miércoles, 13 de julio de 2016

Un ave muy, muy peculiar. Abubilla. Upupa epops. Pupa.

En esta entrada voy a tratar de un ave que a mí particularmente me produce una especial alegría cada vez que me encuentro con ella y a la que podemos considerar como distinta al resto de especies de nuestro entorno por múltiples características que la hacen ser un ave muy peculiar.




En primer lugar quiero destacar el aspecto general de su plumaje y concretamente su larga y eréctil cresta que a modo de abanico, exhibe en determinadas circunstancias y que le proporciona una fotogenia muy difícil de igualar.




En segundo lugar habría que señalar su peculiar canto, de cuyo sonido onomatopéyico “up-pu-pu-pu” toma su nombre científico “Upupa epops”. Se trata de un sonido repetitivo, grave, aflautado y de largo alcance.



Podríamos seguir destacando su peculiar vuelo errático y ondulante, batiendo las alas de forma similar a como lo haría una mariposa gigante.




Curioso también es el hecho de que se la conozca como un “ave sucia” por el característico olor que se desprende de sus nidos.




Un ave que como más adelante veremos, debido a sus peculiaridades, tiene múltiples referencias en la mitología y la cultura popular.




Y para terminar con la enumeración de sus peculiaridades, hay que destacar que se trata de un ave de origen tropical que es la única representante de su género en nuestro entorno (Europa).




Empezando por este último aspecto, decir que efectivamente, la Abubilla es un ave que pertenece a un orden de aves muy coloridas, las Coraciformes (como el Martín pescador, la Carraca o el Abejaruco, entre otras), familia Upupidos, género Upupa y especie Upupa epops. 




Son aves de un tamaño mediano que miden en torno a los 26-28 cm de largo y con una envergadura de entre 44-48 cm. Tienen un peso aproximado a los 90 gr. Su longevidad puede alcanzar hasta los cinco años. Existe dimorfismo sexual poco acusado en esta especie.




Su aspecto general es inconfundible (sobre todo en vuelo) formando un conjunto llamativo que hace a este pájaro fácil de identificar aun por personas no habituadas a la observación de las aves. 




Presentan unos tonos pardos rojizos anaranjados en la mitad anterior del cuerpo (garganta y pecho), cabeza, cara, cuello y mitad superior de dorso, que contrastan notablemente con las listas negras y blancas en la mitad postero-inferior del dorso y de la cola, así como con el color blanco de la zona caudal inferior. 




Las alas muy anchas y redondeadas, tienen barras blancas y negras, excepto en la zona de los hombros que son de color pardo rojizo. 




Destaca en la cabeza un gran penacho de plumas ocres con listas blancas y negras en su extremo, que habitualmente lo tienen plegado hacia atrás, sobresaliendo claramente por detrás de la cabeza, pero que en situaciones de alarma, enfado o durante el cortejo, lo pueden desplegar como una cresta en forma de abanico. También la despliegan siempre, pero de forma breve, en los aterrizajes.




El pico es muy largo (5-6 cm), fino, está ligeramente incurvado hacia abajo en su extremo y es de color negro, excepto en la base de la mandíbula inferior donde es gris pálido. Lo utilizan hábilmente para desenterrar larvas que encuentran mientras caminan sobre la tierra.




Los ojos son pequeños, de color marrón negruzco y están rodeados por un fino anillo periocular blanquecino. 




El obispillo es blanco y la cola es ancha, recta en su extremo y de color negro con una ancha banda transversal de color blanco en su parte central. 




Las patas y los pies son de color pardo grisáceo.




Las hembras tan solo se diferencian de los machos en que tienen un tamaño menor y en que acostumbran tener la garganta más pálida (babero blanco, bajo el pico) y el pecho algo más oscuro que los machos, aspecto este que como mejor se puede apreciar es si se comparan simultáneamente ambos sexos. Los machos además tienen el pico proporcionalmente más largo que las hembras. 




Los juveniles muestran una coloración parecida a la de las hembras, destacando a primera vista, sobre todo, la posesión de un babero de color casi blanco bajo el pico y el vientre con numerosas líneas oscuras longitudinales. El plumaje, con tonos marrones en general, es de color más apagado que el de los adultos, volviéndose canela-grisáceo al poco de salir del nido. Además los jóvenes tienen el pico bastante más corto y recto que los adultos.




El vuelo de la Abubilla es muy característico, aleteante e inestable, con cortas ondulaciones y brevísimos planeos, siempre cerca del suelo. No vuelan largas distancias y pronto se vuelven a posar, aunque se hayan levantado alarmadas. Se posan también en árboles, pero mucho más a menudo en cercas, muros, bordes de carreteras, cunetas, caminos, postes, cables, casas, basureros, montones de tierra, estiércol, etc. Se las acostumbra a ver solitarias o en parejas pero normalmente guardando una distancia apreciable entre una y otra. En vuelo, sus anchas alas redondeadas que baten irregularmente, les proporcionan un aspecto similar al de una gigantesca mariposa de alas blancas y negras.




En tierra su marcha es elegante, tanto si caminan moviendo la cabeza de atrás a adelante, como si trotan ligeramente, asemejándose al caminar de los estorninos. Al caminar se mantienen distantes unas de otras y lo hacen con pasos cortos pero rápidos, deteniéndose continuamente a observar el suelo o los intrusos que se aproximan.




Las podemos encontrar en hábitats muy variados, como pueden ser las dehesas, viñedos, olivares, campos de cultivo, sotos fluviales, bosques abiertos (pinares, carrascales, etc.) y hasta en parques y jardines.




Su alimentación es insectívora a base fundamentalmente de gusanos, lombrices y orugas, teniendo especial predilección por la oruga procesionaria del pino, así mismo les encantan los escarabajos, en especial el ciervo volante, los abejorros, el grillo topo, los ciempiés, los saltamontes, los arácnidos, mariposas, hormigas, ciempiés, moscas, etc. En algunas ocasiones (época de reproducción) pueden llegar a comer caracoles, lagartijas o pequeñas ranas. 




Las presas son troceadas a picotazos y frecuentemente lanzadas al aire para luego capturarlas al vuelo, con tan gran habilidad para que resbalen dentro de la boca.




Es habitual verlas comiendo en el suelo, tanto en barbechos como en terrenos de cultivo, en los claros de los pastizales y en los estercoleros, no obstante también buscan alimento en las grietas de las cortezas de los árboles. Con su pico eficazmente adaptado, perforan la tierra en busca de gusanos y larvas de insectos, facilitándoles su captura y permitiéndoles llegar incluso a aquellos lugares escondidos en grietas de las cortezas de árboles o en galerías o túneles subterráneos.




En lo referente a su comportamiento se pueden distinguir dos clases de abubillas. Unas, son tímidas y alarmistas en cuanto nos acercamos, volando enseguida con espaciados batidos de alas, y otras que se introducen en los pueblos, jardines, patios y se posan en los tejados de casas y chabolas sin asustarse de nuestra presencia.




La Abubilla se reproduce en la casi totalidad de Europa salvo en los países situados más al norte como es el norte de Inglaterra, Islandia, Países Bajos, Dinamarca, Suecia, Noruega y Finlandia y la Siberia europea. También están presentes en toda África excepto el desierto del Sahara y en la casi totalidad de Asia, salvo en la Siberia asiática, en casi toda la península arábiga y en el Tíbet.


En España son residentes habituales (incluidas baleares, Canarias y Melilla) y alberga una densa población (excepto al norte de la Cordillera Cantábrica), a la que en primavera se une las aves procedentes de África. En nuestro país se encuentra la mayor población europea de esta especie (más de la mitad de sus efectivos).


La Abubilla es una especie migradora transahariana que en gran parte marcha a África para invernar, siendo en el mes de marzo cuando se produce el mayor paso de abubillas por nuestra campiña. El paso otoñal comienza también pronto, muy a menudo a finales de julio, pero sobre todo durante agosto y continúa en septiembre y octubre. En el Sur de España residen todo el año y no emigran.


El periodo de celo comienza a manifestarse a mediados de abril cuando los machos luchan entre sí, pero más frecuentemente parece que lo hacen por un nido viejo que por una determinada hembra. Al parecer se emparejan de por vida y está bien comprobado que la misma pareja, si sobrevive, ocupa idéntico lugar para anidar e incluso el mismo agujero en un árbol del año anterior.




El periodo reproductivo lo realizan entre los meses de abril y junio. Anidan en los huecos de los árboles o en las oquedades de paredes, muros, grietas, desagües, bocas de alcantarillas, etc.




La puesta se compone de 5 a 7 huevos. La incubación dura unos 18 días aproximadamente y es realizada sólo por la hembra. Los pollos, alimentados por ambos padres, abandonan el nido alrededor de los 24 días de edad. Ocasionalmente hacen dos puestas.




Como curiosidad decir que las Abubillas tienen fama de ser aves sucias, a causa de sus nidos malolientes, situados generalmente en los agujeros de árboles. Al final de la cría de los pollos es cuando el nido desprende un olor tan nauseabundo, por lo que es fácil descubrirlo. Se ha calificado a las Abubillas de negligentes, pero esto no es cierto. Lo cierto es que en el fondo del estrecho agujero, que los padres se esfuerzan por mantener limpio, pueden quedar restos de comida y deyecciones, pero en realidad lo que causa este olor desagradable es una secreción de un espeso líquido de olor fétido (diferente de la de las otras aves) de la glándula uropigial (situada en la base de la cola) de las hembras y de las propias crías, cuyo cometido es, debido a la acción de las bacterias que viven en su glándula, proporcionar defensas frente a posibles patógenos. Al parecer también pueden utilizar estas secreciones lanzándolas a modo defensivo contra posibles depredadores. Las hembras impregnan su cuerpo con esa secreción oscura con frecuencia, pero además recubren voluntariamente los huevos con ella untándosela con el pico, lo que aumenta su éxito de eclosión.




Existen en numerosos lugares múltiples leyendas y creencias relacionadas con este pájaro, para lo cual seguro ha contribuido su hermoso aspecto, su especial reclamo e incluso su fetidez, tal y como se puso de manifiesto en el Antiguo Testamento al incluir a la Abubilla en la lista de aves no limpias (ver Levítico 11:19 y Deuteronomio 14:18).




Sea por un motivo o por otro, lo cierto es que la Abubilla ha interesado al hombre desde el tiempo de los faraones, pasando por la mitología romana (Tereo transformado en una abubilla persigue a su mujer Procne para vengar la muerte de Itis, su hijo en común que ella ha asesinado por despecho) o la griega (la abubilla aparece como personaje principal en la comedia “Aves” de Aristófanes), el Islam (la abubilla se asocia con el Rey Salomón) o la cultura china (la abubilla se describe como un mensajero celestial que a menudo trae noticias sobre el advenimiento de la primavera). 




El banquete de Tereo, de Rubens, en el Museo del Prado, de Madrid



Entre las amenazas que se ciernen sobre esta especie se encuentra el excesivo uso de insecticidas en los cultivos agrícolas que, por un lado, reducen el número de insectos de los que se alimentan, y por otro, pueden provocar la muerte directa de ejemplares por envenenamiento. En las últimas décadas se han reducido drásticamente los lugares apropiados de nidificación al haberse derruido muchas casetas de campo y eliminado miles de almendros, olivos y otros árboles presentes en márgenes, acequias y linderos. Entre los depredadores de los individuos adultos, hay que reseñar que son presa de aves rapaces, como halcones y azores, mientras que los polluelos son presa fácil de comadrejas, culebras, y otros que se aventuren dentro del repugnante nido. Esta peculiar especie está catalogada “De interés especial” en el Catálogo Nacional de Especies Amenazadas.

2 comentarios:

  1. Siempre es una alegría ver a este ave tan llamativa. La entrada es buenísima, me encantan las relaciones míticas que añades. Como siempre me han gustado mucho tanto esta entrada como la anterior del carricero tordal que denotan ambas el gran manejo que haces del equipo fotográfico y las horas de campo que dedicas a esta actividad. Gracias por tu trabajo.

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    1. Pues muchísimas gracias Guillermo. La verdad es que dedicar tiempo si le dedico, pero para mi es un verdadero placer tanto el trabajo de campo como el de recopilación de datos bibliográficos. Un cordial saludo y gracias por seguirme.

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