miércoles, 27 de julio de 2016

Exhibiéndose con sus mejores galas. Zampullin cuellinegro. Podiceps nigricollis. Somorguyu del pescuezu prietu.

Allá a mediados del mes de febrero de este año, dedicaba una entrada a este blog al Zampullin cuellinegro (enlace) que con su plumaje invernal se las veía y deseaba para poderse comer una presa que había pescado (posible pez aguja) y que hizo una numantina resistencia antes de ser engullido.





En aquella ocasión, como es costumbre, hacia una revisión detallada de las características peculiares de esta bonita especie, pero la entrada quedaba algo coja porque no podía mostrar ninguna fotografía del Zampullin cuellinegro con su espectacular plumaje nupcial.



Afortunadamente, a finales de esta pasada primavera tuve la oportunidad de encontrarme con varios ejemplares de este simpático zampullín, cuyo nombre común y científico hacen clara referencia al plumaje nupcial que exhiben en esa época del año, durante la época de cría, y que como podéis comprobar viendo el enlace anterior, difiere bastante con el que presentan en otoño e invierno. 



En esa temporada primaveral (abril-junio), como podéis observar en estas fotografías, presentan el dorso, el pecho y el cuello de color negro intenso.


Los flancos son de un color castaño rojizo y el vientre, al igual que la zona caudal, son blanquecinos.



Las alas son marrones muy oscuras y en ellas al volar se distinguen las secundarias de color blanco.



La cabeza es de tamaño grande y el píleo tiene forma redondeada o ligeramente en punta, ya que las plumas de la parte anterior del píleo se erizan asemejándose a un moño.



La frente la tiene en pendiente y ambos (pileo y frente) son de color negro.



Pero si algo llama poderosamente la atención en esta época, es sin duda, la zona auricular y de la mejilla, las cuales presentan un llamativo mechón de plumas largas y filiformes de color amarillento dorado que, con forma de abanico, parten desde el ojo hacia atrás y que contrastan notablemente con el fondo negro del resto de la cabeza y cuello. 



No menos llamativos son también los ojos que presentan un color rojo intenso (como un rubí) y que están rodeados por un fino anillo periocular también rojo.



El pico es diminuto, fino, puntiagudo y un poco curvado hacia arriba en su punta. Su color es negro en esta época.



La cola está poco definida y en su conjunto toda la zona caudal posterior tiene un aspecto de “borla de polvera” como la del Zampullín común o chico.



Las patas son cortas y de color gris verdoso con los dedos palmeados y se caracterizan porque se unen al cuerpo en su extremo posterior (al lado del ano), de ahí el término “podiceps” que hace referencia al género de su denominación científica (Podiceps nigricollis), al igual que ocurre con los somormujos (lavanco y cuellinego) y otros zampullines (chico y cuellirrojo), que toman su nombre científico de la etimología de la palabra latina “podicis” que significa ano y “pes” que significa pie.



Esa disposición tan atrasada de sus patas las convierte en unas excelentes buceadoras y acostumbran a estar continuamente zambulléndose (de ahí lo de “zampullín”), tanto para alimentarse como para huir cuando se sienten en peligro.



Cuando se zambullen no lo hacen iniciando un salto, sino suavemente, sin apenas mover el agua de la superficie. Nadan muy bien y bucean a gran profundidad, a menudo durante un período de hasta 50 segundos, aunque lo habitual son unos 20-25 segundos.


El Zampullín cuellinegro se pasa la mayor parte del año sin volar (de 9 a 10 meses) y es una de las aves con un vuelo menos eficiente. Generalmente evita volar todo lo que puede, y realiza vuelos de larga distancia exclusivamente en la migración, sin embargo, durante la migración invernal llegan a desplazarse hasta 6.000 km. 



Su área de distribución incluye el sur de Europa, Asia, África y Norteamérica.


En España se trata de un ave invernante aunque existe también población residente habitual que durante el invierno suelen realizar desplazamientos hacia lugares menos fríos del sur. 


Los ejemplares que se reproducen en nuestro país se localizan principalmente en los humedales de la mitad meridional peninsular, en Andalucía occidental (marismas del Guadalquivir), las lagunas manchegas y El Hondo (Alicante). 


En la época de cría sus hábitats preferidos son las zonas húmedas de pequeño o mediano tamaño, a menudo temporales, que sean poco profundas, abiertas, con abundante vegetación de carrizos y otras plantas acuáticas que sean ricas en nutrientes, como es el caso de lagunas, marismas, lagunas litorales e incluso ambientes modificados por el hombre, como salinas, graveras restauradas, balsas de riego, etc. 


Fuera de la época de reproducción (otoño e invierno), se encuentran en lagos, embalses, salinas y sobre todo, en lagunas costeras, estuarios y costas


La época de reproducción se extiende desde el mes de abril hasta junio. Normalmente hacen una sola puesta, pero en caso de pérdida de esta, pueden hacer una segunda.


Su parada nupcial es bastante llamativa y se asemeja a la del Somormujo lavanco pero es más difícil de observar, ya que tiene lugar por la noche entre los carrizos, donde esta especie oculta el nido. 


Para anidar, acostumbran a agruparse en colonias no muy numerosas. El nido es una especie de plataforma flotante que construyen ambos sexos con materia vegetal que enganchan a la vegetación sumergida o emergente. 


La puesta se compone normalmente de 2-3 huevos y ambos sexos participan en la incubación, que dura 21 días aproximadamente. Las crías son semi-nidífugas ya que a las pocas horas abandonan el nido pero luego se suben encima de la madre ya que ésta les sirve de nido flotante y los cuida durante unos 20 días.


Entre los factores que amenazan a esta ave cabe citar la pérdida o la degradación de sus hábitats y las grandes sequías. También inciden negativamente la contaminación en medios costeros, las molestias causadas durante la época de nidificación. La especie figura como “Casi amenazada” en el Libro Rojo de las aves de España (2004) y aparece como “De interés especial” en el Catálogo Nacional de Especies Amenazadas.

miércoles, 20 de julio de 2016

Un bello espectáculo de flamenco. Flamenco común. Phoenicopterus roseus.

Un año más he podido tener un nuevo encuentro con esta espectacular y exótica ave, el Flamenco común, un ave con una estética tan particular que le confiere una belleza, elegancia y exotismo que resultan asombrosas, sobre todo a la hora de fotografiarlos.





Si a ello le añadimos el hecho de que además acostumbran a habitar en lagunas, salinas, albuferas o marismas con aguas someras y en espacios muy abiertos, que también aportan una gran belleza y que facilita su observación, el resultado es de una gran satisfacción para el observador o fotógrafo que tenga la fortuna de encontrarse con ellos.





Son aves muy gregarias que habitualmente se reúnen formando grandes colonias, llegando a juntarse miles de parejas en las zonas de cría. Se comunican verbalmente emitiendo un sonido muy similar al que hacen los gansos. Los padres pueden reconocer a su propio polluelo entre miles tan solo con escuchar la vocalización del pequeño.
 




Dependiendo del tipo de dieta que lleven, tendrán una mayor o menor coloración rosácea de sus plumas, ya que la obtienen de los pigmentos carotenoides de los crustáceos y algas con que se alimentan.





Además de la dieta, la edad influye notablemente en el tono rosado de su plumaje, ya que éste lo van adquiriendo gradualmente a partir del segundo año y suele hacerse más marcado con el paso de los años.





Si no son capaces de recoger suficientes alimentos, se les produce una despigmentación de las plumas quedando enteramente blancos e inhibiéndoseles también la reproducción.





Son aves bastante longevas pudiendo llegar a vivir hasta 20-30 años aproximadamente. Los individuos en cautiverio pueden vivir hasta 50 años.





Los dos sexos son parecidos siendo los machos algo más grandes, pero la fiabilidad de la determinación del sexo no es tal si se hace simplemente por la vista.





Como puede apreciarse fácilmente, son aves muy altas, esbeltas con patas y cuellos muy largos. Pensemos que su longitud viene a ser de entre 1,25 y 1,45 m y que su peso oscila tan solo entre los 0,8 y 1,9 Kg. Su envergadura oscila entre los 1,4 -1,7 m.





Llama la atención que en sus largas patas (40-50 cm), los tobillos se encuentren a la altura de la mitad de estas, mientras que las rodillas se encuentren cerca del cuerpo, no siendo visibles al exterior. Los pies son palmeados y los utilizan activamente para remover los lodos de los fondos.





A la vez que realizan esta acción con los pies, van realizando los característicos movimientos de balanceo que hacen con la cabeza entre las patas (total o parcialmente sumergida) consiguiendo de esta manera, ir llenando su pico con agua terrosa mezclada con pequeños invertebrados acuáticos, que quedan dentro de la boca después de expulsar el agua con la lengua, cosa que hacen a un ritmo de tres o cuatro succiones y expulsiones por segundo.






Los pequeños organismos son filtrados gracias a las filas de laminillas pectinadas presentes, a modo de peines, a lo largo del borde del pico que actúan como filtros. Su lengua es carnosa y está provista de proyecciones pilosas que le ayudan a filtrar el agua y seleccionar las partículas de alimento.






Su peculiar y especializado pico, es rosado en su mayor parte, aunque tiene la punta negra y como hemos visto anteriormente, está adaptado perfectamente para la alimentación por filtración.  





Cuando vemos volar a individuos adultos, podemos apreciar que aunque la mayor parte del plumaje de su cuerpo es rosa claro, este se hace más intenso en las plumas coberteras e infra coberteras alares, llegando en primavera, a ser de color un rosa carmesí que contrasta notablemente con el color negro de sus plumas primarias y secundarias.





Es precisamente en vuelo cuando mejor apreciamos la gran longitud de estas aves ya que lo hacen con el cuello y las patas estiradas, al igual que las espátulas, las cigüeñas o las grullas. A ello contribuye notablemente su largo cuello compuesto de 19 vértebras cervicales alargadas, que les proporciona una gran capacidad flexibilidad y torsión y que habitualmente lo tienen doblado en forma de “S” y en muchas ocasiones, inclinado para abajo para poder sumergir la cabeza en el agua.





Los flamencos comunes son capaces de correr con las patas sumergidas en el agua con el propósito de tomar vuelo y ascender por el aire.





Frecuentemente podemos ver a estas aves zancudas mantenerse sobre una sola de sus delgadas patas. El porqué de esta postura se debe a que de esa manera regulan su temperatura corporal.





Su plumaje mantiene la temperatura de su cuerpo al funcionar como aislante, pero el pico y las patas, al carecer de plumas, son zonas del cuerpo por las que se pierde calor.





Pérdida que se acrecienta cuando el flamenco se encuentra en el agua, por lo que adopta en ella con mayor frecuencia la mencionada postura, replegando una de sus largas patas (con mucha superficie de contacto) bajo el cobijo de su plumaje. Así la pérdida de calor se reduce a casi la mitad. Este mecanismo es utilizado por otras aves zancudas como las cigüeñas.





Los flamencos comunes tienen un excelente sentido de la vista y son capaces de percibir colores. Sus ojos son de un tamaño pequeño y de color amarillo con una pequeña pupila negra. Están bordeados por un fino anillo periocular blanquecino que se torna amarillento durante la primavera.





Otra interesante curiosidad acerca de los flamencos, es que se cree que son monógamos, es decir, mantienen una sola pareja reproductiva hasta que uno de los dos muere o se aleja.





La relación entre el hombre y el Flamenco común ha sido desde hace muchos siglos estrecha y de ella ha quedado huella en diferentes culturas y civilizaciones. Una de las referencias más antiguas está en España, en donde se encontró la pintura rupestre de un flamenco que data de 5.000 años a. C.





Las personas del Antiguo Egipto creían que los flamencos comunes eran representaciones terrestres del dios Ra, deidad del Sol y usaron su imagen como símbolo en su escritura para el color rojo.


La admiración de los emperadores romanos fue más allá: ellos comían las lenguas de las aves y mientras ellos consideraban los platillos elaborados como una verdadera delicia, los poetas de la época creían que era un acto vergonzoso matar a unos animales tan bellos solo para comer sus lenguas.

   


   


El ave fénix, como todos sabemos se trata de un animal de la mitología griega del cual se decía que tras morir podía resurgir de sus cenizas. Se cree que los flamencos comunes de rojas plumas pudieron inspirar las historias sobre esta legendaria ave, cuya supuesta presencia abarcaba el norte de África y el oeste de Asia.





Incluso se sabe que los nativos de la cultura mochica del Perú decoraban muchos objetos con figuras de flamencos.

        

Se cree que el flamenco fue el único animal del Edén que resistió la tentación, lo que le convirtió en un ser eterno. Este animal simboliza para las distintas culturas prácticamente la misma cosa; la inmortalidad y la resurrección.





El flamenco es el ave nacional de Bahamas (Flamenco del Caribe) y por eso el escudo de armas de la nación contiene un flamenco del Caribe y un pez vela.

Si quieres saber más acerca de esta espectacular ave, te sugiero estos dos enlaces: