sábado, 15 de octubre de 2022

Un gran año para la observación de un ave con múltiples singularidades y curiosidades. Cuco común. (Cuculus canorus).

Sin lugar a dudas la pasada migración postnupcial ha sido excepcional en cuanto al número de avistamientos de ejemplares jóvenes de Cuco común (Cuculus canorus) que hemos podido disfrutar en los prados del litoral costero de Asturias.



En mi caso concreto, las principales observaciones las pude conseguir en el concejo de Gozón (Cabo Peñas y Cabo Negro) en donde pude localizar a más de media docena de diferentes ejemplares (con plumajes distintos) a finales del mes de julio y primeros días del mes de agosto.



Cómo se puede apreciar en las fotografías, en el caso de los jóvenes, algunos tienen las partes superiores con un denso listado castaño rojizo o pardo negruzco, mientras que otros las tienen de color grisáceo.



Eso me permitió conseguir realizar un amplio reportaje fotográfico de ésta peculiar especie que me va a servir para acompañar a la descripción de las muchas y muy variadas peculiaridades de estas increíbles aves.



Mientras que los ejemplares adultos en esas fechas ya han vuelto a sus lugares de invernada en el África subtropical y meridional, esos ejemplares jóvenes hacen un alto para alimentarse de una gran cantidad de orugas que encuentran con una gran habilidad entre la hierba alta de esos prados y que les permiten reponer fuerzas para completar su migración.



A la hora de comenzar a hablar del Cuco común la inmensa mayoría de la población no experta en la materia ornitológica lo reconoce por su más que conocido trino (“cu-cu”), pero muy pocos serían capaces de identificarlo por su aspecto dado que se trata de un ave de carácter muy retraído y esquivo que le hace permanecer la mayor parte del tiempo oculto, de ahí que desde siempre se le haya considerado como un ave que es más oída que vista.



A este respecto, he de reconocer que desde hace tiempo, con la llegada de la primavera, he perseguido una y otra vez el inconfundible canto del Cuco común con la intención de poderle observar y, a ser posible fotografiar, en plena faena emitiendo su peculiar reclamo en lo más alto de los árboles.



Una tarea que a mi particularmente me había supuesto una gran frustración, pero que hace unos años pude sacarme esa espinita y se me logró poder obtener alguna que otra foto testimonial de un Cuco común emitiendo su peculiar canto en lo más alto de un árbol seco sin que descubriera mi presencia, cosa que por la experiencia acumulada al respecto, es motivo más que suficiente para abandonar de inmediato esa tarea y volar a otra percha sin observadores inoportunos.



Los pocos minutos que lo pude observar a través del visor de mi cámara de fotos, me llamó la atención ver cómo inflaba la garganta y parte del pecho para emitir sus cánticos, recordándome la forma de como lo hacen las palomas o las tórtolas cuando emiten sus arrullos.



Un cambio muy significativo de su fisonomía en comparación a cuando paraba de cantar, como podéis observar en estas testimoniales fotografías que me parece interesante compartir en ésta entrada del blog.



Habitualmente llegan a nuestras tierras durante el mes de marzo, al comienzo de la primavera, cuando los árboles comienzan a cubrirse de hojas y les permiten permanecer ocultos; en esta primera época cantan macho y hembra, particularmente el primero. A partir del mes de julio los ejemplares adultos dejan de cantar e inician su migración al continente africano.



La verdad es que fotografiar a los diversos ejemplares jóvenes que he podido localizar el pasado verano, no me ha resultado demasiado difícil ya que, a diferencia con los ejemplares adultos, no paraban de moverse de un lado para el otro de los prados que recientemente habían sido segados y donde se estaba poniendo “morados” a base de orugas.



Observándoles durante largo tiempo, he de reconocer que no conseguí comprender como eran capaces, moviéndose simplemente a ras de los prados, de localizar la cantidad de orugas que conseguían una y otra vez, y que yo, caminando por los alrededores de esas zonas, era incapaz de encontrar ni siquiera una.




Acostumbraban a realizar unos pequeños vuelos, casi a ras del suelo, para caer con las alas desplegadas sobre una nueva oruga que engullían sobre la marcha, una y otra vez.




En otras muchas ocasiones se les podía observar descansando en lo alto de los muchos rulos de hierba seca que en esa época se podían encontrar por los prados.



Estaban tan atareados alimentándose continuamente que, en la mayoría de los casos, se mostraban sumamente confiados con la cercana presencia humana moviéndose en zonas bastante transitadas por caminantes, bicicletas y hasta algún vehículo rodado. Nada que ver con lo desconfiados y esquivos cucos adultos a los que yo había seguido tras escuchar sus cantos.



Realizar una revisión de las principales características de esta peculiar ave, como suele ser costumbre en mis entradas al blog, resulta sumamente complicado, ya que son tantas las peculiaridades que se pueden contar de esta curiosa ave, que poderlas resumir en una sola entrada, no es tarea nada fácil. No obstante lo voy a intentar y revisar las que a mí me parecen más interesantes.



El Cuco común (Cuculus canorus) es un ave “Cuculiforme”, perteneciente a la familia “Cuculidae” que en nuestro país está también representada por el Críalo europeo (Clamator glandarius), una especie a la que recientemente dedique una entrada al blog tras tener un encuentro en una zona muy próxima a las que ahora he podido ver a los cucos.


Críalo europeo (Clamator glandarius). !3/08/2022 Cabo Negro (Gozón)

El origen del nombre de su género, “Cuculus”, proviene de la palabra latina que significa “cuco”, y es de origen onomatopéyico por el “cu-cu” de su canto, y también es de donde procede su nombre común en español. Por su parte la denominación de su especie como “canorus”, también es de etimología latina y significa “melodioso”.



Se trata de un ave de tamaño medio que vienen a tener una longitud de unos 32-36 cm, de los cuales 13-15 corresponden a la cola, y una envergadura de hasta los 60 cm. En esta especie existe dimorfismo sexual. Se reconocen cuatro subespecies de Cuco común de las cuales la C. c. bangsi ocupa la península Ibérica, las islas Baleares y el noroeste de África.



En el caso de los machos adultos presentan el dorso de un color gris plomizo liso que se vuelve un poco más claro en la cabeza y el cuello.



Las partes ventrales y los flancos son de color blanquecino y están profusamente barradas de finas líneas horizontales oscuras, lo que les hace asemejarse bastante a las que presenta el temido Gavilán común (Accipiter nisus).



Las alas son puntiagudas y también son de color gris plomizo con la excepción de las plumas primarias y secundarias que presentan tintes pardos con un denso moteado blanco.



La cola es bastante larga, midiendo casi la mitad de la longitud total del ave, y tiene una forma redondeada. Es de color gris oscuro (pizarroso) con manchas graduadas blancas y con las puntas también de color blanco.



Los ojos tienen el iris de color amarillo y están rodeados por un anillo periocular también amarillo.



El pico es fino y de color gris negruzco con la base algo amarillo-verdosa.



Al respecto del pico del cuco otra curiosidad de ésta ave, es que el médico griego Herófilo de Calcedonia (335 a. C. - 280 a. C.), considerado el primer anatomista, dio el nombre de coxis o cóccix (ambas versiones son aceptadas por el DRAE) al pequeño hueso triangular ubicado al final de la columna vertebral, utilizando la palabra griega que denominaba al cuco (κόκκυξ (kokkyx = pájaro cuco), debido a la analogía que encontró entre el citado hueso y el pico del ave.



Las patas son cortas y de color amarillo. Al igual que los otros componentes de la familia “Cuculidae” tienen dos dedos dirigidos hacia delante y dos hacia atrás (zigodáctilos).



Por su parte en las hembras se pueden dar dos tipos de plumaje o fases de coloración: la “gris” que es muy similar a la de los machos pero con una tonalidad de color ocre herrumbroso y algo barrado en el pecho, y la fase “rojiza” o “hepática”, bastante menos frecuente que el anterior (más frecuente en el norte de la península), que presenta tanto en las partes superiores como en la garganta, el pecho, las alas y la cola, una coloración pardo herrumbrosa y muy barrado transversalmente de negro. En ambos casos el vientre es blanco con finas franjas horizontales oscuras.



En el caso de los jóvenes tienen varios plumajes distintos. Algunos tienen las partes superiores con un denso listado castaño rojizo o pardo negruzco, mientras que otros las tienen de color gris liso.



Los primeros se asemejan en parte a las hembras de fase rojiza ya que suelen presentar una coloración gris pizarra con tonalidades rojizas con finas líneas blancas por todo el cuerpo y que se vuelven más anchas en las alas y en la cola.



En ambos casos, las plumas de las partes superiores presentan unos márgenes blancos y las de la espalda, obispillo y cobertoras superiores de la cola con las puntas blancas. Los ojos son de color marrón oscuro y el anillo periocular es de color blanco. Como ya comenté al principio, poseen una característica mancha blanca en la nuca.



El canto habitual del macho consiste en un característico y reconocible “cuu-cu, cuu-cu” disilábico, que repite regularmente en largas sesiones y que se convierte en trisilábico y se acelera cuando se excita y entra en contacto con la hembra. Ella emite un trino burbujeante y muy rápido, tipo “guik-kui-kui-kui-kui-kui”.



El Cuco común presenta un vuelo rápido y directo con aleteos regulares, batiendo las alas sobre todo bajo el plano horizontal, con el pico apuntando hacia delante y realizando planeos cortos y escasos. En vuelo puede llegar a confundirse con un Gavilán común, aunque al batir las alas no las levanta por encima del cuerpo como las rapaces.



Habitualmente tienen un comportamiento solitario y en el suelo caminan con soltura dando pequeños saltos.



Les gusta posarse en las ramas de los árboles a media o baja altura y también en postes de cercas, cables telefónicos, muros de piedra, arbustos y rocas.



Acostumbran a adoptar una postura muy característica e inconfundible, manteniendo las alas entreabiertas y caídas y la cola desplegada en abanico. A menudo permanece inmóvil, pero también mueven la cola arriba y abajo.



El Cuco común tiene una amplia distribución por gran parte de Europa (excepto el extremo Norte e Islandia), Asia y el norte de África. Las mayores densidades en Europa se concentran en Centroeuropa, el Norte de la Península Ibérica, Francia y las Islas Británicas.


Procedentes del continente africano, llegan a las áreas de cría a finales del mes de marzo o principios del de abril asociándose tradicionalmente su presencia con la llegada de la primavera. La migración postnupcial la realizan en agosto y septiembre.



Los adultos parten hacia África, donde pasarán el invierno, una vez realizada la puesta en julio. Cada huevo es abandonado entonces a su suerte en el nido de un anfitrión involuntario.



Los jóvenes marchan más tarde, en agosto-septiembre, sin ser guiados por sus padres, a los que no conocieron nunca. Se pone así en evidencia la existencia de un sentido innato de navegación (componente genético), que permite a los jóvenes encontrar el rumbo de sus cuarteles de invierno en el sudoeste de África, a miles de km y tras cruzar el Sahara.


Es decir hay un arranque muy diferente de los tiempos de migración, puesto que los adultos inician los movimientos ya a principios de julio, y además no presentan movimientos dispersivos, de manera que inician la migración directamente. Por contra, los juveniles arrancan sus movimientos dispersivos a finales de julio, y la migración propiamente dicha (de forma directa) a mediados de agosto, con más de un mes de retraso.



En nuestro país son habituales en la primavera y en el verano, (excepto en el archipiélago canario y Melilla), luego emigran al África subtropical y meridional para invernar. Ocupa la mayoría de las regiones peninsulares, en especial todo el tercio Norte, pero falta en extensas zonas del Centro y Levante.




El hábitat que prefieren son ambientes forestales con campiñas abiertas en sus cercanías, carrizales, zonas con árboles y matorrales cercanos a los campos de cultivo, etc. Abundan en las zonas montañosas, aunque también es bastante común en las inmediaciones de humedales con abundante vegetación palustre, donde habitan varias de las aves a las que suelen parasitar con mayor frecuencia.



Su alimentación es insectívora a base fundamentalmente de larvas de diferentes especies de lepidópteros (mariposas), incluidas las que disponen de mecanismos de defensa, como pelos urticantes o sustancias tóxicas. También comen lombrices, arañas, escarabajos, saltamontes, grillos, ciempiés, pequeños batracios, los huevos de los nidos que parasitan e incluso los polluelos de otras aves.



Pero si hay algo verdaderamente peculiar y característico de estas aves, es su comportamiento reproductivo, siendo junto con su familiar el Críalo europeo las dos únicas especies de las que podemos disfrutar en España, que no construyen nido ya que practican el nidoparasitismo, y por lo tanto, son aves que nunca llegan a conocer a sus progenitores.



Es decir, las hembras de esta especie se sirven del nido de otras aves para depositar en ellos sus huevos y que le sean incubados por ellas, así como para que se encarguen de su posterior cuidado y manutención, una vez nazcan.



Un detalle interesante a este respecto es que, al parecer los huevos empiezan a incubarse dentro del oviducto de la madre por lo que al ser depositado en el nido receptor el embrión ya ha comenzado su desarrollo lo que influye en que normalmente el pollo del Cuco sea el primero en nacer.



Normalmente deposita su huevo y a cambio se lleva o se come uno de los huevos del nido de acogida, pero eso no siempre garantiza la viabilidad de su huevo, ya que ese huevo a veces no es bien acogido y es arrojado del nido parasitado por los dueños de éste.



Esto no es de extrañar ya que los huevos del cuco, además de ser más grandes, no tienen por qué ser del mismo o semejante color que los de la especie parasitada. Se ha visto que solo en la mitad de los casos la cría se produce con éxito, además el porcentaje de nidos parasitados que son abandonados por parte de los dueños del nido puede ser llegar hasta el 30%. Pero hay que tener en cuenta que las hembras del Cuco pueden llegar a poner entre 12 y 15 huevos a lo largo de la temporada de cría.


Acostumbran a elegir el nido de multitud de pájaros insectívoros de pequeño o mediano tamaño para poner en ellos uno o en ocasiones dos huevos. Entre las especies que con más frecuencia parasitan sus nidos están el Acentor común, Petirrojo europeo, Carricero común, Bisbita común, Chochín común, así como currucas, lavanderas, colirrojos y alcaudones. Otra interesante curiosidad es que el nido que parasitan las hembras, son previamente seleccionados por ellas y siempre se corresponde con el de la especie que crio a la madre.



Cada hembra, sin la ayuda del macho, vigila un vasto territorio, en busca de nidos en construcción. Observa el comienzo de la puesta ajena y cuando el nido tiene dos o tres huevos de su propietario, aprovechan el momento en que los propietarios están ausentes (habitualmente a medio día o primeras horas de la tarde) para poner su huevo en el nido elegido (tardan entre 10 a 16 segundos en el nido de su víctima). Con intervalos de 48 horas, el Cuco hembra pone de 12 a 15 huevos en otros tantos nidos, hurtando de cada uno un huevo para restablecer su número.



Parece ser que el hecho de que el Cuco adulto tenga un aspecto parecido al del Gavilán, les da más tiempo a las hembras para parasitar nidos, ya que los pájaros pequeños tienen más tendencia a alejarse. Además, según un estudio llevado a cabo por investigadores de la Universidad de Cambridge y publicado en la revista Nature Ecology & Evolution, la hembra del Cuco tras dejar los huevos, es capaz de distraer al propietario del nido, asustándole al imitar el canto del Gavilán, un potencial depredador de esa otra especie.



El periodo de incubación de los huevos de Cuco es muy corto, no superior normalmente a 12 días lo que provoca que el nacimiento del pollo sea casi siempre anterior a la de los pollos legítimos y nada más nacer los pollos del Cuco expulsan del nido a todos los huevos que haya en él, o a los polluelos si es que ya hubieran nacido. Expulsan del nido incluso a su hermano si lo hubiera, de este modo el pollo del Cuco recibirá en exclusiva la alimentación, así como todos los cuidados y atenciones por parte de sus pequeños y sacrificados padres adoptivos a los cuales supera enormemente en tamaño.



Los pollos del Cuco tienen en la espalda un hueco muy sensible y sus hombros son desproporcionadamente anchos y fuertes. Gracias a esta peculiaridad son capaces de realizar a las pocas horas de nacer, una serie de movimientos espasmódicos con los que consiguen expulsar fuera del nido bien a los huevos del huésped aún no eclosionados o a los pollos si han nacido. No siempre esta operación tiene éxito y algún pollo del propietario del nido puede quedar, siendo criado bien, a pesar de la gran voracidad de que el pollo de Cuco hace gala. La permanencia en el nido acostumbra a ser de unos 13-20 días tras los cuales dejarán de depender de sus padres adoptivos y se independizarán.



No se han descrito especiales amenazas para el Cuco común debido a su peculiar estrategia reproductora, no obstante figura incluido en la categoría “De interés especial” dentro del Catálogo Nacional de Especies Amenazadas.

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