domingo, 25 de octubre de 2015

Una rapaz en peligro crítico y nada fácil de observar. Àguila pescadora. Pandion haliaetus. Águila marina.

Aunque soy consciente de que las fotografías que acompañan a esta entrada no son nada del otro mundo, sobre todo si las comparas con otras muchas que a menudo se publican de esta interesante rapaz, me he visto muy tentado y al final he sucumbido a dedicarle una entrada en el blog.



El motivo es bastante sencillo y no es otro de que desde que me inicié en esta bonita afición, siempre quise conseguir poder observar y aún más fotografiar a esta especial águila. Me parecía muy difícil conseguirlo dado su escaso número, al menos por las latitudes por las que yo me muevo. Pero la verdad es que, como siempre he defendido, si perseveras, al final cualquier objetivo que te propongas lo terminas consiguiendo, todo es cuestión de tiempo y de poner interés y de eso, afortunadamente, no me falta.







También es verdad que, como recientemente me comentó un amable seguidor de mi blog (Fco. Javier Martínez Olmo. http://maderadeolmo.blogspot.com.es), a raíz de una reciente publicación mía sobre el maravilloso Azor común, “Lo que está claro es que para verlo hay que estar”. Esta frase se me ha quedado grabada por la razón que tiene, ya que si quieres conseguir algo te lo tienes que currar y estar ahí en el lugar y tiempo adecuados. Luego sólo te queda añadirle un poco de suerte y tarde o temprano lo consigues.







Bueno pues, después de este rollo patatero, me meto en lo que ya es habitual en mis entradas, que no es otra cosa que el profundizar en el conocimiento de las aves que van apareciendo poco a poco en el devenir de esta afición mía y que, sinceramente, recomiendo realizar a cualquier aficionado como yo y no limitarse simplemente a volcar fotografías sin más.






El Águila pescadora cuyo nombre científico es el de “Pandion haliaetus”, pertenece al Orden de las Falconiformes, Familia, Pandionidae y única especie representante del Género, Pandión. 






Obviamente como su nombre común indica, es una rapaz especializada en el medio acuático y en la alimentación a base de pescado.




Tienen un tamaño mediano-grande ya que miden aproximadamente 53-66 cm de longitud, tienen una envergadura alcanza los 1,50-1,80 m y su peso oscila entre los 1.2-1.6 Kg en el caso de los machos, 1.6-2.0 Kg en las hembras. Su longevidad puede alcanzar los 20-25 años.







Existe un mínimo dimorfismo sexual en esta especie y además, como sucede con otras especies de rapaces, las hembras son algo más grandes y algo más pesadas que los machos.






Presenta varias subespecies. En España se encuentra la subespecie haliaetus, típica del Paleártico (Europa, Asia al norte del Himalaya, África septentrional y las zonas norte y central de la península arábiga).







Los machos adultos vistos en vuelo, por su parte inferior destacan por tener unas alas muy alargadas, estrechas y anguladas (llegan a confundirse con los Gaviones), que por su parte anterior son de color blanco liso y que se delimitan con una banda oscura de las plumas de vuelo, en las que un múltiple moteado oscuro contrasta con el blanco más sucio de fondo. Las puntas de las alas primarias solo tienen cuatro dedos y, al igual que las zonas de flexión, están manchadas de negro.






El cuerpo tiene el pecho moteado de marrón oscuro, así como una especie de collar, que es más pequeño y menos marcado que el que tienen las hembras.




La cola es corta, de forma cuadrangular y por su parte inferior presenta finas barras transversales oscuras y una banda terminal más ancha y también oscura, de la que carece la hembra. 







Las partes superiores son de color pardo oscuro que contrastan notablemente con las inferiores blancas y que son más claras en los jóvenes, debido a que sus plumas tienen el borde pálido.




En reposo se puede apreciar que tienen las infracoberteras grandes negruzcas y las secundarias oscuras con un barreado poco marcado.




La cabeza es blanca con estrías pardo oscuras por encima y con una banda de color pardo oscuro entre los ojos, que se prolonga a modo de antifaz por detrás de ellos y hacia abajo, a los lados del cuello, para acabar fundiéndose con el pardo oscuro de la nuca.







Las plumas de la parte posterior de la cabeza y de la nuca son largas y se erizan a modo de cresta en algunas ocasiones.







El pico es grande y fuerte, está muy curvado hacia abajo con una forma de gancho muy pronunciada y es de color negro, excepto en la base que es de color gris plomo. La cera del pico es de color gris verdoso. Esta águila tiene la capacidad de poder cerrar las fosas nasales para evitar la entrada de agua durante las inmersiones.




Los ojos son grandes, de color amarillo brillante y están rodeados de un anillo periocular de color marrón muy oscuro.






Las patas son fuertes y de color verde amarillento. Están dotados de cuatro fuertes dedos con dedo externo oponible y escamas rugosas en las yemas de los dedos para sujetar presas resbaladizas como los peces. Sus poderosas garras están provistas de unas largas uñas de color negro, muy curvadas y afiladas.




Las hembras son más gruesas y con las alas más anchas que los machos. Son fáciles de distinguir al ver una pareja, pero no tanto con individuos solitarios.






Los jóvenes por sus partes superiores son de un pardo más claro que los adultos y en vuelo las secundarias resultan algo más pálidas que en los adultos, con un barreado más patente. Tienen el iris del ojo de color naranja.






Su canto consiste en emitir silbidos lastimeros durante la parada nupcial y una llamada de alarma tipo “kiu, kiu, kiu”, que entona en vuelo.


Esta especie prefiere sobrevolar zonas tranquilas y alejadas de la influencia humana. Cuando el águila pescadora vuela en busca de alimento, es capaz de cernirse con profundos aleteos antes de lanzarse al agua para zambullirse y capturar los peces con sus garras.







Cuando atrapan un pez y lo transportan entre sus garras lo colocan siempre con la cabeza hacia delante para que ofrezca menos resistencia al aire. Si el pez es demasiado grande en ocasiones no pueden desprenderse de él debido a la estructura de las escamas de sus patas y la de sus uñas, una situación que dado el gran peso de la presa puede provocar la caída del ave al agua con riesgo de su fallecimiento por ahogamiento o por congelación.







Habita en ríos transparentes y de curso lento, preferiblemente bordeados de árboles. Se alimenta de peces con un peso inferior a medio kilo, completando su dieta muy ocasionalmente, con anfibios y pequeños mamíferos. 







Se distribuye ampliamente por el hemisferio norte y por Australia y Asia. En el Paleártico (Europa, Asia al norte del Himalaya, África septentrional y las zonas norte y central de la península arábiga) ocupa mayoritariamente el norte de Europa y Rusia. 





El águila pescadora es una rapaz migradora, que viaja desde los países del nordeste de Europa en los que cría el nordeste de Europa (Alemania, Bielorrusia, Dinamarca, Finlandia, Noruega, Lituania, Polonia, Reino Unido y Suecia) y Rusia, hasta África subsahariana (Senegal, Gambia, Guinea Bissau y Mali), dónde pasa el invierno.


Estas poblaciones nórdicas europeas son migradoras regulares hacia el África tropical y es entonces cuando nosotros las podemos observar en su paso por la Península Ibérica, quedándose algunas de ellas a invernar en nuestro territorio. Las que se quedan con nosotros a invernar, son más regulares. El paso prenupcial lo realizan de marzo a junio y el postnupcial de agosto a noviembre.





En nuestro país no son aves especialmente raras en migración. Las podemos ver en los cursos de los ríos y los embalses, e incluso en invierno, aunque en esta época en menor cantidad y siempre aves solitarias que año tras año vuelven a los mismos lugares. 





Los lugares donde mejor las podemos observar durante el paso migratorio y donde además inverna una pequeña población, son la Comunidad Andaluza (Huelva; Paraje Natural de Marismas del Odiel y de las Marismas de Isla Cristina. Cádiz; Bahía de Cádiz y embalses interiores y algunos ejemplares en la provincia de Málaga; Paraje Natural de la Desembocadura del Guadalhorce), la Valenciana y la Extremeña. 





El número de parejas reproductoras del Águila pescadora en España es actualmente muy reducido. A principios del siglo pasado, la especie se reproducía tanto en las costas peninsulares como en los archipiélagos canario y balear y en las islas Chafarinas (Melilla).





En las costas peninsulares se extinguió como reproductora en el año 1983 debido fundamentalmente al crecimiento urbanístico de la costa española en los años cincuenta y sesenta. 





Debido a esta situación y a la fragmentación de la población en la cuenca del mediterráneo, el gobierno andaluz, la Estación Biológica de Doñana (CSIC) y la Fundación Migres iniciaron un programa de reintroducción de la especie para Andalucía en el año 2002. A lo largo de este proyecto se liberaron casi 200 pollos de águilas en las provincias de Huelva y Cádiz provenientes de países donantes (Escocia, Alemania y Finlandia). El proyecto dio sus primeros frutos en el año 2005 con el asentamiento de la primera pareja reproductora en la provincia gaditana. En el año 2009 comienza a reproducirse también en el Paraje Natural Marismas del Odiel (Huelva). Desde entonces y hasta 2014 la población de águila pescadora ha aumentado de manera muy exitosa, contabilizándose recientemente un total de 11 parejas reproductoras (7 en Cádiz y 4 en Huelva) que consiguieron criar con éxito 18 pollos.



Desde que desapareció como reproductora en la Península Ibérica, la especie continuaba pasando por España en sus migraciones camino de África, pero no nidificaba debido a que solo cría en el lugar donde nace (comportamiento filopátrico). Por este motivo, era tan importante conseguir que creyeran que habían nacido aquí. 





Lo que han hecho en la Fundación Migres es utilizar la técnica llamada hacking, que consiste en coger a los pollos de sus nidos (procedentes de países donantes como Alemania, Escocia y Finlandia) y trasladarlos a otros artificiales en nuestro país. Ahí viven hasta que son capaces de volar por sí mismos. Se les alimenta de tal forma que no detectan la presencia humana en ningún momento y así identifican ese lugar como su área natal, al que regresan para criar cuando alcanzan su madurez sexual (comportamiento filopátrico). Este método es el mismo que se ha utilizado allí exitosamente con otras especies, como el Águila imperial ibérica y en la actualidad en Asturias con el Quebrantahuesos, procedentes del Pirineo Aragonés. 





En marzo de 2011 se puso en marcha un plan para conseguir de nuevo su reproducción en el Principado de Asturias. Concretamente, el Fondo para la Protección de los Animales Salvajes (FAPAS) instaló cien nidos artificiales a lo largo de la costa de Asturias con el objetivo de atraer a parejas reproductoras de águila pescadora.





En Andalucía recientemente se ha considerado la especie como recuperada.



Actualmente, la población en el mar Mediterráneo se encuentra en una situación crítica, si bien relativamente estable. No obstante, el reciente asentamiento de la población andaluza incrementa la estabilidad y probabilidad de supervivencia de la población mediterránea. La mejor población del Mediterráneo se encuentra en la costa del Parque Nacional de Alhucemas, en Marruecos, si bien también hay importantes poblaciones en las Islas Baleares (en donde crían 23 parejas) y en Córcega.





La población reproductora española es fundamentalmente sedentaria, permaneciendo a lo largo de todo el año cerca de sus áreas de cría situadas en las principales islas españolas. Todo lo contrario sucede en el norte de Europa, donde la mayoría de los individuos se desplazan hasta África para invernar.



En España, el hábitat de las poblaciones reproductoras, está muy ligado al medio marino. Crían en acantilados tranquilos de costas rocosas y pescan en zonas cercanas, mayoritariamente rías, bahías, estuarios e incluso en lagunas interiores próximas de agua dulce y clara. En cambio en el norte de Europa, nidifican sobre árboles, tanto vivos como muertos, instalando el nido sobre la copa. Los migrantes e invernantes pescan tanto en zonas marinas, como en aguas continentales, como lagos, ríos, embalses, pantanos, estuarios, bahías, marismas, albuferas, etc


Suelen utilizar los mismos lugares que escogen como reposaderos; normalmente troncos que emergen en medio del agua o árboles secos, en donde adoptan posturas inmóviles durante tiempo, sin mostrar interés alguno por otras aves o ánades que acostumbran a moverse por su alrededor.





Su alimentación es casi exclusivamente a base de peces con un peso inferior a medio kilo, completando su dieta en ocasiones, con anfibios y pequeños mamíferos. 





Por lo general son aves monógamas y su madurez sexual llega a los 3 o 4 años de edad. El periodo de cría lo realizan en Abril-Mayo. La escasa población reproductora española sitúa su nido en acantilados rocosos marinos, mientras que los individuos nórdicos lo hacen en árboles, arbustos, postes telefónicos, incluso en torretas eléctricas o plataformas artificiales que se hallen en las proximidades de un lago o similar. 





Construyen los nidos ambos progenitores a base de palos y ramas y los tapizan con ramillas, musgo, hierbas y corteza. Como lo suelen reutilizar año tras año, llegan a alcanzar dimensiones importantes.



La puesta se compone normalmente de dos o tres huevos. La incubación dura unos 35-37 días aproximadamente. Las crías son cuidadas por la hembra, mientras que el macho caza y aporta alimento. Abandonan el nido alrededor de los 55 días de edad y se independizan en dos meses más.





La principal amenaza que ha dado lugar a la drástica disminución de su número de efectivos en España reside en la destrucción del hábitat, tanto de nidificación como de alimentación, por culpa de urbanizaciones e instalaciones turísticas o recreativas en la costa, a lo que hay que sumar la persecución directa y las molestias ocasionadas en las zonas de nidificación por los deportes náuticos, los excursionistas o los pescadores. En la actualidad se ha añadido como un problema importante la electrocución en tendidos eléctricos. También se cita la presión de la gaviota patiamarilla como posible causa de molestias en la época reproductora. Por otro lado cabe destacar que el incremento de algunas poblaciones mediterráneas se ha producido a partir de las propias parejas iniciales, de modo que nos encontramos ante núcleos reproductores aislados, con escasa variabilidad genética. Además, dada su querencia por el lugar natal a la hora de criar, es muy poco probable la recolonización natural de otras áreas.



El águila pescadora se incluye en el Libro Rojo de las aves de España (2004) como “En peligro crítico” y aparece como “De interés especial” en el Catálogo Nacional de Especies Amenazadas.