martes, 28 de abril de 2015

El ave Fénix resurge. Garza imperial. Ardea purpurea. Garcia roxa.

Para los antiguos egipcios (2500-2300 a. C.) el pájaro Benu era una Garza imperial y su leyenda está vinculada a la del Ave Fenix de los griegos (Benu, significa garza imperial).




El ave Fénix (Phoenix) es un pájaro mítico de la mitología griega, que se consumía por acción del fuego cada 500 años, pero luego resurgía de sus propias cenizas. Cuando le llegaba la hora de morir, hacía un nido de especias y hierbas aromáticas, ponía un único huevo, que empollaba durante tres días y al tercer día ardía. El Fénix se quemaba por completo y, al reducirse a cenizas, resurgía del huevo la misma ave Fénix, siempre única y eterna.




Pues sí, al igual que ocurría con el ave Fénix o el pájaro Benu que resurgían cada 500 años, en mi caso, la Garza imperial “resurge” de una manera fiel cada año por primavera en las charcas de Xagó y, al igual que en años anteriores, he conseguido fotografiar en este lugar a esta majestuosa ave. 




El primer encuentro que tuve con ella este año, fue afortunadamente en un día soleado y me di cuenta de su existencia, tras verla volando disputando el territorio con un ratonero que andaba por la zona.




Tras la disputa aérea comenzó a sobrevolar en círculos amplios buscando un lugar adecuado y tranquilo donde posarse, aspecto éste un poco complicado ya que era un domingo y por la zona concurría un buen número de visitantes, de los que había más de uno que utilizaba esa zona para pasear con su perro.




Al final y tras encontrar un resquicio de terreno más o menos tranquilo, se posó en una zona propicia para poderse camuflar mimetizándose perfectamente con el medio. Para ello, escondida en un carrizal, adopta la llamada postura “de la estaca”; se limita a quedar inmóvil y a estirar al máximo su larguísimo cuello, manteniendo también el pico vertical y realizando tan solo movimientos laterales de la cabeza de vez en cuando para controlar su entorno. 




Por ello, debido a la inmovilización, a su estilizado contorno, con su cabeza mirando hacia tu posición y la coloración de su plumaje, si intentas adivinar su localización a cierta distancia es francamente difícil conseguirlo.




Así, inmóvil, permaneció durante minutos y tras comprobar que no había “moros en la costa” decidió darse una vuelta por la zona dando unos pasos con lentitud y de gran amplitud, hasta que por el horizonte dunar apareció un paisano con su can que la hizo retomar el vuelo de nuevo hasta la zona del eucaliptal vecino, donde se posó en lo alto de un árbol.




Al contrario que su congénere, la Garza real que acostumbra a posarse habitualmente en terrenos descubiertos y formando grupos numerosos, la Garza imperial es ave muy solitaria, que como mucho se la ve formando parejas, siendo en general de costumbres muy reservadas, que procura no alejarse de zonas donde crecen abundantemente los carrizos o vegetación acuática adecuada para ocultarse.




La Garza imperial perteneciente al orden de las Ciconiformes, familia Ardeidae, genero Ardea, tiene una longitud de unos 70-90 cm con su cuello extendido, una envergadura que ronda entre los 120-138 cm y un peso de entre 0,5 y 1,3 Kg. Apenas existe dimorfismo sexual en esta especie. 




En comparación con su congénere la Garza real (Ardea cinera) es más pequeña y de unas tonalidades más oscuras que permite diferenciarla fácilmente tanto en reposo como en vuelo. 




De aspecto muy esbelto y estilizado, su largo cuello, que suele mantener en posición más ondulada que el de la Garza real, hace recordar los movimientos de una culebra.




La cabeza es más estrecha, sin apenas frente, dando la impresión de que se fusiona con el pico. Éste es de color pardo amarillento en la base y anaranjado en el resto, pero con tonos negruzcos en la parte superior, siendo en comparación con el de la G. real, más largo y afilado. 




Los ojos muy vivos, son amarillos con una gran pupila negra. 




El píleo, la parte posterior de la cabeza y la parte posterior del cuello son de color negro con irisaciones verdosas del que parten un par de plumas negruzcas ornamentales en la parte posterior de la cabeza que cae por detrás del cuello. También tienen unas largas plumas filamentosas ornamentales en la base del mismo, junto al pecho y otras en las alas que le cuelgan por los flancos cuando las tienen plegadas. 




Los laterales del cuello son de color pardo rojizo oscuro con una banda de color negruzco longitudinal que los recorre en su parte media hasta los laterales del pecho. En paralelo y por delante de esta línea oscura, hay una franja vertical blanquecina, con algunas líneas verticales negras discontinuas, que abarca la garganta y toda la parte anterior del cuello hasta el pecho.




La cara también es de color pardo rojizo oscuro y en ella tienen una fina línea negruzca que se inicia en la base del pico y se dirige hacia atrás para unirse al color oscuro de la parte posterior del cuello.




El vistoso plumaje del cuerpo alterna tonos grisáceos azulados oscuros en el dorso y cobertoras alares, con matices castaños púrpuras de los hombros, pecho y los flancos. La parte inferior de las alas es de color pardo rojizo y la cola es corta. 




Las patas son amarillentas o pardo-amarillentas, excepto en la parte anterior donde tiene tintes negruzcos. Los dedos son muy largos.




Como el resto de las ardeidas, la Garza imperial en vuelo lleva el cuello recogido pero más angulado (en “quilla”) que el de la G. real, alas curvadas y patas estiradas sobresaliendo por debajo del extremo de la cola y a menudo, con los largos dedos extendidos y separados (la G. real acostumbra a llevarlos plegados y juntos). 




Los jóvenes tienen un plumaje menos contrastado que los adultos, sin las líneas del cuello y con un aspecto general pardo ocráceo leonado. 




El área de distribución de la Garza imperial en Europa es bastante meridional estando también presentes en el sur y este de Asia, así como norte y sureste de África. Se reconoce la existencia de varias subespecies. En España se reproduce la subespecie A. purpurea.




En nuestro país son habituales durante el período estival, llegan en el mes de Marzo parar criar y regresan al África subsahariana en Agosto-Octubre. También se las ve durante los pasos migratorios. 




Las áreas de cría más importantes en la Península se localizan en el delta del Ebro, las marismas del Guadalquivir, la albufera de Valencia y las cuencas de los grandes ríos Ebro y Guadalquivir y en menor medida, las del Tajo y el Guadiana. Existen además algunos núcleos de menor entidad en Madrid, Castilla y León, Castilla-La Mancha, Extremadura, Murcia, Cantabria y algunos puntos del litoral andaluz. Cría también en Mallorca, en tanto que en Canarias resulta muy escasa.




Su hábitat suelen ser marjales, zonas encharcadas, carrizales, y en general, humedales con abundante vegetación palustre como riberas de grandes los ríos, albuferas, arrozales y marismas.




Se alimenta principalmente de peces, que cazan al acecho escondida inmóvil entre la vegetación de la orilla. Además ingieren moluscos, crustáceos, insectos, anfibios, reptiles, e incluso pequeños roedores. 




El periodo de reproducción se realiza durante los meses de abril-mayo. 




Las garzas imperiales crían en colonias junto a otras especies de garzas, pero mantienen los nidos algo distanciados entre sí. Construyen un nido voluminoso en el interior de la vegetación palustre. Ambos adultos se ocupan tanto de la construcción del nido como de la incubación y crianza de los pollos. Pone entre 3 y 6 huevos que incuban casi un mes antes de que nazcan unos desgarbados y pelones pollos. Las crías abandonan el nido al cabo de unos 15-20 días. 




Entre sus amenazas destaca como causa principal de regresión la pérdida de lugares de reproducción por alteración de los mismos debido a dragados, canalizaciones, quemas periódicas de vegetación palustre o destrucción de carrizales. Otro factor de riesgo lo constituye la sequía en las zonas de invernada, así como el uso indiscriminado de pesticidas que provocan el envenenamiento de los peces y otros animales de los que se alimentan, lo cual repercute directamente en ellas causándoles una gran mortandad.




La garza imperial se incluye en el Libro Rojo de las aves de España dentro de la categoría de “Preocupación menor” y aparece como “De interés especial” en el Catálogo Nacional de Especies Amenazadas.

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