domingo, 17 de abril de 2016

De pintoja a pintoja y… porque se me antoja. Buscarla pintoja. Locustella naevia. Chicharra.

A raíz de mi anterior entrada en el blog en la que presenté un puñado de fotografías que a duras penas le pude sacar a la esquiva y difícil Polluela pintoja, esta semana decidí abordar otra tarea que desde hace tiempo tenía pendiente y que, al escribir sobre ella, me vino a la memoria. Curiosamente ambas especies coinciden no sólo en el apellido “pintoja”, si no también en su carácter enigmático y esquivo que dificultan notablemente su observación, provocando que en ambos casos resulte mucho más fácil detectarlas por su inconfundible canto que por la visión directa.




Se trata de la muy esquiva y difícil de observar Buscarla pintoja, que en mis últimas salidas fotográficas, dado su característico trino, ya había detectado en varios puntos de pajareo habituales, pero que tras intentarlo en varias ocasiones, no la pude fotografiar debido a su carácter tímido y escondidizo y a las difíciles condiciones climáticas que en la mayoría de los casos tuve.




Así que esta semana, aprovechando que tuvimos unos días de buena luz, decidí dedicarme a la difícil tarea de conseguir unas cuantas fotografías de esta interesante especie a la que, más o menos, ya tenía localizada en varias zonas, entre las que se encontraban: la península de Nieva y el entorno de Peñas.




La península de Nieva es una zona que en particular en esta época del año es un auténtico espectáculo para la observación y fotografía de paseriformes, ya que estas se encuentran en plenas tareas reproductivas y por ello, dando lo mejor de sus cantos para atraer a sus potenciales parejas y exhibiéndose desde lo más alto de sus perchas habituales.




Además, si partimos desde el aparcamiento del Faro de Avilés, podremos disfrutar de unas bonitas vistas de la bocana de la ría de Avilés y de las playas Salinas, así como de unos espectaculares acantilados que desde el mismo faro, llegan hasta la cercana playa de Xagón. Saliendo desde el mismo faro, se pueden recorrer múltiples pistas de tierra que inicialmente discurren entre un gran tojal y diversa vegetación arbustiva, para luego continuar con zonas más despejadas de praderías.




Tras haber recorrido escasos metros y haciendo una revisión rápida, pude disfrutar de la observación, y en muchos casos de los desaforados cantos, de especies como, Chochín, Pardillo, Buitrón, Curruca rabilarga, Verderón común, Gorrión común, Tarabilla común, Jilguero, Colirrojo tizón, Acentor común, Alondra Común, Mirlo común, Urraca, Corneja, e incluso pude ver a un par de Perdices comunes. Por supuesto, a esta larga lista hay que añadir a la especie protagonista de esta entrada, la Buscarla pintoja, la que en principio, iba a ser la más difícil de observar.




Como todos ya sabéis, a la Buscarla pintoja se la localiza relativamente bien por su característico y monótono canto similar al de una Chicharra (así se le denomina en asturiano), pero se pasa la mayor parte del tiempo comiendo y moviéndose por la espesa vegetación (zarzas, tojo, matorrales, bardiales, arbustos…) sin dejarse ver casi nunca, a no ser que, como ocurre en esta época del año, se encuentren en pleno flirteo nupcial.




Como parte de ese cortejo, los machos se exponen en posaderos al descubierto, entonando sus estridentes y mantenidos trinos, con la garganta blanca inflada, moviendo la cabeza lentamente a derecha e izquierda y con la cola desplegada en alto. También podemos ver a la pareja adoptar posturas insinuantes y realizar rápidas persecuciones, volando entre la maleza. 




Si os digo la verdad, yo casi no me lo acababa de creer, ya que estaba teniendo la oportunidad de poder observar y fotografiar con bastante facilidad a la esquiva Buscarla pintoja que en tantas ocasiones había intentado fotografiar y además lo hacía con unas buenas condiciones de luz, en fin, todo un lujo que me brindó la primavera.




La Buscarla pintoja es una especie de ave paseriforme de la familia Sylvidae y género Locustella que vienen a medir unos 12-14 cm de longitud, con una envergadura que pueden alcanzar los 20 cm. Su peso puede llegar a los 18 gr. No existe dimorfismo sexual en esta especie, aunque las hembras son ligeramente más pequeñas que los machos. 




Como se puede observar en las fotografías, por la parte superior son de color pardo grisáceo con tintes oliváceos y está muy moteada de rayas oscuras formadas por el centro negro de las plumas. El obispillo lo tienen del mismo color, pero un poco más claro y sin apenas pintas. 




Las alas son cortas, anchas y redondeadas y tienen el borde externo blanquecino. Los flancos son de color blanquecino cremoso con pintas alargadas de color pardo oscuro. El mentón y la garganta son blanquecinos.




En cuanto a la coloración de las partes inferiores hay que destacar que esta especie se considera dimórfica, ya que unas son de color ocre blancuzco y otras amarillentas, sin que ello tenga relación alguna con la edad o el sexo.




El píleo es de un color pardo rojizo, algo más oscuro que el del dorso y está uniforme y finamente listado de un color más oscuro.




La cara es de color parduzco con la zona de las auriculares más oscura y la parte inferior más blanquecina. Tienen una corta y discreta banda superciliar blanquecina.




El pico es medianamente largo, delgado, más ancho en su base y puntiagudo. Es de color pardo oscuro con el culmen y el extremo inferior negruzcos y la base de la mandíbula inferior pardo amarillenta.




Los ojos son grandes, con el iris de color marrón y están rodeados de un fino anillo periocular blanquecino muy acusado.




La cola es larga, redondeada, muy ancha y acabada en punta debido a que tiene las rectrices centrales un poco más largas que las laterales. Las plumas infracobertoras de la cola son de color beige pálido y están moteadas de pequeñas rayas que son bastante visibles, ya que tienen el hábito de elevar la cola.




Las patas son medianamente largas y de color pardo rosáceo.




Los jóvenes se parecen a los adultos pero por la parte superior son de color más pardo rojizo y tienen los ojos de un color marrón más oscuro que el de los adultos.




En cuanto a su comportamiento decir que es bastante críptico, dados sus hábitos retraídos y esquivos, permaneciendo bien oculta entre la vegetación, donde a veces se la puede ver corriendo a lo largo de ramas de arbustos con extraordinaria agilidad.




Vuela muy poco y cuando lo hace, lo efectúa con rapidez y en vuelo directo para calarse en picado o introducirse sin pensarlo entre las ramas del matorral más próximo. Muy pocas veces vuela largas distancias al descubierto.




Cuando canta y se siente intimidada por la proximidad del observador, deja inmediatamente de cantar, observa y se cala en el matorral, desapareciendo en su interior o volando a otro cercano, para volver a cantar en el mismo posadero una vez haya pasado el potencial peligro.




Normalmente se detecta su presencia por su peculiar canto tipo “sirrrrrrrrrr”que recuerda al de una chicharra o grillo cebollero o incluso al sonido que se produce al rebobinar un carrete de pesca o al de una rueda de bicicleta girando con el piñón libre. Como curiosidad decir que la traducción de su denominación inglesa “Grasshopper warbler”, sería la de “curruca de saltamontes”, en clara alusión a su característico canto.



Es un trino continuado, muy sostenido y de bastante duración (de 30-45 seg, a 2 min), rápido, con una sola nota, que normalmente escuchamos en primavera. Debido a que tiene un tono elevado, se le puede escuchar a gran distancia (hasta 400 m). La intensidad de la percepción acostumbra a variar (efecto de “ir y venir”) dependiendo del viento y de los frecuentes giros de la cabeza, a un lado y a otro, que el ave efectúa mientras canta. 




No siempre canta al descubierto. A veces lo hace oculta entre las ramas y muy a menudo a baja altura. Su canto se hace insistente al amanecer y sobre todo en las primeras horas de la noche y por él podemos conocer la fecha de su llegada a la península Ibérica y calculamos más o menos cuando nos deja en el otoño.




Sus hábitats preferidos son las zonas bajas por debajo de los 600 m de altitud y en concreto los prados de hierba alta (campiñas cercanas a la costa) con bardales o parches de matorral denso (tojos, brezos, zarzas…). También les gusta frecuentar zonas con abundante vegetación palustre, cañaverales, juncales, espadañales, carrizales y las marismas.




Su alimentación es a base de insectos (odonatos, ortópteros, hemípteros, lepidópteros, tricópteros, dípteros) y sus larvas, arácnidos, hormigas, pequeños caracoles y lombrices. Algunas veces, consume bayas de saúco y de otros arbustos.




Están distribuidas por las zonas templadas de Europa (desde Irlanda y el norte de España hasta el SO de Siberia y Asia central) y falta en las áreas más norteñas (Islandia, norte de Escandinavia) y en las más meridionales (entorno mediterráneo).


Se trata de un ave migrante transahariana, de aparición estival en Europa, que inverna en el África tropical. El paso prenupcial se detecta entre marzo y mayo (con máximos a principios de mayo) y el posnupcial se extiende desde julio hasta octubre (con máximos en septiembre).




En España es un ave poco frecuente que en migración puede observarse por toda la península, pero como especie nidificante, su distribución se restringe a la franja húmeda cantábrica, desde el norte de La Coruña hasta la frontera con Francia, con los mejores núcleos en tramos costeros de Asturias y el País Vasco. 


El periodo de reproducción lo realizan entre los meses de abril a junio. Ambos sexos construyen un nido en el suelo o cerca de él, con forma de copa y lo sitúan, muy escondido, entre la espesura de la vegetación. Para su elaboración utilizan hierbas, hojas secas y ramitas para posteriormente, tapizarlo en su interior con plumas y pelos. 




La puesta se compone habitualmente de 3-6 huevos. La incubación dura 14 días aproximadamente y es llevada a cabo por ambos sexos. Los pollos son cebados por la pareja y abandonan el nido alrededor de los 12 días de edad, pero siguen siendo atendidas por sus padres durante algunos días más. Excepcionalmente hacen dos puestas anuales.




La principal amenaza que puede afectar a la especie radica en la alteración y destrucción del hábitat rural por repoblaciones forestales (coníferas y eucaliptos) o su transformación en suelo urbanizado o de infraestructuras en la franja costera y el uso indiscriminado de plaguicidas que afecte a su principal fuente de alimentación. La buscarla pintoja se considera “De interés especial” en el Catálogo Nacional de Especies Amenazadas.

4 comentarios:

  1. Menudo reportaje. Un 10 a tu paciencia nos solo para detectarla sino para fotografiarla. Sigue asi..

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  2. Menuda serie de la pintoja, insuperable. Un abrazo José Ignacio.

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  3. Gracias Germán. Tan amable como de costumbre. Saludos.

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