miércoles, 3 de agosto de 2016

Una de las aves más solicitada en la alta montaña. Gorrión alpino. Montifringilla nivalis. Gurrión de neveru.

La primera entrada que dediqué a esta peculiar especie en mi blog, era allá por el mes de mayo de 2015 y para ello elegí el parque natural de Las Ubiñas-La Mesa, para lo cual me dirigí hasta el bonito pueblo de Tuiza de Arriba desde donde sale un camino pedregoso hasta Vega de Meicín y el Refugio de Meicin. Desde allí y tras bordear el bonito circo de las Ubiñas, fui ganando altura hasta el Collado Terreos (a unos 1.900 m.s.n.m), que hace de frontera entre el Principado de Asturias y Castilla y León y que está situado entre el pico Cerreos (2.104) y Peña Ubiña (2.417).






En aquella ocasión el ambiente que me encontré era la de la persistencia de lenguas de nieve endurecida, que me dificultaron seriamente la ascensión y que aún persistían como consecuencia de las grandes nevadas que acontecieron durante el invierno precedente. Este ambiente de sol y nieve, como ya comenté entonces, supuso una dificultad añadida a la hora de poder fotografiar a estas interesantes aves, debido a los reflejos que se producen con el sol del mediodía y también a la falta de contraste entre la nieve y los colores blanquecinos predominantes en el plumaje de estas aves.





Este año, aprovechando los días de bonanza climatológica que nos ha proporcionado el mes de julio, he vuelto a realizar una incursión a la alta montaña con la intención de pasar una jornada en busca de aves que habitualmente encontramos en este hábitat, pero con la segura ausencia de nieve y en una zona diferente dentro del parque natural de Las Ubiñas-La Mesa, en concreto en las estribaciones de la majada existente en la ladera de La Mesa, para lo cual, como muchos ya sabéis, hay que subir el Puerto de la Cubilla (en la carretera de Campomanes-Tuiza) y al llegar arriba tomar una pista que sale a la izquierda hasta la primera majada a pie del pico de La Mesa.


El paisaje en esa zona es simplemente impresionante y ya solo por eso merece la pena pasar el día por esos parajes. Además hay que tener en cuenta la facilidad que supone el poder subir en tu automóvil hasta el alto del Puerto de la Cubilla (1.689 msnm) para más tarde, si quieres, poder alcanzar el collado de La Mesa (1.918 msnm), donde según ascendemos podremos divisar a nuestra espalda (hacia el sur) los Puertos de la Bachota y una vez en el collado, añadir las bonitas vistas sobre el espectacular valle de Tuiza.


De camino por la senda a la majada en donde abunda el piornal, pude encontrar entre otros, a algún ejemplar de Escribano cerillo y montesino, Zorzal charlo y de Acentor común, así como abundantes Chovas piquirrojas y piquigualdas, Buitres leonados, Alimoche, Cernícalo vulgar y también Culebrera europea.












Pero una vez que te mueves por esos parajes, está claro que tu objetivo principal es encontrarte con el Gorrión alpino, el Acentor alpino, el Roquero rojo y si hay un poco de suerte, hasta con el difícil y escaso Treparriscos.




Sin embargo nada más llegar a la zona supuestamente “caliente” para dar con el Gorrión alpino, lo que más encontré fueron Collalbas grises, Bisbitas alpinos, Pardillos e incluso varios Colirrojos tizón.






También y como es costumbre, pude fotografiar a un nutrido grupo de Rebecos que habitualmente pastan por las cumbres vecinas.



Pero como decía antes, mi objetivo fundamental era encontrarme con el Gorrión alpino para observarle en mejores condiciones y poderle realizar un reportaje fotográfico, que mejorara en algo las anteriores fotos que le realicé el pasado año en primavera.





Como ya acostumbra a ser habitual, por más que subí y baje tropecientas veces por las vertientes de las diversas cumbres de la zona, del Gorrión alpino nada de nada, y no fue ya una vez bien entrada la tarde y cuando casi, casi, ya estaba decidido a marcharme, cuando empecé a encontrarme con varios ejemplares de él.





La verdad es que después de estar todo el día dando vueltas de aquí para allá, subiendo y bajando sin parar, y de repente encontrarte con él, es bastante emocionante y tan sólo piensas en que el pajarillo tenga buena voluntad y te permita fotografiarle en condiciones más o menos dignas.





A ese respecto no me puedo quejar pues tuve la oportunidad de fotografiarle en unas condiciones bastante aceptables, con lo cual hay que dejar claro que si la calidad de las imágenes no son muy allá, se debe a mi impericia al respecto y no al ave o al entorno.





Una vez que capté al primer ejemplar y dado lo despejado de la zona en la que ya no existen árboles o arbustos en donde se puedan esconder, es relativamente fácil seguirlos con la vista en sus cortos desplazamientos y de esa manera ir descubriendo nuevos ejemplares con los que con frecuencia van formando grupo.





De esta manera pude encontrar al ejemplar que podéis ver en estas fotografías haciendo buen acopio de alimentos, y en teoría, para poder cebar a un pequeño polluelo que se encontraba a escasos centímetros de él y que yo en principio no había visto.





Inmediatamente pensé que se trataba de una cría suya, pero al ver que no llegaba a ofrecerle el alimento al pollo, aunque él se lo reclamara insistentemente, y que a continuación se iba de la zona a posarse sobre lo alto de una pequeña roca, yo seguí al adulto y pensé que lo que estaba haciendo era una maniobra de distracción para alejarme a mí de la zona donde estaba la cría, pero me sorprendió que no volviera a la zona donde estaba la cría y se alejara definitivamente de la zona con el pico repleto de alimento.





Una vez en casa y repasando las imágenes de ese lance, me pude percatar de que la cría en cuestión, no parece que sea de Gorrión alpino, o al menos a mí eso me parece, y tal vez se dio la circunstancia de que justo en esa zona donde el Gorrión alpino se proveía de alimento, había una cría de otra especie que perfectamente podría ser de Collalba gris que por allí abundaban.





Esta teoría tiene bastante sentido si se tiene en cuenta el aspecto de la cría y que las imágenes están tomadas a mediados del mes de julio (la época reproductiva suele ir desde el mes de mayo al de junio, aunque, eso sí, pueden realizar dos puestas por temporada) y la cría parece tener escasos días. Además no aparenta poder volar y se encontraba en una zona bastante distante de la zona de rocas donde podría existir el nido, entre las grietas o  en los agujeros que pueden existir en ellas.





Más tarde pude fotografiar a una pareja de jóvenes volanteros que estaban posados en lo alto de un roquedo y que me hicieron sudar tinta para poderme aproximar a ellos, escalando por las escarpadas rocas, pero que al final mereció la pena y pude realizarles unas cuantas fotografías.





Como puede comprobarse en las imágenes,  los jóvenes, al igual que en los adultos en temporada invernal, tienen el pico de color anaranjado amarillento con el extremo ligeramente oscuro.






La actitud del Gorrión alpino es característica cuando se les ve posados en una roca o en un alto risco, llamando la atención la costumbre de estar muy erguido, como alarmado y sacudiendo la cola nerviosamente.






Debido a su colorido blanquecino y gris, cuando están posados y los vemos de frente, no son nada fáciles de observar ya que se mimetizan muy bien contra los roquedos calizos blanquecinos y grisáceos.





Este pájaro es inconfundible cuando vuela y no existe posibilidad de confusión, tanto por su gran tamaño, alas largas, estrechas y puntiagudas y sobre todo por la ancha banda blanca que las atraviesa y que es muy llamativa al tener el resto del plumaje de las partes superiores de color pardo achocolatado y las primarias de las alas negras. La cola tiene las dos rectrices centrales negras y el resto blancas, terminadas en punta negra, lo que forma un dibujo llamativo que el pájaro muestra bien al volar.





Como su nombre común indica, el hábitat de esta especie se encuentra en zonas de alta montaña (franja alpina y subalpina) de la Cordillera Cantábrica y Pirineos, en cotas entre los 1500 y 2000 msnm y ya por encima del límite de los bosques, donde alternan los roquedos cortados y calizos, con los pedregales de montaña y los prados alpinos. En el invierno, con temporadas de frió intenso, los podemos encontrar en cotas algo más bajas, donde se encuentra el límite de las nieves.






Nuestro país representa el límite suroccidental de su distribución mundial y está fraccionada en dos núcleos. Uno ocupa el oriente y centro de los Pirineos, desde el este de Navarra hasta el oeste de Lleida y el otro ocupa la cordillera Cantábrica desde la zona de Somiedo en el occidente, hasta el entorno de Peñe Ten (Ponga) en el oriente, alcanzando las mayores concentraciones en los tres macizos de los Picos de Europa.


Su alimentación en primavera y verano es a base de insectos y sus larvas, arácnidos, lombrices, frutos, semillas y algo de hierba.





Durante el invierno comen piñones y semillas así como los restos de comida que encuentran cerca de las zonas con presencia humana como son las estaciones de esquí, refugios de montaña y aparcamientos.





El gorrión alpino no sufre amenazas relevantes al estar casi toda su área de distribución amparada bajo algún tipo de protección y por ocupar siempre zonas de alta montaña. Esta especie aparece incluida en el Catálogo Nacional de Especies Amenazadas en la categoría “De interés especial”.

4 comentarios:

  1. Jo, menudo paseo te diste!. Gracias por compartirlo. Un saludo

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  2. Pues si de sol a sol como se acostumbra a decir, pero aunque llegues agotado de tanto sube y baja, al final cuando llegas a casa y repasas lo visto y fotografiado, te compensa ampliamente. De todas formas, la zona es una autentica pasada.Gracias por tu comentario. Un saludo.

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  3. Fantasticas fotos si que lo visteis de lujo!!
    Un saludo.
    Martinreybirdwatching

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    1. Muchas gracias Martín. La verdad es que si que me lo curré, pero de eso es de lo que se trata, disfrutar de la natureleza y hacer ejercicio. Saludos.

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