domingo, 22 de mayo de 2016

Un pájaro con uno de los más sorprendentes y especializados picos de toda la avifauna europea. Piquituerto Común. Loxia curvirostra. Páxaru tixera.

Desde hace algo más de tres años, vengo siguiendo a esta interesante especie de paseriforme que de manera bastante escasa se reproduce en el Principado de Asturias, principalmente en las sierras de la mitad occidental, aunque en mi caso me he limitado a la zona central y en concreto, a los alrededores del Área Recreativa de La Degollada, en el corazón de la Sierra del Pedroso, perteneciente al concejo de Candamo.




Es un área que ya frecuentaba habitualmente para hacer algo de deporte y a la que desde que me inicié en esta bella afición del “pajareo”, acudo más regularmente, ya que es relativamente fácil encontrar otras muchas especies, en las que ahora no me quiero entretener.




El primer avistamiento de esta curiosa especie fue totalmente ocasional, se trataba de un numeroso grupo que se desplazaba de una copa a otra de los pinos y que pude observar con los prismáticos, pero no tuve la oportunidad de poderlos fotografiar. Desde entonces, los he ido encontrando en varias ocasiones y aunque les he podido realizar alguna que otra foto, no ha sido hasta este año y concretamente a primeros del mes de mayo, cuando por fin he conseguido realizarles unas cuantas fotografías relativamente nítidas, donde se puedan apreciar sus principales características anatómicas y en especial esa sorprendente herramienta que es su pico.




En uno de los varios desplazamientos por la zona que he hecho este año, coincidí con un grupo de una docena de ellos en el que, más o menos, había el mismo número de hembras que de machos y algún que otro juvenil. Se desplazaban en grupo emitiendo unos reclamos característicos y se posaban en las copas y extremos de las ramas de los pinos de la zona, que constituyen sus atalayas habituales.





Desde esas alturas por donde acostumbran a moverse, se hace francamente difícil poder fotografiarlos en condiciones, dadas las importantes distancias y lo frondoso de las ramas de los pinos que dificulta notablemente su correcto enfoque. Además, otra dificultad añadida a las anteriores, es que al introducirte en el interior del bosque de pinos, la  luz escasea y apenas tienes perspectiva. En fin, que no es nada fácil o al menos, no lo ha sido para mí. 




Para la localización de la zona por donde se mueven, es importante guardar un riguroso silencio y escuchar sus trinos y los ruidillos que efectúan cuando están crujiendo las piñas, para poderse comer los piñones de los que habitualmente se alimentan. Además es frecuente ver los restos de piñas y cascaras de piñones que dejan caer al suelo al pie del árbol y que, en ausencia de ardillas, orientan sobre su presencia.




Tras armarme de paciencia y gracias a que en diversas ocasiones decidieron descender a otros árboles con menos espesura de hojas en sus ramas y con mucha menos altura, conseguí poder fotografiarlos de una manera más o menos decente, aunque con el infalible contraluz.




Después de observarlos detenidamente, pude descubrir que el principal motivo que motivaba esos descensos desde las copas de los pinos, no era otro que el de bañarse y beber algo de agua en una charca próxima. Esta circunstancia es bastante extraña pues se trata de una especie eminentemente arbórea y es muy raro verles descender al suelo, ya que allí no se encuentra su principal alimento, los piñones. Primero bajaban uno o dos y a continuación, el resto del grupo lo hacían pero de forma atropellada, realizando sonoros aleteos y permaneciendo tan sólo escasos segundos, tal vez debido a mi cercanía a la charca.



Entrando en materia, comentar que el Piquituerto común es un ave paseriforme de la familia de los fringílidos y del género “Loxia”, lo cual queda reflejado en su denominación científica “Loxia curvirostra”, cuya etimología proviene del término “Loxia”: del griego “loxos”, oblicuo, y de “curvirrostra”: del latín, “curvatus, a, um”, curvado, plegado, más el término también latino “rostrum, i”, pico. Es decir, pico oblicuo y curvado.




Son pájaros robustos, de tamaño pequeño-mediano, con unos 15-17 cm de longitud, una envergadura que puede llegar a los 30 cm y un peso cercano a los 40 gr. Su longevidad es de entre 2 y 5 años. Existe un claro dimorfismo sexual por poseer coloraciones completamente distintas. Coloración que también varía mucho de unos individuos a otros, incluso perteneciendo al mismo sexo.




Los machos adultos tienen la cabeza y la parte superior de un color rojo ladrillo con tonos anaranjados de intensidad variable, en función de la edad y que se acentúa en el obispillo. Las partes inferiores son más pálidas pero también con tinte rojizo. Esta coloración, como ocurre en otras muchas especies, se intensifica en la época reproductiva. La zona ventral es blanquecina.




Las plumas de las alas primarias y secundarias son de un color gris pardo oscuro con los bordes blanquecinos, al igual que la cola, que es corta y está muy ahorquillada.




La cabeza es grande y el cuello muy ancho, lo que le da la apariencia de no tener cuello. En la cara tienen una zona más oscura por detrás del ojo, a modo de lista ocular difusa, que se curva hacia abajo en la parte posterior de las auriculares.




Los ojos son pequeños y de color marrón oscuro.




El pico constituye su característica fundamental. Es fuerte, curvado en sentido contrapuesto, es decir, la mandíbula superior se curva hacia abajo y la inferior se curva hacia arriba y además sus puntas están cruzadas, de forma que esta poderosa tenaza o tijera (“Páxaru tixera”) constituye una perfecta adaptación de esta especie para abrir las piñas de las coníferas y extraer los piñones que son el principal alimento de esta especie.



La mandíbula superior es recta, mientras que la inferior se acomoda y encaja a ésta entrecruzándose hacia la derecha o la izquierda de la mandíbula superior. Una curiosidad a tener en cuenta, es que no todos los individuos cierran el pico al mismo lado, es decir, unos individuos entrecruzan la mandíbula inferior hacia el lado derecho, mientras otros, lo hacen hacia el lado izquierdo. Al nacer tienen el pico recto, curvándose sus puntas a las pocas semanas.



El pico es de color pardo negruzco por la parte superior e inferior y grisáceo azulado pálido en la parte central.



Las patas son cortas, de color parduzco y con los pies muy fuertes y grandes que utilizan para sujetar con ellos las piñas, mientras que con el pico tratan de abrirlas. Una vez despegada la escama de la piña haciendo palanca con su poderoso pico, realizan un habilidoso giro de cabeza, para así recoger la semilla del interior, utilizando para ello su especializada lengua, que es viscosa y más larga que la de los demás fringilidos.



Las hembras tienen las partes superiores de color verdoso grisáceo apagado con discreto moteado pardo y con tonos amarillentos que se acentúan en el obispillo. Las alas y la cola son de color pardo oscuro. El pecho es amarillento listado de pardo y el vientre y la zona caudal inferior son de color blanco grisáceo.





Los machos jóvenes son de color grisáceo verdoso muy apagado con tintes rojo ladrillo más o menos intenso, dependiendo de la edad. Están intensamente estriados de color marrón oscuro, tanto por la parte superior, el pecho y los flancos, como por las partes inferiores que también tienen tintes amarillentos como en la garganta y en el pecho. Solamente el obispillo es algo verdoso. Tras renovar el plumaje pocos meses después de nacer, los jóvenes machos adquieren una tonalidad rojiza que no resulta tan vistosa como en los adultos.



Las hembras jóvenes son más parduzcas y no tienen tintes amarillentos en la garganta ni en el pecho. Al igual que los jóvenes machos, las hembras jóvenes, al renovar el plumaje, pierden las estrías y adoptan un plumaje verdoso más uniforme.



Su distribución se extiende a Europa, Asia, América del norte y Centroamérica.


En nuestro país podemos encontrar a dos subespecies distintas: la subespecie “Loxia curvirostra curvirostra”, que se encuentra en la Península Ibérica y la “Loxia curvirostra baleárica”, que se encuentra en las Islas Baleares y que se diferencian porque esta última, algo tiene un tamaño un poco más pequeño, con el pico más corto y más grueso y porque su plumaje es menos vistoso ya que presentan una coloración más grisácea y más pálida.




La “Loxia curvirostra curvirostra” (peninsular) se localiza principalmente en la mitad oriental de la Península, desde Málaga hasta los Pirineos, incluyendo Ceuta y Melilla. A su vez, aparece en pinares plantados y naturales de la Cordillera Cantábrica, el Sistema Ibérico, el Sistema Central y las depresiones del Duero, del Tajo y del Guadalquivir.


Las poblaciones españolas son residentes habituales y pueden realizar pequeños desplazamientos en función de la mayor o menor disponibilidad de alimento de cada zona. A esta población residente se les puede añadir, durante el periodo invernal, otras aves procedentes del norte de Europa.




El hábitat preferido de esta especie son los bosques de pinos, abetos, alerces y otros árboles de la familia de las píceas, situados desde el nivel del mar, hasta la alta montaña.




Como las repoblaciones con coníferas son frecuentes en nuestro país, los piquituertos tienen cada vez más zonas donde reproducirse y pueden verse pequeños bandos que, en muchas regiones, son residentes habituales.




Se alimentan fundamentalmente de piñones que son la base de su dieta, pero también comen brotes tiernos y otros frutos secos y carnosos de otros árboles y arbustos. Pueden complementar su dieta con algún insecto, arácnido y sobre todo con escarabajos.




Suelen ir en grupos numerosos y su vuelo es rápido y ondulado, resultando inconfundible porque lo acompañan emitiendo un canto característico tipo ¡chuic-chuic-chuic…! parecido al del Verderón común. El canto de los machos es elaborado, con trinos variados pero poco melodiosos y con notas agudas combinadas con piídos estridentes.


El Piquituerto común se comporta como un reproductor oportunista, ya que la época de cría la adaptan a la cantidad de alimento disponible, por lo que puede realizarse en cualquier época del año (diciembre-abril), aunque normalmente suele producirse en el periodo de febrero a marzo.



Cría en coníferas, a menudo en colonias. Construyen un nido con forma de cuenco en los árboles situados en el borde de los bosques o en ejemplares aislados. Para su elaboración utilizan ramas finas de pino, hierbas, lana, musgo y líquenes, después lo tapizan con hierbas, pelo y plumas.



La puesta se compone habitualmente de 3-4 huevos y la incubación dura entre 13 y 16 días. Las crías abandonan el nido a las tres semanas de edad pero siguen siendo alimentados por los padres durante otros 30 días más.



Entre las amenazas que padece esta especie cabe destacar las importantes pérdidas de pollos y huevos por la intrusión de arrendajos y ardillas, así como los incendios y las talas forestales descontroladas. A esta especie se la considera como “De interés especial” en el Catálogo Nacional de Especies Amenazadas.