domingo, 10 de abril de 2016

Una aparición enigmática en las charcas del Cierrón. Polluela Pintoja (Porzana porzana). Gallineta pedresa.

Esta semana en las charcas del Cierrón, en Villaviciosa, he tenido la oportunidad de poder observar y realizar alguna fotografía, a un un ave bastante difícil de ver (se la suele escuchar mejor), dados sus hábitos solitarios, su actividad eminentemente crepuscular y su carácter sumamente tímido que le hacen permanecer la mayor parte del tiempo escondida entre la densa vegetación de los humedales que frecuenta.


La conseguí localizar muy a duras penas, entre la densa vegetación por la que se movía muy sigilosamente, pero no había manera de que se dejara ver de una manera medianamente decente para poderla fotografiar, ya que al poco de exponerse tímidamente, se volvía a introducir de nuevo en la espesura vegetal, y así una y otra vez. 


Como ya es costumbre en esto del “pajareo”, justo cuando estaba a punto de desistir de la larga espera para que apareciera, tuve la inmensa fortuna de que, de manera brusca, apareciera una de las muchas Gallinetas comunes que se movían por la zona y que la propinara un furibundo ataque que hizo volar a escasos metros a la Polluela pintoja, dejándose caer sobre un carrizal cercano.


Los escasos segundos que la vi volar, me sorprendió por su pequeño tamaño en comparación con su agresora, tanto que me hizo dudar si sería ella, pero sus tonos parduzcos y el haber salido de la zona donde la tenía más o menos localizada, me ratifico en su identificación.


Ahora estaba fuera de su zona habitual de movimiento y aunque se encontraba totalmente oculta, pensé que solo era cuestión de tiempo, el que volviera a intentar reconquistar su territorio, así que, armándome de nuevo de una enorme paciencia, estuve muy al tanto de ese posible movimiento, hasta que, efectivamente, lo realizó.


Fueron tan solo unos breves instantes, pero los suficientes para poderle sacar alguna fotografía decente que confirmara la identificación que previamente ya tenía más o menos confirmada, tras observarla entre la densa vegetación, y la verdad es que la satisfacción fue bastante grande, dadas las dificultades que había pasado para conseguirlo.


Este ha sido mi primer avistamiento de esta especie y por ello y como ya es habitual, me gusta profundizar un poco en el conocimiento de esta curiosa especie de ave acuática que pertenece al orden de las Gruiformes, familia de los Rálidos (Rascón, Gallineta, Focha, Calamón) y género Porzana, al que también pertenecen la Polluela sora (o, de Carolina), la Polluela bastarda y la Polluela chica, de las que hay muy pocas citas en España y aún menos en Asturias. De todas ellas, probablemente sea la Polluela pintoja la más escondidiza de todas y por lo tanto la más difícil de observar y fotografiar.


De aspecto gordinflón, algo aplanado lateralmente, tienen un tamaño intermedio entre el más conocido Rascón y el de la Polluela de sora, pero algo mayor que el de la Polluela bastarda y el de la Polluela chica, sus dimensiones vienen a ser de hasta 23 cm de longitud y una envergadura que puede alcanzar los 42 cm. El peso puede llegar a los 140 gr. Llegan a vivir unos 5 años. En esta especie, existen unas pequeñas diferencias entre ambos sexos.


Por las partes superiores son de color pardo oliváceo oscuro con motas y estrías blancas y también con abundantes manchas negruzcas. 



El pecho es grisáceo azulado con abundante punteado blanquecino (de ahí su nombre vulgar de pintoja), mientras que la garganta es gris azulada sin punteado. Los flancos y el vientre están barrados (más que punteados) de pardo, blanco y negro.



Las alas son cortas, redondeadas y de un color pardo algo más oscuro que el del dorso, sobre el que contrastan las motas, las rayas transversales blancas y abundantes manchas negras.


La cola es corta y la acostumbra a llevar levantada y moviéndola espasmódicamente. Es de color marrón por la parte superior, mientras que por la parte inferior (infracoberteras caudales) es de color crema y sin rayas. Esta característica, junto con la coloración del pico, son dos rasgos fundamentales a la hora de diferenciarles de las otras especies de polluela.


El píleo es de color pardo con un fino rayado negro. En la cara tienen una ceja blanquecina que va desde el pico hasta un poco más atrás del ojo y una lista superciliar, por encima de la ceja, de color gris azulado, también tienen una ancha brida oscura que va desde el pico hasta el ojo. Las auriculares son de color pardo muy claro.


El pico es corto, recto, de color amarillo con algo de rojo en la base y el extremo gris claro.


Los ojos son pequeños y de color rojo con una gran pupila negra. 


Las patas son largas, lo mismo que los dedos, y son de color amarillo verdoso.



En el invierno el plumaje de los machos está menos contrastado y es más parecido al de las hembras en todo tiempo, resultando éstas, en conjunto, más apagadas. Tienen las hembras, un moteado más profuso y mucho menos gris en el pecho y el cuello, así como las partes superiores más uniformes, al igual que los jóvenes, si bien estos se diferencian por el color marrón del pico y por el color pardo de sus plumas.


En cuanto a su comportamiento, recalcar que es un ave bastante difícil de ver, solitaria y tímida, que se camufla entre la vegetación con gran éxito, por lo que la mayor parte del tiempo permanece escondida, ya que además, su actividad es fundamentalmente crepuscular. Si se sienten sorprendidas y no tienen un refugio cercano donde correr a esconderse, levantan el vuelo y lo hace sólo en una distancia muy corta, mostrando unas alas cortas y anchas que bate como si revolotease antes de lanzarse de nuevo entre la densa vegetación. Durante esos breves vuelos, llevan las patas colgando, acción que no efectúa al volar largas distancias en migración (que acostumbra a ser nocturna). 


Al caminar por el suelo, lo hacen con las patas flexionadas, el cuerpo casi horizontal y la cola a veces doblada ligeramente hacia abajo, pero en cuanto se siente observada corren a ocultarse, moviendo la cola nerviosamente arriba y abajo como la Gallineta común. Nadan bien, moviendo la cabeza adelante y atrás, pero procurando no alejarse mucho de la vegetación. No es una especie gregaria y normalmente anda solitaria.


El reclamo de la Polluela pintoja es el mejor medio para conocer su presencia, sobre todo al anochecer que emite un sonido agudo repetido insistentemente que se puede escuchar a bastante distancia y que podría expresarse como un “guit-guit-guit”. Entona también una nota monótona y dura, similar a un “tchic-tchac” que emite con intervalos de un segundo aproximadamente. 

La Polluela pintoja está presente en Europa, África y Asia. De las principales poblaciones reproductoras, algo más de la mitad se localiza en Rusia y Bielorrusia, con núcleos también destacados en Francia, Rumanía y Ucrania. 

Aunque en España su población es muy restringida y se considera muy rara como reproductora (únicamente de unas pocas decenas de parejas), su población se hace más abundante durante el invierno (algunos ejemplares son invernantes), así como en los pasos migratorios de marzo - abril y septiembre - octubre, en los que se desplaza a los países mediterráneos hasta Oriente Medio y el mar Caspio y un importante número de ejemplares que cruza España en dirección al África tropical.


Las principales referencias de reproducciones en España se han dado en las marismas del Guadalquivir y en algunos enclaves de Aragón, Castilla-La Mancha, Cataluña, Comunidad Valenciana, País Vasco y Galicia. En Baleares es un invernante escaso y, en Canarias, accidental. En Asturias la última referencia de un posible caso de nidificación ocasional, se remonta a julio de 2000, en el Embalse de la Furta (Corvera).


Sus hábitats preferidos son las extensiones de agua dulce poco profundas que manifiesten acusadas oscilaciones en los niveles hídricos y con una cobertura vegetal no necesariamente demasiado abundante, como son los humedales, marjales, lagunas, carrizales, cañaverales, arrozales y también marismas. Tienen mayores hábitos terrestres que las otras polluelas.


Su dieta es omnívora y en ella entran desde alimentos de origen animal, tales como gusanos, lombrices, moluscos, pequeños peces e insectos acuáticos y sus larvas, como de origen vegetal, como son las plantas acuáticas, brotes, hojas, raíces y semillas.


El periodo de reproducción comienza con un cortejo sonoro para atraer a la hembra y abarca a los meses de mayo a julio. Ambos progenitores construyen un nido con forma de cuenco y bien escondido sobre la vegetación. Lo sitúan a cierta altura del agua o del suelo, pero también a ras del mismo. Para su elaboración emplean hojas secas, juncos y hierbas. La puesta se compone de 8-12 huevos y la incubación dura 21 días aproximadamente. Las crías son nidífugas y a las pocas horas de nacer abandonan el nido. Adquieren su completo desarrollo a los 30 días de vida.


Como sucede con otras muchas aves de marismas y más aún con las polluelas, la principal amenaza para la especie se encuentra directamente relacionada con la degradación, desecación continuada y pérdida del hábitat de nidificación. Para garantizar el futuro de esta polluela, dado lo exiguo de su población reproductora, es necesario proteger los humedales donde se instala; asimismo, sería deseable confirmar con certeza su reproducción en los varios humedales en los que se tienen indicios de su presencia y conocer sus efectivos reales. Se incluye en el Libro Rojo de las aves de España en la categoría de “Datos insuficientes” y aparece como “De interés especial” en el Catálogo Nacional de Especies Amenazadas.

domingo, 3 de abril de 2016

¡Por fin! la pata tiene pato. Negrón común (Melanitta nigra). Coríu Prietu.

A finales del mes de enero publicaba una entrada en la que presentaba a una bella hembra de Negrón común que durante unos cuantos días nos acompañó por las aguas de la Ría de Avilés y que, amablemente, se dejó retratar con bastante facilidad.





Decía yo en aquella entrada que tan sólo podía presentar la media naranja de esa especie, una bonita hembra, porqué las visitas de machos por estas latitudes acostumbran a ser más raras y mucho más, ver a la pareja junta.





Confiaba entonces en una próxima ocasión, en la que pudiera completar aquella entrada, con imágenes de algún macho, que a poder ser, fuera tan amable y confiado como lo había sido la hembra que entonces presentaba.



Pues bien, dos meses después, hemos podido observar en el mismo lugar, a un individuo macho, que a diferencia del caso de la hembra, permaneció menos tiempo con nosotros y no se sintió tan confiado como la hembra, por lo que no le he podido realizar unas fotografías medianamente decentes, pero si testimoniales de su presencia por estas latitudes.



Y claro, no podía dejar pasar esta oportunidad para publicar unas cuantas fotografías que completen la entrada iniciada a finales de enero de este año y a la que, si tenéis interés, podéis acceder en este enlace.



Además, aprovechando la circunstancia de que acabamos de pasar la Semana Santa (cuaresma), me parece interesante hacer mención a una curiosa costumbre arraigada hasta el siglo XIX en algunas partes Francia y que relataron Alexander Wilson y Charles Luciano Bonaparte, en su libro “La historia natural de las aves de los Estados Unidos”.



Resulta que, en esa época, la Iglesia Católica aceptaba al Negrón común como un sustituto del pescado y por lo tanto, como un alimento permitido durante todos los viernes del año (en especial, los viernes de cuaresma), en los que no estaba permitida la ingesta de carne, en conmemoración del día de la semana de la crucifixión del Señor. Recordar que el cuarto mandamiento de la Iglesia Católica dice: “Ayunar y abstenerse de comer carne cuando lo manda la Santa Madre Iglesia”.



El Negrón común, durante la época invernal, abandona sus frías áreas de cría en el norte de Europa (islas Británicas, norte de Escandinavia, norte de Rusia e Islandia) y pasa el invierno al sur de sus áreas de cría.



En ese periodo migratorio, acostumbran a desplazarse en grandes grupos y es frecuente verlos a escasos kilómetros de la costa, posados tranquilamente entre las olas y sumergiéndose en grupo en busca de comida. 



Se da la circunstancia de que, en las costas del norte de Francia, estos patos se sienten atraídos por un determinado tipo de almeja autóctona de esa zona, por lo que, tan pronto como el primero de ellos percibe las conchas, hace un receso para sumergirse en busca de ellas y el resto sigue el ejemplo e igualmente se dedican a bucear en busca de esos moluscos. 



Esta circunstancia la aprovechaban los pescadores de la zona, que situaban sus redes flotando horizontalmente entre la arena y el nivel del agua, en el área donde se dan estas almejas y conseguían así que se enredasen en ellas los negrones, cuando buceaban para alimentarse.



Esa práctica de la pesca del Negrón común, se vio muy extendida en esa época, debido a que la Iglesia Católica permitía su consumo en esos días (todos los viernes del año) de “abstinencia de carne”, dado su sabor a pescado.



Anécdotas aparte, comentaba yo en aquella entrada que los machos de Negrón común, haciendo honor a su nombre, son de color totalmente negro, siendo el único pato de este color sin ninguna parte blanca en su anatomía (si la tienen, el Negrón careto y el Negrón especulado). 



Lo más destacable en su anatomía es su pico de color negro en el que destaca un abultamiento a modo de joroba que, partiendo de la base de la mandíbula superior, llega hasta su zona media (culmen) y que es de un llamativo color amarillo-anaranjado.



En vuelo, las primarias son contrastadamente más pálidas. La cola es larga, bien visible cuando nada y ligeramente apuntada.



La cabeza es redondeada y los ojos son pequeños y de color pardo-rojizo oscuro. Las patas son de color marrón oscuro y tienen los dedos palmeados.



Y hasta aquí esta breve entrada que viene a complementar a la de la hembra de Negrón común.