jueves, 27 de noviembre de 2014

Volando, volando, destino España. Ánsar Común (Anser anser). Gansu.

Aprovechando la circunstancia de que en estos días se está produciendo el pase migratorio invernal del Ánsar común por nuestro país y a la oportunidad que he tenido estos días de poderles hacer alguna fotografía, me he decantado por publicar esta entrada acerca de esta especie de ganso que podemos observar muy fácilmente en estas fechas en las marismas del Guadalquivir, lagunas de Zamora y Palencia o en las vegas del Guadiana en Extremadura.



Estoy haciendo referencia a la subespecie Anser anser o Ánsar común que es la más abundante que podemos encontrar en España, el de mayor tamaño y el de plumaje más claro en comparación con otros de aspecto similar como el Ánsar campestre, el Ánsar piquicorto (tan familiar para los asturianos) e incluso con el Ánsar careto o el Ánsar chico



Procedentes del centro y norte de Europa (sobre todo de Dinamarca) recorren miles de kilómetros huyendo de los intensos fríos de esas zonas de cría y atraviesan los Países Bajos y zonas costeras del Atlantico francés, llegando a nuestro país fundamentalmente por la zona más oriental del Cantábrico (Cantabria y País Vasco) e incluso por Asturias (como estamos comprobando estos días), desde donde atraviesan la península para establecer sus cuarteles de invierno principalmente en las Marismas del Guadalquivir, donde gracias a los estudios realizados por la Estación Biológica de Doñana se sabe que allí se concentran más de 15.000 gansos.


La migración primaveral no es tan espectacular ni notoria como la posnupcial y habitualmente se observa desplazada ligeramente más hacia el este de la Península. Parece como si la gran masa de ánsares invernantes en Andalucía tuviera prisa por llegar a sus lugares de reproducción. Parten después del 15 de febrero y hasta los últimos días de marzo son vistos sobrevolando Guipúzcoa y Navarra.



El Ánsar común vuela con un batir de alas pausado y nada con su cola levantada. Las bandadas migratorias, normalmente de hasta 30-40 aves, vuelan en bandadas en forma de V o filas irregulares.



Su vuelo es directo, con batidos de alas regulares y a veces lento, poniendo buen cuidado cada ganso en mantenerse a la misma distancia de su vecino y en opinión de algún experto, un ganso viejo es el que dirige el grupo.



En la Península Ibérica el Ánsar común es fundamentalmente invernante, sólo se conocen datos de reproducción muy puntual, aunque no se tiene claro, en muchas ocasiones, el origen de las aves, ya que posiblemente se se trate de ejemplares domésticos escapados de granjas o parques, más que de individuos silvestres propiamente dichos. 



El hábitat de estas aves durante la invernada en nuestro país, acostumbra a ser en áreas abiertas y encharcadas, como marismas, lagunas, embalses o ríos que estén rodeados de buenas extensiones de cultivos de cereal, arrozales o maizales.



El Ánsar común es un ave muy gregaria, especialmente durante la invernada aunque se reúne tanto para dormir como para alimentarse, en grandes y ruidosas bandadas. En el interior de esas concentraciones se mantiene, no obstante, una clara separación en pequeños grupos familiares, ya que las parejas permanecen unidas fuera de la época de cría y son acompañadas por la prole de cada temporada.



Cuando encontramos a un grupo de ánsares comunes comiendo en los aledaños de una laguna, marisma o en un campo abierto, es habitual ver a uno de ellos en permanente alerta con el cuello bien estirado e inmóvil, vigilando atentamente la aproximación de algún intruso.



Tanto en la época de cría como en la de invernada, el comportamiento de los ánsares salvajes es bastante curioso. Se comunican por medio de graznidos, cuya entonación y ritmo están cargados de significados diversos. Estas aves parecen estar cambiando sin cesar sus impresiones y de esta manera deciden posarse aquí o allá, o cambiar de lugar de forrajeo.



La voz del Ánsar Común es un graznido emitido en tono alto y áspero y cuando se trata de un bando que se acerca resulta muy sonoro y puede escucharse a considerable distancia.



El Ánsar común, también llamado oca, ganso o gansu, es inconfundible por su cuerpo grande de una tonalidad en general grisácea con los extremos de las plumas en tonos crema, lo que le confiere a esta zona un aspecto escamoso. Los flancos son más oscuros y están barrados por líneas blancas. No hay contraste entre el color de la cabeza y cuello y el resto del cuerpo. La cola y la región anal son también blancas. El obispillo es de color gris pálido. Posee un grueso pico cónico de color naranja y sus fuertes patas son de tonalidad rosácea. 


La uniformidad en la coloración es la mejor diferenciación que se puede establecer con las otras especies con las que Anser anser se puede confundir sobre todo cuando se observan a distancia.


La diferencia entre sexos estriba únicamente en el mayor tamaño del macho. Su alimentación es básicamente vegetariana, aunque muy variada. Incluye todo tipo de brotes de plantas palustres y terrestres. También come tallos, hojas, raíces y tubérculos.


La oca fue probablemente una de las primeras aves de corral en ser domesticada. Siempre se ha considerado popularmente a estas ánsares como aves inteligentes y despiertas que no permiten la aproximación a ellas.


Aunque frecuentemente subestimada, la inteligencia de los ánsares es innegable, y la historia de los del Capitolio sirve de testimonio. Pero, en el caso del Ánsar Común, se trata más bien de una mezcla de prudencia, discernimiento y memoria


Históricamente se ha alabado a los ánsares por su capacidad de vigilar si se acercan "gentes de mala vida", considerándoles superiores en esto a los mismos perros. Para apoyar esta teoría, se acostumbra a hacer referencia a que en el año 30 a. C., cuando en plena noche, mientras las legiones dormían, los galos trataron de asaltar la colina donde se encontraba el Capitolio Romano y mientras que los perros guardaban silencio, los ánsares alarmados, despertaron a Manlio (cuya residencia estaba en aquella colina) con sus potentes graznidos y batir de alas, avisando de esta manera del riesgo. Manlio al descubrir la causa y acompañado con los hombres que pudo agrupar en el momento, se apresuró al lugar en donde los galos ascendían y logró repelerlos, salvando de esta manera a Roma. 

Las principales amenazas para la especie se deben a la transformación del hábitat que ocupa, la caza ilegal y el envenenamiento por plomo.

martes, 25 de noviembre de 2014

Una garza que no acostumbra a comer cangrejos. Garcilla cangrejera (Ardeola ralloides)

Mi primer encuentro con esta ave zancuda se produjo a principios de este otoño y la verdad es que me impresionó bastante por su llamativo plumaje, poderoso y largo pico y unos ojos con un amarillo intenso que en su conjunto le proporcionan una belleza muy particular.




Inicialmente la puede ver en una zona con abundante vegetación palustre y casi me pasa inadvertida ya que su mimetismo con el medio que la rodeaba era importante.




El momento fue bastante impactante pues yo me encontraba a muy corta distancia y ella inicialmente no se percató de mi presencia, de ahí que su primera reacción al verme fuera hacer "la estatua" como lo denomino yo, pretendiendo pasar inadvertida con su inmovilismo.



Poco a poco se fue dando cuenta de que eso no funcionaba y, permitirme la expresión, le entró el canguelo y se le pusieron "las plumas de punta" (ver foto) ante la situación que se le presentaba.


Ante mi también inmovilismo, optó por ir retirándose cautelosamente sin perderme de vista, por si acaso. 


En un segundo encuentro con ella, me la encontré tranquilamente paseando por un camino y al cerciorarse de mi presencia optó de nuevo por hacerme "la estatua" pero esta vez lo hizo retirándose lentamente hacia la vegetación y adoptando una postura totalmente estilizada con el cuello totalmente estirado y el pico apuntando al cielo, como para pretender confundirse con la vegetación que tenía a su alrededor. Me recordaba a la postura que también adoptan las garzas imperiales (y en general las zancudas) cuando temen ser descubiertas.




La Garcilla cangrejera, conocida en asturiano como Garcina de Cámbaros, pertenece al grupo de aves zancudas de tamaño mediano-pequeño con patas, cuello y pico largos. Los dedos no son palmeados. Al volar recoge su largo cuello como ocurre con las garzas, garcetas y avetoros (ardeidae) y al contrario de las cigüeñas (ciconiidae) y las espátulas (Threskiornithidae) que vuelan con el cuello extendido.




Por cierto cámbaro proviene del latín, cammárus que es el nombre común de varias especies de crustáceos marinos más anchos que largos, con el caparazón verde y fuertes pinzas en el primer par de patas. Algunas especies son comestibles como por ejemplo, la andarica.



La alimentación de la Garcilla cangrejera no está constituida por cangrejos, como su nombre español y también el francés pudieran hacer creer. Solo una pequeña parte de su dieta puede estar formada por pequeños cangrejos de arena. Se alimentan principalmente de pequeños peces, anfibios, insectos acuáticos, crustáceos y moluscos. Es un ave diurna, con picos de actividad al amanecer y al final del día.




Esta garcilla presenta dos plumajes distintos según la época del año. Su plumaje habitual (invierno) resulta muy llamativo con listas de color pardo-ocreáceo en su parte superior y más blanquecino en la parte inferior. Del píleo le cuelgan hasta el dorso, largas plumas pardas que forman una coleta colgante característica. 




Las patas son de color verdoso y el pico de tonos grises y azulados, más brillante en la época reproductora, siempre acaba con la punta de color negro. 




Los ojos son amarillos con la pupila grande negra y durante la época reproductiva tienen un anillo rojizo en su borde.



El plumaje en época nupcial es mucho más llamativo desapareciendo prácticamente las listas de su plumaje que se torna mas amarillento-castaño muy luminoso.



En vuelo es muy llamativa pues apenas se aprecia color pardo que exhibe en reposo y destacan sobre manera las alas extendidas completamente blancas, pudiéndose confundir a lo lejos, con la Garcilla bueyera o incluso con la Garceta común.




No existe dimorfismo sexual en esta especie. Suelen habitar en humedales, preferentemente cercanos a la costa, donde haya abundante vegetación ribereña, lagunas, riberas de los ríos, albuferas, arrozales y marismas.



Durante la época de cría se vuelven más gregarias, el resto del tiempo suelen ser solitarias aunque a veces están en parejas.



En España son habituales durante el período estival y aunque un pequeño número se queda en invierno en el sur peninsular, la gran mayoría emigra a África para invernar. Las principales colonias se encuentran en el delta del Ebro, marismas del Guadalquivir, albufera de Valencia, y El Hondo y Santa Pola (ambas en Alicante). Además de éstas, aparecen puntos de reproducción salpicados por la península, aunque de importancia mucho menor, como las Tablas de Daimiel (Ciudad Real) y cuadrículas aisladas en las provincias de (de norte a sur y este a oeste).


Como reproductora, está presente principalmente en Europa (países mediterráneos) y norte (Marruecos, Argelia y Túnez) y este de África (también Madagascar) y en la región del Cáucaso, alrededores del mar Negro, Caspio y Aral.

Su amenaza fundamental es la destrucción y degradación de humedales y la contaminación del agua.

Está incluida en el Libro Rojo de las aves de España (2004) en la categoría de "Casi amenazada" y aparece como "En peligro de extinción" en el Catálogo Nacional de Especies Amenazadas.