jueves, 15 de diciembre de 2016

Una auténtica entrada de “pata negra”. Negrón común. Melanitta nigra. Coríu Prietu

Bueno me perdonareis y me admitiréis “pata negra” para referirme de nuevo a la hembra de Negrón común que puntualmente, como cada año, nos visita por estas fechas por el entorno de la dársena de San Agustín de Avilés. 






Esa denominación de “pata negra” podría considerarse correcta si se tiene en cuenta que esta especie fue descrita científicamente por Carlos Linneo en 1758 en la décima edición de su obra Systema naturae, con el nombre de Anas nigra, que significa “pato negro”. Posteriormente fue trasladado al género Melanitta. La etimología de la denominación científica actual de su género, Melanitta nigra procede de la combinación de las palabras griegas melanos “negro” y netta “pato”, y su nombre específico nigra que en latín significa “negra”, luego esa denominación podría admitirse puesto que anas y netta son términos femeninos.





Este año, he podido localizar dos ejemplares en la dársena de San Agustín y un tercero en la bocana de entrada de la ría de Avilés, tratándose en ambos casos de hembras. También he podido observar su paso migratorio por nuestras costas y concretamente a un gran grupo de estos reposando en mar abierto un día de temporal a escasos metros del espigón de entrada a la ría de Avilés, pero en esa ocasión no les pude fotografiar.





Al parecer, en esta temporada otoñal también se han podido observar hembras de Negrón común en el puerto de El Musel (Gijón), la playa de Bañugues (Gozón) y en la ría del Eo (Castropol). 





Como ya conoceréis el Negrón común, durante la época invernal, abandona sus frías áreas de cría en el norte de Europa (islas Británicas, norte de Escandinavia, norte de Rusia e Islandia) y pasa el invierno al sur de sus áreas de cría, por lo que las poblaciones europeas alcanzan las costas atlánticas de Europa y el norte de África, así como del Mediterráneo.





En España son invernantes habituales aunque también se les puede ver durante los pasos migratorios en aguas del Cantábrico y el Atlántico, así como del golfo de Cádiz y las costas levantinas. Su género de vida es esencialmente marino y casi nunca penetran en áreas de interior.





El paso posnupcial se produce entre septiembre y diciembre y durante marzo y abril las aves que han pasado el invierno en aguas ibéricas retornan por el Cantábrico a sus lugares de cría.





Su comportamiento habitualmente es excesivamente tímido, siendo difícil aproximarse a ellos, pero tal vez, el mejor momento para poderles observar y fotografiar es cuando se aproximan a las rocas sumergidas en los márgenes de la ría, donde capturan con relativa facilidad sus alimentos favoritos como son los crustáceos (cangrejos) o los moluscos (mejillones, almejas). También se alimentan de peces pequeños, insectos y gusanos, que complementan con plantas acuáticas y brotes durante la época de cría.






Para capturar a sus presas habituales, se sumergen completamente, tomando impulso con un pequeño salto y plegando las alas al cuerpo.





Son unos excelentes buceadores, pudiendo alcanzar en sus inmersiones los 20-30 m de profundidad.





Es un verdadero espectáculo poder observar de cerca, una y otra vez, sus inmersiones en busca de cangrejos y las vicisitudes que tienen que pasar hasta poderlos tragar sin peligro.






Para ello, una vez capturados, proceden a sujetarlos minuciosamente por las patas, lo que supone tener que soltarlos y volver a coger por la zona correcta, para a continuación proceder a someterles a una sacudida violenta, de lado a lado y contra el agua, que mate o atonte al susodicho cangrejo y así evitar cualquier tipo de picotazo en la boca. 






Todo un curioso ritual que te hace no perderte ni una de esas secuencias e intentar fotografiarlas lo más minuciosamente posible. 






Otra de sus actividades cotidianas, como es costumbre en todas las aves acuáticas, consiste en acicalarse minuciosamente su plumaje lo que conlleva una serie de fases o pasos como es el de rascado, ahuecamiento del plumaje y realización de varias inmersiones superficiales que mojen bien el interior de las plumas.





Otra de las fases más importantes en ese acicalamiento o limpieza del plumaje y que en el caso de los patos adquiere una importancia capital, el la de limpieza e inpermeabilización de las plumas, para lo cual proceden al frote de la denominada glándula uropígea que se encuentra cerca de la base de la cola. Esta glándula cuando es restregada por la cabeza del pato, segrega a la superficie de la piel una serie de aceites o ceras (uripigioles) que posteriormente se encargará el pato de distribuir minuciosamente por todas las plumas de su cuerpo para conseguir una buena limpieza e impermeabilizacion, que le prevenga de enfermedades y le facilite una mejor flotación. 





Para terminar, proceden a la fase más llamativa que consiste en el baño final y secado profuso de las alas, par lo cual proceden a levantarse sobre la cola y aletear fuertemente con las alas extendidas, lo que permite al observador apreciar los mínimos detalles de su anatomía tanto por la parte ventral... 








... así como por la dorsal. ¡Todo un espectáculo! 








Y para finalizar, tras una copiosa comida y una profusa limpieza, nada como una buena siestecita al sol y dejándote mecer por el suave balanceo de las olas del mar. 






Felices sueños.

3 comentarios:

  1. Una entrada más sabrosa que el jamón ibérico.
    Me ha sorprendido mucho el tamaño de las patas y los pies del negrón, nunca las había visto. Son bastante más grandes que las de los patos de interior que son los que yo suelo ver. Ojalá pueda acercarme algún invierno para verlos en vivo.
    Gracias por tu trabajo.

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  2. Preciosa entrada, los negrones son los patos que más me gustan y probablemente los más difíciles de fotografiar. Saludos desde "el ornitólogo de once años".

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  3. Muchas gracias Guillermo y Gonzalo. No había visto los comentarios hasta ahora porque he tenido problemas con el correo. Saludos.

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