España cría entre los 1.800 y los 3.480 m de altitud, pero como ya comenté anteriormente, en invierno pueden desplazarse a zonas más bajas.




Su dieta se compone fundamentalmente de insectos y sus larvas, arácnidos, gusanos y pequeños invertebrados que capturan en el suelo (no se alimentan en vuelo) o entre la nieve; también comen, especialmente durante el invierno, semillas, bayas y piñones, así como los restos de comida dejados por las personas en las estaciones de esquí y en los refugios de montaña. 




El periodo reproductivo lo realizan entre los meses de mayo y agosto, pudiendo llegar a efectuar dos puestas al año.




Es frecuente que un macho de Acentor alpino se aparee con varias hembras (poliginia). Los machos son muy territoriales (defienden su territorio cantando) y pueden entrar en conflicto con otras aves que invaden los territorios de cría.




En ocasiones varios machos de Acentor alpino comparten un territorio y en esos casos siempre existe una jerarquía de dominancia estricta que conlleva la figura del macho alfa (los más viejos), sin embargo, esta dominación social no se traduce en beneficios para el macho alfa en términos de reproducción, ya que la paternidad suele ser compartida por igual entre los varones del grupo. Por el contrario, los rangos territoriales de las hembras, no los suelen compartir, siendo casi siempre exclusivos, sin embargo, a veces, varios machos cooperan para defender un solo territorio que contenga varias hembras. A modo de curiosidad, decir que tardan sólo una décima de segundo en copular y pueden aparearse más de 100 veces al día.




También es frecuente que una hembra se aparee con varios machos a la vez (poliandria), conducta que es absolutamente rara entre pájaros y que al parecer depende de la disponibilidad de alimentos (o de territorio) que tenga la hembra.




Cuando la disponibilidad de alimentos es mayor, las hembras adoptan un territorio más reducido, con lo cual los varones pueden monopolizar más fácilmente a las hembras. En esa situación existirá un alto éxito reproductivo para los machos y un éxito relativamente menor para las hembras.




Por el contrario, en épocas de escasez, los territorios femeninos se expanden para acomodar la falta de recursos, haciendo que los varones tengan más dificultades para monopolizar a las hembras, con lo cual en este caso, las hembras obtendrán una ventaja reproductiva sobre los machos y adoptan un modelo de reproducción poliandrico, copulando con dos o más machos a la vez. En esas circunstancias, los machos alfa tratarán de asegurar la inseminación exitosa picoteando en la cloaca de la hembra, para obligarla a expulsar cualquier esperma masculino rival.




Por lo tanto, el sistema de apareamiento del Acentor alpino puede ser cambiado en función de la disponibilidad de alimentos que tengan las hembras, pasando de uno que favorece el éxito femenino (poliandria: una hembra con más de un macho), a uno que promueve el éxito masculino; monogamia (un macho con una hembra), poliginandria (grupo de machos que comparte sexualmente al grupo de hembras), o poliginia (un macho con varias hembras).




En cualquier caso, ambos, macho y hembra, aportan material para construir el nido a base de raíces, tallos, hojas, hierbas, líquenes y musgo que después tapizan con plumas y pelos. Lo sitúan entre las rocas del suelo o en las grietas y agujeros de las paredes rocosas o de las construcciones humanas. La puesta se compone de 2-6 huevos y la incubación es llevada a cabo por los dos progenitores, teniendo una duración de unas dos semanas, aproximadamente. Las crías abandonan el nido cuando tienen unos 16-18 días de edad, aunque permanecen entre las piedras donde siguen siendo cebados por los padres algunos días más, no volando antes de los 21-23 días, hasta ser independientes. 




Debido al posible sistema de apareamiento múltiple de las hembras (poliandria), por medio de estudios del ADN, se ha podido comprobar que dentro de una misma puesta, a menudo los polluelos tienen padres diferentes, dependiendo del éxito de los machos al monopolizar a la hembra.




En los territorios en los que las hembras son capaces de escapar de los machos, los machos alfa y beta comparten el aprovisionamiento de alimentos por igual. Este último sistema representa el mejor escenario para las mujeres, ya que ayuda a asegurar la máxima atención y el éxito de los jóvenes.




Afortunadamente, el Acentor alpino en la actualidad no presenta problemas de conservación para la especie, dado que el tipo de hábitat que frecuenta apenas está humanizado, pero, al igual que ocurre con muchas otras especies, el cambio climático podría suponer una amenaza potencial a medio plazo. Está especie incluida en la “Lista de Especies Silvestres en Régimen de Protección Especial”.

3 comentarios:

  1. Enhorabuena. Preciosa y didáctica entrada con abundantes y excelentes fotografías. Un saludo.

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  2. Como en todos las entradas de este blog, siempre me engancho con la calidad de las fotos y la cuidada descripción de cada especie. Sigue así. Saludos

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