jueves, 2 de febrero de 2017

Un pescador pescado. Cormorán moñudo. Phalacrocorax aristotelis. Mavea.

Con la entrada que publico hoy pretendo conseguir varios objetivos. En primer lugar informarme y ayudar a conocer más en profundidad, a una de las aves marinas que ha experimentado una mayor regresión en España en los últimos años, el Cormorán moñudo (Phalacrocorax aristotelis). En segundo lugar analizar la problemática que ha permitido que se llegue a esta delicada situación, y a renglón seguido, revindicar desde esta modesta plataforma una mayor sensibilización por parte de las autoridades, colectivos de profesionales y sociedad en general, para preservar esta interesante especie.




Pero para conocer mejor la problemática de esta especie, lo primero que debemos hacer es tener un breve conocimiento de su taxonomía y distribución, para posteriormente, centrarnos en conocer en qué situación se encuentra en las principales áreas de nuestro país donde se reproduce.




El Cormorán moñudo es un ave perteneciente al orden de las “Suliformes”, al igual que los alcatraces, fragatas o anhingas (hasta 2.010 se les encuadraba en el de las “Pelecaniformes”, en el que en la actualidad se encuadran a los pelícanos, garzas, espátulas e ibis, entre otras), que se incluye en la familia “Phalacrocoracidae” y concretamente al género “Phalacrocorax” al que también pertenece nuestro más conocido, el Cormorán grande (Phalacrocorax carbo) (enlace).




El origen etimológico del género “Phalacrocorax” que proviene de los términos griegos “phalakros”: calvo, pelado y el de “korax: cuervo, dio pasó al término latino “phalacrocórax-acis”: para significar cuervo marino. Un origen del término que no acabo de comprender muy bien, ya que se le denomine como el “cuervo marino” no parece descaminado como luego veremos, pero lo que no alcanzo a comprender es lo de “calvo o pelado”, pues de calvo no tienen nada los cormoranes.




En cuanto a la distribución del Cormorán moñudo (Phalacrocorax aristotelis) hay que especificar que se reconocen tres subespecies: 

La subespecie nominal “Phalacrocorax aristotelis aristotelis” que se extiende por la costa atlántica europea, desde Islandia y el norte de Escandinavia hasta la costa atlántica de la península ibérica. En esta zona se encuentra en las costas más oceánicas (Islas Británicas, Islandia y Noruega), evitando completamente el mar Báltico y la práctica totalidad del Mar del Norte.




La subespecie “Phalacrocorax aristotelis desmarestii” que se circunscribe a los alrededores del mar Mediterráneo, desde las costas orientales de España hasta el mar Negro y el sudoeste de Asia, y por último.




La subespecie “Phalacrocorax aristotelis riggenbachi” que se localiza en el noroeste de África (costa atlántica de Marruecos y las islas Chafarinas).


En España el Cormorán moñudo está presente en toda la costa cántabro-atlántica, con las mejores poblaciones en Galicia, en donde se encuentra la mayor colonia de esta especie en las denominadas Islas Atlánticas (Islas Cíes y Ons) y que constituyen una de las principales colonias de Europa. También los podemos encontrar en el entorno de las Islas Baleares, los islotes de la Comunidad Valenciana (Columbretes), Cataluña (islas Medes), Murcia (Isla Grosa), Almería y Melilla (islas Chafarinas), así como en el estrecho de Gibraltar.


El último censo global realizado en la Península ibérica que se llevó a cabo entre 2.006 y 2.007 estableció un número total de 3.764 parejas nidificantes (Álvarez & Velando, 2.007*), de las cuales 2.087 parejas (55,5%) correspondían a la subespecie mediterránea y 1.667 parejas (44,5%) a la subespecie nominal. El 87% de la población se encuentra en dos comunidades autónomas: Galicia (34% del total) y las Islas Baleares (53% del total).




La población mediterránea había sido considerada hasta ese momento como la subespecie que tenía una situación más delicada en España, por lo que había sido incluida en la categoría de “En Peligro”. En el caso de la subespecie nominal se consideraba que se encontraba en mejor situación, pero los últimos censos han confirmado que el descenso en sus poblaciones es generalizado a lo largo de toda su área de distribución. En el caso de Gran Bretaña, donde nidifica cerca de la mitad de la población total de esta subespecie, se ha confirmado un descenso de un 40% en la mayoría de sus poblaciones.




En ese interesante y completo estudio se pudo comprobar que la tendencia de las poblaciones por comunidades autónomas era negativa en la mayoría de ellas (excepto en Cantabria y Guipúzcoa, en el País Vasco) alcanzando el mayor descenso en Galicia y Asturias (Zona occidental, Tapia y Castropol) que constituyen las zonas con más parejas reproductoras de la subespecie nominal (P.a. aristotelis) censadas, con un 75.8% y un 14.0% respectivamente del total de ellas (1.667) contabilizadas en ese estudio.




En esas dos comunidades autónomas, desde mediados de la década de los 70 del siglo XX hasta principios del siglo XXI se produjo un incremento de la población, pero es a partir de los principios del siglo XXI, cuando ambas poblaciones (gallega y asturiana) y en especial la de las islas Cíes, sufrieron un dramático descenso paulatino hasta 2.015. Concretamente, sólo en islas Cíes, se pasó de haber 1.198 parejas en 1.999, a tan solo 183 parejas en 2.015, lo que equivale a una reducción del 84,7% en ese periodo, descendiendo a un ritmo de 10,5% anual. 




Según figura en ese informe (Álvarez & Velando, 2007), por su parte en Asturias, desde mediados de la década de los 80 del siglo XX hasta principios del siglo XXI se produjo un incremento de la población a un ritmo de un 10,5% anual. A partir de ese momento y hasta 2.015, la población ha ido descendiendo paulatinamente a un ritmo del 5,2 %, pasando de 61 parejas en 2.002 a 29 en 2.015 lo que constituye un descenso total del 52,5%. 




En ese último censo elaborado que data del año 2007 (Álvarez & Velando*) se constata la existencia de 235 parejas en las costas del Principado (Zona occidental, Tapia y Castropol) y se especifica que la distribución del Cormorán moñudo en Asturias está muy condicionada por la topografía, ya que en la costa occidental se concentra el 80% de la población reproductora, mientras que en la oriental hay colonias de poco tamaño, en ocasiones de solo una o dos parejas. 




Según datos de ese informe, en el año 2.015 la flota pesquera asturiana estaba formada por 267 barcos, de los que 203 se dedican a la pesca con artes menores, es decir, faenan cerca de la costa con artes como palangres, trasmallos, miños, redes de cerco y nasas y la mayor parte de esa flota está concentrada al oeste del cabo de Peñas, entrando en colisión directa con los cormoranes.




También en ese estudio se informa que durante el periodo investigado, se confirmó «la muerte de 73 cormoranes en aguas asturianas, de los cuales 36 estaban anillados. La causa más común de muerte fue la captura accidental en aparejos de pesca. En concreto, el 51% de las aves muertas lo hicieron enmallados, especialmente por palangres. En contraste con ese dato, en el estudio se resalta que tan solo 6 cormoranes moñudos murieron petroleados tras la marea negra del “Prestige” en la costa asturiana y que tuvieron muy escasa incidencia los ataques de visones americanos, en contra de lo sucedido en la Comunidad Gallega donde este aspecto tuvo una gran repercusión.




Las causas del declive inicial de la población del Cormorán moñudo en España parecen estar claras: todo indica que fueron debidas a que tanto el Cormorán moñudo como otras aves marinas, hasta mediados de los años 70 del siglo pasado, fueron objeto de caza para consumo humano en muchas localidades costeras, al igual que la recolección de sus huevos, lo que tuvo como resultado un descenso muy acusado de sus poblaciones que alcanzaron valores mínimos históricos a finales de esa década. Posteriormente, la inclusión de esta especie en el Catálogo Nacional de Especies Amenazadas (Real Decreto 3181/80), llevó aparejada la prohibición de su caza y esto fue clave para la recuperación del Cormorán moñudo, que alcanzó los máximos conocidos a finales del siglo XX.




Las principales conclusiones que se han podido establecer de ese importante estudio, ponen de manifiesto que en la región noratlántica se ha producido un descenso en la población total superior al 40% en 10 años, lo cual debería conllevar la inclusión de la subespecie nominal (P.a. aristotelis) en la categoría de “En peligro de extinción” siguiendo los criterios de la Unión Internacional para la Conservación de la Naturaleza (UICN).




En esas conclusiones también se especifica que la causa de mortalidad más frecuente y continuada en la demarcación noratlántica es la mortalidad en aparejos de pesca, sobre todo en artes de enmalle y precisamente, el número de embarcaciones dedicadas a la pesca con trasmallos y miños ha aumentado en las últimas décadas, siendo este aumento especialmente notable en algunas zonas de Galicia como es el caso de las Rías Bajas. Curiosamente, las zonas de máximo riesgo de la demarcación noratlántica, se localizan en el Parque Nacional de las Islas Atlánticas, la costa de A Coruña y el occidente de Asturias.




Otra importante conclusión es que se ha observado un incumplimiento generalizado de la legislación referente a las distancias mínimas de largado de aparejos respecto a la línea de costa en todas las comunidades autónomas que comprenden la demarcación noratlántica.




A pesar de la obligatoriedad de aprobar los planes de gestión o manejo del Cormorán moñudo tras su inclusión en el catálogo de especies amenazadas de Galicia y de Cantabria, estos planes no han sido aprobados en estas comunidades después haber transcurrido más de 7 años de la publicación de dichos catálogos en los respectivos boletines oficiales de estas comunidades autónomas. En la provincia de Bizkaia, donde el Plan de Gestión se aprobó en 2006, aún no se ha aplicado ninguna medida de control de la mortalidad por enmalle, como se contemplaba en uno de sus objetivos operacionales.




En el caso del Principado de Asturias, donde el Plan de Manejo ha sido aprobado en 2001, las medidas contempladas para la “eliminación de los factores de riesgo que puedan amenazar la supervivencia de las colonias” no han sido aplicadas y los factores de riesgo se han agravado en los últimos años. Este plan de manejo no ha sido revisado en 14 años que han pasado desde su aprobación, a pesar de que en el mismo se obligaba a revisarlo cada 5 años. 




En la actualidad, si no me equivoco, tan sólo tenemos tres especies de aves marinas que aún nidifican en Asturias (Cormorán moñudo, Paiño europeo y Gaviota patiamarilla), esperemos que con la mayor urgencia posible, se establezcan por parte de todas las partes implicadas, las medidas oportunas para reducir al mínimo la mortalidad de esta mítica especie, evitando así su extinción en esta zona noratlántica, a la que inevitablemente está abocada en un plazo medio-corto, tal como lamentablemente ya ocurrió anteriormente con otras especies de aves marinas como el Arao común o la Gaviota tridáctila.




Entrando en los detalles de esta especie, decir que, como anteriormente hemos visto, el Cormorán moñudo es un ave marina que se asienta en los tramos rocosos más acantilados e inaccesibles de nuestras costas, ya sea tanto en el litoral cántabro-atlántico como en el mediterráneo. Se trata de unas aves de un tamaño mediano-grande ya que vienen a medir entre los 65-80 cm de longitud. Su envergadura varía entre los 90-105 cm. El peso puede llegar a los 2,5 Kg. Existe un mínimo dimorfismo sexual en esta especie, además las hembras son algo más pequeñas que los machos.




Su aspecto es muy parecido al del Cormorán grande, aunque los moñudos son de menor tamaño y de aspecto más estilizado, lo que le permite bucear ofreciendo muy poca resistencia al medio. Además, en el caso del Cormorán moñudo, el color de sus plumas es negro brillante (menos oscuro) con irisaciones verde satinado (sobretodo en el cuello), en vez de los tonos marrón bronce que tiene el Cormorán grande en la espalda y en las alas.




En la cabeza tienen el característico moño de esta especie. Es de menor tamaño que la del Cormorán grande, con una frente más marcada (píleo en punta por delante y por detrás) y el cuello más estrecho que la cabeza. La cola tiene 12 plumas remeras, mientras que la del Cormorán grande tiene 14. 




El pico también es más pequeño y estrecho y el final la mandíbula inferior del pico no sobrepasa al ojo, como si ocurre en el grande. En su cara tampoco presentan la característica mancha blanquecina en forma de “C” que abarca la parte de atrás de la base del pico y la garganta en los grandes. En el Cormorán moñudo, la garganta es totalmente negra y la comisura del pico, amarilla, destaca sobre el tono general negruzco. 




Por último, otra gran diferencia es que al Cormorán grande se le puede encontrar tanto en el mar como en las aguas de interiores, mientras que el Cormorán moñudo solo vive en el mar.




Siguiendo con el Cormorán moñudo, decir que tienen la cara negra y la piel desnuda que hay debajo del pico (bolsa), de color amarillo.




El pico es largo, muy delgado, está curvado en forma de gancho en el extremo superior y aplastado lateralmente. Su filo es córneo y tiene una fina dentición que le favorece la sujeción de los peces de los que se alimenta. Es de color amarillo intenso en las comisuras, amarillento en la base de la mandíbula inferior y negro en el resto. En la base del pico tienen una pequeña bolsa, que facilita la engullición de las presas. 




Los ojos son pequeños de color verde esmeralda y están rodeados por un fino anillo periocular de color negruzco.




Las alas son cortas y redondeadas y la cola es de tamaño medio con forma cuneiforme, ya que es ancha pero con las plumas centrales algo más largas que las laterales.




Las patas son cortas, de color negro, aunque en algunos individuos pueden ser más claras (marrón-amarillento). Las tienen situadas en una posición muy retrasada lo que les facilita adoptar una postura erguida. Los cuatro dedos están unidos por una membrana interdigital (palmeados) que les facilita la natación. 




Durante la época nupcial, los adultos exhiben un característico penacho de plumas curvada hacia arriba que nace de la frente y que se asemeja a un moño. Las hembras tienen el moño algo más pequeño que el de los machos. Este moño normalmente se pierde después de la puesta, aunque algunos individuos lo pueden conservar durante varias semanas.




Además, en este periodo de cortejo, presentan un plumaje más lustroso con las plumas del dorso con los bordes marcados, de tal modo que sugieren un diseño de escamas. 




El pico es negro grisáceo con la mandíbula inferior amarillenta. Bajo el pico tiene una bolsa de piel desnuda de color amarillo.




El ojo es de color verde esmeralda y al principio de la reproducción está rodeado de un anillo amarillo.




No presentan ninguna mancha blanca en los muslos, como en el caso del Cormorán grande en esa época nupcial. Las patas son palmeadas y de color negro.




Las hembras son similares a los machos aunque de menor tamaño, menos peso y con la cresta menos desarrollada.




Los jóvenes e inmaduros tienen el plumaje de un color pardo grisáceo y las plumas del manto son más oscuras con el borde de las mismas de color marrón. El mentón, garganta, cuello y pecho son blanquecinos con un ligero moteado marrón y la zona del vientre de color crema y el pico rosado. El iris es de color amarillo verdoso. El pico es de color marrón oscuro en la mandíbula superior y más clara en la inferior.




Las patas son gruesas, muy carnosas y de color marrón negruzco con las membranas interdigitales más claras y las uñas negras. Hay grandes diferencias entre individuos, ya que algunos ya aparecen con un plumaje prácticamente adulto a los tres años y otros que a los cuatro años aún conservan un plumaje con trazas juveniles.




La subespecie mediterránea se diferencia de la atlántica en que es ligeramente menor, tiene las partes ventrales de color blancuzco y posee el pico proporcionalmente más largo y de tonos más amarillentos. El penacho de las plumas de la cabeza es más corto durante el plumaje reproductor. Los juveniles de esta especie tienen el vientre claro, casi blanco. Aunque el color de las palmeaduras de las patas es amarillento, este rasgo no es demasiado fiable ya que algunos jóvenes de la subespecie nominal también los presentan.




El Cormorán moñudo es una de las aves marinas que mejores cualidades presentan para la natación ya que cuando lo hacen, las tres cuartas partes de su cuerpo permanecen sumergidas, haciendo que su línea de flotación en el agua sea muy alta lo que les obliga a llevar el cuerpo muy estirado y el pico ligeramente inclinado hacia arriba. Para conseguir estas cualidades los cormoranes tienen un plumaje poco impermeabilizado debido al escaso desarrollo de su glándula uropigial y como consecuencia a la escasa secreción sebácea de la misma. Por otro lado, sus huesos están poco neumatizados. Estas dos circunstancias facilitan notablemente el buceo (pueden alcanzar los 15-20 m de profundidad) ya que al empaparse su plumaje hace que estas aves pesen más, lo cual facilita su inmersión y además el aire se escapará entre las plumas, reduciéndose así el empuje hacia arriba.




Como consecuencia de todas estas circunstancias, a la hora de tener que sumergirse tienen que dar un pequeño salto hacia adelante. Una vez sumergidos, sus patas palmeadas en posición trasera facilitan su impulso para el buceo y utilizan la cola como timón y las alas para equilibrarse. 




El canon que tienen que pagar al tener este tipo de plumaje no impermeable, es que después de varias inmersiones se empapa demasiado, llegando incluso a dificultarles el vuelo, por lo que tienen que estar continuamente secándolo en tierra firme, para lo cual extienden bien las alas para que el sol y el viento las sequen, ayudándose de vez en cuando con alguna sacudida de las mismas. Esta imagen habitual, estando posados en tierra firme, inmóviles y con las alas bien extendidas, es tal vez, la más representativa de esta especie.




En tierra firme, son muy torpes teniendo que balancear hacia los lados su cuerpo para caminar. Esto es debido a la posición retrasada de sus patas, a su corta longitud y a lo palmeados de sus pies, no obstante, sus dedos y uñas tienen una buena capacidad prensil, lo que les facilita su buen agarre en los posaderos.




Debido a su elevado peso, el inicio del vuelo desde el agua, no les resulta fácil, teniendo que realizar previamente una corta carrera sobre la superficie, batiendo enérgicamente sus alas. 




Con todo y con eso, el Cormorán moñudo se diferencia del grande por resultar más ligero y por efectuar los desplazamientos de manera más directa y sin planeos, a la vez que muestra una silueta del cuello más estrecha. No acostumbran a realizar desplazamientos mayores a los 4-5 km, haciéndolos casi siempre en línea recta, a muy baja altura (a ras de agua) y a lo largo de la costa, en busca de sus lugares de pesca, posaderos o dormideros y sin llegar a adentrarse mar adentro. Cuando migran, vuelan en bandadas con formaciones en forma de “V” y su vuelo es ligero y su batir de alas no se alterna con planeo.




El Cormorán moñudo es un ave esencialmente marina que encuentra su hábitat fundamentalmente en las costas rocosas, islas e islotes sin alejarse mucho del litoral. A diferencia del Cormorán grande, no suele adentrarse en el interior continental.




Al ser unos excelentes buceadores especializados, su alimentación es fundamentalmente piscívora, aunque además de peces en sus egagrópilas se han encontrado restos de crustáceos y de moluscos que posiblemente tragaron sus presas antes de ser atrapados. Casi nunca comen sus presas sumergidos, sino que lo hacen en la superficie para lo cual, si les es necesario, los mueven con el pico las veces que haga falta, hasta colocarlos siempre a favor de la escama, antes de tragarlos. 




Mediante sacudidas de la cabeza, consiguen expulsar por el pico el sobrante de la sal del agua que tragan al bucear y que les resultaría perjudicial.




El Cormorán moñudo es una de las aves marinas más silenciosas. Tan solo el macho emite unos graznidos que le ha valido en gran parte de nuestro litoral, junto con el color de la pluma, el nombre de “Cuervo marino”. Se trata de unos sonidos roncos y guturales similares a un ¡aak_ aak... aak... ! cuando se aproxima al nido.



En Asturias se le conoce por la denominación de “Mavea” y a modo de curiosidad decir que en la zona del concejo de Cudillero se le conoce también por “el cagón” o “cagalón” por la cantidad de excrementos blanquecinos que se acumulan en sus posaderos habituales o zonas de cría.




El periodo de reproducción es muy temprano ya que lo llevan a cabo entre los meses de marzo y mayo, aunque a lo largo de los meses de enero y febrero ya inician las paradas nupciales, una vez que los machos hayan marcado el territorio de anidamiento. Esta es una estrategia interesante, ya que de esta forma aventajan en unos meses a sus vecinas en el trabajo de alimentar a las crías, o lo que es lo mismo, disponen de menor competencia para conseguir alimento en ese período crucial.




Acostumbran a criar en colonias y construyen sus nidos, bien separados unos de otros, en las costas rocosas aprovechando cualquier grieta, repisa, cueva o resguardo que encuentran, utilizando para su elaboración ramas, materia vegetal, plumas y algas. A la hora de escoger un lugar idóneo para situar el nido, principalmente buscan sitios que protejan los nidos de los agentes atmosféricos, de los depredadores y que, además, permitan la visión del entorno físico y social. Los machos defienden su territorio vehementemente emitiendo ronquidos o gruñidos disuasorios, entre otras medidas.




La puesta se compone de 1-6 huevos, normalmente 3. La incubación dura 30 días aproximadamente y es llevada a cabo por ambos sexos. A modo de curiosidad, decir que colocan los huevos sobre sus patas anchas y palmeadas, al parecer debido a que éstas suelen estar muy calientes. Si en esa posición de incubación, el pájaro es asustado y es obligado a abandonar repentinamente el nido, puede lanzar al vacío fácilmente los huevos. Los pollos se nutren de alimento regurgitado por los padres que toman introduciendo la cabeza en el pico de estos. Las crías permanecen en el nido alrededor de 60 días. Alcanzan la madurez sexual y se reproducen por primera vez hacia los cuatro años de edad.




En lo referente a las amenazas a las que está sometida esta especie y que ya trate al principio de esta entrada, resumirlas diciendo que se ha podido constatar que en la población atlántica, tanto en Galicia como en Asturias, se ha producido en apenas diez años un descenso alarmante cercano al 40%, debido fundamentalmente a la muerte accidental en artes de pesca de enmalle, cuyo uso ha aumentado considerablemente en los últimos años (70% en la década de los noventa). Igualmente, el vertido de hidrocarburos (el desastre del “Prestige” motivó la muerte de al menos 400 cormoranes), la sobrepesca de los peces de que se alimenta (algunos de los cuales, como el lanzón, son utilizados para hacer harinas de pescado en las granjas de acuicultura), las molestias por embarcaciones de recreo, tanto en sus áreas de cría como en las zonas de alimentación y la presencia de carnívoros introducidos (gatos asilvestrados, visones americanos) sobretodo en las colonias de cría, son otros de los factores que están fomentando este declive.




El cormorán moñudo aparece en la categoría “De interés especial” en el Catálogo Nacional de Especies Amenazadas. Por otro lado, en el Libro Rojo de las aves de España, la subespecie “aristotelis” figura como “En peligro”, mientras que la “desmarestii” se cataloga como “Vulnerable”, aunque los datos recientes obtenidos en las Islas Baleares podrían hacer replantearse esta última categoría.
* Álvarez, D. y Velando, A. 2007. El Cormorán moñudo en España. Población en 2006-2007 y método de censo. SEO/BirdLife. Madrid.

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