martes, 1 de septiembre de 2026

Todo un privilegio poder fotografiar a la garza más pequeña de Europa: enigmática, muy tímida y casi siempre oculta. Avetorillo común (Ixobrychus minutus).

Efectivamente, tal cómo he titulado en esta nueva entrada, para mí ha sido todo un privilegio poder fotografiar a la más pequeña de nuestras garzas, el Avetorillo común (Ixobrychus minutus).



Tal como muchos ya conoceréis, se trata de una pequeña garza que tiene un comportamiento de lo más discreto y tímido que hace gala de una gran capacidad de camuflaje digna de mención, ya que es capaz de mimetizarse con el entorno de la vegetación palustre (carrizos, espadañas) por la que se mueve.



Para ello, cuando se siente amenazado se inmoviliza totalmente, estira su cuerpo verticalmente y apunta su pico hacia arriba, pero con sus ojos mirando hacia delante, por lo que no es de extrañar que en algunas regiones se la denomine como “miracielo”. En esta posición, las estrías de su plumaje imitan perfectamente los tallos de las plantas. Incluso puede balancearse ligeramente con la vegetación, imitando el movimiento producido por el viento.



Tras unos prolongados periodos de tiempo para que se dejara ver en el exterior de la vegetación, poco a poco pude observar sus evoluciones a pesar de que se trata de un ave con hábitos marcadamente crepusculares y nocturnos, siendo mucho más activo durante las primeras y últimas horas del día. Durante las horas centrales suele permanecer oculto en la vegetación.



A diferencia de las grandes garzas, puede agarrarse y trepar por los tallos de carrizo y otras plantas acuáticas donde habitualmente pasa la mayor parte del día, todo ello gracias a sus dedos largos y fuertes.



Puede desaparecer literalmente entre los carrizos. Su comportamiento de ocultación es tan eficaz que, cuando camina por la vegetación, puede hacerlo sin apenas producir movimiento perceptible. Esta combinación de pequeño tamaño, plumaje críptico y comportamiento reservado explica por qué es mucho menos detectado de lo que realmente está presente.



Perteneciente al orden de las pelecaniformes, familia de las ardeidas y del género “Ixobrychus” vienen a medir entre los 33-38 cm de longitud, con una envergadura de unos 50-58 cm y un peso de entre 0,5 y 1,5 Kg. Su pequeño tamaño le permite desplazarse entre los tallos de los carrizales con enorme facilidad. En ésta especie existe un claro dimorfismo sexual.



Es muy pequeño, pero tiene un cuello extraordinariamente largo. A primera vista parece una pequeña ave compacta, pero cuando extiende el cuello cambia completamente de aspecto. Esta capacidad le permite alcanzar presas situadas a cierta distancia sin mover el cuerpo.



El nombre de su género procede de la combinación de las palabras griegas “ixias” (junco) y “brukhomai” (bramar), una etimología que alude a las llamadas similares a los mugidos que emite entre la vegetación palustre, y a lo que debe también su nombre común de Avetorillo. Su voz es mucho más fácil de detectar que el ave. Es un excelente ejemplo de ave que se escucha mucho más de lo que se ve. Su reclamo territorial es un sonido grave y repetitivo que puede recordar vagamente a un pequeño ladrido o un "bup".



Los machos adultos presentan el dorso, nuca, píleo y extremos de las alas de color negro azulado. Los flancos son de color crema claro. Las partes inferiores y el cuello son de color beige, ocráceo claro e incluso blanquecino con algunas barras verticales de color ocráceo más oscuro.



En las coberteras de las alas muestra dos grandes manchas de color blanquecino que contrastan con el resto de color negro. La parte inferior del ala es de color completamente blanquecino.



La garganta es blanca y el cuello es relativamente largo, grueso y de color beige claro con tintes rosáceos. La cara es de color grisáceo cremoso y en ella tienen una brida negruzca que va desde el pico hasta la parte anterior del ojo.



El pico es grande, fuerte y afilado; es de color amarillo verdoso, salvo la el culmen que es negruzco, no obstante durante la época reproductiva adquiere tintes rojizos en su base.



Los ojos tienen el iris amarillo son con una gran pupila negra y están bordeados de una fina línea periorbital de color amarillento.



Las patas son medianamente largas, tienen los dedos muy largos lo que les permite aferrarse fácilmente a las cañas y a los juncos y son de color amarillo verdoso. La cola es corta.



En el caso de las hembras adultas presentan el dorso de color pardo rojizo con rayas negras que alternan con otras de color blanco.



Por la parte inferior son blanquecinas con algunas gruesas barras verticales de color pardo ocráceo algo oscuro.



La cara y las zonas laterales del cuello son de color pardo claro.



Las manchas de las alas son en las hembras de color más beige o gris y no están tan definidas como en los machos.


Los ejemplares jóvenes son de color más apagado y castaño que las hembras y muestran estrías de color gris o blanco en todo el plumaje. Los flancos y el píleo están muy desdibujados.



Al igual que las espátulas, las cigüeñas y las grullas cuando vuelan lo hacen con el cuello estirado lo que les diferencia de otras garzas que vuelan con el cuello retraído.



El Avetorillo común es una especie con una muy amplia distribución mundial, estando presente en una gran parte de Europa, África, Asia centro-occidental, Australia, Madagascar y la India. Se han descrito varias subespecies, siendo la “minutus” la que se encuentra en la Península Ibérica, Baleares y Canarias, al igual que en gran parte de Eurasia.
En nuestro país se reproduce en casi todo su territorio a excepción de Ceuta y Melilla. Se localiza fundamentalmente en torno a las principales cuencas fluviales (Guadalquivir, Guadiana, Tajo y Ebro), así como en Levante, mientras que en el resto del territorio (Galicia, Cantabria, País Vasco, La Rioja y Castilla y León) su presencia es más irregular.

En España es una especie fundamentalmente estival, llegan en el mes de marzo para criar y después regresan a África entre agosto y septiembre. Se les puede ver también durante los pasos migratorios.



El avetorillo común presenta un comportamiento migratorio muy particular y los jóvenes pueden realizar movimientos migratorios sin que los adultos les acompañen, utilizando mecanismos de orientación innatos. Es un buen ejemplo de cómo un ave migratoria puede "saber" hacia dónde desplazarse sin haber realizado previamente el viaje.



Su hábitat fundamental son los humedales, tanto de agua dulce como salobre, desde riberas, lagunas y graveras hasta marismas y embalses, a condición de que cuenten con abundante vegetación palustre.



Su alimentación es a base de pequeños peces, anfibios, crustáceos y reptiles de pequeño tamaño e insectos acuáticos, a los que sorprende permaneciendo oculto e inmóvil entre la vegetación ribereña durante largos periodos esperando que una presa se acerque y, de repente, realiza un ataque fulminante con el cuello y el pico con gran rapidez. (Fotos de archivo).


 
Y, nada más por esta ocasión, Os agradezco mucho vuestra atención.

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