viernes, 28 de abril de 2017

El ave que no para de cantar en sus increíbles ascensos. Alondra común. Alauda arvensis. Calandra.

Esta entada la quiero dedicar a esta interesante especie a la que habitualmente, cuando salimos al campo a pajarear, la detectamos antes por su vehemente y mantenido canto que por la vista.




Evidentemente me estoy refiriendo a la Alondra común, una especie de ave paseriforme perteneciente a la familia de los aláudidos (alondras, terreras, calandrias y cogujadas) de la que si hubiera que destacar alguna característica peculiar, tal vez la más representativa sería la de su increíble vuelo ascendente en espiral, mientras entona sus sonoros trinos y gorgojeos de una forma repetitiva y sostenida, hasta que casi la perdemos de vista. 




Una vez que llega a una altura considerable que puede alcanzar hasta los 100-150 m y siempre sin parar de cantar (entre 5-15 min de canto sostenido) en un tono muy alto, se cierne batiendo a intervalos las alas o planeando, para posteriormente y sin parar de cantar, iniciar un vertiginoso descenso en espiral, hasta que en los últimos metros, guarda silencio y toma tierra, permaneciendo inmóvil y perfectamente mimetizada en el entorno, dado su críptico plumaje.




A la vista de estas características, no es de extrañar su denominación científica como “Alauda arvensis”, cuya etimología procede de los términos latinos “alauda-ae”: alondra, alauda, (voz céltica compuesta de –al: alto, grande y de –aud: canto) y del adjetivo latino “arvensis-e”: relativo al campo cultivado, a la tierra de labor (arvum-i).




Se trata de un ave que presenta un cuerpo alargado y robusto, que viene a medir entre los 17-19 cm de longitud, con una envergadura que puede alcanzar los 36 cm y un peso de aproximadamente los 50 gr. No existe dimorfismo sexual en esta especie, aunque los machos son de un tamaño apreciablemente mayor que las hembras.




Tienen las partes superiores de color pardo claro densamente listado o rayado de marrón negruzco que contrasta mucho. La garganta y el pecho están ligeramente teñidos de beige, presentando unas pequeñas listas de color pardo oscuro muy contrastadas que se extienden difusamente por los flancos.




El vientre lo tienen de color blanco y sin marcas. Las plumas terciarias de las alas son de tamaño pequeño, dejando una proyección de las primarias largas. 




En vuelo puede distinguirse en el borde posterior el ala una línea blanca, menos apreciable que en la calandria.




El píleo es de color pardo con un listado negruzco, y en el caso del macho puede erguir las plumas en forma de cresta roma similar a la de las cogujadas, aunque las de estas son más largas y puntiagudas. Las hembras tienen esa cresta pero más aplanada. 




En la cara tienen una ceja pálida y gruesa bastante definida que se extiende por detrás del ojo. La mejilla queda delimitada por una gruesa línea marrón que la rodea.




La cola es alargada, de color pardo oscuro, casi negro por debajo y las rectrices externas de cada lado de color blanco, siendo muy visibles cuando el ave inicia el vuelo desde el suelo.




El pico es corto, fino y bastante fuerte. La mandíbula superior tiene color pardo oscuro y la inferior un tono más claro.




Los ojos tienen el iris de color marrón oscuro y están rodeados de un fino anillo periocular.




Las patas son largas, de color pardo-rosáceo y el dedo posterior presenta una uña muy larga, recta y afilada. 




Los jóvenes son similares al adulto solo que presentan los márgenes de las plumas del manto y de la cabeza pálidos.




En cuanto a su comportamiento decir que, como la mayoría de aláudidos, son aves muy discretas, de hábitos terrestres y muy territoriales que defienden su territorio cantando desde algún oteadero.




Fuera de la estación de la cría es gregaria, formando bandos a partir de septiembre que pueden llegar a ser muy densos, varios millares ocasionalmente y centenares más a menudo.




También es bien conocido que esta especie tiene un reloj biológico marcadamente matutino, iniciando la actividad diaria al percibir la primera claridad del día y dándola por terminada a la primera señal del ocaso. No es de extrañar pues, que el término “alondra” sea usado para describir a una persona que, normalmente, se levanta muy temprano por la mañana, y se va a la cama temprano por la tarde.




Su vuelo es rápido, con intenso batido de sus largas y estrechas alas varias veces seguidas, alternando con un plegado completo de ellas contra el cuerpo. Tiene una gran capacidad de maniobra en el aire, con posibilidades de cernidos prolongados y ascensiones y descensos vertiginosos 




Cuando es levantada en un campo no recorre largas distancias y vuela a baja altura, girando con frecuencia nada más elevarse y acompañándose siempre con su típico grito áspero tipo ¡¡chirrep!!




Camina por el suelo un poco agachada, con los tarsos flexionados, pero también salta al encontrar un obstáculo. Entre la hierba, por corta que esta sea, es difícil de ver y casi siempre nos sorprende, levantándose a nuestros pies y seguidamente otras que estaban algo más alejadas y a las que alerta el grito de la primera.




Emite un canto largo y continuado, muy rápido, consistente en una sucesión de trinos encadenados y repetitivos, sin pausa entre ellos. Canta a partir de febrero, pero con mucho más ímpetu en mayo y junio. Su canto, menos sostenido, se escucha en cualquier mes del año, excepto en agosto y la primera mitad de septiembre cuando está en plena muda del plumaje.



La Alondra común se extiende por gran parte de Europa y Asia llegando a la costa del Pacífico siendo esta distribución de ancha banda, es decir desde zonas tan meridionales como el Magreb hasta, en algunos lugares, sobrepasar el círculo polar ártico. Está ausente en Islandia y el extremo más norteño de Rusia.



En nuestro país es un ave bastante extendida por toda la Península Ibérica, sobre todo en su mitad septentrional (ausente en Baleares y Canarias), siendo un ave residente que durante el invierno ve aumentados sus efectivos debido a la llegada de otras aves procedentes de diversos países del norte y oeste de Europa. El paso primaveral transcurre desde finales de febrero hasta mediados de abril, con máximos en marzo, mientras que el paso otoñal se detecta entre septiembre y diciembre, con máximos a finales de octubre y principios de noviembre.




Sus hábitats se encuentran en zonas desarboladas como pastizales abiertos, paramos, prados, terrenos de cultivo de cereal y formaciones de matorral bajo (tomillares, cantuesales, brezales…) y desde el nivel del mar hasta por encima de los 3.000 m de altitud.




Su alimentación en la época estival es principalmente a base de insectos, los cuales también utilizan para alimentar a sus crías. Durante el invierno y primavera su dieta se compone de semillas de cereal y malas hierbas que rebuscan por el suelo.




La Alondra común es una especie monógama cuyo periodo de reproducción lo llevan a cabo entre los meses de marzo y julio. Pueden efectuar 3-4 puestas anuales. Nidifica en el suelo donde la hembra construye el nido con forma de cuenco, bien a cielo abierto, entre la vegetación baja, o bajo la protección disponible del pastizal; para su elaboración utilizan hierbas, pequeñas ramitas y hojas y lo tapizan con pelos y plumas. La puesta se compone de 3-5 huevos que son incubados por la hembra durante aproximadamente 11 días. Los pollos son alimentados por ambos padres y se hacen volanderos a los 18-25 días, aunque abandonan el nido a los 8-10.




Las principales amenazas para esta especie lo constituyen la intensificación agrícola, la reforestación de terrenos marginales, la roturación de eriales o pastizales y la transformación en regadíos.

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