miércoles, 29 de junio de 2016

Una entrañable limícola. Chorlitejo chico. Charadrius dubius. Mazaricu de les lleres.

En esta nueva entrada quiero revisar las principales características de una entrañable limícola a la que he podido realizar unas cuantas fotografías esta pasada primavera, en distintos hábitats y que a mí particularmente me parece muy simpática.





Tal vez sea por su aspecto rechoncho, por su carácter tranquilo y sumamente confiado o por lo llamativo de su anillo periocular amarillento, lo cierto es que cuando te encuentras con él, te llama poderosamente la atención y hace que ese encuentro te resulte sumamente entrañable. 





En cualquier caso, decir que el Chorlitejo chico (Charadrius dubius) es un ave limícola que pertenece a la Familia Charadriidae, Género Charadrius, de pequeño tamaño, pues tan sólo miden entre los 15-18 cm de longitud y alcanzan una envergadura que puede llegar a los 35 cm y un peso de unos 55 gr aproximadamente. En esta especie, como a continuación veremos, existe unas ligeras diferencias entre los machos y las hembras.





Ambos sexos tienen el plumaje de la parte dorsal de color pardo grisáceo, al igual que el píleo y las alas. La parte ventral y el pecho son de color blanco. 





El cuello también es de color blanco y por su parte dorsal separa claramente la cabeza (píleo) de la espalda. En la base del cuello y rodeándola completamente presentan un collar de color negro que se cierra por su parte delantera por donde es mucho más grueso y que contrasta notablemente. 





La cabeza es sin duda el rasgo más característico de esta especie. Tienen la frente de color blanco con una franja frontal negra que va de lado a lado (a modo de "diadema") y que se continúa por su parte inferior de otra zona blanca que llega hasta la base del pico. 





En la época de reproducción, también presentan un característico antifaz de color negro que incluye al ojo y que se continúa por su parte delantera de una gruesa brida también negra. Por encima del antifaz tienen una línea blanca que se dirige hacia la nuca. La garganta, por debajo del antifaz y de la brida, es de color blanco.





Los ojos son grandes y de color negro con el iris marrón y con un conspicuo anillo periocular de color amarillo, que es mucho más intenso durante la primavera.





El pico es corto, recto y puntiagudo. Es de color negro casi en su totalidad, excepto en la base de la mandíbula inferior que la tienen algo amarillenta.





La cola es corta y estrecha y de color oscuro por la parte superior.





Las patas son largas, de color rosáceo pálido (de color “carne”).





En los machos, fuera de la temporada reproductiva y según se va acercando el invierno, las partes del cuerpo que tenían el plumaje de color negro se van volviendo de un color pardo oscuro y el color amarillo del anillo periocular se hace menos intenso. Las patas pierden el color rosado pálido y se vuelven más amarillentas.





La principal diferencia entre el macho y la hembra (dimorfismo sexual) en la época estival, estriba en el color de sus plumajes. El macho tiene colores más intensos y vivos, al contrario que la hembra que son más apagados, desapareciendo incluso (dependiendo de cada ejemplar) el intenso color negro de los anillos pectorales y de la cabeza y presentando en general, colores más amarronados. 





En las hembras, las manchas faciales son igualmente de color blanco y negro, pero su antifaz negro finaliza en forma angular cerca de las cobertoras del oído (no es redondeada como en el chorlitejo grande) y la franja negra de su frente entre los ojos está separada de la tonalidad pardusca de la parte posterior del capuchón por una franja blanca. 





Los jóvenes volantones son como los adultos en invierno pero más pálidos y amarronados, sin franjas ni bandas negras intensas en la cabeza, pero con el característico anillo ocular amarillo, con una coloración un tanto más apagada. Tienen tonalidad blanca en la frente, la garganta y el cuello y solo una franja ocular difusa de color marrón amarillento. Su collar no se cierra por delante completamente. Las plumas de su dorso tienen bordes angostos de color amarillento.





Su reclamo consiste en un silbido agudo y corto, “críiio, críiio”, que emiten especialmente al volar. El canto que entona tanto de día como de noche, es un veloz “pri, pri, pri, pri”.




Se mueven a paso muy rápido y cuando están parados, acostumbran a hacer un movimiento de flexión con el cuerpo, de arriba abajo, pero sin llegar a doblar las patas.





En vuelo, el Chorlitejo chico (Charadrius dubius) se distingue de otros Chorlitejos que pueden coincidir en su hábitat, como el Chorlitejo grande (Charadrius hiaticula) y el Chorlitejo patinegro (Charadrius alexandrinus) por la falta de franja alar. 





El Chorlitejo chico se distribuye ampliamente por Europa (excepto Escandinavia, Escocia e Irlanda) y Asia. Se reproduce en zonas templadas y mediterráneas, e inverna en África occidental al sur del Sahara.


En la Península y Baleares se encuentra la subespecie “Curonicus” y está presente como reproductora en todas las comunidades autónomas, destacando por su abundancia en Andalucía, Castilla-La Mancha, Castilla y León, Aragón y Cataluña. Cría también en Baleares, Canarias y Melilla, pero no se ha citado en Ceuta. En el noroeste es bastante escaso.


En España son residentes habituales aunque su número aumenta en marzo-abril y julio-octubre, coincidiendo con los pasos migratorios. 





En cuanto a sus hábitats preferidos, decir que en la época reproductora prefieren distintos tipos de hábitats interiores donde el agua sea dulce y existan guijarros y piedras en las orillas, fundamentalmente en orillas de ríos, pero habiéndose adaptado también a nuevos hábitats como las graveras o a charcas de agua estancada. 





En el invierno, fuera de la época reproductora prefieren los arenales de las playas, marismas, estuarios, salinas, albuferas y arrozales.





En época de cría se encuentra en próxima a aguas dulces, como ríos y lagos con presencia de guijarros. Durante el invierno prefiere los arenales de las playas.





Su alimentación es fundamentalmente insectívora (escarabajos, moscas, hormigas, grillos, libélulas, mariposas, polillas…) pero también comen gusanos, moluscos y arañas. 





La temporada reproductiva la realizan entre los meses de abril y junio. En el mes de abril, pero más a menudo en mayo, llegan a sus lugares de cría, primero los machos y entre 6 y 20 días más tarde las hembras. 





Construyen el nido aprovechando uno de los varios hoyos que existen en el suelo de terrenos arenosos, de guijarros o de grava, con escasa vegetación, en zonas próximas al agua dulce de ríos, lagunas, graveras, charcas, etc. que tapizan con materia vegetal y piedrecillas. Acostumbran a poner un máximo de 4 huevos. La incubación, llevada a cabo por ambos padres, dura unos 25 días aproximadamente. Las crías son nidífugas y a las pocas horas de nacer abandonan el nido, llegando a volar después de unos 25 días. Los Chorlitejos chicos muestran mucha fidelidad a su lugar de nidificación (filopatria), volviendo a él año tras año.





A modo de curiosidad, decir que estas aves cuando está criando y se acerca algún intruso o potenciales predadores, son capaces de adoptar una conducta de distracción, consistente en alejarse lo suficiente de los huevos o de los pollos, simulando una actitud de ave herida, con un ala semiarrastrada, para así reclamar la atención del intruso y alejarle del nido. Cuando éste se ha alejado lo suficiente, emprende un rápido vuelo de huida. No obstante no duda hacer frente a individuos mucho mayores que merodeen su nido.





El principal problema para su conservación es la alteración o eliminación de su hábitat. La construcción de embalses ha propiciado que las riberas y graveras se hayan cubierto de vegetación al impedirse las avenidas primaverales de los ríos. Otras amenazas son la contaminación y el encauzamiento de los cursos fluviales, las molestias humanas y la depredación por ratas y depredadores aéreos como el Aguilucho lagunero. El dragado de ríos y las explotaciones de áridos pueden favorecer temporalmente la reproducción. Por tanto, la gestión y manejo de graveras, una vez han cesado las actividades extractivas, puede potenciar sus efectivos. Asimismo el aumento de superficie de las orillas puede propiciar la nidificación. El Chorlitejo chico está considerado como “De interés especial” en el Catálogo Nacional de Especies Amenazadas.