martes, 10 de julio de 2018

Difícil pasar desapercibido por su bello colorido e insistente canto. Escribano cerillo (Emberiza citrinella). Escribana mederiza.

 La entrada de hoy la voy a dedicar a un bello pajarillo que habitualmente, durante el resto del año, no son fáciles de ver, pero al igual que ocurre con la mayoría de las paseriformes, durante la época reproductiva se exhiben con sus mejores galas, cantando sin parar desde sus perchas en lo alto de las ramas de los arbustos, postes o cualquier otro punto elevado, para así atraer a las hembras o delimitar sus territorios de cría.




Esta ingrata tarea es llevada a cabo por el macho, durante la época de cría, en la que como podremos apreciar en la mayoría de las fotografías que comparto en esta entrada, luce en general una llamativa coloración amarilla limón.




De hecho, no por casualidad, la denominación científica (Linnaeus, 1758) de este pajarillo, es la de “Emberiza citrinella”, proviniendo del término alemán antiguo, “emmeritz, embritz”: escribano, pájaro, y del latino “lt, citrus, -i” “citrinella”: diminutivo de limonero.




Es por tanto la primavera, la mejor época para poder observar y fotografiar a esta y otras especies de paseriformes, pero si a eso le añadimos la circunstancia de que las máximas densidades de este pájaro se concentran en zonas de media montaña de Asturias, León, Cantabria, País Vasco y Navarra, eso me ha facilitado notablemente conseguir ese objetivo, dada la proximidad de mi principal zona de pajareo, que como la mayoría ya sabéis, está en Asturias.




Así que como ya viene siento costumbre, en cuanto llega la primavera y las nevadas lo permiten, inicio mis periplos pajariles por la media o alta montaña de Asturias y León, para así aprovechar y disfrutar de los maravillosos y paradisíacos paisajes que en ella tenemos, mientras me dedico a buscar especies de aves propias de estos parajes y que en próximas entradas iré publicando.




Concretamente, las fotografías que hoy presento están realizadas en el mes mayo/junio en los Parques Naturales de Somiedo y de Las Ubiñas-La Mesa. 




Un auténtico lujo que tenemos al alcance de la mano y que nos permite mantener la afición en unos momentos de impás de la migración, a caballo entre la pre y la post nupcial, en la que escasean notablemente otras aves como las acuáticas, a las que solemos dedicarnos más a lo largo del resto del año, los que vivimos en la costa. 




En el caso del protagonista de esta entrada, me ha resultado francamente fácil poderme encontrar con él, ya que previamente conocía el hábitat característico que suele ocupar en ciertas zonas de montaña. Unas zonas a las que cuando llegas a ellas, como si de un auténtico embajador de la zona se tratara, te viene a recibir exhibiéndose con todo su conspicuo colorido y con sus incesantes cantos.




Si a esas dos circunstancias le añades la costumbre que tiene esta especie de hacerlo en los puntos más elevados de las ramas de los arbustos, matorrales, postes, rocas o cualquier otro punto elevado de la zona (cantaderos), las facilidades para observarlos y poderles realizar un buen reportaje fotográfico, son muy altas. 




Además, como es mi caso, habitualmente elijo días despejados de primavera o verano en los que la luz en la montaña es un privilegio para la fotografía y de la que lamentablemente, no tenemos la suerte de disfrutar mucho en la costa durante la mayoría del año. 




Centrándome ya en el Escribano cerillo (Emberiza citrinella), comentar que es un pájaro de muy fácil identificación. Podemos decir que dentro de lo que es la familia de los escribanos (Emberizidae), este tiene un considerable tamaño ya que miden unos 16-17 cm de longitud, pudiendo alcanzar ente los 23-30 cm de envergadura. Su peso puede llegar a los 35 gramos. Existe un ligero dimorfismo sexual en esta especie. 




Al igual que ocurre en la mayoría de las especies de aves, al Escribano cerillo durante la época nupcial (primavera/verano) se le intensifican notablemente los colores de su plumaje, que en el caso de los machos es de color pardo rojizo con listas de color negro por el manto y el dorso a excepción del obispillo que es más oscuro, de color castaño rojizo y sin estrías. 




La cabeza es casi toda de color amarillo brillante a excepción de dos líneas en los laterales del píleo, una a cada lado, de color negruzco. En la zona de la nuca suelen presentar una mancha clara. 




La cara también es de color amarillo brillante pero en ella destacan tres bandas de color oliváceo negruzco que a modo de antifaz un tanto desdibujado (propio de la mayoría de escribanos) se despliegan por ella. La más alta coincide con la línea pileal lateral que antes describí. Las otras dos líneas, son más gruesas que la anterior, discurriendo una de ellas por detrás del ojo y curvándose ligeramente hacia abajo. La otra recorre la parte inferior de la mejilla, partiendo a veces de la comisura del pico (emulando a una bigotera) y va curvándose hacia arriba, pudiendo llegar a contactar por detrás con la anteriormente descrita. Hay que reseñar que las mejillas en algunos individuos presentan esos tonos oliváceos, mientras que en otros está totalmente ausente, sin apenas bandas. 





Los ojos son de color castaño oscuro, casi negro y están rodeados de un fino anillo periocular negruzco. 





El pico, como en los otros escribanos, es cónico, puntiagudo, corto y con la base muy ancha. La mandíbula inferior es de color gris azulado claro y el culmen negruzco. 





Por su parte, la garganta, el cuello y la parte superior del pecho son de color amarillo. 





En la parte central del pecho hay una especie de collar ancho amarillento y por debajo de él, otra zona con tintes rojizos y abundantes estrías de color castaño rojizo que se extiende por ambos flancos. 




El vientre y la zona caudal inferior son de color amarillo. 





Las plumas de las alas son de color negruzco orlado por una ancha franja de color castaño rojizo. Las plumas primarias y las secundarias son de color marrón oscuro pero con los bordes amarillentos. 





La cola es larga y está ligeramente bifurcada; por la parte superior es de color pardo negruzco y las dos rectrices exteriores de cada lado tienen unas grandes manchas de forma triangular que ocupan casi toda la pluma excepto el borde exterior y son mayores en la rectriz más externa. Por la parte inferior las plumas son de color blanco orlado de marrón. 





Las patas son medianamente largas y tienen los tarsos de color carne anaranjado y los pies parduzcos. 




La coloración de los machos fuera de la época reproductiva es mucho más apagada, pareciéndose a las hembras, pero más amarillo. Durante este período las listas faciales se vuelven más gruesas. 





Las hembras en verano presentan una coloración más apagada que la de los machos, siendo menos amarillentas y más verde grisáceas con el píleo, la cara y el dorso intensamente rayados. Conserva, sin embargo, el obispillo de color castaño que es muy visible en el vuelo y también son pardo rojizos el pecho y los flancos. 




Las plumas de las alas poseen los bordes claros mucho más anchos. El pecho está mucho más estriado que en los machos. Las partes inferiores son de un amarillo más pálido. Los ojos están rodeados de un fino anillo periocular blanquecino. 




Los jóvenes se parecen mucho a las hembras, pero por la parte superior su color es más grisáceo, están mucho más estriados, con apenas una leve tonalidad amarilla en la región ventral. 




El canto del Escribano cerillo consiste en una serie de notas de secuencia muy rápida y acelerada que remata con un sonido diferente, “sri-sri-sri-sri-siii-suuu”. Es un canto repetitivo y monótono con algunas variaciones. 





Durante la época reproductiva se mueven en parejas, pero durante el invierno se vuelven gregarios y forman bandos en los que se mezclan con otras aves granívoras (otros escribanos, pardillos, gorriones, etc), deambulando por campos y rastrojos en busca de semillas, alejándose mucho de sus lugares de origen. 




El Escribano cerillo habitualmente evita las áreas habitadas por el hombre y por eso raramente se les puede observar en jardines o campos cercanos a poblaciones, pero a pesar de ello, es bastante confiado con las personas. 





Su distribución es por las latitudes templadas y boreales de Europa y el extremo occidental de Asia, donde aparece representado por otras dos subespecies (“citrinella caliginosa”, “citrinella erythrogenys”). En nuestro país habita la subespecie nominal “citrinella citrinella”, la misma que ocupa la mayor parte de Europa. 



En nuestro país son residentes habituales, pero su número aumenta durante el invierno debido a las aves europeas que acuden para pasar el período invernal. La migración posnupcial tiene lugar durante el mes de octubre, en tanto que el regreso a los territorios de cría se produce hacia el mes de abril. 




En España su distribución se limita a una estrecha franja en el tercio norte de la Península (hasta el norte de Zamora y el tercio septentrional del Sistema Ibérico) donde predomina el clima eurosiberiano y siempre en altitudes superiores a los 800 msnm. Sus poblaciones más numerosas se sitúan en las regiones cantábricas. 




Su hábitat preferido se encuentra en zonas de influencia atlántica próximas al litoral del norte de la Península, que sean frescas y con abundantes precipitaciones y en las que existan prados y campiñas que alternen con setos arbustivos, matorrales o bosquetes. 




Más hacia el sur de su área de distribución tiende a instalarse en las laderas de montaña en las que se alternan los bosquetes, los pastizales, los árboles diseminados y los matorrales. Durante el invierno frecuentan los campos de rastrojos. 




Su dieta es fundamentalmente a base de semillas (sobre todo de gramíneas) que obtiene en pastos y lindes. También comen frutos silvestres, yemas y brotes de las plantas. En periodo primaveral o estival complementan ese tipo de alimentación con insectos, gusanos, lombrices, arácnidos y otros pequeños invertebrados. 




El periodo de reproducción abarca entre los meses de mayo a julio. La parada nupcial no es muy elaborada, consistiendo únicamente en una persecución en vuelo quebrado tras la que la pareja cae al suelo y se aparean. 




La hembra construye el nido en el suelo cerca de alguna roca o al amparo de alguna mata o también a muy poca altura en los arbustos espinosos y espesos, dándole forma de cuenco. Para su elaboración utiliza hierbas secas, pequeños palitos, pequeñas raicillas y musgo, después lo tapiza con hierba y pelos. 




La puesta se compone habitualmente de 2-6 huevos y pueden efectuar 2-3 puestas por temporada. Los pollos son alimentados por ambos progenitores con semillas e invertebrados durante 11-14 días aproximadamente, tras los que abandonan el nido, pero siguen siendo atendidas por el padre durante unos 15 días más. 




Mientras la hembra se encarga de la incubación, el macho busca una zona elevada para emitir el canto territorial echando la cabeza hacia atrás y abriendo mucho el pico. 





Las principales amenazas para esta especie, vienen por la intensificación agrícola que provoca una considerable escasez de semillas en invierno. El Escribano cerillo fue escogido por los ornitólogos checos como el ave del año 2011, por ser un claro ejemplo de cómo el desarrollo agro-industrial llega a afectar la naturaleza. 




Aunque en España no hay estudios concretos recientes, según todos los indicios, parece que se trata de una especie que se encuentra en regresión. Los datos recogidos por el programa SACRE muestran una tendencia negativa para el periodo 1998-2005, con descensos superiores a un 5%. El Escribano cerillo aparece incluido en el Catálogo Nacional de Especies Amenazadas en la categoría “De interés especial”.

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