martes, 4 de agosto de 2015

El mirlo azul. Roquero solitario. Monticola solitarius. Ñerbatu depedreru.

Conseguir un puñado de fotografías de este “mirlo azul”, como le denominan en muchos lugares de nuestro país, no es tarea fácil dada su escasa población, sus costumbres solitarias y su carácter tímido y muy esquivo, pero lo es aún más conseguir esas imágenes con una cierta calidad, por lo que a veces hay que sacrificar esa calidad a cambio de poder documentar mejor esa especie.





Se trata de una de nuestras aves más especializadas en ecosistemas rocosos al igual que lo es su semi-homónimo el Roquero rojo. A diferencia de éste (el cual solo encontramos en las alturas) el solitario puede establecer su hábitat desde a nivel del mar, hasta en la alta montaña.










En cuanto a su taxonomía, decir que el Roquero solitario es una paseriforme de la familia Turdidae y del género Montícola que tiene una longitud de unos 21-23 cm, unos 33-37 cm de envergadura y su peso puede llegar a los 54 gramos.











Existe dimorfismo sexual en esta especie.











Los machos en época reproductiva tienen el plumaje azul grisáceo apagado con alas y cola negruzcas. Una vez transcurrido el periodo nupcial ese color azul oscuro tan característico va perdiendo intensidad y se va transformando apareciendo nuevas plumas de bordes y zonas parduzcas que le pueden durar hasta el nuevo periodo nupcial en primavera.









Al verlo volar podemos observar como las alas son anchas, algo redondeadas y de color negro pizarra como la cola.











En la cara tienen una brida poco definida de color negruzco.








Los ojos son grandes, de color marrón oscuro y están rodeados de un fino anillo peri ocular de color negruzco.








Tienen un pico largo, fino, puntiagudo y de color negro ostensiblemente mayor que el del Mirlo común o el del Roquero rojo a los cuales supera también en la longitud de su cola.








Las patas también son medianamente largas y de color marrón.








Por su parte las hembras por la parte superior son de color pardo-grisáceo apagado con tintes azulados. La parte inferior es de color pardo más claro salpicado de motas de color ocráceo-blanquecino y ondulaciones transversales de un color pardo más oscuro. Las alas son de color pardo-castaño.








Los flancos y el pecho son de color pardo-grisáceo oscuro.



















El pico es largo, delgado y tiene color negro.











Los jóvenes se parecen a las hembras, por la parte superior son de color pardo-grisáceo oscuro pero no tienen tintes azules.









Su canto es aflautado, melodioso y tiene un cierto parecido al del Mirlo común pero en tono más alto y estrofas más cortas y muy repetitivas. El macho canta tanto en reposo, desde los mismos posaderos dominantes (cima de una gran roca, rama de árbol, acantilado, etc.) por los que tiene querencia y a los que acude reiteradamente, como en vuelo en la época de celo en el que asciende verticalmente y desciende luego con las alas replegadas. La hembra también canta pero sólo lo hace cuando está posada. Cuando se alarma cambia su canto por sonidos menos agradables, emitiendo un piído corto y fuerte, seguido de chasquidos ásperos, tipo "bui-rarr-rarr".









Habitualmente se alimentan de invertebrados (insectos y sus larvas, arácnidos, gusanos, caracoles, etc.) durante todo el año, a los que añaden pequeños reptiles en verano y frutos carnosos, bayas y otros vegetales, en otoño e invierno.









Su hábitat se encuentra a cualquier altitud en roquedos desnudos de montaña, pedrizas, cañones de ríos, acantilados costeros, cortados, canteras abandonadas y en monumentos y viejas edificaciones e incluso en el interior de pueblos. 











Lo más habitual es que, como su propio nombre indica, le encontremos al macho en solitario, bien erguido, con las alas colgando y la cola desplegada y posado en puntos dominantes de alguna zona elevada del roquedo. La hembra es mucho más tímida y difícil de observar, dado su colorido menos llamativo. 











El territorio que ocupan acostumbra a ser muy pequeño y sorprende cómo en él puede encontrar el alimento suficiente durante casi todo el año, siendo frecuente verle correr por las rocas con gran facilidad y vigilar el suelo desde un lugar elevado, lanzándose repentinamente para capturar cualquier insecto o lagartija.









Están presentes en Europa, Asia, y África. En Europa se reproduce en la Península Ibérica, sur de Francia y Suiza, en Italia, los Balcanes y las islas mediterráneas. Parte de la población europea emigra a África para invernar, sobre todo a su zona norte y oeste. En el norte de África también cría la misma subespecie europea definida como “solitarius”.











En España son residentes habituales y tienen una acusada preferencia por los cañones, acantilados y montañas de la llamada España seca o mediterránea. Es frecuente en toda la cara sur del Pirineo, el Sistema Central, el Sistema Ibérico norte y sur, los Montes de Toledo, Las Villuercas, Sierra Morena, las sierras béticas, Baleares, Ceuta y Melilla. Sin embargo, escasea en la Cordillera Cantábrica, los montes galaicos y los acantilados de la costa atlántica.







La época de reproducción se realiza entre abril y mayo. En algunas zonas pueden realizar dos puestas por temporada.











Construyen un nido con forma de cuenco, en alguna oquedad o grieta existente en los cortados, cornisas rocosas y taludes. Casi siempre esta estructura queda muy bien escondida en un lugar inaccesible. Para su elaboración utilizan hierbas secas, hojas y musgo, después lo tapizan con hierbas, raicillas y plumas. 











La puesta se compone habitualmente de 4-5 huevos de color azul claro con motas de color pardo-rojizo. La incubación realizada por la hembra, tiene una duración aproximada de unos 15 días. Tras la eclosión, los pollos son alimentados por ambos padres durante dos o tres semanas. Las crías abandonan el nido alrededor de los 16 días de edad pero siguen dependiendo de los padres durante alrededor de otros 15 días más.






En el Catálogo Nacional de Especies Amenazadas se considera “De interés especial”. Esta ave resulta favorecida por los incendios, al aumentar la cobertura de suelo desnudo rocoso. Por el contrario, la construcción de embalses en valles angostos, la presión urbanística, la escalada y otras actividades de ocio incontroladas reducen el hábitat disponible y perturban a la especie durante la época reproductora.

2 comentarios:

  1. Que fotazas, las de las lagartijas en el pico son una auténtica pasada. Enhorabuena José Ignacio, un abrazo.

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