viernes, 14 de abril de 2017

En un lugar de La Mancha… Flamenco común. Phoenicopterus roseus.

Un año más he tenido la oportunidad de poder realizar un completo reportaje fotográfico de esta espectacular ave cuya observación es todo un privilegio y hace las delicias de cualquier aficionado a las aves y a la fotografía de ellas en particular.





Como en otras ocasiones, para mí un lugar ideal para poder disfrutar plenamente de este bello espectáculo son las diversas lagunas y humedales de la llamada “La Mancha Húmeda” que no por casualidad ya en 1981 entró a formar parte integrante de la Red Internacional de Reservas de la Biosfera.





Llegar a una de sus numerosas lagunas y encontrarte con decenas de flamencos es toda una experiencia y si además, como ha sido el caso, cuentas con la colaboración de que haga un espléndido día con un cielo completamente azul, la combinación se convierte en un gran aliado para poder pasar un estupendo día y disfrutar plenamente observando y fotografiando a esta y otras muchas especies de aves acuáticas.





Nada más llegar me llamó poderosamente la atención encontrarme con un grupo tan numeroso de flamencos (casi un centenar) y observar sus estilizadas e inconfundibles siluetas de suaves colores blanco y rosáceo que contrastaban con el azul del agua y del cielo y que se rompían de vez en cuando, al desplegar algún ejemplar sus alas y exhibir su fuerte color bermellón y negro.





Sus cuellos y patas extremadamente largas, su pico muy grueso y curvado hacia abajo y sobre todo el espectacular colorido del plumaje de los individuos adultos les proporcionan una elegancia espectacular.





Las patas de los ejemplares adultos son rosadas, más largas que el cuerpo del animal, y el tobillo se encuentra en el medio de la pata; la rodilla se encuentra cerca del cuerpo y no es visible externamente.





Como la mayoría ya sabréis, los individuos jóvenes o inmaduros se diferencian bien de los adultos por carecer del tinte rosado de aquéllos y ser en conjunto pardo grisáceos, pues las plumas blancas están rayadas de ese color. También carecen del color bermellón de las alas y las patas son grises.





Los dos sexos son parecidos siendo los machos algo más grandes, pero la fiabilidad de la determinación del sexo no es tal si se hace simplemente por la vista.





El plumaje primaveral de los adultos es básicamente blanco teñido ligeramente de rosa vivo, en especial en la cola y obispillo. Las plumas primarias y secundarias de las alas son negras y el resto es rosa brillante oscuro casi bermellón.





No es de extrañar que la denominación común de flamenco derive del "flamear" de sus alas cuando vuela. Un bonito espectáculo que al que resulta difícil acostumbrarse y máxime si tienes la oportunidad de poder fotografiarlos de cerca.





Es precisamente en vuelo cuando mejor apreciamos la gran longitud de estas aves, con sus largos cuellos y patas estiradas, al igual que las espátulas, las cigüeñas o las grullas, lo que les proporciona una figura muy estilizada.





Es habitual verlos desplazarse en bandadas más o menos numerosas y manteniendo una formación en hilera ondulante, muy vistosa.





También llama poderosamente la atención la diferencia aparente de tamaño entre los que están descansando o durmiendo y los que se mantienen activos o despiertos. A ello contribuye notablemente sus largos cuellos compuestos de 19 vértebras cervicales alargadas, que les proporciona una gran capacidad flexibilidad y torsión y que habitualmente lo tienen doblado en forma de “S” y en muchas ocasiones, inclinado para abajo para poder sumergir la cabeza en el agua.





Cuando vemos volar a individuos adultos, podemos apreciar que aunque la mayor parte del plumaje de su cuerpo es rosa claro, este se hace más intenso en las plumas coberteras e infra-coberteras alares, llegando en primavera, a ser de color un rosa carmesí que contrasta notablemente con el color negro de sus plumas primarias y secundarias.





Se sabe que el color rosa de su plumaje es debido a su alimentación rica en alfa y beta carotenos que obtienen de los microorganismos que componen su dieta. El flamenco tarda seis años en alcanzar la madurez sexual, por lo que poco a poco van acumulando los pigmentos carotenoides que le harán tener un plumaje colorido, tan importante para el cortejo.





Son extraordinariamente gregarios, llegando a juntarse miles de parejas en las zonas de cría.





Otro comportamiento bastante habitual es ver a los bandos de ejemplares adultos desplazándose caminando de un lado a otro de la laguna con los cuellos extremadamente estirados y comunicándose verbalmente entre ellos emitiendo unos sonidos nasales y guturales muy similares a los que emiten los ánsares comunes (gansos) y que en casos de grupos numerosos, como el que nos ocupa, llega a provocar un ruido considerable. Curioso resulta saber que los padres pueden reconocer a su propio polluelo entre miles, tan solo con escuchar la vocalización del pequeño.




Llamativo también resulta ver como mantienen en una zona separada del resto del grupo de adultos, a los individuos más jóvenes, en lo que se ha llegado a denominar como “guardería infantil".





Con frecuencia se les puede observar interactuando entre ellos chocando sus espectaculares picos y entrelazando sus larguísimos cuellos, dando la impresión de que van a llegar a hacerse un nudo con ellos.





Pero si hay algo que a mí especialmente me llama la atención de estas enormes aves que llegan a medir entre 1,25 y 1,45 m y a tener una envergadura de entre 1,25 y 1,45 m, es el verlos despegar desde el agua, dando enormes zancadas, como si corrieran por encima del agua, para coger carrerilla y poder así alzar el vuelo. En este sentido, hay que tener muy en cuenta que a pesar de su gran envergadura, su peso oscila tan solo entre los 0,8 y 1,9 Kg.





Son aves bastante longevas pudiendo llegar a vivir hasta 20-30 años aproximadamente. Los individuos en cautiverio pueden llegar a vivir hasta 50 años.





Estéticamente tampoco es nada desdeñable verlos posarse en el agua tras el vuelo, para ello despliegan sus larguísimas patas palmeadas que traían estiradas y pegadas al cuerpo cuando volaban y despliegan totalmente sus coloridas alas para así frenar y amortiguar su caída.






Verles tomar contacto con el agua me recuerda a los pasos de las bailarinas de ballet, pero bueno esto tan solo son apreciaciones mías.






En esta ocasión también me ha llamado la atención ver algún individuo que para alimentarse se calaba en el agua introduciendo la cabeza y totalmente su largo cuello, así como prácticamente la mitad de su cuerpo dentro de ella. Parecían vulgares patos.





Lo habitual, como la mayoría ya sabréis, es que para alimentarse lo realicen en aguas someras y tan solo sumerjan parcial o totalmente la cabeza en el agua, mientras van removiendo el fondo con los pies.





A la vez van realizando los característicos movimientos de balanceo lateral de la cabeza, consiguiendo de esta manera, ir llenando su adaptado pico con agua terrosa mezclada con pequeños invertebrados acuáticos, que quedan retenidos en la boca después de expulsar el agua con la lengua, cosa que hacen a un ritmo de tres o cuatro succiones y expulsiones por segundo.





Las materias nutritivas quedan retenidas en estas láminas a modo de peines y con la ayuda de una lengua extremadamente sensible expulsa el agua y la arena. Su alimentación está formada a base de materia vegetal, pequeños microorganismos vivos, peces diminutos, moluscos, crustáceos e insectos.
Su alimentación es a base de pequeños microorganismos vivos, materia vegetal (semillas y algas), peces diminutos, pequeños crustáceos o moluscos y larvas e insectos adultos.





Su hábitat preferido son los humedales salinos y o salobres, salinas, albuferas y marismas con aguas someras y en espacios muy abiertos. En ocasiones se les ve en zonas de tratamiento de aguas residuales.





Se distribuyen por África, Asia y parte meridional de Europa (Mediterráneo).

En España su distribución está asociada a los humedales de aguas salinas o salobres, ya sean costeros o del interior, del litoral mediterráneo (incluidas las Baleares), marismas del Guadalquivir, Andalucía y Castilla-La Mancha. En Canarias resulta accidental. En nuestro país se da la más extensa distribución mundial del flamenco común.


Su número aumenta en invierno a expensas de las aves procedentes de Europa que se quedan para invernar, pero la mayoría lo hacen en África y sólo algunos ejemplares permanecen todo el año.





En nuestro país anidan en la laguna de Fuente de Piedra (Málaga), Doñana, marismas del Odiel, la laguna salada de Pétrola (Albacete), cabo de Gata, delta del Ebro, salinas de san Pedro del Pinatar (Murcia) y litorales de Baleares.


Realizan un llamativo cortejo en grupo, sincronizado, abriendo las alas, acicalándose ritualmente, levantando el cuello y girando la cabeza de un lado a otro.





El periodo de cría lo realizan entre los meses de abril y mayo. En esas fechas se reúnen formando grandes colonias. Suelen reproducirse por primera vez a partir de los cinco años de edad.





Construyen con barro unos característicos nidos con forma de cono truncado en los que la  hembra deposita uno o dos huevos, que son incubados por ambos sexos durante unos treinta días.





Los pollos permanecen algunos días en el nido, pero son bastante precoces y pronto lo abandonan para agruparse en “guarderías”, donde quedan al cuidado de unos pocos adultos mientras la mayor parte de los progenitores se aleja de la colonia en busca de alimento.





Para reproducirse precisan de la existencia de humedales con aguas someras, de nivel generalmente constante a lo largo de todo el periodo reproductor, y con islas o zonas terrestres emergidas a salvo de predadores.





El principal riesgo al que se enfrenta la especie reside en la concentración de la mayor parte de su población reproductora en unos pocos enclaves de cría, por lo que cualquier incidencia o situación ambiental adversa puede acarrear el fracaso reproductor de una parte importante de la población en una temporada determinada. 





Una primavera con escasas lluvias puede causar una desecación más temprana del humedal en el que se asienta la colonia, lo que puede hacer fracasar la reproducción, bien por falta de alimento o por la predación de perros, zorros o jabalíes, que, ante la ausencia de agua, pueden acceder fácilmente a las isletas donde se sitúan los nidos. En esa época reproductiva no solo son muy sensibles a las injerencias por factores naturales, si no también a las provocadas por el ser humano.





El Flamenco común se incluye en el Libro Rojo de las aves de España como “Casi amenazado” y aparece en la categoría “De interés especial” en el Catálogo Nacional de Especies Amenazadas.

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